Cruzando el Tapón del Darién en Auto: Riesgos y Desafíos

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Son varias las circunstancias en todo el planeta en las que la migración es un tema de emergencia. Para quienes no hay opción, y deciden aventurarse en travesías que además de pagar los valores monetarios que les piden los gestores - en su mayoría ilegales - para llevarlos de un punto a otro, hay un precio incalculablemente mayor que nadie garantiza; la vida propia y la de sus acompañantes.

Tomemos las definiciones de la RAE sobre este concepto que dice: “ Acción y efecto de emerger […] Situación de peligro o desastre que requiere una acción inmediata”, y de arquitectura “Arte de proyectar y construir edificios”. Para efectos del enfoque de este artículo podemos redefinir la arquitectura para emergencias de la migración como el atender una situación emergente como consecuencia del migrar mediante el pensamiento proyectual arquitectónico.

Causas de la Migración

Primero hay una causa por la cual se toma la decisión, esta puede ser por la guerra inminente, como ha pasado por los últimos 50 años en Colombia por el conflicto armado entre las guerrillas, el ejercito, los narcotraficantes y los paramilitares. O el conflicto en medio oriente por el control del paso entre el oriente y el mediterráneo. O conflictos religioso-políticos como lo han sufrido los pueblos originarios en el Amazonas, el Wall Mapu en el Cono Sur o los budistas tibetanos, entre tantos otros. En resumidas cuentas, es la disputa por el territorio.

Cuando los conflictos son internos -como en el caso de Colombia, Venezuela o Chile- pueden migrar a las grandes ciudades o países vecinos, pues, por lo general, los territorios en disputa suelen estar lejos de las concentraciones urbanas principales. Tras dichas disputas entonces los pobladores se ven enfrentados a dos opciones; quedarse y asumir las consecuencias o buscar para donde ir. Cuando los conflictos involucran otras naciones la cosa se complica un poco más pues puede que no sean bienvenidos o inclusive reconocidos por sus compatriotas y vecinos próximos - como es el caso de Siria o Palestina. Entonces estas personas deben cruzar a veces más de medio mundo en busca de alguna nación que les de una oportunidad.

En el caso del medio oriente donde deben cruzar en medio de los áridos desiertos de la península arábiga donde los habitantes sirios huyen hacia el Líbano o Jordania.

El Tapón del Darién: Un Paso Peligroso

Sin embargo, hay otro grupo de migrantes que usan el territorio colombiano cómo pasaje hacia el norte a través del Tapón del Darién, una de las selvas más densas del mundo. Más de 70.000 migrantes cruzan por el puerto de Turbo, ciudad colombiana más cercana a la frontera con Panamá. Según datos de ACNUR los migrantes principalmente provienen de Haití, Cuba, Camerún, Índia, Bangladesh y Ghana. Sin embargo esta cifra no cuenta los que se aventuran a pié a través del Darién. Según Migración Colombia, pasan aproximadamente 12.000 personas por año por esta vía.

En este caso no hablamos de cómo la arquitectura atiende a este punto de la emergencia, sino más bien la ausencia de la misma. Si bien en el Darien hay senderos de entrada, al interior, nuevamente es tierra de nadie y también hay disputa territorial entre las fuerzas al margen de la ley. Al no haber infraestructura ni antes ni después de cruzar la selva, los migrantes se aventuran arriesgando sus vidas.

Migración global hacia el Darien

Migración global hacia el Darien

Riesgos y Desafíos en el Darién

BBC Mundo se adentró cuatro días por los 108 kilómetros que faltan de carretera Panamericana entre Panamá y Colombia, donde los lugareños conviven con dificultades extremas para transportarse, las presiones de cuidar una de las zonas más biodiversas del planeta y los migrantes que aprovechan la selva para intentar llegar a EE.UU. El Tapón del Darién es un bloque vegetal que se extiende en la frontera entre Panamá y Colombia. En este lugar, debido a la complejidad que plantea una selva impenetrable, se interrumpe la carretera Panamericana. Es considerado uno de los lugares más biodiversos del planeta. Sin embargo, su densa vegetación se ha convertido en el telón propicio para el paso irregular de migrantes y el narcotráfico.

