Este artículo reconstruye la historia política y cultural de la figura satírica del “psicobolche” en la Argentina de la década de 1980. A partir de esta figura, el artículo analiza las transformaciones en las relaciones entre juventud, política y cultura de izquierdas en el contexto de la “transición democrática”, cuando un imaginario en torno a la revolución convivió en tensión con un lenguaje centrado en la democracia y sus virtudes.
El Origen del Término "Psicobolche"
Aunque posiblemente circulara oralmente antes, el término apareció por primera vez en el registro escrito en 1985 en revistas clave de la renovación periodística de los años ochenta, como El porteño, Cerdos & Peces, y El Periodista de Buenos Aires, o más consagradas, como Humor. Lo introdujo una cohorte de periodistas jóvenes, suponiendo que se trataba de un término que no requería explicaciones, hasta que comenzaron a deconstruirlo, de modo más mordaz, recién desde 1987. La naturalidad con la cual el término se introdujo por escrito quizá tenga que ver con el lector que esos periodistas imaginaban.
¿Quién era el Psicobolche?
En abril de 1987, el por entonces muy joven periodista Marcelo Figueras contaba la ficcional historia de un académico sueco que recopilaba términos en peligro de extinción: uno de ellos, que se había difuminado en Buenos Aires y “las capitales de las provincias interiores”, era el de “psicobolche”.
Dícese, sugería el académico sueco, “del individuo que reclama para sí la pertenencia al izquierdismo” pero, aclaraba, “no todos los izquierdistas son psicobolches”. ¿Qué más hacía falta? En primer lugar, una gama de prácticas y consumos culturales entre los cuales destacaban, en principio, la utilización de cierta jerga psicoanalítica (como lo indicaría el “psico”) y también el privilegio de ciertos gustos musicales: “¿escuchaste el último de Silvio?”, preguntaría el psicobolche, mientras “sentiría culpa si se encuentra tarareando un tema de Prince”. En segundo lugar, hacía falta una modalidad de vinculación con la política donde predominaban ciertos slogans antiimperialistas pero, según el académico sueco, poca indagación más profunda ya que “el psicobolche no se preocupa por preguntarse qué quiere decir ser de izquierda a un paso de los noventa: alcanza con parecerlo”.
De acuerdo a Figueras, el término y la figura que evocaba ya estaban en franca retirada.
Contexto Histórico y Cultural
Desde las perspectivas de la historia cultural y política, este ensayo reconstruye los recorridos de la figura satírica del psicobolche en la Argentina de la década de 1980.
Uno de los pocos estudios sobre perfiles culturales y políticos de los estudiantes de la Universidad de Buenos Aires (UBA) indicaba que, en 1985, 22 porciento de los encuestados elegían esas revistas. Era en el encuentro entre esa cohorte de periodistas y los lectores universitarios donde se producía un “nosotros” en el cual la figura del psicobolche producía sus sentidos satíricos. Reconocidamente la forma más agresiva de lo cómico, la sátira funciona en tanto “ironía militante”-tal como la definió Northop Frye.
Quienes incorporaron por escrito el término psicobolche, como muchos que lo utilizaron de modo oral, ponían en el centro de la discusión los límites de los sectores medios juveniles al involucrarse en proyectos politicos y culturales de izquierda.
El Psicobolche en el Contexto de la Historia de las Juventudes
En este trabajo-que forma parte de un proyecto más abarcador sobre la historia política, cultural y sexual de los y las jóvenes en la Argentina de la década de 1980-he elegido reconstruir la figura del psicobolche en un intento por colaborar a la expansión de nuestro conocimiento en dos campos de la historia reciente.
En primer lugar, este artículo se inserta dentro del emergente campo de historia de las juventudes que en la Argentina, y en el Cono Sur, se ha concentrado en las décadas de 1960 y 1970, y en particular en el estudio de movimientos contraculturales y de la participación juvenil-y básicamente estudiantil-en diversos proyectos radicalizados.
Mucho menos abundante es la literatura dedicada a los discursos sobre la juventud y a las experiencias juveniles durante la última dictadura (1976-1983) y en contextos de transición. Parte de lo conocido se produjo desde la sociología de la cultura, los estudios de comunicación y la historia del arte y se ha enfocado en la participación juvenil en “culturas de resistencia”, en especial ligadas al rock y a las experiencias underground en las artes expresivas. Esta literatura ha propuesto líneas de continuidad entre el momento dictatorial y la post-dictadura en lo referente a la apertura de los sentidos de lo político, más ligados a las transformaciones subjetivas que a la participación en proyectos colectivos y programáticos tendientes al cambio social. Seguiré algunas de esas pistas, aunque resaltaré algunas diferencias. Por un lado, a partir de la figura del psicobolche-y de su discusión pública-es posible detectar antes bien rupturas entre el momento transicional y el anterior.
