El Atentado Contra Carrero Blanco: Detalles y Significado

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La estrategia terrorista de ETA, al igual que la de la mayoría de los grupos terroristas europeos surgidos en los años sesenta y setenta, se fundamentaba en atentar contra el Estado buscando la repercusión nacional e internacional a través de su impacto en los medios de comunicación. Con el fin de ejercer presión política para la consecución de una exigencia de independencia territorial como nación independiente.

Por este motivo, los elementos circundantes del atentado no suponían cuestiones de escasa importancia, sino todo lo contrario, ya que se constituían como entidades generadoras de sentido cuya relevancia semiótica siempre fue importante. Las fechas suelen ser importantes. Normalmente porque coinciden con un acontecimiento que reúne a las masas, como las olimpiadas de Múnich de 1972, la maratón de Boston en 2013 o la bomba en el Centennial Olympic Park en Atlanta, durante la mitad de un concierto durante su edición de verano.

También lo es la hora. Para asesinar al General Luis Carrero Blanco, en 1973, se aprovechó un horario fijo con el que el Jefe del Gobierno de la dictadura franquista acostumbraba a cumplir para asistir a misa. Y hay que tener en cuenta que la mayoría de los atentados se realizan a primera hora, con el fin de ocupar la agenda informativa de ese día e imponer la noticia, imponer su agenda para indicar que lo más importante es el atentado.

La Elección de la Víctima

Más visible es la importancia de la elección de la víctima. En este sentido, si atendemos a la elección de las víctimas en un atentado, ésta no resulta nunca casual, ya que el terrorismo tiene mucho de puesta en escena, mucho de dramatización, en donde los elementos relacionados con la imagen y la comunicación, en general, son muy relevantes. En la década de 1970, Brian Jenkins definió el carácter teatral que poseía el terrorismo: los grupos que cometen actos de terrorismo, los “malos tipos”, como indica Jenkins, lo hacen, en buena medida, porque buscan el retorno de la repercusión mediática.

No se puede hablar, pues, de un terrorismo que se manifiesta discreto, a puerta cerrada, ya que este requiere de demostraciones palmarias y visibles de un poder violento, de una violencia extrema que debe impresionar a los espectadores. Como apunta Fernando Reinares e Ignacio Sánchez Cuenca el terrorismo es una violencia armada que busca un efecto psicológico y simbólico que va más allá de los muertos o de los daños materiales. Por eso, las Brigadas Rojas, en la década de los 70, pregonaban la sentencia de “matar a uno para asustar a cien”.

Los perpetradores de los atentados son conscientes de esta significación, ya que es ese sentido el objetivo principal de la acción que proporcionará la percepción ansiada de su causa. Las Brigadas Rojas no secuestraron y asesinaron a Aldo Moro por motivos arbitrarios, sino que su crimen respondía a una estrategia simbólica, en parte respaldada por el propio Estado y la Democracia Cristiana y ejecutada por las Brigadas Rojas, pues Aldo Moro, a ojos de los terroristas, había sido el supremo controlador del poder en Italia. Su asesinato no tenía otra función que la de hacer reaccionar a la izquierda italiana respecto a la situación política de su país, imponer “la estrategia de tensión” y evitar la participación del propio Partido Comunista en el gobierno de la república.

Por tanto, su asesinato fue muy selectivo. Del mismo modo, el grupo terrorista más sangriento de la historia de Europa, ETA, siempre ha elegido concienzudamente sus asesinatos más renombrados: desde Melitón Manzanas o Luis Carrero Blanco hasta Miguel Ángel Blanco o Ernest Lluch. Todos fueron seleccionados buscando la repercusión de los medios y el impacto en la opinión pública.

De la misma manera han actuado Al-Qaeda y otros grupos, aunque se trate de atentados indiscriminados como el del Hipercor de Barcelona en 1987, a cargo de ETA, los trenes de Atocha a cargo de Al Qaeda, en 2003, o las explosiones de la maratón de Boston, en 2013. Las Torres Gemelas o la empresa propietaria de Hipercor suponen significaciones variadas, pero tienen en común el simbolismo del poder, contra el que absurdamente muchas veces lucha el terrorismo.

