Al revisar los estudios sobre revistas culturales editadas en Chile, se advierte un muy escaso interés hacia el fenómeno de la traducción, lo que llama la atención sobre todo si se piensa que durante todo el siglo XX, y con particular fuerza en su primera mitad, la práctica de la traducción resulta fundamental para comprender los procesos de circulación e interpretación de ideas que realizaron los intelectuales chilenos de las tradiciones filosófica, ideológica y literaria provenientes de Europa, Estados Unidos, África y Asia.
Este artículo pretende ofrecer un primer acercamiento a las prácticas de traducción y a las redes intelectuales y artísticas asociadas a estas prácticas en el campo de la literatura y las artes en Chile entre 1911 y 1932. Algunas de estas redes estuvieron vinculadas a movimientos culturales, disputas estéticas, intereses políticos, actividades de investigación académica y prácticas artísticas; se trata de redes casi siempre transnacionales, generadas por relaciones productivas de actores de los campos culturales chileno y extranjero, dentro y fuera del territorio nacional.
Contexto Histórico y Cultural
El período en cuestión está cruzado por diversos procesos cruciales en Chile: por una parte, se produce la progresiva consolidación de la empresa editorial chilena como industria cultural moderna, de la cultura impresa asociada a revistas culturales ácratas y especializadas y de una masa crítica de lectores. En este marco se producirá el encuentro entre el mundo obrero, que por esos años hegemoniza el anarquismo, y una juventud de capas medias cuyo programa de regeneración social pronto se vuelve revolucionario.
Hijas naturales de aquella alianza son la revista Juventud (al menos desde su segunda época: 1918-1922) y los semanarios Numen (1918-1920) y Claridad (1920-1926, 1931-1932). El trío se inscribe en lo que Fernanda Beigel, en un artículo ya clásico, llamó “editorialismo programático”: una modalidad de proyectos editoriales caracterizada por su doble acción, en el campo cultural y en el campo del poder, que a inicios del siglo XX expresó las convicciones y fuerzas políticas de renovación social ligadas al anarquismo, el socialismo y, en ocasiones, a la vanguardia. En Chile, ese programa encontró suelo fértil alrededor de la Federación de Estudiantes de Chile (FECH), cuyo paradigma corresponde a la así llamada generación rebelde de 1920.
Como se sabe, esta generación está marcada por la serie de represiones oligárquicas que sufrieron sus miembros y que en buena medida determinó su radicalización política y su mayor compromiso con el mundo obrero. Sus puntos de contacto eran el rechazo de la autoridad política legal, el anticlericalismo, el antimilitarismo, el pacifismo y el redentorismo social (en sus variedades positivista o anarquista), además de un fuerte espiritualismo de diversa laya (que cubría desde el cristianismo primitivo hasta la teosofía, pasando por opciones orientales) y un interés en las escuelas literarias y artísticas de corte social, que se sostuvo a lo largo del tiempo; modernista, sensibilidad hegemónica hasta los primeros meses de 1919, y vanguardista, que despuntó con fuerza en 1920.
Son de común conocimiento los nombres de los autores que circulaban en el espacio de la federación y del anarquismo; además de los clásicos doctrinarios y de los realistas rusos, se leía a Fabbri, Malatesta, Ibsen, Spencer, Nordau, Nettlau, Fauré, Mirbeau, Rolland, Barbusse, France, Nietzsche, Stirner, Reclus, Zolá, Hamon y Gori.
Metodología y Enfoque Transdisciplinario
Para ello, nuestro estudio asume los fundamentos transdisciplinarios provenientes de los estudios de la traducción. Entendemos las prácticas de traducción como instancias complejas que configuran redes de “agentes interculturales y cosmopolitas”. Estas redes elaboran y reelaboran procesos de lectura, apropiación, manipulación y circulación de elementos que desestabilizan a la vez que redefinen una y otra vez nuestra comprensión de lo local, lo nacional y lo cosmopolita en diversos momentos históricos del campo cultural.
A su vez, consideraremos tanto a los traductores como a las propias revistas como agentes de transferencias y mediaciones culturales, a la luz de trabajos recientes que proponen una necesaria confluencia entre los estudios de traducción y los estudios de transferencia cultural. Mediante esta perspectiva amplia, es posible tener a la vista la complejidad de estos procesos sin descuidar sus diversos aspectos.