Asimismo, desde la historia de la juventud-y de una figura dentro de la misma- este ensayo colabora con la expansión de otro campo de indagaciones: el estudio histórico de la década de 1980. Con su foco en un segmento sociocultural y político especifico, este trabajo propone una cronología que se inicia en 1981-y coincide, en ello, con quienes revisan el primer contexto de apertura asociado a la presidencia del General Roberto Viola-y se cierra hacia 1986: ésos fueron los “ochenta del psicobolche”, expresivos de un tipo de vínculo entre política, cultura y juventud. Quienes se politizaban en ese contexto transicional también rendían cuentas con generaciones pasadas (muy notablemente, con la de la década del setenta). En tal sentido, la figura del psicobolche permite una entrada para complejizar nuestro conocimiento sobre la convergencia en el tiempo de un imaginario asociado a la revolución y otro donde se enfatizaban las virtudes de los ideales democráticos.
Metodología y Fuentes
Además de hacer un uso extensivo de las revistas de la renovación periodística de los ochenta, este ensayo utiliza prensa periódica de circulación masiva-como los diarios Clarín y Tiempo Argentino-y también prensa política.
El primer segmento hace un uso indicial de la figura del psicobolche a partir de la reconstrucción de las variaciones en las pautas de consumo de ciertos productos culturales, notablemente los ligados a la música.
Sugiero que desde 1981 hasta, al menos, 1985, las transformaciones en la cultura del rock y su imbricación con otras declinaciones de la música popular constituyeron un espacio sónico, cultural y político donde se produjo y adquirió sentidos la figura del psicobolche. El segundo segmento explora las transformaciones de la cultura política juvenil en el contexto transicional.
El segmento se enfoca en el Movimiento de las Juventudes Políticas (MOJUPO), lanzado en mayo de 1983 e integrado por las ramas juveniles de la Unión Cívica Radical, el Partido Justicialista, el Partido Intransigente, el Partido Comunista y varias fracciones del socialismo. “radicales de Yrigoyen / peronistas de Perón / comunistas e intransigentes / para la liberación”. El tercer segmento retoma las intervenciones periodísticas que, desde 1987 en adelante, se enfocaron en el modelado más más sarcástico de la figura del psicobolche.
El Psicobolche y la Cultura de la Noche Porteña
En 1985, en una crónica de la noche de Buenos Aires, el periodista y organizador contracultural Enrique Symns contraponía una (por cierto, mítica) noche de la década de 1960, a la que describía como agitada y “poblada de verdaderos personajes marginales”, con la “frívola y/o aburrida” noche de la década de 1980. Con la mediación de la dictadura y sus estrategias represivas, de acuerdo a Symns, la noche porteña había decantado en dos circuitos: uno era “el de las discos frívolas” y, el otro, el del “aburrimiento” de la Avenida Corrientes, en cuyos bares “jovencitos con Freud bajo el brazo” prolongaban sus charlas tras funciones teatrales o recitales. Allí se instalaba “el reino del psicobolche onda PI”.
En una de sus primeras apariciones por escrito, el término psicobolche se asociaba con consumos culturales (lo “psi” junto al teatro y los recitales) e inclinaciones políticas que, en la síntesis de Symns, se resumían en el Partido Intransigente (PI). Para 1985, esas referencias bastaban para que los lectores de El porteño se hicieran una idea de qué se estaba hablando: el psicobolche ya era una figura conocida.
La Cultura "Psi" y la Politización Juvenil
Mientras que el consumo de terapias y la utilización de una jerga “psi” era común entre los sectores medios intelecualizados desde los años sesenta, dos décadas después esa tendencia se reforzó. La vinculación de jóvenes con intereses por la política-en especial, de izquierda-con el discurso y la práctica “psi” se combinó con el modelamiento de consumos culturales entre los que destacaban ciertos gustos musicales que entremezclaban vertientes del rock con la “proyección folklórica”. El “psico” antepuesto al “bolche” en la construcción de esa figura enfatizaba los usos de terapias y jerga “psi” en un segmento juvenil con intereses políticos.
Como lo ha mostrado Mariano Plotkin, en la década de 1960 la cultura “psi” adquirió una pregnancia significativa entre los sectores medios urbanos, para quienes el psicoanálisis devino una clave interpretativa para navegar procesos de modernización sociocultural.
Al despuntar la década de 1970, en plenas dinámicas de politización y radicalización, revistas como la cordobesa Hortensia y las porteñas Satiricón y Chaupinela, sin avanzar en un apelativo, dedicaron parte de sus iniciativas a conquistar y satirizar a las juventudes politizadas, incluyendo los modos en que usaban giros del lenguaje psicoanalítico. “Complejo”, “culpa” o “neura” eran parte de un bagaje conceptual que, de acuerdo a humoristas gráficos y periodísticos, rápidamente devinieron clichés.
