Análisis de la Polisemia Inherente de Afijos Derivativos en Español

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Este artículo trata sobre la ‘polisemia inherente’ de los afijos derivativos. La polisemia afijal inherente se suele abordar desde dos perspectivas diferentes. La primera consiste en indagar en los mecanismos subyacentes de extensión conceptual que explican la existencia de múltiples significados para un mismo afijo (fundamentalmente la metáfora y la metonimia) y se apoya a menudo en la reconstrucción diacrónica de los usos del afijo (Rainer, 2010, quien también alude a factores no conceptuales implicados en la polisemia, como la elipsis y la homonimia).

Dentro de esta perspectiva, los ‘enfoques sintácticos’ relacionan los significados de un afijo polisémico con diferentes proyecciones funcionales dentro de la estructura sintáctica. Por ejemplo, Grimshaw (1990) y Alexiadou y Grimshaw (2008) analizan cambios de significado asociados a la estructura argumental y eventiva de las nominalizaciones eventivas complejas (por ejemplo, ‘desplazamiento’), los nombres eventivos simples (por ejemplo, ‘guerra’) y los nombres no eventivos (por ejemplo, ‘regalo’).

En este sentido, los ‘enfoques construccionistas’ enmarcados dentro de la Gramática de Construcciones (como la Morfología de Construcciones de Booij, 2010) suelen incluir mayores cantidades de información semántica que, junto con los rasgos sintácticos, se comparte entre diferentes patrones de formación de palabras codificados a través de esquemas de diferente grado de especificidad.

La polisemia se trata desde una perspectiva esencialmente cognitivista con dos modelos básicos de organización de significados: el ‘radial’, en el que hay un significado central y varios significados secundarios, y el ‘modelo en cadena’, en el que el significado primario A da lugar al significado B del que a su vez se deriva el significado C.

La polisemia se codifica a través de enlaces entre el esquema central y sus subesquemas derivados: los enlaces metafóricos (como en ‘impresor(a)’ o ‘tirador’, que denotan un Agente o un Instrumento), los metonímicos (por ejemplo, en ‘comedor’, que puede ser Agente o Lugar), etc. En este modelo, los afijos forman parte de una construcción y no tienen entradas léxicas propias.

El ‘enfoque pragmático’ (Nunberg, 1979) defiende que las palabras polisémicas tienen un único significado convencional y varios usos, que se generan a partir de él a través de ‘funciones referenciales’: por ejemplo, el significado de ‘ayuntamiento’ sería ‘organización municipal’, y los usos ‘sede de la organización’ y ‘grupo humano que trabaja en la organización’ se derivarían aplicando a él las funciones ‘lugar de’ y ‘integrantes de’, respectivamente.

Para Nunberg (1979), estas funciones son un mecanismo pragmático de base conceptual que no tiene que ver con las palabras sino con los hablantes y su interacción con el mundo: para saber qué función se aplica en cada situación, el hablante debe considerar, además del contexto lingüístico, los factores discursivos y extralingüísticos.

En los ‘enfoques léxicos’, los afijos tienen significado propio, codificado en su entrada léxica (o su ‘marco’ -frame- asociado, cfr. Plag, Andreou & Kawaletz, 2018). El significado de las palabras derivadas depende de cómo se combina el significado afijal con el significado de la base. A menudo se distingue entre los aspectos estructurales del significado afijal y sus facetas más conceptuales o enciclopédicas, que no suelen afectar el comportamiento sintáctico de las palabras derivadas (en el modelo de Lieber, 2004, esta diferencia se materializa a través de la dicotomía ‘esqueleto-cuerpo’).

La ‘polisemia estructural’ surge en la parte estructural de la entrada léxica, cuando los mecanismos de ‘co-indización’, ‘enlace’ o ‘herencia’ generan palabras derivadas que pueden referirse a diferentes entidades asociadas con la palabra base a través de su estructura argumental (como en el caso de ‘tirador’, que puede significar ‘persona que tira’ o ‘asidero del cual se tira’, dependiendo de si el referente de la palabra derivada se co-indiza con el sujeto agente de la base o con su complemento).

Trataremos un caso específico de polisemia afijal inherente, asociada a los ‘objetos complejos’, que desafía la validez de esta estricta separación entre los rasgos semánticos lingüísticamente relevantes y los rasgos conceptuales, en la medida en que se demuestra que muchos de los significados que se suelen adscribir al segundo grupo poseen un grado de sistematicidad similar al de los primeros, e influyen en el comportamiento sintáctico de las palabras derivadas.

