Yo diría que tuve una infancia entre la esperanza (muy lúdica) y la desesperación. Los fantasmas o demonios comenzaron a rondarme en lo más tierno de mi ser; nací en el año del terremoto del sur, 1960, por eso nuestra casa se vino abajo y se incendió, yo estaba en la cama recién nacido, (hacía tres meses de ello) con mi madre cuando comenzó el sismo; mis hermanos mayores, Diana y Ulises, andaban en el teatro (que así se le llamaba al cine) con mi padre, y mi madre me amamantaba.
Así, que con tres meses de vida, 'se me movió el piso', como se dice popularmente acá en el sur de Chile. Tuvimos que instalarnos en una carpa de campaña y ahí pernoctar junto a fogatas, en conjunto con amigos y toda clase de gente (estaban todos unidos sin importar condición, eso fue muy bello me cuentan mis padres).
En seguida nos trasladaron a un barrio popular de la ciudad de Osorno, a Rahue Bajo, en calle Tarapacá, donde abrí los ojos a la vida realmente, viendo la cruda realidad de nuestro sufrido pueblo, y también mucha barbarie. Era una cosa -yo inocente no dimensionaba lo tremendo que era- más bien vista como una aventura y una puesta a prueba de la hombría, había que ganarse su lugar entre pillos y malditos, de toda granujería y gente de clase media que en ese entonces deslindaba con el lumpen proletariado.
Recuerdo que justo detrás de la casa que nos arrendaba, creo el gobierno, los colectivos de calle Tarapacá, pareadas y de dos pisos, con un patio trasero, daba a un pasaje de mala muerte, donde yo me asomaba con mi hermano Ulises, quien por su ingenio ( le fascinaban los 'inventos' como él los llamaba) era tiltado por los 'pelusitas' (así se les llama en el sur de Chile a los muchachos pobres ociosos) de 'giro sin tornillos', y otras motejaciones más ofensivas que el pueblo incivilizado suele 'inventar' dentro de sus inquehaceres cotidianos, situación que dolía mucho a Ulises, mi hermano; quien sin embargo no se arredraba y continuaba, conmigo como cómplice, en sus divertidos 'inventos', que consistían la mayoría en fabricar modelos de automóviles a escala de niños, probando toda suerte de tracción, desde rueditas de madera que el mismo marcaba y cortaba y pulía luego con absoluta y sacerdotal dedicación, hasta que descubrió los rodamientos de acero, tarea a la que nos dimos rápidamente, como los pioneros en el barrio y en Osorno, yéndonos, siempre conducidos por el ansia de probar la vida, a lanzarnos desde la cuesta García Hurtado, hoy calle Concepción, subíamos por el cerro y luego nos dejábamos llevar por la inercia en una loca carrera hacia el final de la calle.
Así, transcurrieron mis primeros años de vida, en ese barrio pobre de Rahue Bajo, viendo escenas crudas de mucho dolor, incluso recuerdo con pavor horrendas, como un campesino borracho que salía de un restaurante de la esquina, a pegarle patadas en el vientre embarazado a su mujer, también campesina, y que debía acompañarlo en el bar, quien además colgaba a otro niño en brazos, todo ese dolor, toda esa crueldad, toda la zafiez, la brutalidad y crueldad de los pobres también la conozco, como conocí a sus causantes directos en el determinismo social, años más tarde, de muy cerca también, pues me vi, estudiando en la capital la carrera de Publicidad y Marketing en un Instituto, tal vez el más high de Chile en esos años, sin duda, eran otros tiempos, y yo había desertado de una carrera de músico universitario, la que no terminó por convencerme, guiado más que nada en la necesidad de hacerme un futuro más promisorio en lo económico, mi padre me había aconsejado que estábamos en dictadura, y que los militares no valoraban la cultura, y que me iba a morir de hambre como músico sinfónico y tendría que encanecer esperando una vacante en una orquesta o conjunto serio. Así que terminé estudiando algo por necesidad que terminó por abrirme más los ojos de la realidad sicológica de los resortes de este mundo que se estaba mercantilizando hasta los suspiros en mi país.
Empleados Particulares, en l969, continuamos con los inventos, pero ahora me tocaba a mí, mi hermano era mayor dos años que yo, así que él se preocupaba de la bicicleta, los bombines, parchar sus ruedas, los patines, en fin, juegos más grandes; yo comencé de muy pequeño a interesarme en el arte ( y lo digo en términos generales), porque aprendí a tocar guitarra, organizaba festivales de la canción infantiles, proyectaba películas artesanales con cámaras y proyectoras que yo mismo hacía, con una ampolleta, una cajuelita de madera, que ya se calentaba y había que parar la manivela, todo entre la expectación de mis espectadores improvisados, a quienes les mostraba trocitos pequeños de películas que iba a pedir a los 'cojos' de los cines, como también diapositivas y esas cosas, todo con mucha magia y una sugestión de maravillamiento lúdico muy grande y jubiloso.
Recuerdo que antes de que llegara un televisor a mi casa, me di el trabajo de construir en cartón uno y rollos de papel con imágenes dibujadas por mí mismo dándole secuencia, que hacia circular ante un público también maravillado y cómplice, como eran mis padres y sus amigos así como mis amigos y sus compañeros de escuela; también a los 12 años salía disfrazado de vampiro, con unos dientes de plástico que me trajo mi madre de la capital, imitando a Barnabás Collins, lo hacía por jugar y por el gran parecido con el actor de la serial que yo tenía y que quizá conservo, flaco, enjuto y alto, así que con mi prima Gloria, hoy en Nueva York, salíamos a dar sustos a la gente con esos disfraces, que por cierto causaban la hilaridad de los transeúntes, y la nuestra, como estaba planificado. El tiempo fue pasando y las cosas en el país se volvían incontrolables para el Presidente Allende, de quien éramos partidarios y militantes, mi hermano en la J.S. y luego en el P.C. y mis padres en el Partido Radical, por entonces pro marxista y que estaba en el gobierno.
