La llegada de los primeros automóviles a Chile a principios del siglo XX transformó el transporte y marcó un hito en la movilidad. Sin embargo, con el paso de los años, el origen de algunos términos populares, como “burrita” para referirse a aquellos primeros autos, ha quedado envuelta en el misterio. ¿De dónde proviene esta denominación? Existen varias teorías que buscan explicarlo.
Las Hipótesis sobre el Origen del Término "Burrita"
La Hipótesis Zoológica
Antes de la llegada de los automóviles, el transporte en Chile dependía de carretas tiradas por burros, mulas y caballos. Estos animales eran fundamentales para el traslado de personas y mercancías. Con la introducción de los vehículos motorizados, se especula que la población empezó a llamarlos “burritas” en referencia a los burros que previamente cumplían esa función.
La Hipótesis Mecánica
Otra explicación sugiere que el término se originó por la forma en que se encendían los primeros automóviles. Muchos de estos modelos, como el Ford T, requerían una manivela para arrancar el motor. En ocasiones, la manivela retrocedía bruscamente, golpeando a quien la operaba de manera similar a una “patada de burro”.
De acuerdo con el sitio Tuerca.cl, “a menudo, la manivela era rechazada por el motor con un golpe seco, lo que recordaba a una patada de burrita”. Carlos Verdugo, entusiasta de los autos clásicos, explica que “los primeros Ford T no tenían partida eléctrica y si no se retrasaba el encendido antes de girar la manivela, el motor podía retroceder y la manivela ‘pateaba’, causando lesiones”.
La Hipótesis de la Fiabilidad
El Ford T, producido entre 1908 y 1927, fue uno de los modelos más emblemáticos de la época y se ganó una reputación de ser resistente y confiable. Su capacidad para adaptarse a las condiciones del país pudo haber reforzado la asociación con el término “burrita”, dado que los burros eran conocidos por su fortaleza y fiabilidad como animales de carga.
La Hipótesis Sónica
Algunos expertos creen que la palabra “burrita” proviene del sonido característico de las bocinas de los primeros automóviles. Eduardo “Walo” Frías, especialista en mecánica y comunicador radial, señala: “Yo creía que era por el sonido de las bocinas, parecido al que hacen las burras”. Alexis Cares, periodista especializado en automóviles, recuerda que su profesor Hugo Miller mencionó en clases que el origen del término podría estar relacionado con este aspecto sonoro.
La Influencia del Club de Automóviles Antiguos de Chile
En 1967, el empresario chileno Joaquín Lewin publicó un aviso en los diarios de Santiago invitando a los amantes de los autos antiguos, o “burritas”, a contactarlo. Esta iniciativa llevó a la fundación del Club de Automóviles Antiguos de Chile (CAACH), que ha desempeñado un papel clave en la preservación y difusión de estos vehículos.
El Ford Modelo A: Un Ejemplo de "Burrita"
Popularmente se les conoce en Chile como “burritas” y son los autos más antiguos que se pueden ver, de vez en cuando, paseando por las calles de Santiago u otras ciudades del país. Fueron construidos antes de la Segunda Guerra Mundial y en la actualidad son toda una atracción para niños y adultos, pero especialmente para las personas de la tercera edad a quienes evoca recuerdos de infancia.
En este caso se trata de un Ford Modelo A Coupé de 1930 que pese al paso de los años se encuentra en perfecto estado y prueba de ello es que se alista para participar de un “paseo aventura” que lo llevará desde San Pedro de Atacama hasta la ciudad argentina de Salta, para luego enfilar rumbo a Mendoza donde volverá a cruzar la frontera para retornar a Santiago.
Historia del Ford Modelo A
Corría la década del 20 y Ford lideraba el mercado automotriz con su popular Modelo T hasta que General Motors comenzó a ganar terreno gracias a sus autos más modernos, con nuevas características y personalizaciones estéticas. Esto obligó a la marca del óvalo a replantear su oferta y responder con un nuevo modelo para competir de igual a igual con Chevrolet. Así nació el Ford Modelo A, considerado como el segundo gran éxito de la automotriz con sede en la ciudad de Dearborn (Michigan).
El Ford Modelo A Coupé de 1930 tiene, según manual, un motor de 4 cilindros que genera una potencia de 40 caballos a 2.300 rpm. Además incorpora un cambio de 3 relaciones más la marcha atrás, un embrague monodisco, arranque eléctrico, encendido por batería, amortiguadores hidráulicos, freno en las cuatro ruedas y refrigeración de agua.
Santiago comenta que cuando adquirió el coche no solo lo hizo por su buen estado, sino por los recuerdos que le traía de su padre, quien alguna vez tuvo un auto similar.
“Yo me recuerdo de mi padre con este auto. Mi padre tuvo, por los años 40 o 50, un auto similar a este. Uno guarda recuerdos y eso es lo que llama la atención con este auto. Esa es la razón por la cual atrae esta burra, más que por su belleza, es por la reminiscencia que genera en la gente”, explica.
Agregó que cuando lo adquirió el auto estaba en muy buenas condiciones gracias al cuidado que le brindó su antiguo propietario, aún así debió hacerse cargo de la última etapa de restauración que se extendió por cerca de 10 meses.
“Tuvimos que cambiarle la bomba de agua, cambiar unas partes eléctricas, reforzar el soporte del motor y hacerle una serie de cosas que toman tiempo, ya que muchas veces hay que encargar los repuestos y estos se demoran en llegar”, explicó.
La Próxima Aventura
Añadió que este Ford Modelo A quedó en tan buenas condiciones que a fines de octubre próximo participará de un paseo aventura de vehículos antiguos que se extenderá por más de dos mil kilómetros.
“Estos autos no son para andar corriendo ni mucho menos porque no están preparados para eso, pero uno puede andar a 50 o 60 kilómetros por hora y puedes pasear muy cómodamente. De hecho, vamos a tener un paseo en el Club a fines de octubre. Vamos a mandar los autos a San Pedro de Atacama y de ahí vamos a cruzar por el Paso de Jama, que está ubicado a 4.200 metros de altura, hacia Argentina para llegar a la ciudad de Salta y de ahí nos vamos hasta Mendoza donde volveremos a cruzar a Chile. La idea es recorrer 2.300 o 2.400 kilómetros”, explicó.
Añadió que realizar estos paseos ofrece la posibilidad de vivir los viajes como en antaño, descubriendo lugares que con los vehículos actuales resultaría casi imposible.
“A uno le gusta este auto y el placer de manejarlo. Cuando uno sale en estos paseos y como el auto anda a 50 o 60 kilómetros por hora no se puede circular por las autopistas y uno tiene que andar por calles laterales o caminos interiores y eso permite gozar más del paisaje. Andar a 50 kilómetros por hora es muy diferente que hacerlo a 100 o 120, uno va mirando y disfrutando del paisaje.
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