Dicha perspectiva nos permite abordar asuntos clave, tales como la centralidad de los agentes mediadores como articuladores de redes que trascienden el análisis discursivo de los textos traducidos, así como la necesidad de revisar en conjunto y de manera paralela diversas técnicas de transferencia cultural que en muchas ocasiones suelen estar interconectadas o ser practicadas por los mismos agentes, como la traducción, la crítica, la reescritura, el comentario o parafraseo, la polémica, la edición y los recortes o préstamos.
Análisis Cuantitativo de las Traducciones
Para considerar la proporción global de las traducciones en estos medios, cabe atender a la cantidad de textos traducidos por número. Juventud en su primera etapa es la que más publica: 18 traducciones en 7 entregas, es decir, un promedio de 2,5 traducciones por número; sin embargo, esto se invierte radicalmente en su segunda etapa, cuando el promedio baja a 0,5 (10 textos en 17 números), cifra bastante pobre que coincide con la del primer año de Numen, 1918. Sin embargo, para los siguientes dos años, Numen aumenta considerablemente la publicación de traducciones: en 1919, el promedio por número es de 1,1, mientras que en 1920 es de 1,6. Entre estos dos valores oscilará también el promedio de Claridad entre 1920 y 1931, es decir que los semanarios publican una traducción y media por entrega. En específico, Numen registra 49 traducciones en 40 números y Claridad publica 202 en 139 entregas. Con todo, cabe señalar que, en cuanto al total absoluto de las traducciones en Claridad, estas se concentran en el período 1921-1924, en consonancia con la cantidad de números publicados en esos años. Una excepción notable se da en 1924: aun cuando se editan solo 8 números ese año, la publicación de traducciones no decae en la misma proporción, lo que determina que aparezcan 3 por entrega.
La moderada vocación traductológica de Juventud es coherente con su calidad de órgano oficial de la FECH y con su fuerte vínculo institucional con la Universidad de Chile. En este sentido, es notable que en la segunda etapa de Juventud la gran mayoría de las traducciones aparezcan firmadas y que casi la mitad de ellas sean originales y gestionadas por la revista (4 de 10). En contraste, el mayor interés de los semanarios por la traducción va aparejado del descuido por la figura del traductor: en Numen, solo el 5% de los textos traducidos lleva firma y solo uno es original; en cuanto a Claridad, solo el 10% es firmado y el 5% original. Esto habla de un impulso traductor escaso y de una profusa labor de recorte de otros periódicos, revistas y libros.
A pesar de ello -por lo demás, bastante típico en las publicaciones anarquistas de la época-, la traducción se muestra en los semanarios como una de las prácticas privilegiadas para indagar en sus relaciones con otras publicaciones y con otros centros de producción intelectual y esferas sociales, así como en la magnitud relativa de cada uno de ellos. Además, nos sirve para conocer mejor las prácticas de recorte de la cultura impresa anarquista y para reconstruir sus condiciones de producción.
Lenguas de Origen y Temáticas Traducidas
En cuanto a las lenguas traducidas en los tres medios, la tendencia general no difiere de la observada para las traducciones castellanas de la época en el contexto mundial. El francés es la lengua más traducida; muy de cerca le siguen el inglés y el ruso, y luego el alemán y el italiano. El persa (Omar Al-Khayyam), el bengalí (Rabindranath Tagore), el yiddish (Sholem Asch), el esperanto y el japonés tienen una presencia mínima y son traducidos desde el inglés o desde el francés. Por último, el portugués obtiene una representación nada despreciable, gracias a la popularidad de que gozaba el poeta Abílio Manuel Guerra Junqueiro.
En particular, en Claridad la mitad de las traducciones son del francés (105), pero a este le sigue el ruso (27) y el italiano (19). Si la preeminencia del francés y del ruso no sorprende, resulta en cambio llamativa la posición del italiano, que incluso llega a superar al inglés en el semanario. Dos factores explican esta aparente anomalía: la importancia del pensamiento anarcosindicalista producido por italianos (se publica a Errico Malatesta, Luigi Fabbri y Sergio Panunzio) y la notable y aún no estudiada recepción que el escritor florentino Giovanni Papini tuvo en Chile durante el primer tercio del siglo XX. De hecho, junto con Anatole France, Papini es el autor más traducido en Claridad, con siete títulos publicados en ocho números distintos.
