En la industria de las teleseries mexicanas, aún es una regla de oro lo que hoy se conoce como “La Ley Valentín Pimstein”. Nadie podía fallarle al público, ni siquiera divas de la televisión.
A los 91 años, el productor chileno Valentín Pimstein mantiene su trono de patriarca de las teleseries mexicanas tal como las conocemos y sigue expandiendo el aura de los grandes contadores de historias y su influencia desde su país.
En “Una vida de telenovela”, su biografía escrita por Tere Vale, se recrea parte de ese siglo de anécdotas y de una marca latinoamericana de las soup operas. Décadas de historias de cenicientas que logran la felicidad contra todo pronóstico, niños que llegan a la luna en su imaginación catódica o villanas malvadas desde el ADN en teleseries como “La Colorina”, “Chispita”, “Vivir un poco”, “Rosa Salvaje”, “Simplemente María”, “Carrusel”, “La pícara soñadora”, “María Mercedes“ y casi un centenar. Todas producciones para las que Pimstein dice haberse llevado a México el principal commodity de Chile en sus maletas para potenciar la novela rosa.
“Además de terremotos, Chile siempre ha sido un país donde poetas, escritores y dramaturgos han cultivado el amor por las buenas historias”, dice sobre un capital que logró expandir el impacto de las teleseries de entonces. Su hija, Verónica Pimstein, lo secunda como su principal asistente a la hora de recordar estos y otros hitos relevantes del autor.
“Creo que otro gran aporte de mi papá fue llevar talentos desde Chile a México. Antes de que teleseries como “Los ricos también lloran” salieran al resto del mundo a lugares tan recónditos como la Unión Soviética o África, mi papá hizo el trabajo inverso de la globalización para fortalecer las teleseries. Él unió al mundo a través de las historias de amor y en ese camino quiso llevarse a México la obra de escritores chilenos como Manuel Rojas, Pepe Donoso o Antonio Skármeta. Compraba radionovelas chilenas para insertar allá nombres como Arturo Moya Grau o Sergio Vodanovic. También probó con actores como Viviana Nunes o Roberto Vander en una permanente búsqueda del talento chileno en un mercado muy, muy importante como el mexicano y en muchos de esos casos no se equivocó”, remarca.
“¿Qué tenían los actores chilenos y autores para triunfar del otro extremo de América? Simplemente, el talento. Eso es algo que cuando se tiene, se amolda a cualquier lugar y ocasión”, dice don Valentín que también le sacaba trote al talento con algo de rigor y un sistema muy particular para lograr una visión de mundo total.
Lo primero que hacía Pimstein con sus nuevos pupilos era llevarlos a los mercados a conocer el habla popular, los intereses y sueños de quienes serían su audiencia. Les daba instrucciones específicas sobre qué barrios frecuentar, qué temas proponerle a los taxistas o un repaso al fervor en la Basílica de la Guadalupe para empaparse de la importancia que tiene la Providencia para los mexicanos. “Lo que más importa en las historias no es el presupuesto o la escenografía, es el corazón”, les enseñaba Pimstein.
“Mi padre siempre ha sido un creyente y practicante de la preproducción. Del método en que directores, productores y actores entienden a sus personajes en sus tres dimensiones para saber qué harán bajo cualquier circunstancia: cómo piensan, en qué creen, desde dónde vienen y hacia dónde van. Eso permite que puedan marchar al ritmo de una industria que grababa una hora diaria de producción dramática total. Es decir, el actor llega y si se produce un cambio a última hora debe ser capaz de reaccionar a ese estímulo pensando como si fuera ese personaje cuya sicología el autor debe conocer al revés y al derecho“, añade.
Padre e hija recuerdan que en la época de oro de Thalía y sus 3 Marías (“María Mercedes”, “Marimar” y “María la del Barrio“) los Pimstein y equipo abandonaban el set de madrugada y a la mañana siguiente, los escenógrafos ya tenían totalmente montada una escenografía totalmente nueva para comenzar el ritmo fabril de la producción. “Es algo vertiginoso que opera las 24 horas al día”, reitera Verónica.
