La especialidad del chileno Rodolfo Gutiérrez, alias Zerreitug (su apellido al revés) son los dioramas, pequeñas maquetas a escala que utiliza principalmente para representar hechos históricos o alguna escenas de la vida cotidiana de otra época. En su caso, los pequeños personajes que protagonizan cada diorama están hechos de madera.
“Adelante, pase”, dice Zerreitug a través del citófono de su casa en Camino Refugio del Arrayán, en Lo Barnechea. Sobre el portón hay 3 duendes de madera de álamo. Luego de atravesar el jardín y la piscina -redonda, ubicada casi en el centro del terreno- está su casa. En el ala que da a la cordillera, se encuentra su taller. “Adentro vamos a ver varias de las figuras que hago para vender.
Un Artista Autodidacta con Años de Trayectoria
Rodolfo Gutiérrez Schwerter nació en Santiago en 1944, pero vivió en Quilpué los 20 primeros años de su vida. Se mudó a su actual casa hace 45 años. Desde que tenía 12 hacía cómics, dibujaba y, cómo no, tallaba figuras en madera. Cuando apareció la plasticina, para él “fue una maravilla”. Estudió contabilidad en el Instituto Comercial de Valparaíso y, aunque terminó sus estudios, nunca ejerció. A los 19 años ya estaba vendiendo figuras de madera. Según él, es el único que hace dioramas en Chile. Autodidacta, Zerreitug lleva más de 56 años tallando en madera, sin haber tomado cursos.
Además de dioramas, también fabrica figuras individuales y cuadros tallados. “Me han preguntado qué soy: si artista, tallador de madera o dioramista. Hago todo lo anterior. Podría ser un dioramista, pero yo no solo hago dioramas”, se ríe. Su casa da cuenta de ello: en cada espacio, en cada pared, se puede apreciar una obra suya.
En su libro, el historiador Motles destaca la faceta “artista/empresario” de Rodolfo Gutiérrez, ya que fue capaz de importar una idea (el primer diorama lo vio en Nueva York, en el Museo de Historia Natural), adaptarla al mercado nacional, producirla y venderla. Destaca su “paciencia y tenacidad”, porque partió trabajando en condiciones precarias “No quedaba espacio ni en el comedor”, señala. También destaca que logró entrelazar dos disciplinas: el arte y la historia.
El Proceso Creativo y la Inspiración Histórica
“Hago personajes de distintas épocas. Ha hecho 110 dioramas en toda su carrera, los que están expuestos en museos, centros culturales y algunas estaciones de metro en Santiago. Antes del boceto y de tallar, el primer paso de Zerreitug es investigar: “para dar vida a un personaje tengo que saber cómo era la gente de esa época, qué ropa usaban, etc.
En 1977, la Municipalidad de Santiago comenzó a restaurar la Casa Colorada, para convertirla en un museo para la ciudad. Zerreitug presentó una propuesta: cualquier escena de la historia de la capital se podía representar con figuras de madera. Fue así como en 1981, gracias a la gestión del alcalde de ese entonces, Patricio Guzmán Mira, se inauguraron los primeros dioramas en el nuevo Museo Casa Colorada de Santiago. “Patricio era cliente mío, tenía una serie de figuras que le había vendido”, explica respecto a cómo se facilitó la gestión del proyecto. Actualmente, hay 11 dioramas.
En 1983, con motivo de celebrar los 433 años de la ciudad de Concepción, se inauguraron 14 dioramas en la Galería de la Historia, en el Parque Ecuador, un trabajo que le tomó tres años pero que le ayudó a que su obra fuese más conocida. En Penco, comuna de Concepción, también hay 10 dioramas que hablan de su fundación. Casualmente, Zerreitug llegó a esta localidad a enmendar un error: “toda la historia de la Conquista, de Pedro de Valdivia cuando estaba en Concepción, Lautaro, todo ocurrió en Penco, no en Concepción.