La imbricación entre militancia juvenil, especialmente de izquierda, y cultura “psi” no era una novedad en los ochenta. Posiblemente sí era novedosa la extensión del cuerpo de estudiantes de Psicología y también la utilización de psicoterapias entre los estudiantes universitarios en general. De acuerdo al censo de alumnos de la Universidad de Buenos Aires, en 1988 la carrera de Psicología ocupaba el cuarto lugar (detrás de Ciencias Económicas, Derecho y Medicina) en función a la cantidad de estudiantes matriculados: eran 10.300 varones y mujeres que representaban un 9 porciento del total de la UBA. Esas cifras contrastaban con las del censo de alumnos de 1968, cuando la carrera tenía 2800 estudiantes, que representaban el 4 porciento del total de la UBA. El crecimiento de la matrícula en Psicología se dio en un contexto en el que la población estudiantil de la UBA en su conjunto participaba del mundo “psi”. En 1986, una encuesta que buscaba trazar perfiles socioculturales preguntó a los estudiantes de todas las carreras si hacían algún tipo de psicoterapia: 24 porciento contestó afirmativamente (entre los estudiantes de Psicología, ascendía al 68 porciento).
Para mediados de los años ochenta, así, había un segmento importante de estudiantes involucrado con las psicoterapias y su jerga.
El Rock y la Música Popular como Espacio de Encuentro
La historización de las relaciones entre jóvenes y consumos musicales en la Argentina se han enfocado, no si razón, en el universo del rock, señalando cómo desde mediados de la década de 1960, los roqueros-músicos, poetas, fans-fueron dando forma a una cultura que se pretendía alternativa al “sistema”, antiautoritaria y, en alguna medida, horizontalista.
Desde la última dictadura militar, las relaciones entre las nuevas autoridades y el mundo roquero atravesaron, al menos, tres grandes momentos. El primer período, entre 1976 y 1978, fue de relativa tolerancia: se permitía la realización de grandes conciertos y hasta los medios más regiminosos reporteaban a los principales referentes, como Luis Alberto Spinetta, a quienes se presentaba como abocados al mundo de la creación y la cultura antes que a la política. Esa tendencia fue cambiando hacia 1978, iniciándose el segundo de los períodos, marcado por la persecución de muchos músicos y las crecientes dificultades para la organización de recitales. Fue en ese bienio cuando, al decir del sociólogo Pablo Vila, el movimiento roquero “hibernó” en pequeños círculos, mucho más íntimos, pero, en el contexto represivo, cimentadores de una “cultura de la resistencia” de tintes antiautoritarios-algo que también tuvo su eco en la diseminación de revistas como la legendaria Expreso Imaginario, cuyo correo de lectores sirvió para trazar lazos inter juveniles.
La pregnancia del rock como movimiento musical y cultural juvenil fue una dinámica crucial, y en una de sus declinaciones se nutría de un diálogo poroso con otras vertientes de la música popular. Fue en ese espacio sónico, cultural y político donde gravitó la figura del psicobolche. Ese espacio se delineó hacia 1981, en un contexto de relativa apertura en el cual el campo cultural iniciaba un proceso de intensa politización, marcado por la crítica anti-dictatorial-incluyendo el cuestionamiento de la censura y el reclamo de verdad por las desapariciones de personas.
En lo referente a aquel espacio sónico, una de sus primeras instancias formativas fue el Encuentro de Música Popular Argentina, organizado por Humor y el pub La Trastienda, realizado en el Estadio Obras en agosto de 1981-en explicita contraposición con la visita de Frank Sinatra al país. Además de la presencia de tangueros, el Encuentro convocó a artistas de proyección folklórica-como Antonio Tarragó Ros, Víctor Heredia, Zupay, “Cuchi” Legizamón, Markama-y a músicos y bandas roqueras, en muchos casos consagrados (Spinetta, Litto Nebbia, Miguel Cantilo y Jorge Durietz, Manal) y en otras recién llegados (Juan Carlos Baglietto y Fito Páez, por ejemplo). En su crónica, el ya por entonces veterano periodista de rock Miguel Grinberg planteaba que mientras los roqueros estaban sumidos en “el formalismo y el tecnicismo”- se trataba de una crítica muy frecuente-la “nueva música folklórica” era la que había brillado por su dinamismo.
En eso, al menos, coincidían Grinberg y el crítico de la revista de la Federación Juvenil Comunista (FJC), quien opinaba que el público “de entre 15 y 30 años, con necesidad de sentirse expresado y de expresarse” ovacionó a aquellos artistas que, además de “calidad musical”, ofrecieron “sutiles referencias a nuestra realidad.
El Encuentro de Música Popular tendió puentes entre una revista, segmentos juveniles que se estaban acercando a la política partidaria y un conjunto de artistas de diversas vertientes, con una punta en el rock. Otras instancias dieron cuenta de los modos en que ese espacio sónico, político y cultural se perfilaba como uno de encuentros-entre corrientes musicales, entre generaciones, entre segmentos juveniles con diferentes estéticas-y también uno en el que se delineaba un por entonces nuevo lenguaje de la convivencia.
Matrícula de Estudiantes en la UBA
A continuación, se presenta una tabla con datos sobre la matrícula de estudiantes en la Universidad de Buenos Aires (UBA) en 1968 y 1988, destacando el crecimiento de la carrera de Psicología:
| Año | Carrera | Número de Estudiantes | Porcentaje del Total de la UBA |
|---|---|---|---|
| 1968 | Psicología | 2800 | 4% |
| 1988 | Psicología | 10300 | 9% |
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