BBC Mundo pasó siete días allí para relatar cómo es este lugar, que fue definido por el periodista estadounidense Jason Motlagh como "el pedazo de jungla más peligroso del mundo". Pero que es sobre todo un infierno de humedad y calor donde casi no se divisa el cielo. No se ve por dónde sale el sol ni dónde se esconde, es imposible distinguir el norte del sur sin brújula, sin GPS. El agua aquí abunda. Pero la generosidad de las precipitaciones y los afluentes no dan garantía de movilidad. Para trasladarse 30 kilómetros se necesitan seis horas.

"Aquí los ríos, que son la única opción para movernos, se secan definitivamente durante la temporada de verano (diciembre-abril). Ahora en invierno el viaje hasta Yaviza se puede hacer en seis horas. En su parcela produce ñame, un tubérculo parecido a la yuca, además de plátano y arroz. Durante esos meses difíciles el plátano se le madura antes de que llegue a venderlo. "Una buena carretera podría ser una opción para cambiar de vida. Una carretera para que la gente pueda mover sus productos. "Comprendo que es un tema muy delicado, pero creo que hay conectar a Colombia y a Panamá.

Cuando le conté mi idea de atravesar el Tapón del Darién, la mujer abrió los ojos y me dijo: "No lo haga. No lo haga, si puede evitarlo. Apenas nos internamos en el matorral, después de pasar dos quebradas y un par de platanales, comprendemos por qué es tan fácil extraviarse en este terreno: no hay una forma de adivinar el camino. La selva hierve en el rostro. Se estampa contra sus decenas de matorrales tapizados de espinas que nos rayan brazos y manos.

Cerca de allí nos señala el lugar donde fue enterrado uno de los migrantes que no resistió la severidad de la marcha. Un muerto más de una cifra que se desconoce: no se sabe cuántos migrantes han quedado a mitad camino durante estos últimos años de recorridos masivos.

Yo me limito a palpar la textura de este cadáver rojo, de su pintura lacerada por el óxido. Pienso si todo esto no es sino una metáfora de los constantes intentos fallidos por conquistar el Darién. "Estamos retrasados", advierte para justificar la decisión. Y señala una amenaza que viene detrás de nosotros: "La luz se va antes en la jungla". Pero el calor y la extensión de la caminata nos juegan en contra y el cuerpo, a pesar del suministro de agua constante, comienza a ceder. Pizarro se pone nervioso y repite la consigna: tenemos que llegar antes de que anochezca.

Para peor, ocurre algo que no estaba en los planes: el camino está totalmente anegado, una superficie de lodo que se traga los pies hasta los tobillos. Cada avance nos hunde más en el fango y todo el esfuerzo se centra en conseguir despegar el pie del fondo, solo para volver a empezar el proceso en el siguiente paso. Nos alcanza la noche y comprendo su afán, la selva en la oscuridad es un lugar tenebroso.

Pizarro se comunica por el radio y nos trae las últimas palabras de aliento: "Estamos a 25 minutos del río Cacarica, donde nos espera un bote que nos llevará a la comunidad Juin Phubuur. Veo el cuadro perfectamente. "No, ahí no hay nada", me corrige el guía que está al lado mío cuidando cada paso. "Estás comenzando a alucinar. Me echa agua en el cuello y me obliga a tomar unos sorbos grandes que me permiten volver a concentrarme en el camino.

Crisis Migratoria y Vulnerabilidad de las Mujeres

El 2023 dejó cifras nunca antes registradas en materia de migración y crisis humanitaria en las fronteras latinoamericanas. A principios de diciembre, de hecho, la agencia EFE comunicó que en lo que iba del año, más de 500.000 personas habían cruzado la selva del Darién, la compleja y tupida frontera entre Panamá y Colombia.

Esa cifra no tenía precedentes. Y es que ya en el 2022 se había superado un récord histórico: ese año, 248.000 personas en contexto de movilidad habían realizado el cruce con intenciones de acercarse a la frontera de Estados Unidos, cifra que superaba por mucho los 133.000 que habían cruzado en 2021 y los 6.500 de 2020.

