La preocupación por las comunidades pentecostales en Chile comienza bastante temprano de la mano de la teología. Los estudios antropológicos del pentecostalismo, también comenzarían tempranamente en Chile con Emilio Willems. Luego encontramos una investigación histórico-comparativa entre el protestantismo chileno y el peruano de J.B.A. Kessler. Aunque el trabajo más importante de esta época es del sociólogo C. L. d´Epinay quien estudia el pentecostalismo chileno entre los años 1965-1966 libro que publica en francés, inglés y luego publicado en español en Chile, como el Refugio de las masas. Estudio sociológico del protestantismo chileno (1968). El impacto de la obra fue inmediato.
No pretendo analizar el libro como tal, trabajo que ya han hecho otros autores, como veremos más adelante. Mi interés estará centrado en uno de los conceptos más importantes de su obra: comunidad. Concepto que por hoy es muy importante en la filosofía política, la sociología, la psicología y la antropología (aunque ésta siempre ha hecho de la comunidad su centro de atención). Hay un interés en la comunidad de parte de los liberales, comunitaristas y anarquistas.
Este interés se puede sintetizar en lo que dice Zigmund Bauman "la palabra comunidad no sólo tiene significados, sino también sensaciones. Tenemos la sensación que la comunidad es siempre buena", aunque el liberalismo tradicionalmente la consideró peligrosa por coartar la libertad de los individuos. No obstante como destaca Tony Blackshaw la comunidad tiene distintas aplicaciones: concepto teórico, recurso metodológico, espacios imaginados tradicionales y virtuales, identidades comunitarias, políticas públicas vinculadas al desarrollo comunitario e ideología relacionada con el comunitarismo.
Aunque en sociología la comunidad nace como un concepto teórico-metodológico destacado por Weber y Tonnies en la idea de tipo ideal. Es en este sentido que d´ Epinay (1968) utiliza el concepto de comunidad para describir al pentecostalismo chileno. No obstante la comunidad deja de ser un tipo ideal teórico-metodológico para transformarse en un concepto fundacional. Para ello recurre a los sociólogos clásicos Durkheim, Marx y Weber. Pero finalmente termina pesando más la concepción comunitaria durkhemiana, porque la complementa con sociólogos de la religión comunitarista Troeltsch, Yingers, Wilson y Jhonsson quienes describen las comunidades religiosas (sectas) como los refugios por antonomasia, no sólo de la modernidad, sino también de otros momentos históricos en donde se produce incertidumbre, precariedad y perplejidad
El concepto utilizado por d´ Epinay presenta cuatro debilidades importantes:
- En primer lugar, la debilidad más grande del trabajo es que idealiza la hacienda al imaginarla como un modelo paternalista y protector y proponerlo como un fundamento ideológico del pentecostalismo. Es una comparación atroz. Ya que la hacienda es la expresión máxima de la desigualdad social en Chile. Es un sistema fundado en la diferencia de raza, clase y jerarquía.
- En segundo lugar es la nostalgia rural el fundamento ideológico del pentecostalismo, por lo tanto no es la hacienda. Esta nostalgia se expresa en las predicaciones, testimonios, canciones y oraciones.
- En tercer lugar d´ Epinay le asigna un valor excesivamente patriarcal a la comunidad pentecostal, cuando las metáforas con las cuales el pentecostalismo se representa el mundo, la sociedad, los líderes y las personas son fundamentalmente femeninas.
- En cuarto lugar deja de lado el conflicto al interior de la comunidad pentecostal y sólo la describe en el nivel institucional vinculado al cisma, pero deja de lado el conflicto local donde se producen las disputas, rupturas y separaciones.
Frente a lo destacado nos hemos propuesto como objetivo un análisis crítico y propositivo al concepto de comunidad sostenido por d´Epinay. Haremos una crítica a los supuestos culturales, sociales y políticos y propondremos otros supuestos que se encuentran en la misma obra.
Sociología de la comunidad pentecostal
El fundamento teórico de la comunidad pentecostal d´ Epinay lo sustenta en Durkheim, Marx y Weber en una doble dimensión: comunitaria e individual. En un primer nivel centrado en la postura de Marx la comunidad pentecostal es una protesta religiosa, un consuelo a la miseria y una conciencia de clase. Desde Weber el pentecostalismo es una comunidad carismática que genera entre los conversos una ética pentecostal centrada en el trabajo, la movilidad social y ascetismo, aunque puramente religioso. Desde Durkheim el pentecostalismo es una comunidad intermedia entre la tradición y la modernidad que mantiene fuertes vínculos afectivos y establece una clara diferencia entre el tiempo y el espacio profano y sagrado.
Desde el segundo nivel, el individuo se encuentra enajenado, no obstante la comunidad le devuelve su humanidad; vive en la anomia pero el pentecostalismo le brinda una clara evidencia normativa y coercitiva donde cada hermano se transforma en el "guarda del otro"; y vive la pérdida de sentido de la vida pero el pentecostalismo le brinda el lenguaje para verbalizar su extravío anterior y su reencuentro con el derrotero perdido. Pero lo más importante la comunidad le brinda la legitimidad, no sólo para identificar sus problemas, del tiempo catártico para la liberación. El autor le atribuye tres sustento fundacionales a la comunidad pentecostal: un fundamento cultural en el modelo hacienda-mundo mapuche (el modelo mapuche no lo desarrolla); un fundamento social en la iglesia refugio y un fundamento político en conciencia de clase: iglesia de los pobres.