Como parte de esa cadena de montaje, el veterano Pimstein se movía con versatilidad en géneros infantiles (“Mundo de Juguete”), el policial (“Vivir un poco“, versión mexicana de “Los títeres”, de Arturo Moya Grau) y una dimensión distinta para niños y adultos en shows como “Carrusel” (remake de la pastoral argentina “Jacinta Pachimahuida, la maestra que no se olvida”, de Abel Santa Cruz). También solía rodearse del pueblo que seguía su trabajo y le opinaba sobre esa otra vida real: la de la tele.
Sin traicionar la historia evaluaba en casa de los televidentes o en la calle con la gente si una subtrama o personaje secundario funcionaba. Saltándose todo protocolo, incluso el mismo Pimstein sostiene que reconoce haber “tomado prestado” de Arturo Moya Grau la táctica de grabar más de un final de teleseries para despistar a los curiosos y evaluar en terreno cuál era el final que más éxito podía tener entre los televidentes.
Entrados los 90, el productor ya ostentaba el cargo de vicepresidente de Telenovelas Comerciales en Televisa, un puesto que le permitía hacer y deshacer en sus obras sin ningún tipo de cuestionamientos. Cuando se le pide comparar esa figura con la que tendría algún ejecutivo de algún área dramática local, sonríe detrás de los lentes de montura gruesa y levanta los hombros. El único rol y poder equivalente por acá es lo que puede hacer el directorio completo de un canal, pero más ejecutivo y eficaz, reconoce.
Por ejemplo, en él estaba incluir pequeños detalles que expresaban el espíritu de los tiempos. “Tenía a su disposición una pizarra digital con los detalles de todas las teleseries en producción de la cadena y él decidía los nombres de los personajes y las historias para que hubiese una continuidad de actores o no se repitieran en otras producciones al aire. Decidía si iba o no una escena que pudiese generar polémica y aunque recomendaba cambiarla a los directores, era una especie de acto diplomático porque él podía rodarla de nuevo o eliminarla”, agrega Verónica.
- ¿Llegaban a oídos de los ejecutivos de Televisa algunos nombres de teleseries chilenas?
- Sí. Se sabía que el nivel de las producciones chilenas era de muy buena factura, que funcionaba muy bien la idea de teleseries temáticas. El problema era que al verlas nadie entendía nada con este lenguaje de los chilenos que es tan localista. Ahí se acababan los elogios y los ejecutivos guardaban silencio por respeto. Era imposible que las teleseries chilenas penetraran ese mercado a menos que fuesen dobladas, pero eso no iba a pasar. Lo que sí llegaban con mucho éxito era los libretos con esas historias espectaculares que salían de Chile y luego se grababan a la mexicana.
-¿Recuerda algunas de esas teleseries recientes?
-La verdad es que no. Recuerdo más algunos nombres de teleseries argentinas que también son extraordinarias. Pero cuando están bien escritas todas son muy significativas. Todo depende de cómo las vas contando. En ese sentido, las teleseries son como los tragos. Depende de cómo estén preparadas y de cuantas hayas consumido para reconocer las buenas. Por ahora, recuerdo “Machos”, esa idea fabulosa de la familia patriarcal que funciona en cualquier lugar de Latinoamérica, que golpeó en todo el mundo al punto de poder exportarse y el nombre de autores que han renovado las historias como Pablo Illanes o Juan Ignacio Valenzuela.
-¿Se quedó con alguna historia en el tintero que le hubiese gustado producir?
-Me hubiese gustado producir una teleserie sobre la Biblia. Ahora los brasileños hacen teleseries bíblicas que tienen un nivel de producción fabuloso con historias increíbles, pero que hace 30 años eran algo imposible de reproducir.