Mi querida hermana Diana, hoy en Montreal, mientras se dedicada a la revolución de las flores, y a la vez era activa en su liceo, en el FER, para pasar luego a un desencantamiento con todo, a fines del gobierno popular, y anunciarnos ella misma que venía un 'golpe' cosa que por supuesto nadie le creyó, en eso mi hermana fue muy inteligente y creo que fue un trabajo impresionante el que realizó.
Después pasó lo que pasó, como dice Nicanor Parra, toda la gran tragedia de este país; amigos desaparecidos, otros torturados y encarcelados, otros rumbo al exilio, en fin; muy duro, en verdad, con muchas carencias y muchas humillación, en el liceo nos llevaban obligados por órdenes expresas del regimiento a hacer bulto cuando pasaba el tirano por la ciudad, y nos obligaban a cantar canciones nacionalistas, patrioteras que ensalzaban a los militares, so pena de ser expulsados si no lo hacíamos, 'cantábamos a la fuerza y con la lengua mordida' sin derecho a ninguna expresión de descontento. Fue horrible, toda mi juventud la pasé bajo ese yugo del fascismo, con toda la represión y el peligro inminente de esto que podríamos llamar 'Historia de la Paranoia', como estoy titulando una de mis novelas, que parece que va a ser un desahogo muy grande después de tantos años de opresión; la censura es tal que uno 'aprende' a autocensurarse, a sabiendas de lo que es permitido o no, y aún así, debías sufrir los acomodos y la censura del censor de turno. Fue realmente tremendo para todos los jóvenes no haber gozado de libertad, somos casi una generación, dos y media más bien, prácticamente perdidas en el oscurantismo más demoniaco de una dictadura tan feroz. Las cosas ya no estaban para seguir jugando, rápidamente aprendimos la 'lección'.
Lo intuía de pequeño, cuando escribí mis primeras letras, imitando 'La campana sumergida' tan conocida, fue toda una experiencia que yo llamaría mística con la palabra, entre mis pensamientos eidéticos y toda la fantasía que me afloraba en todas esas manifestaciones referidas más arriba.
Eso fue cuando lo descubrí, el encantamiento, fue como mi primer amor, un enamoramiento del arte y la palabra vocacional, y lejos de todos los adornos artificiales que rodean a mucha gente que ha llegado al arte por ansia de fama e inmortalidad, por hacerse un lugar en la historia, toda esa insulsez que resulta de la ambición de eternidad vacua y snob, que gran parte de los 'autores' confunde con el arte mayor, dándome mucha lástima e indignación.
Sería aventurado decirlo, creo que uno va pasando por etapas, descubre cuando más joven todos los movimientos y escuelas y va probando por gracia con ello, y después ya descubre cuál es su propia voz, su impronta, su ritmo, su tono natural y desde entonces escriba lo que escriba se irá haciendo una tarea de auto entendimiento y aplicación de su imaginación, expresión y emoción, aunque nunca las palabras ni los elementos empleados den cuenta de todo el fenómeno creativo o de eclosión, como bien apuntara Wigenstein.
Tiene relación con lo anterior, creo que escribo mucho y corrijo muy poco, pues las ideas vienen en tropel y primero emeticulo en la pantalla del computador, como hacía antes en el papel en la vieja máquina de escribir, luego dejo que la escritura decante, la olvido, reviso, releo más bien rápido y ya no tengo más tiempo de volver a revisar pues ya estoy asaltado por otra deliciosa locura.
Creo que tengo la vocación sana de la comunicación, siempre me ha llamado poderosamente la atención la veta comunicativa, el feedback que puede establecerse con la gente, no diré que a uno lo admira, sino que le lee, y que le sabe leer, que es lo más importante, porque creo ser un autor no tan simple de captar en una primera lectura.
Algo que está por verse todavía, hay mucho de experimental aún, pero qué no fue experimental alguna vez, todo vehículo de comunicación, toda común-unión, que eso es la cosa , es interesante, aunque ciertas seudo exposiciones experimentales dejan mucho que desear como propiamente 'arte', creo que este concepto está demasiado prostituido con un neo naturalismo psicológico, muy en boga en Europa como aquí recientemente.
Enormemente, ha sido la escasa alegría que he tenido en mi vida, pero suficiente, el proceso de eclosión y escucharse a sí mismo es lo que le da sentido a la vida, y reflejar como un espejo lo que nos sucede con lo que sucede y con lo que no acontece, también, que de eso hay mucho que uno en su experiencia personal, llámesele como quiera, es lo mismo, el sentido que da sustento a la vida.
Que se descubran a sí mismos, y se alejen de las camarillas y sean auténticos y bien intencionados, pues hay tanta perversión hoy en día, con pseudos 'autores' que compiten por la fama y no por comunicar, que aparten de sí toda ansia de poder a través de la palabra, pues la palabra verdadera, auténtica, siempre libera.
Creo que desde el punto de vista de nuestra situación económica es muy difícil, no tenemos los medios que nos permitan desarrollar nuestras capacidades como quisiéramos para todos, creo que el neoliberalismo nos ha hecho mucho daño, la mayoría de los escritores están desamparados del Estado , y muchos llevados por las ansias equivocadas de fama, sucumben ante el mercado omnífugo.
Gracias por permitir que me exprese, sin censura, libremente.
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