Independientemente del mecanismo que subyace en la aparición de nuevos significados en palabras polisémicas, una vez establecidos como convencionales, estos significados pasan a formar parte de la información codificada en el ‘lexicón mental’ de los hablantes -entendido como el conocimiento que tienen los hablantes sobre las palabras de su lengua materna y las relaciones sistemáticas entre ellas- con todas las consecuencias que ello implica.

El Lexicón Generativo y los Objetos Complejos

La teoría del Lexicón Generativo ha sido aplicada al estudio de distintos mecanismos de formación de palabras: la composición (Johnston & Busa, 1999; Bassac & Bouillon, 2013; Namer, 2005), la sufijación (adjetivos relacionales en Fradin, 2007, 2008; verbos en Batiukova, 2016), la parasíntesis (Gibert Sotelo & Pujol Payet, 2015), la conversión (Namer & Jackey, 2013).

Las entradas léxicas en el Lexicón Generativo integran varios niveles de representación (Pustejovsky, 1995; De Miguel, 2009; Pustejovsky & Batiukova, 2019): la ‘estructura argumental’ (EA) codifica el número y tipo de argumentos que requieren los verbos y otras palabras relacionales; la ‘estructura eventiva’ (EE) define las características aspectuales del predicado en términos de fases o subeventos; la ‘estructura de herencia léxica’ determina la organización global del léxico en forma de jerarquías de tipos; y la ‘estructura de qualia’ (EQ) codifica dentro de cuatro dimensiones (roles de qualia2) las informaciones prototípicas asociadas con las entidades, propiedades y eventos denotados por las palabras.

El rol formal se refiere al tipo semántico general de la palabra (evento, entidad, propiedad y sus subclases): por ejemplo, objeto físico para ‘camión’. El rol agentivo codifica los factores implicados en la creación de una entidad, propiedad o evento: ‘fabricar’ para ‘camión’. El rol télico alude a la función o el propósito de una entidad o evento: ‘ser conducido para transportar algo’ para ‘camión’.

A pesar de su especificidad, los rasgos de qualia son lingüísticamente pertinentes porque influyen en las propiedades selectivas de la palabra y porque afloran en la interpretación de expresiones que contienen esta palabra incluso sin ser mencionados expresamente. Si nos ceñimos al ámbito morfológico, los qualia permiten explicar cómo somos capaces de interpretar nominalizaciones agentivas o instrumentales denominales, por ejemplo, ‘camionero’ o ‘azucarera’.

Aunque sus bases no denotan eventos, estas palabras hacen referencia a eventos en los que participa el agente (persona en el primer caso y empresa en el segundo): el evento de conducir un camión y el de producir azúcar. Los diferentes niveles de representación están conectados: la EA informa sobre el número de argumentos de cada tipo que selecciona la palabra definida, la EQ proporciona su descripción semántica y la EE refleja cómo están relacionados los argumentos dentro de un evento.

Las entradas léxicas son ‘infraespecificadas’ porque sus distintas partes pueden no tener valores específicos, lo que les aporta flexibilidad en el contexto. Una serie de mecanismos composicionales garantizan que en expresiones complejas se cumplan las restricciones selectivas. En la formación de palabras se invoca a menudo el mecanismo de ‘ligamiento selectivo’, que permite a uno de los dos elementos combinados modificar un componente de la entrada léxica del otro elemento.

Tipos Semánticos y Objetos Complejos

En los ejemplos vistos supra, la entidad denotada se define a través de un único tipo semántico (‘camión’ es un objeto físico o artefacto, ‘azúcar’ es una sustancia), pero hay palabras que se pueden adscribir a dos o más tipos semánticos diferentes: ‘ventana’ se refiere a un objeto físico (‘ventana de metacrilato’) y al mismo tiempo una apertura (‘ventana panorámica’); ‘ayuntamiento’ puede denotar una organización (‘ayuntamiento saneado’), un grupo de personas (‘ayuntamiento socialista’) o un lugar (‘ayuntamiento vacío’); ‘invención’ puede ser un evento (‘invención incesante’) o un objeto creado (‘invención patentada’).

Varios estudios semánticos clásicos han tratado esta clase de polisemia inherente (Apresjan, 1974; Bierwisch, 1983; Cruse, 2000: sección 6.5.), formalizada en el Lexicón Generativo a través del constructor de tipo dot (representado por el símbolo ‘•’; Pustejovsky, 1995, 1998, 2005; Copestake & Briscoe, 1995). Las palabras que presentan este tipo de polisemia se llaman ‘objetos (o tipos) complejos’, u ‘objetos dot’.