“Siempre fue la voz del pueblo. Es difícil de explicar cómo lograba seducir a través del uso del lenguaje real de las audiencias”, dice don Valentín. Su hija agrega que cuando el fervor de la multitud que se agolpaba en las grabaciones en exteriores impedía el trabajo, solo ella podía detener la euforia hablándole en la jerga popular a la gente. “Es una artista increíble. Entregada total a los sacrificios de las extenuantes horas de grabación de tres teleseries consecutivas”, dice Pimstein.
Recuerda también que él, sin avisarle, la llevaba vestida como la sucia billetera “María Mercedes” a las fiestas de gala de Televisa. Sobre el empresario dueño de Televisa que le dió carta blanca para todo, dice Pimstein: “Emilio era el creativo total. Bajo sus órdenes se realizaban todos mis proyectos”, señala con nostalgia. Y su hija agrega: “Mi papá debatió con él si Guillermo Capetillo y Verónica Castro podían ser pareja en ‘Rosa Salvaje’, luego de haber sido madre e hijo en ‘Los ricos también lloran’.
“Era un caballero extraordinario. Lo que más me llamó la atención era que cuando hablabas con él era extremadamente serio.
“Un genial autor. Un creador único. Nos heredó a todos el contenido como el tema más importante para el éxito de una telenovela. Se atrevió contar historias no convencionales. Eso era su gran fuerza. El autor detrás de teleseries como “Amor a domicilio”, “La familia de al lado” o “Dama y obrero” describe a Pimstein como un autor que “cambió para siempre la manera en la que se produjeron las telenovelas. A mí juicio, su mayor aporte al género fue enfrentar la telenovela como “una oferta de esperanza”.
“Eso quiere decir, que las historias debían escribirse siempre de una manera en donde el bien terminara por imponerse, pero luego de un largo camino de sufrimiento y angustia para los protagonistas. Quien firma la nueva nocturna de Mega “Perdona nuestros pecados” y clásicos modernos como “¿Dónde está Elisa?”, “Machos” o “Adrenalina” también se declara un admirador del trabajo de Pimstein.
“Es un hombre con mucho cariño por las historias que es algo que hoy en día no podemos decir de los ejecutivos a cargo de este trabajo. Lamentablemente las áreas dramáticas suelen confundir las motivaciones y los sentimientos de los personajes con los números”.
“Pimstein jamás perdió de vista la fibra emotiva como un hilo conductor de la narrativa y eso es algo que las audiencias siempre premiaron. A él le debemos la teleserie clásica como la conocemos gracias a un amplio espectro de heroínas fuertes y valientes o villanas extraordinarias que no dejaban títere con cabeza.
Chileno de nacimiento, el productor que desde México dio forma al género tal como lo conocemos falleció a los 91 años. Semblanza de un personaje de teleserie.
Valentín Pimstein: Un Legado en la Telenovela
- Nacido en 1925, Valentín Pimstein fue el séptimo hijo de una familia de inmigrantes judíos del Barrio Brasil dedicada a la venta de vidrios. Se educó en internados de hombres, mientras su madre -fanática de las radionovelas y el cine mexicano- le cultivaba el gusto por el arte y la ficción dramática. De niño celebró un cumpleaños al que invitó a todos sus compañeros de curso. No llegó ninguno.
- Tras la muerte de su padre, con una edad en la que nadie tiene nada que perder, y en una época sin Skype ni vuelos diarios, Pimstein tomó la decisión de su vida. Lo dejó todo por irse a México a hacerse un lugar en la industria que lo apasionaba: el cine. Sin contactos ni demasiado dinero, ejerció múltiples oficios hasta que, trabajando en un club nocturno, conoció al empresario Emilio Azcárraga Milmo, propietario de Telesistema Mexicano, canal que luego conformaría el gigante Televisa. En esos años la televisión era lo que la inteligencia artificial hoy: una rareza para pocos que amenazaba con devorárselo todo. Y Azcárraga convenció a Pimstein de estar ahí.