Fundamento cultural de la comunidad pentecostal
Desde una visión fundacionalista, una comunidad no puede estar orientada sólo al futuro común sino también a un pasado común. Pero ¿cómo una comunidad nueva puede tener un pasado? Se trata de la reinterpretación y de la invención de un pasado compartido que conecta la historia con el mito. Para el caso del pentecostalismo este estado previo de valores compartidos serían la "hacienda" y el "mundo indígena". Ambos ligados a una sociedad tradicional. Esta sociedad entra en crisis y por lo tanto se ven obligados, tanto inquilinos como indígenas, a emigrar a la ciudad donde se encuentran con una sociedad modernizada. Ahora estos migrantes no sólo están en un lugar diferente sino también en un tiempo distinto.
Por un lado hay un tipo de sociedad en decadencia y por otro hay un nuevo tipo de sociedad que no crece ni se desarrolla. Esta última está cerrada a los desterrados y solo pueden quedarse en los márgenes. Es decir hay una doble crisis social: decadencia y estancamiento y una doble crisis individual: pobreza y anomia. En aquella sociedad tradicional, ahora en decadencia, d´ Epinay destaca que "las masas populares, vivieron en función de la imagen de organización social que les ofrecía la hacienda, institución fundamental del Chile tradicional, compuesta de una estructura familiar dilatada bajo la férula paternalista, opresora y protectora a la vez, del hacendado".
A pesar que este patrón-padre trataba a sus "hijos como esclavos" no obstante estas masas desarraigas lo extrañan y viven en la ciudad "conservando la nostalgia del padre perdido". Así el campesino es un migrante-huérfano de una realidad espacial tan cerca, pero se siente tan lejos en el tiempo. Las personas de la ciudad hablan, comen, visten y tratan de manera distinta. No obstante este migrante-huérfano en su vagabundaje por los márgenes de la ciudad se encuentra con el pentecostalismo, evocación de una comunidad perdida. Esta comunidad presenta seis aspectos importantes para estos giróvagos: "tiene un lenguaje teñido de dialecto y de jerga, que sirve de vehículo para la voz del inquilino y del roto". El mensaje es una experiencia de vida porque "viven lo que dicen, y viven en el seno de una situación social, de problemas y de dificultades, que comparten quienes los escuchan".
En cuarto lugar, "el Evangelio es aquí literalmente una buena nueva, porque ofrece una respuesta al abandono humano y social de las masas populares". A continuación, "el Señor que predican es más poderoso que los propietarios de la tierra, que el mayordomo de las minas o que el secretario del sindicato, puesto que Dios quiere que lo llamen Padre y trata al más miserable de los hombres como a su hijo". Por último, "el anuncio de un reino ultramundano, cuya irrupción es inminente". Por lo tanto este apátrida del tiempo acepta el mensaje de salvación y decide ir al templo. En donde se encuentra con una comunidad pentecostal, una rémora del pasado y del tiempo del cual fue expulsado. Ve que allí le "ofrecen la certidumbre de la salvación, la seguridad de la comunidad, y dignidad humana".
Entonces ahora no está sólo, ni huérfano, ni es un extranjero del tiempo, sino que tiene la posibilidad de integrarse a una comunidad rememorada, imaginada y revivida en el espacio urbano. Ahora vive en un nuevo espacio pero reinventando el antiguo tiempo que nunca existió, reinvención que hace en los ritos. Así "el pentecostalismo se presenta como una respuesta religiosa comunitaria al abandono de grandes capas de la población; abandono provocado por el carácter anómico de una sociedad en transición". Esta transición es "el paso lento de una sociedad de tipo tradicional y señorial, hacia otra sociedad secularizada y democrática". Para d´Epinay el éxito de la comunidad pentecostal no basta sólo la rememora de un espacio-temporal perdido. Sino que además la comunidad pentecostal vincula a sus congregados a un pasado religioso común.
Porque los conversos al venir del mundo campesino-popular e indígena, tienen características esenciales: "la sociedad chilena tradicional caracterizada, en el nivel de los estados mentales colectivos, por su religiosidad, y hasta por una mentalidad primitiva, subrayada en una "sensibilidad religiosa popular" y una "sed de Dios". En segundo lugar: "los araucanos, animistas; y los mestizos chilenos conservan sus prácticas religiosas, como lo atestiguan las innumerables ánimas". La comunidad pentecostal asume estas prácticas religiosas de la sociedad tradicional y les da un nuevo significado y sentido, insertándolas en el imaginario bíblico. Convirtiéndose en un lugar sagrado en donde pueden expresar su religiosidad popular y vivir su fe. Dicho de otra manera, el pentecostalismo es la continuidad de la religiosidad popular tradicional pero ahora bajo una lectura protestante.
tags: #Auto



