El Corvette es uno de esos ejemplares que han logrado anteponer su nombre por encima del de la marca que lo fabrica, un honor que muy pocas unidades ostentan. “Este auto es estilo puro. Escucha cómo suena”, dice Martín Durruty cuando pisa el acelerador y sube las revoluciones del Corvette de 1959, que acaba de importar desde Estados Unidos.
Son las 17 horas de un viernes en Manquehue Norte, la mayoría camina apurado de vuelta a casa, pero no pocos se detienen al oír los bramidos de este sesentón que es la génesis del único deportivo americano que sigue en pie.
Orígenes en la Posguerra: Un Sueño Americano
Como sucede con los grandes autos de la industria, el origen del Corvette obedece a un contexto histórico. En los años cincuenta pasaron varias cosas en Estados Unidos, comenzando por el ambiente triunfalista que se vivió al término de la Segunda Guerra Mundial, el despertar económico de esa nación y las nuevas ideas tecnológicas que se encubaron mientras esos jóvenes soldados sirvieron en Europa; principalmente en Inglaterra.
Al regresar a casa no solo traían muchas ganas de vivir, sino que también dinero en los bolsillos. Surge como idea a inicios de los 50 en el seno de General Motors, en tiempos cuando las tropas estadounidenses volvían victoriosas de Europa y el país se había convertido en el financista del Viejo Mundo. Muchos de esos excombatientes formaron familias, compraron casas y automóviles por supuesto, decididos a realizar un valioso aporte a la sociedad. En la sociedad se respiraba triunfalismo. Nació el Rock and Roll y todo giraba en torno a la cultura de la diversión.
Y tomando como referencia esa casta de deportivos foráneos… además de las exigencias de los nuevos compradores, Chevrolet comenzó a trabajar en un biplaza, veloz y liviano, que emulara el desempeño de esos automóviles venidos de Europa, aunque en una primera etapa solo se pensó en un prototipo y sin planes de llevarlo a la producción masiva a corto plazo.
“La gente se dio cuenta de que en Europa existían deportivos”, explica Durruty. Tras algunos meses de trabajo el talentoso diseñador Harley Earl presentó su creación a la plana mayor de General Motors, un atractivo ejemplar construido con carrocería de fibra de vidrio y cuyo nombre fue tomado de las embarcaciones tipo Corbeta, esos barcos pequeños, ágiles y fáciles de maniobrar; se adaptó la palabra y surgió el término Corvette. La industria motor tomó el guante y GM designó al diseñador Bill Mitchell, cuya pluma quedó plasmada en más de 70 millones de vehículos andando en las calles. Fue así como entre 1953 y 1962 se ofreció la generación C1 del Chevrolet Corvette, estrenándose una primera partida de 300 unidades, todas ellas pintadas con un inmaculado blanco, anunciándose además la posibilidad de elegir plantas motrices que erogaban desde 150 hasta 360 cv; al final de su periodo del C1 se produjeron alrededor de 70 mil unidades.
“El de clase media compraba un Pontiac o un Buick, el que tenía lucas se iba por un Oldsmobile, y el que tenía lucas en serio, un Cadillac. Chevy era de los obreros. Mitchell dice: ‘¿Saben? Vamos a hacer un deportivo, porque quiero atraer a la juventud’”, comenta este importador.
El Corvette literalmente cumplió el “sueño americano”, al menos el de los jóvenes, ya que este automóvil no era excesivamente costoso y sus prestaciones eran impresionantes para la época.
El Desafío Inicial: Ventas y Motorización
El Corvette no fue un éxito instantáneo. Se presentó en junio de 1953 en la feria Motorama de Nueva York, y si bien causó atracción, ello no se plasmó en las ventas. “El auto era ondero, pero el único motor que tenía Chevrolet era un seis cilindros, al que Mitchell le asoció una caja automática para hacerlo high tech, pero al final eso solo terminó restándole deportividad”.
La Llegada del "Padre del Corvette": Zora Arkus-Duntov
Pero las cosas cambiarían. A Motorama llegó como espectador Zora Arkus-Duntov, quien más tarde sería conocido como el “Padre del Corvette”, y quien quedó maravillado por la impronta del auto. Este belga de padres judío-rusos -y quien había sido piloto de autos en Europa y aviador del Ejército del Aire francés- le escribió a Ed Cole, jefe de Chevrolet, porque quería trabajar en el proyecto Corvette.