- Terminaban los años 50 y Pimstein produce sus primeras telenovelas en Telesistema Mexicano. En una época en que la ficción televisiva no era mucho más que una excusa para venderle detergentes a dueñas de casa, el chileno decide que es hora de crear un género. Bebiendo del radioteatro e invitando a las estrellas del viejo cine mexicano a reinventarse en la nueva pantalla, poco a poco comienza a diseñar el formato, intrínsecamente latinoamericano, que hoy conocemos en todo el planeta como telenovela. Entre 1958 y 1995 produjo casi 100 de ellas, incluyendo clásicos como “Los ricos también lloran”, “Rosa salvaje”, “Carrusel”, “Simplemente María”, “María Mercedes” y “María la del barrio”.
- Pimstein decía que en las telenovelas lo más importante -después del “script”, como le llamaba al guión- era la música. Para él, “melodrama” venía de música. Y si la música es evocación de sentimientos, su género estaba entonces destinado a convertirse en la educación sentimental de miles de televidentes. Un lugar donde no hay espacio para pretensiones ególatras de artistas de espaldas a su público, ni siquiera para divismos de actrices que saben que sus rostros generan fantasías en el público y millones en sus empleadores. En el último día de grabaciones de la telenovela “Vanessa” (1982), su protagonista, la famosísima Lucía Méndez -descubierta por el productor, al igual que Verónica Castro y Thalía- no se apareció a grabar a la hora. Pimstein no tuvo paciencia y optó por una solución radical: cambió el guión él mismo y le dio muerte a su personaje. La actriz nunca volvió a trabajar bajo sus órdenes y el final es recordado como una de las mayores excentricidades de la televisión mexicana. Otra decisión similar, bastante más cuestionable, ocurrió cuando la mitad del elenco de “Los ricos también lloran” decidió irse a huelga. Pimstein optó por reemplazar a los actores movilizados por otros. Eso sí, conservando sus mismos vestuarios. Pimstein estaba obsesionado con el vestuario de sus personajes.
- En ocasiones dormía en su oficina de Televisa. Tenía múltiples pantallas en las que observaba el resultado de las dos o tres telenovelas que producía en paralelo. Una especie de Christof de la vida real pero produciendo ficción. Boleteaba como co-autor de sus historias ocupando seudónimos femeninos basados en sus iniciales (Valeria Phillips, Vivian Pestalozzi). Sus protagonistas siempre eran mujeres. Su hija Viviana compuso varios de los temas centrales de sus teleseries. En entrevista con revista Qué Pasa, declaró: “Se puede no tener padre, pero madre tenemos todos. Las personas que mandan en el mundo son las madres mujeres”.
- Aun lejos de su patria, Pimstein siempre estuvo muy atento al desarrollo de la industria televisiva chilena. Antes del boom de las teleseries que se inició con “La madrastra”, ya se había llevado a México a Arturo Moya Grau a reversionar su gran hit de la era del blanco y negro, “La colorina” (Protab - TVN, 1977), que en su versión azteca consolidó la carrera de Lucía Méndez. Años después intentó hacer lo mismo con “La madrastra”, pero problemas de derechos hicieron que su primer remake mexicano, “Vivir un poco”, apareciera bajo el crédito de un inexistente autor llamado Paulinho de Oliveira. El intríngulis -del cual no existe una sola versión- derivó en que Moya Grau lograra venderle de por vida los derechos de toda su obra a Televisa. Hoy, el más grande éxito de la telenovela chilena no pertenece ni al canal que la creó ni a la sucesión de su autor, sino al gigante mexicano. Hoy Moya Grau es uno de los autores recurrentes en Televisa a la hora de elegir textos para hacer remakes, y “La madrastra” una de sus obras más reversionadas.