Es cierto que la elección de la víctima puede tener otros fines, pero siempre asociados a esa repercusión. La solvencia en el pago de un secuestro es un motivo que ha propiciado este tipo de crímenes, como el secuestro de Julio Iglesias Puga, padre del cantante Julio Iglesias, por parte de ETA, en diciembre de 1981, o el secuestro del empresario valenciano Luis Suñer, diez meses antes, a cargo del mismo grupo terrorista.

Los detalles del atentado se conforman como signos de un universo discursivo que actúa de mediador con los hechos y añade nueva repercusión a la información que se ofrecerá en los medios. Ejemplo de ello se dio con los ataques a la libertad de expresión en Francia, mediante los asesinatos del semanario satírico Charlie Ebdo, el atentado de la sala Bataclán o la decapitación en octubre de 2020 del profesor Samuel Paty por mostrar en clase las caricaturas de Mahoma que años atrás había mostrado la prensa francesa.

Se atacaba al modo de vida occidental, la libertad de expresión y la libertad de movimiento, pero se pensaba también en la circulación de ese mensaje hecho de imágenes, crónicas y editoriales a través de la televisión, la radio y la prensa. En todos los casos, se trata de muertes simbólicas cuya función es la de suscitar un imaginario en torno a una causa. Los enemigos de esa causa, con su muerte o sus daños, van a contribuir a forjar esa imagen en donde se va a favorecer cierta dosis de propaganda para la agrupación terrorista. Todo ello sujeto a la valoración de los medios, pero en una situación en que el atentado lanza la consigna de que lo más importante es él y se convierte, por tanto, en el agente que impone la agenda informativa de ese día.

El Espacio como Elemento Generador de Información

Por estos motivos, la valoración del espacio como un elemento generador de información es importante, ya que se encuadra dentro de uno de los elementos del framing de la información, una manera de describir el poder de un texto en la comunicación. El análisis de los frames ilumina la manera precisa en que la influencia sobre la conciencia humana es ejercida por el emisor (o por la comunicación) desde un discurso, un enunciado, o desde el noticiario. El Framing esencialmente significa selección y preeminencia (o prominencia, o notabilidad). Hacer un frame es seleccionar algunos aspectos de la realidad percibida y hacerlos más relevantes o notorios en un texto de comunicación, de tal modo que promuevan un particular problema, definición, interpretación, una evaluación moral y/o recomiende un tratamiento especial para el elemento descrito.

Esta misma función la ejerce el lugar del atentado como elemento destacado que condiciona notablemente los hechos, y su elección está sujeta a los aspectos simbólicos. Nueva York, Washington o la Estación de Atocha en Madrid se revisten de significaciones diferentes acordes con los propósitos de los perpetradores. Este trabajo pretende reflexionar sobre el papel de la imagen del espacio como elemento de propaganda, como elemento textual y simbólico que pone de relieve el poder de un texto comunicativo y, a su vez, su valor como elemento creador de un imaginario del terrorismo que a veces ha suscitado la ambigüedad y la indefinición.

El Terrorismo: Secuestro, Extorsión y Asesinato

El terrorismo se ha centrado, a lo largo de su historia, fundamentalmente en tres ámbitos de actuación: el secuestro, la extorsión y el asesinato. El secuestro supone la ruptura de la rutina habitual de la víctima, la privación de libertad y la extracción del sujeto de su espacio vital y su conducción a un encerramiento forzado en condiciones muy duras. ETA acudió a la confección de zulos en pisos o fábricas abandonadas, consistentes en habitáculos de pequeñas dimensiones escondidos tras un tabique o un suelo falso.