Impensadamente fue aceptado y desde un comienzo marcó su estilo. “Él quería hacer un deportivo como los que conocía, y para eso quería mejorarles la potencia, los frenos y el handling. Era impensado para Arkus que el Corvette tuviera frenos de tambor y suspensión de ejes rígidos atrás”, agrega Durruty.
La Competencia con Thunderbird y la Evolución Técnica
En paralelo, en 1955 Ford lanzó con éxito el biplaza Thunderbird, enfocado en el lujo, por lo que en Chevrolet primó la lógica de ir por la deportividad. A mediados de los 50 debutó el Corvette V8 potenciado con dos carburadores de cuatro bocas, eje de levas especial, doble salidas de escapes y caja manual de tres marchas. Un año más tarde sumó transmisión de cuatro cambios y motor inyectado. Otro bombazo.
La loca carrera del Corvette por llevar cada vez más aditivos corría al mismo ritmo que el auto ganaba reputación. Eso sí, se mantenían cosas que ponían furioso a Arkus-Duntov, quien seguía pujando por dotar al Corvette de más tecnología.
Ingeniería vs. Marketing: La Lucha de Visiones
Mitchell, por su parte, creía que no había éxito comercial sin un diseño atractivo. “‘-¿Cómo vas a ponerle esos cromados? Este es un auto de carreras’. ‘-¡Sin cromados el auto no se vende!’”, se explaya el empresario. Eran las lógicas de ingeniería versus marketing. Zora era de la función sobre la forma y Bill, todo lo opuesto”, explica este ingeniero comercial que se apasiona con cómo la lucha de visiones dio este resultado. “Mira. Revisa esta salida de aire”, dice apuntando detrás de la rueda delantera. “Es falsa. Es lo que te digo. Para Mitchell lo importante no era tanto ser, sino parecer. El auto tenía que verse cool. Eso le gusta al gringo y el gallo murió con esa”.
Durruty habla y repasa. A veces es interrumpido por personas que lo felicitan creyéndolo el dueño. Hace una pausa y pregunta: “¿Sabes por qué me gusta tanto este auto? Porque esas disputas hicieron que Chevrolet lanzara el 63 el Corvette con suspensión independiente y frenos de disco. Ese Corvette desenmascaró al Thunderbird y se equiparó con lo mejor de Europa. Piensa que un C2 es muy similar a un Ferrari 250 GTO en términos de performance. Fue extraordinario”.
El Corvette Hoy: Un Legado de Innovación
Finalmente, el único autorizado para conducir este Corvette del 59, dice que Chevrolet hoy hizo lo mismo que en el 60: pelear con un producto a la altura. El Chevy Corvette 2020 por primera vez lleva el motor V8 aspirado en el centro del chasis, permitiéndole una silueta racing y un peso natural equilibrado entre ejes.
Llega algo tarde, es cierto, pero de todos modos el llamado ‘Padre del Corvette’ puede estar orgulloso, porque el auto que le dio su apodo vuelve a jugar en la división de honor de los deportivos.
Evolución del Chevrolet Corvette a través de sus Generaciones:
| Generación | Años de Producción | Características Destacadas |
|---|---|---|
| C1 | 1953-1962 | Primera generación, carrocería de fibra de vidrio. |
| C2 | 1963-1967 | Aparición del Stingray, diseño polémico con vidrio trasero dividido. |
| C3 | 1964-1982 | Inspirado en el Mako Shark II, el Corvette más longevo. |
| C4 | 1983-1996 | Diseño futurista, mejoras en performance con el ZR1. |
| C5 | 1997-2004 | Faros ocultos, puesta a punto en pistas europeas. |
| C6 | 2004-2013 | Mejoras técnicas, éxito en competencias GT. |
| C7 | 2014-2019 | Diseño futurista, mejoras en performance con el ZR1. |
| C8 | 2020-presente | Motor central, silueta racing y peso equilibrado. |
Y desde ese instante la historia del Corvette siguió sumando capítulos, casi sin detenerse, continuando con la generación C2 (1963-1967), C3 (1964-1982), C4 (1983-1996), C5 (1997-2004), C6 (2004-2013), C7 (2014-2019) y C8 (2020-presente)… esta última equipada con motor central, formato que nos le causó gracia a los puristas amantes de este histórico modelo. Pese a todo el Corvette sigue vigente y su club de fanáticos sumando nuevos adeptos cada día.
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