- Al final de su carrera, Pimstein intentó reclutar a nombres de la literatura y el arte chilenos como José Donoso, Raúl Ruiz y Sergio Vodanovic para desarrollar guiones en Televisa. Proyecto que quedó trunco con su alejamiento de la empresa en 1997, en paralelo a la muerte de Azcárraga Milmo y la llegada de una nueva administración, que priorizó hacer las mismas telenovelas de siempre pero con envoltorio nuevo. Ya no había lugar para don Valentín, pero sí para los productores asistentes que él mismo formó: Salvador Mejía, Pedro Damián, Angelli Nesma, Lucero Suárez, Nicandro Díaz y varios otros son hoy los que llevan a cuestas casi la totalidad de la producción de ficción de Televisa.
- Muchos de los detractores de Pimstein lo consideran un embrutecedor de las masas, un creador de productos desechables destinados a distraer al público de Las Cosas Importantes. “Gracias por hacerle creer a varias generaciones de mujeres que se puede salir de pobre encontrando el amor” “Esperemos que nadie quiera seguir su legado”. Críticas que pueden ser atendibles, pero jamás esconden su clasismo y desprecio por un público que creen inferior. A los fans de las películas de superhéroes, o del fútbol, rara vez se les trata igual, aun cuando ambas cosas operan del mismo modo como generador de ilusiones y evasión de la pesadez cotidiana. También es necesario entender la obra de Pimstein en su momento histórico: si los libros de caballería o las novelas victorianas cautivaron a las grandes masas ayer, y hoy lo hace Hollywood o las series de Netflix, los melodramas de Televisa respondían a un contexto de nula movilidad social y escasa libertad sexual, donde “la virtud” de una mujer era su inocencia y el valor de un hombre eran sus apellidos y su billetera. Cuesta imaginar que un buscavidas como Pimstein haya querido que las mujeres se enamoraran de Licenciados De la Mora cuando él, pese a que logró fama y fortuna con su trabajo, nunca fue uno de ellos. Y, ni tan curiosamente, la última saga pimsteiniana fue la “trilogía de las Marías”, las tres emblemáticas teleseries que lanzaron a la fama a una adolescente Thalía en roles que parecían un eslabón perdido entre la heroína pasiva e ilusa de los 70 y 80 y la mujer autosuficiente que lucha entre su deber ser social y sus aspiraciones románticas en las ficciones de hoy.
- ¿Qué habría hecho Pimstein de seguir produciendo ficción en el siglo XXI? En una de sus últimas entrevistas, con Qué Pasa, nos dio una pista: “Soy un gordo romántico”, dijo. Los tiempos y las costumbres cambian pero los sentimientos permanecen. Pimstein tuvo el don de “enseñarnos a todos que las telenovelas son una oferta de esperanza”, como expresó hoy el guionista José Ignacio Valenzuela. Esperanza en que existe un orden por sobre el caos de la vida. En que la riqueza material es un premio. En que ser noble y hacer lo correcto paga. En que los buenos ganan.
Thalía y el Impacto de "María Mercedes"
Aunque lleva décadas alejada de la actuación, Thalía siempre será una de las estrellas de telenovelas más reconocidas en el mundo gracias al gran éxito que tuvieron los melodramas que protagonizó.
A finales del siglo pasado, la cantante se ganó el corazón de millones alrededor del globo con sus extraordinarias personificaciones de algunas de las protagonistas de novelas más entrañables.
Entre los proyectos en los que actuó, los tres más memorables sin duda son los que conforman la “Trilogía de las Marías”: María Mercedes (1992), Marimar (1994) y María, la del barrio (1995).
Los melodramas, producidos por la cadena Televisa, acapararon audiencias hasta en los rincones más recónditos cuando se transmitieron por primera vez y ahora son clásicos de la televisión latina.
A la par, los personajes que interpretó en estas y otras historias marcaron su carrera y se grabaron en la mente de los televidentes. Por eso, no duda en revivirlos de vez en cuando para homenajearlos.
Thalía y tres veces que revivió a sus personajes más famosos
Durante los últimos años, a través de las redes sociales, la intérprete de Equivocada se ha expuesto varias veces caracterizada como algunos de sus papeles más célebres para el deleite de sus seguidores.