En (1) se representa la EQ del objeto complejo ‘invención’. Sus tipos simples poseen sus propios valores de qualia: el evento ‘invención’ tiene dos fases (el proceso e1, en el que participa el agente x, y el resultado e2, cuando pasa a existir el objeto y); a su vez, el objeto (físico o abstracto) ‘invención’ se genera a raíz del evento ‘invención’ y posee una función determinada. Aunque los dos tipos semánticos parezcan diferentes e incluso incompatibles, entre ellos existe una profunda relación que permite predecir un tipo a partir del otro.

Los tipos complejos presentan una robustez tipológica notable. No obstante, no cabe calificar como objeto complejo cualquier palabra que haga referencia a más de un tipo semántico. Por ejemplo, ‘café’, que denota un tipo de bebida, puede interpretarse como un evento en ‘Tengo tiempo para un café rápido’ a consecuencia de la influencia contextual ejercida por el adjetivo ‘rápido’.

¿Significa esto que ‘café’ es un tipo complejo comida(evento? La respuesta es no (enseguida la justificaremos con pruebas lingüísticas), aunque sí existen palabras que combinan los mismos tipos semánticos simples dentro de un tipo complejo (por ejemplo, ‘desayuno’). Aunque los objetos complejos se pueden basar en diferentes relaciones semánticas, solo relaciones productivas y convencionalizadas dentro del léxico de una lengua pueden dar lugar a genuinos objetos complejos (Pustejovsky & Batiukova, 2019).

Criterios de Individuación y Selección Predicativa

En primer lugar, los tipos complejos pueden dar lugar a diferentes criterios de individuación en función de cuál de los tipos simples se selecciona en el contexto, y esto puede afectar la manera en la que se contabilizan los objetos que ellos denotan. Por ejemplo, dentro de un mismo proyecto de ‘construcción’, entendido como evento, puede haber muchos objetos de ‘construcción’ creados como resultado de este evento (por ejemplo, muchos chalés dentro de un único proyecto de urbanización).

Si nos preguntan de cuántos eventos de construcción se trata, diríamos que uno; y si la pregunta se refiriera a los edificios, la respuesta sería diferente. Hay que señalar que, por un lado, no todos los objetos complejos poseen criterios de individuación diferentes para cada uno de sus significados: en el caso de ‘ayuntamiento’ (organización(grupo(lugar), puede haber diferentes edificios para una misma institución (es decir, un ayuntamientoorganización pero varios ayuntamientoslugar), pero a una institución normalmente le corresponde un único grupo de personas que trabajan allí.

En segundo lugar, los objetos complejos pueden ser seleccionados por predicados que, por su significado, solo son compatibles con este tipo de argumentos. Los verbos ‘leer’, ‘escribir’, ‘escanear’ y ‘descifrar’ seleccionan objetos directos información(objeto físico (‘carta’, ‘libro’, etc.) e incluso pueden inducir este tipo semántico a través del mecanismo de ‘introducción de dot’, que convierte en un objeto complejo a una unidad léxica que a priori denota un tipo simple: en ‘Teo sabe leer (los posos de) el café’, ‘café’ (que tiene tipo simple: objeto físico o comida) se reinterpreta como tipo complejo (como objeto físico que codifica información).

En cuarto lugar, los objetos complejos pueden dar lugar a la ‘copredicación’, que surge cuando, dentro de una misma oración, dos predicados semánticos (‘selectores’) seleccionan diferentes aspectos del objeto complejo.

A pesar de diferencias estructurales, en estos casos se da la copredicación tal y como la hemos definido. En contextos similares, homónimos y palabras polisémicas que no representan objetos complejos dan lugar al zeugma.

Como señalan muchos autores (Brandtner, 2011; Copestake & Briscoe, 1995; Asher, 2011; Ježek & Melloni, 2011), la existencia de una única estructura semántica sobre la que ambos selectores puedan operar (como con los objetos complejos, cuyo significado se define por dos tipos semánticos simultáneamente y no de manera disyunta) es una condición necesaria para que la copredicación funcione3, pero existen otras restricciones, sintácticas y pragmático-discursivas.

En el plano sintáctico, la copredicación es más fácil si los selectores pertenecen a categorías sintácticas diferentes (como en (5a), donde uno es un verbo y el otro un adjetivo), si están de alguna manera distanciados dentro de la estructura oracional como en (5b), uno está en la oración principal y el otro en la subordinada), o si uno forma un constituyente con el objeto complejo y el otro con su sustituto anafórico, como en (5c).

El requisito discursivo consiste en que debe haber una relación discursiva coherente entre los selectores. Asher y Pustejovsky (2013) y Pustejovsky y Ježek (2008) indican que los nombres de artefactos pueden dar lugar también a la copredicación porque hacen referencia no solo a una entidad, sino también ...

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