El Desastre de Rancagua es otro hito que se inmortalizó con dioramas. En la maqueta principal, que mide 4m2 (el diorama más grande que ha hecho) se puede distinguir a Bernardo O’Higgins mirando hacia la Iglesia de la Merced, esperando a que lleguen refuerzos.
Dioramas en el Metro de Santiago
En 1992 se creó la Corporación Cultural MetroArte, del Metro de Santiago. El diorama de la estación Plaza de Puente Alto tiene 110 personajes y 2 trenes eléctricos, uno que va a Santiago y otro que regresa. Además está la locomotora a vapor que va hacia El Volcán. Hay dos andenes y se distingue a la gente llenando el tren, subiendo y bajando. Los personajes suelen ser de 10 cm, pero los de este diorama son de 20. “Fue muy complicado hacerlo. Para hacerle una perspectiva, hay que hacerlo todo al ojo, ir mirando. No se puede usar regla.
Para el diorama del Abrazo de Maipú, ubicado en la estación Plaza de Maipú, se basó en la representación del cuadro de fray Pedro Subercaseaux.
Desafíos y Reconocimientos
Respecto a cómo se investigan los hechos, Zerreitug señala: “Se revisan las versiones de un mismo relato y llego a acuerdo con quien hace el encargo. Sin embargo, en 2011 el historiador Gonzalo Sotomayor refutó la versión de la fundación de Santiago pues, según él, Pedro de Valdivia no habría sido el primero en el valle, que no estaba vacío como el diorama lo presentó. Había una ciudad inca y Valdivia negoció con los caciques para comprar esta ciudad. Ahora tendrá que transformar este diorama, reemplazando el peladero por asentamientos incaicos. Rubén Stehberg, jefe del área de arqueología del Museo de Historia Natural, lo ha respaldado en esto.
El trabajo de Zerreitug también ha llegado a otros países. Ha exportado algunos dioramas a Arizona, con temática de vaqueros e indígenas americanos. En 2010, cuando se conmemoraba el bicentenario de Chile una delegación española vio su trabajo en el Museo Casa Colorada.
Zerreitug trabaja sin ayudantes. En promedio tarda tres meses en cada diorama, aunque en los de Plaza de Puente Alto y el Abrazo de Maipú demoró cuatro. Dibuja bastante, realiza muchos bocetos de los personajes y los muestra para su aprobación. Para todo lo que sea de madera suele usar pino radiata, por ser la opción más barata y porque el tallado es sencillo.
Respecto a las herramientas, dice que no son muchas ni tampoco sofisticadas. Tiene una sierra huincha grande y una pequeña. Afuera del taller corta las maderas grandes y lo chico lo trabaja al interior. Luego suele utilizar formones de diversos tamaños, según la profundidad y detalle que quiera lograr en la madera. Para pegar, sólo usa cola fría.
Actualmente está trabajando en el que sería su diorama número 111 y que retrata la primera vez que llegó el tren a la estación de Santa Bárbara, región del Biobío, en 1930. Hace unas semanas, lo visitaron a su casa el alcalde de Santa Bárbara y el jefe de arquitectura de la Municipalidad para corregir algunos aspectos del paisaje.
Lo más contemporáneo ha sido el paseo peatonal de Concepción. En el diorama se muestra a la gente bebiendo café, cruzando la calle, conduciendo autos actuales. “La fecha no es problema, yo represento cualquier cosa.
En 2015, la Municipalidad de Santiago le otorgó el Premio a la Trayectoria del Patrimonio, destacando su rol en la conservación de monumentos históricos. También ha sido nombrado miembro activo de la Sociedad Chilena de Historia y Geografía, por su director Juan Guillermo Prado.
Rodolfo Gutiérrez enfatiza que no habrá sucesor de lo que él hace. “No es algo que se pueda transmitir o enseñar. Si alguien quisiera preguntarme o que yo hiciera una clase, eso duraría 15 minutos. La explicación no es mucha: hay que tallar, darle forma a una persona. No hay ningún misterio en lo que yo hago.
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