Con cada transformación, no solo ha causado sensación y despertado nostalgia, también ha probado que el tiempo no pasa por ella y sigue luciendo como lo hacía cuando los interpretó por primera vez.
La resurrección de Marimar
Uno de los roles más famosos de Thalía es Marimar Pérez, la heroína de la novela homónima. La estrella llevó un look caraterístico para encarnar el papel con un vestido opaco, su piel bronceada y su melena rizada.
Durante el verano de 2022, a casi tres décadas desde el estreno del melodrama, la cantante causó furor al subir una serie de fotos en donde aparecía nuevamente caracterizada como la dueña de Pulgoso en una playa.
Actores arquetípicos de telenovela
¿Será que el público así los identifica o realmente son buenos para solo un registro, o no quieren salirse de su zona de confort? Quién sabe, pero por años muchos actores han sido identificados por los personajes arquetípicos de las telenovelas, que han hecho una y otra vez.
- Fernando Colunga como el «tipo ingenuo/asquerosamente rico pero viril»
«Esmeralda», «María la del Barrio», «Abrázame muy Fuerte», «La Usurpadora». Colunga se ha especializado en galanes millonarios de profesiones complejas (generalmente médicos) que no tienen idea de lo que pasa en su propia familia y ni se inmutan ante las fechorías de las arpías que desean casarse con su personaje. Por supuesto, en medio de la telenovela, rechazan a la heroína cuando ya están juntos, con cosas del Medioevo como «ya no eres virgen». Al final, luego de un desenlace con escena de acción, el personaje de Colunga termina «recuperando» a la protagonista.
- Adela Noriega como la protagonista que no rompe un plato
Hay algo que sabe hacer muy bien Noriega, aparte de tener una increíble y apabullante presencia: llorar en telenovelas. Por lo menos, los personajes que ha interpretado Thalía tenían en sus comienzos ciertos dejos de rebeldía, pero los de Adela apenas se resignan. En «María Isabel» era la indígena más blanca que se haya visto jamás y apenas hacía nada ante las brujas que la odiaban. ¿O qué decir de «María Bonita» y otras telenovelas?
- Thalía como la que llora, pero al final es una badass
A la cantante y actriz se le perdonan muchas cosas, sobre todo por la fuerza de sus tres personajes más famosos: María la del Barrio, María Mercedes y Marimar. Todas ellas, a su manera, comienzan como la típica ingenua de telenovela a las que les hacen de todo (chamuscar a sus abuelos en «Marimar» es una de las cosas más horribles que se han visto antes de las series), pero toman venganza de maneras terribles. María Mercedes le daba sus buenas cachetadas a Malvina del Olmo. María la del Barrio no se dejaba de Soraya y Marimar hizo que Angélica recogiera sus escrituras con el lodo, en uno de los mejores momentos de las telenovelas.
- Victoria Ruffo, como la mujer madura sufridora
En las telenovelas hay varios tipos de mujeres maduras que sufren por lo que sea, siendo Carmelita Salinas el típico arquetípico de madre rezandera, refranera y popular. Como contraparte está siempre Victoria Ruffo, aquella mujer madura aún atractiva de la que se enamoran luego de su aturdida juventud. Verla llorar en «La Madrastra» y sufrir en «Abrázame muy Fuerte» por su hija perdida «María del Carmen» (la insoportable Aracely Arámbula) o soportar a su hermana psicópata en «En nombre del amor», lo confirman.
- Gabriela Spanic como gemela buena y gemela malvada
Sí, hizo de boxeadora/hijaperdida/reencarnada en «La Venganza» y tiene otros papeles, pero ¿a quién se le pasa por la cabeza repetir el mismo papel que le dio fama antes con un argumento similar? Es como si Leonardo DiCaprio aceptara hacer la secuela de «Titanic», en la que descongelan a «Jack» para encontrarse con «Rose». Spanic ya era muy famosa por su increíble «Paola Bracho» en «La Usurpadora» (con secuela incluida) y entonces decide hacer «La Intrusa», con el mismo argumento de gemela buena y malvada.
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