Como explica Cardona, es clave identificar que la mayoría de las mujeres en tránsito, especialmente si son de Centroamérica, están huyendo de violencias ejercidas en su contra por motivos de género. “No es una violencia similar a la que experimenta el resto de la población, si bien toda la población (centroamericana) está enfrentando los retos de la violencia de las pandillas. La que experimentan ellas es específica por razones de género. Y esto pasa en cualquier contexto en el que haya violencia. Más aun si consideramos que los países latinoamericanos llevan años liderando los índices de violencia intrafamiliar, especialmente después de la pandemia”.

En el tránsito realizado por niñas, adolescentes y mujeres, se mezclan todas las intersecciones propias de la experiencia de ser mujer. Así lo devela un informe realizado en el 2021 por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), titulado Mujeres migrantes centroamericanas en México: Informalidad en la contratación y el empleo, que revela que las mujeres en tránsito están más expuestas que sus pares hombres a ser víctimas de malos tratos, explotación, discriminación y violencia de todo tipo.

“Lo que hemos visto es que las mujeres están buscando salir de las violencias más íntimas que ocurren en sus países de origen, las que se ejercen por parte de su círculo más íntimo en sus hogares, sea por la familia o por las parejas, pero que en el tránsito se enfrentan a una violencia externa, que es pan de cada día”, explica Cardona. “En el viaje y en el destino, el exterior pasa a ser un riesgo. La calle y los lugares públicos se perciben como amenazas, porque son extranjeras, porque están indocumentadas, porque las discriminan y maltratan. Le temen a los desconocidos y a las autoridades”.

Y es que, por los relatos de las que acuden a ACNUR en búsqueda de asesoría, es fácil identificar que la violencia que más sufren (y la que más reportan) es psicosocial, pero justo después está la sexual. “Eso da cuenta de que hay una expectativa social consensuada; se espera que las mujeres en desplazamiento callen, aguanten y cedan”, reflexiona Cardona. Como si no fuera un derecho migrar. Como si para poder hacerlo, hubiera que pagar con la integridad y la vida.

Como explica Cardona, de las guatemaltecas se espera que sean dóciles y las colombianas y venezolanas están sujetas a una hípersexualización constante. “De ellas se dice que tienen mucho carácter, entonces ni siquiera las contratan en ciertos trabajos. Así como a las guatemaltecas y hondureñas se las contrata específicamente para labores del hogar”, explica. “A las mujeres de Haití se le suma la intersección de la raza; experimentan un racismo muy profundo que además lleva la carga de la discriminación por género”. Especialmente en países que aspiran a visualidades caucásicas y europeas.

“Las madres se ponen en último lugar en todo lo que tiene que ver con su cuidado personal. Temas ginecológicos o de salud pasan a estar muy atrás y muchas veces es tarde para intervenir”. Y eso tiene consecuencias. “Las mujeres haitianas o de origen extra continental son quienes menos se acercan a los sistemas de salud. Pero sabemos que si cruzaron el tapón del Darién, lo más probable -por estadísticas- es que una gran cantidad de ellas experimentó violencia sexual. Y así se van complejizando los retos, los dolores y los sufrimientos propios de esta ruta”.

“Cada vez vemos más niños, niñas y adolescentes en los tránsitos. Las madres que viajan solas con sus hijos, acceden a empleos en los que hay riesgo de explotación. Empleos en los que se les ofrece quedarse en un cuarto con los niños y ese es el pago”, explica Cardona. “A eso se le suma que el tener hijos, en estos casos, se convierte en una razón para que las mujeres permanezcan en relaciones violentas o accedan a tener relaciones que potencialmente podrían ser de abuso”.

También está la carga para las hijas adolescentes. Son ellas, en estos casos, quienes se vuelven las segundas cuidadoras, a veces de manera excesivamente precoz. Una adultez forzada que las hace cargar con la crianza de sus hermanos y hermanas.

“Las mujeres madres se ponen en último lugar en todo lo que tiene que ver con su cuidado personal. Si tienen hijos o parejas, ellos van antes. Si hay dinero, es para ellos.

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