Por último, es notable que, aun cuando Numen y Claridad fueron sobre todo semanarios políticos (5 de sus 8 páginas se dedicaban al asunto social), las traducciones resulten bastante equilibradas temáticamente: la mitad de las traducciones de Juventud y de Numen son de o sobre literatura; de las 202 de Claridad, 78 lo son, a lo que debemos añadir otras 10 dedicadas a otras artes. Es decir, las prácticas de traducción constituyen una de las principales operaciones por las que estos medios incorporan material relacionado con lo estético.
La Vanguardia y la Traducción
En el plano de las vanguardias, destaca la célebre traducción de Borges de la última página del Ulysses de Joyce, publicada con una diferencia de cinco meses en Argentina y en Chile (Claridad, n.º 131, junio de 1925). Este importante documento fue presentado por el entonces estudiante de derecho y poeta Tomás Lago, quien celebró el vanguardismo sintáctico del monólogo de Molly, al suprimir la puntuación. Otra inclusión que sorprende, ahora en Numen (n.º 163, 6 noviembre 1919), es el escandaloso “Manifiesto futurista de la lujuria” de Valentine de Saint-Point (n.º 37, diciembre 1919), una autora marginal y poco conocida. Seguramente lo tomaron del semanario libertario montevideano El Hombre, con el que mantenían contacto y donde había aparecido un mes antes. Por último, destacan las traducciones de “Proclamation sans prétention” (Tristan Tzara, 1919) y del “Autre petite manifeste” (Francis Picabia, 1919), ambas adjuntas a una entusiasta tarjeta sobre el dadaísmo que Huidobro envió a Claridad (n.º 3, 26 octubre 1920) desde Madrid. Las traducciones, a cargo de Rafael Cansinos-Assens, provienen de la revista madrileña de vanguardia Cervantes (n.º 8, noviembre 1919). Claridad las publica bajo el título de “Las nuevas tendencias del arte”.
Autores Más Traducidos y Antologías
Los autores más traducidos y comentados, en orden decreciente, son Anatole France, Máximo Gorki, Henri Barbusse, Lev Tolstoi, Romain Rolland y Fiódor Dostoyevski. Solo para la literatura rusa y francesa es que se elaboraron antologías y se crearon secciones (aunque irregulares o efímeras): en “Crónica de la vida intelectual en Francia” se tradujo un estudio de Marcel Fourrier sobre Baudelaire y otro de Léon Bazalgette sobre Verhaeren, además de un artículo sobre literatura francesa.
En cuanto a antologías, tres cuentos del clásico de Jules Renard, Poil de Carotte (1894), aparecen con una extensa presentación que lo destaca como irónico pintor de costumbres, de tono muy afín -agregamos nosotros- a los textos de González Vera;se antologan algunos poemas eróticos, en clave lésbica, de Pierre Louys en Les chansons de Bilitis (1894), además de fragmentos del Jean-Christophede Romain Rolland. Mención especial merece la labor de Romeo Murga (1904-1925), joven poeta egresado de la licenciatura en Francés del Instituto Pedagógico, quien selecciona, traduce y presenta baladas de Paul Fort y extractos en prosa de Anatole France, además de traducir y presentar un cuento de Barbusse.
En cuanto a los rusos, encontramos una antología de Dostoyevski y la sección “Escritores rusos”, donde aparecen textos de Vsévolod Garshin, Dostoyevski, Aleksandr Kuprin, Tolstoi, Dimitri Merezhkovski y Sholem Asch. Es posible afirmar que a la literatura rusa se le dio un valor relacionado sobre todo con la circunstancia histórico-referencial del mundo. La miseria humana de la ciudad o asociada a la guerra, así como las ansias de regeneración o revolución social son los principales temas de estos relatos. Es notable que la mayoría de los autores rusos que aparecen en estos medios pertenecen al siglo anterior y ya eran parte de un canon.
Si los rusos representan la narrativa, los franceses representan la poesía, específicamente la lírica; si los rusos mantienen actualidad social, algunos franceses suman a ello la innovación estética, la idea de que representan la cumbre del arte literario, además de un compromiso social. Asimismo, se reseña la vida cultural francesa en general.
| Revista | Período | Promedio de Traducciones por Número |
|---|---|---|
| Juventud (Primera Etapa) | 1918 | 2.5 |
| Juventud (Segunda Etapa) | 1918-1922 | 0.5 |
| Numen | 1918 | 0.5 |
| Numen | 1919 | 1.1 |
| Numen | 1920 | 1.6 |
| Claridad | 1920-1931 | 1.5 |
| Claridad | 1924 (excepción) | 3.0 |
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