Por su parte, la extorsión implica la extensión del poder de la violencia política del terrorismo de ETA a todo aquel que puede ser fuente de financiación o una amenaza para sus fines. El dinero se convierte en valor de cambio para salvaguardar la propia vida. La carta de extorsión supone una amenaza que extiende el miedo como modo de poder a la víctima y sus familiares. Finalmente, también ETA practicó el asesinato individual o colectivo que se solía producir en la calle. Pero también en bares, en despachos, mediante el disparo directo sobre la víctima o mediante la estrategia del coche con bomba lapa o la carta bomba, casi siempre en un escenario público, como se da en el asesinato de Carrero Blanco en 1973.

Por el contrario, las matanzas o intentos de matanzas masivas realizadas por ETA se han repetido en escenarios cerrados, edificios oficiales, domicilios, hoteles, periódicos, pero también en plazas, parques, estaciones de tren o aeropuertos. Hay una casuística recurrente pero no exhaustiva al respecto. Dentro de estos últimos ejemplos se encuentra uno de los más sangrientos atentados del grupo terrorista en España.

El Atentado de la Casa Cuartel de Vic

El 29 de mayo de 1991 se produjo, en la localidad barcelonesa de Vic, la explosión de un coche bomba, cuyo propósito era perpetrar una terrible matanza en la casa-cuartel de la Guardia Civil en esa localidad. La explosión hizo detonar un artefacto de 216 kilos compuesto de 12 bombonas de butano acompañadas de 18 kilos de amonal. En la casa cuartel sólo residían 14 agentes, motivo por lo que se podía pensar con antelación que la mayoría de las víctimas iban a recaer sobre familiares y visitantes del lugar, dada la capacidad mortífera de los artefactos.

El atentado de la casa cuartel de Vic pone de manifiesto el hecho distintivo de que el terrorismo se diferencia de cualquier otra violencia política mediante la reivindicación comunicativa. El perpetrador terrorista posee una serie de características que lo distingue de cualquier otro criminal, ya que su naturaleza se fundamenta en la reivindicación. La mayoría de los delincuentes esconden sus actos, recurren a alias para no ser conocidos. El perpetrador terrorista llama por teléfono a un periódico para que anuncie su autoría, cuelga vídeos en Internet para propagar su mensaje y atribuirse ese crimen, envía comunicados a la prensa para explicar sus acciones.

Y ese trabajo reivindicativo se dio tras el atentado de Vic. Primero, porque comunicó su autoría a la prensa y, luego, porque la técnica respondía a la misma estrategia del atentado de la casa cuartel de Zaragoza en diciembre de 1987, con once víctimas mortales, diez de ellas niñas. Por ello, como escribió Sánchez Ferlosio, las muertes provocadas por los terroristas son “muertes firmadas”.

La casa cuartel de Vic se convirtió en objetivo de ETA, independientemente de la facilidad de perpetración que suponía actuar en una ciudad tranquila de provincias, de la Barcelona más nacionalista, en primer lugar, porque era el hogar de guardias civiles, cuerpo vinculado a la represión franquista en el País Vasco; segundo, por la posibilidad de causar fácilmente daños contra población civil, al actuar en un espacio dentro de la ciudad y provocar una gran cantidad de víctimas que haría más grandes los titulares; y, finalmente, porque tras el atentado de la casa cuartel de Zaragoza, el Gobierno se había sentado a negociar y los atentados eran un medio de presión. El atentado seguía la lógica de que “cuando ETA hace sus acciones pretende causar el mayor número de bajas posibles”.

Pero también es cierto que Barcelona es la segunda provincia, fuera del País Vasco, con más atentados y la matanza se insertaba en una estrategia de acoso contra la Barcelona de las olimpiadas que se iban a celebrar un año después, y que se había iniciado ya en 1987 con el atentado más sangriento de la historia de ETA contra los grandes almacenes de Hipercor en Barcelona. Un año antes se había producido el atentado de Sabadell, en donde murieron seis policías A ello se une que poco después se celebraba el juicio del caso GAL. Durante el proceso, ETA realizó ocho atentados, lo que otorga a la matanza de Vic el papel de influir en ese juicio. Y la confección del atentado respondió a este propósito y a recomponer sus acciones tras la detención del Comando Barcelona, en 1987.

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