Nino Bravo: Historia trágica a bordo de un BMW 2800

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Hoy se cumplen 48 años desde que el cantante español, Nino Bravo, falleció a los 28 años. Hoy 3 de agosto uno de los cantantes más influyentes de su época habría cumplido 81 años.

Luis Manuel Ferri Llopis es como verdaderamente se llamaba. A pesar de ser extremadamente famoso en España y Latinoamérica casi nadie sabía que se llamaba Luis Manuel. Ese cambio fue sugerido por su representante Miguel Siurán; Nino estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario para destacarse.

Nació el 3 de agosto de 1944 en Ayelo de Malferit, España. Su vida fue corta pero intensa. Si bien solo pudo cantar 4 años de manera profesional, grabó más de 60 temas. Desde entonces y hasta su muerte en 1973, dio vida a más de 60 grandes éxitos que marcaron su trayectoria. Ese prestigio, hoy por hoy se mantiene intacto y por ello es un eterno ídolo de la música popular.

Inicios y ascenso a la fama

Cabe destacar que desde los 4 años ya tenía sus primeros contactos con la música ligera. Luis Manuel Ferris Llopis buscó triunfar desde muy joven. Su carrera comenzó de muy joven. Probó suerte con el trío Los Hispanos y como cantante principal del grupo Los Superson. Sin embargo, una vez que una de sus canciones se convirtió en un éxito, la sucesión de hits fue imparable.

El gran éxito le llegó recién en el verano de 1970 con la canción «Te quiero, te quiero» de Rafael de León y Augusto Algueró. Escrita para la película argentina Kuma Ching, para que la cantase su actriz principal Lola Flores. La canción «Te quiero, te quiero» de Augusto Algueró había pasado sin pena ni gloria. En poco tiempo también había sido versionado por Carmen Sevilla y Raphael pero seguía sin explotar. Fue por entonces una de las canciones más populares en toda Sudamérica. En 1970 su popularidad creció de una manera imponente.

Aquí, el cantante comenzó una carrera en la que encadenó éxito tras éxito. Fueron casi cuatro años en los que los compositores le alcanzaban sus temas con la ilusión de que él los cantara. Los dos músicos habían liderado el grupo Los Relámpagos unos años antes y luego se habían abocado a trabajar en la industria discográfica como descubridores de talentos y firmando canciones populares que interpretan una gran cantidad de artistas.

Participó dos veces en la selección del festival de Eurovisión. La primera en 1970, con el tema “Esa será mi casa” que no logró llegar a la final. América latina se rendía a sus pies.

El fatídico accidente en BMW 2800

El 16 de abril de 1973 quedó marcado en la historia española. Esa mañana, un accidente automovilístico apagó la voz de Nino Bravo, justo cuando su carrera despegaba a la gloria. Todo indicaba que el 16 de abril de 1973 sería un día como cualquier otro. Hace algunos años que los viajes entre distintas ciudades de su natal España -e incluso hacia países del continente americano- se habían vuelto parte de su rutina: para entonces, Luis Manuel Ferri Llopis, conocido popularmente por el nombre de Nino Bravo, ya era señalado como el portador de una de las voces más inconfundibles del cancionero hispanohablante, responsable de la inmortalización de éxitos de la talla de Te quiero, te quiero; Es el viento y Un beso y una flor. Sin embargo, el viaje que emprendería esa mañana tenía una connotación diferente. El cantante no iba solo, sino que acompañado por los músicos José Juesas Francés, Fernando Romero y Miguel Ciaurriz.

Y tampoco se dirigía a uno de sus shows, pues llegaría desde Valencia a Madrid en su calidad de representante del dúo Humo, compuesto por Romero y Ciaurriz, los que debían asistir al estudio para hacer algunos ajustes de un sencillo que estaba pronto a estrenarse. En ese entonces Nino tenía 28 años y era quien manejaba el auto. El grupo discutió sobre la opción de llegar a la capital española en avión, pero terminaron viajando arriba del auto de Nino, un BMW 2800 L blanco de segunda mano que el cantante había comprado hace poco.

Partieron a las 7:30 de la mañana y se detuvieron a desayunar a mitad de camino, para estar de nuevo en la ruta antes de que el reloj marcara las 10 en punto. Tras casi dos horas de trayecto, pararon a reposar. El cantante iba al volante de su BMW 2800. Iba por una ruta cuando chocó con su BMW 2800 modelo 1970. Salieron temprano desde Valencia, desayunaron y continuaron con el viaje. Junto a él se encontraban también los músicos de su banda, el guitarrista José Juesas, Fernando Romero y Miguel Ciaurriz, que salieron ilesos.

Cuando faltaban apenas 90 kilómetros para llegar a Madrid, Nino, que estaba detrás del volante, perdió el control del vehículo al entrar en una curva. Pero durante el camino el cantante español perdió el control del auto y se salió de la carretera. El auto se salió de la carretera y dio varias vueltas de campana antes de quedar apostado a un costado del camino, con las ruedas delanteras torcidas y el techo y el capó destruidos. Los tres músicos que viajaban en los asientos traseros lograron salir del auto y sobrevivir, pero Nino no corrió la misma suerte. Según cuentan, varias personas que pasaban por el lugar ayudaron a sacar a los músicos del auto. Así también agregó que todo fue muy rápido mientras ayudaban a salir a Nino: “Se estaba quejando, fue quizá lo último que nos dimos cuenta de él, fue todo muy rápido”. No se sabe con certeza si falleció antes de que llegara la ambulancia o durante el traslado al hospital.

Tras lo dicho, su cuerpo no resistió. Murió en el camino, cuando la ambulancia pasaba por Fuentidueña del Tajo (una comunidad cercana a Madrid). Lo único seguro es que ya no había nada más que hacer. Así es como fue la partida de Nino Bravo, que hoy tendría 77 años. La muerte lo alcanzó en un momento lleno de alegrías. Luego de varios altos y bajos, su trabajo por fin estaba recibiendo el reconocimiento que merecía. Logró posicionar varias de sus canciones en el top de España, y ya había tenido una extensa gira por Latinoamérica (que pasó por Chile con un recital en el icónico teatro Astor). Además, se había casado y esperaba a su segunda hija con María Martínez Gil. Su partida, sorpresiva y trágica, impactó a sus compatriotas y fanáticos de este lado del mundo por igual. Tenía apenas 28 años y pasaba por el mejor momento de su breve, pero contundente carrera musical.

Legado

Probablemente nunca imaginó que su imagen adquiriría esa condición de leyenda, que lo mantiene vigente hasta nuestros días. La noticia del accidente ocupó portadas de todo el continente, y Chile no fue la excepción. Por esos días, la primera página de La Tercera anunciaba el fallecimiento del músico con el siguiente titular: “Mujeres lloran al astro de Te quiero, te quiero: Cantante Nino Bravo se mató en choque”.

El artículo al interior del diario ya le confería el título de ídolo, una condición que se fue reafirmando con el paso del tiempo y que aún perdura. ¿Cuáles eran esos aspectos que hacían de Nino Bravo un artista tan excepcional? “Era diferente al resto de los baladistas. Cantó a diferentes autores, pero formó un perfecto tándem con Pablo Herrero y José Luis Armenteros, antiguos músicos del grupo instrumental Los Relámpagos, que le crearon un repertorio noble que fue producido con pequeños detalles audaces: piensen en el clavicordio que abría Un beso y una flor”, comenta a Culto el reconocido periodista musical de El País, Diego Manrique.

Sobre el legado que dejó a la música hispana, Manrique afirma que se trata de un reconocimiento que terminó de consolidarse posterior a su fallecimiento. “Puede que su muerte pasara relativamente desapercibida. España tenía entonces unas carreteras muy primitivas y eran frecuentes los accidentes con muertes, especialmente entre músicos, obligados a recorridos infernales. Solo después comprendimos lo que habíamos perdido: un talento único, de enorme plasticidad emocional”.

En ese contexto, Aguilera recuerda que en 1976 la española Cecilia también falleció en el marco de un accidente automovilístico. Cabe recordar que este tampoco fue el primer incidente de Nino: en noviembre de 1972, el artista ya había sufrido un choque con algunos de sus músicos, del que lograron salir con vida.

“En ese momento aún no sabíamos la edad exacta que tenía. Y enterarnos de eso fue lo que más nos impresionó. No cumplía los 30 todavía... Era mucho más joven de lo que representaba. Eso fue lo más impactante”, recuerda el locutor. “La calidad de voz que tenía, la verdad es que en ese momento era inigualable. Había algunos artistas argentinos y de España que trataron de seguir en la onda, con el registro de voz que él tenía. Pero ninguno lo igualó. Era muy excepcional”.

Manrique comparte esa percepción que posiciona a Bravo como un cantante sin comparación. “A diferencia de otros compañeros suyos, nunca vimos la (posible) decadencia de Nino. Nos queda el vocalista poderoso que cantaba a la libertad, que evocaba el potencial de América, que erotizaba la Puerta del amor”.

Horacio Saavedra recalca lo mismo. “Yo creo que no ha salido ninguna voz como la de él después. Esa es la verdad. Camilo Sesto se le acercó un poco, pero la fuerza que él tenía como valenciano, el estilo y el sonido, eran inigualables. Además, lo acompañaban estas canciones preciosas, trabajaba con los mejores autores... Él tenía una carrera esplendorosa por delante”.

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