Cómo hacer que tu coche suene más deportivo: Trucos y consejos

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Todos tenemos un equipo de audio en casa, ya sea una reliquia ochentera o un moderno parlante inalámbrico. Pese a las enormes diferencias que pueda haber entre unos y otros, todos nos dan la posibilidad de ecualizar el audio. Algunos análogamente, con el movimiento de perillas, como los equipos antiguos, y otros de manera digital, a través de aplicaciones.

No se trata simplemente de cambiar la ecualización a modos predeterminados, como los clásicos “Rock”, “Jazz”, “Pop” o “Live”, sino de personalizar el timbre con el que queremos escuchar el audio. Algunos equipos incluyen más opciones de ajustes, otros son más limitados, pero de todas maneras algo se puede hacer para encontrar el sonido que más haga relucir la música que nos gusta. Es toda una gracia que contengan esta posibilidad.

¿Qué es ecualizar?

El sonido se transmite a través de ondas sonoras, cuya tonalidad depende de las frecuencias que la componen. Estas se miden en Hercios (Hz) y el oído humano es capaz de identificar un rango aproximado que va desde los 20 a los 20 mil Hz.

Las frecuencias que van entre los 20 y los 400 hz son las que conocemos como bajas. De los 400 a los 2.000 hz están las medias, y las que cubren el rango de los 2.0000 a los 20.000 hz corresponden a las altas o también denominadas agudas.

Ecualizar se trata del ejercicio de escuchar, equiparar, amplificar y reducir las distintas frecuencias del espectro de audición, con el fin de lograr un producto sonoro limpio, con carácter e inteligibilidad. A través del ecualizador “uno puede modificar el timbre de un sonido; dejarlo más grave, más brillante, más nasal, o quitarle excesos que puedan resultar molestos”.

Si se quiere destacar más las frecuencias agudas, lo mejor es comenzar “cortando” o “sacando” graves o medios y después, si es necesario, “realzar” los agudos. Ecualizar es algo subjetivo, una cosa de gustos, pero dentro de un espectro en el que exista una lógica basada en la técnica.

¿Qué tanto podemos hacer con la ecualización?

El objetivo es sacarle provecho a las opciones de personalización que nos entregan los equipos de audio, como los sistemas de sonido de antaño, parlantes y auriculares modernos e, incluso, la “radio” computarizada del auto.

Hay dos tipos de ecualizadores: los paramétricos y los por banda. Estos últimos son los más comunes en dispositivos de audio doméstico y portátiles. Los ecualizadores por banda no suelen incluir muchas variables, sino que se reducen a bajos, medios y altos, los que también pueden aparecer definidos como “bass”, “mid” y “treble”, respectivamente. Aunque son pocos, estos bastan para “colorear y dar carácter al sonido”.

Para usuarios comunes y corrientes, la ecualización o “EQ” nos da dos posibilidades: “embellecer” el sonido o “solucionar problemas” que detectemos en éste. La segunda opción es la que suele tomar el audiófilo, gente que cacha un poco más de sonido y audio que el promedio. En general, las personas pueden decir que suena ‘abombado’ o que le falta ‘brillo’. Pero no vas a escuchar a un dueño o dueña de casa diciendo ‘a la radio le faltan medios’.

Sin embargo, no es solo nuestra ignorancia o impericia la que limita los efectos de la ecualización. La calidad del audio que escuchamos, el lugar en el cual está situado el equipo de sonido y la calaña de los componentes del amplificador son factores determinantes. No tiene mucho sentido pretender reproducir sub bajos en un diminuto parlante inalámbrico.

“Aunque podemos amplificar esas frecuencias en la pantalla de nuestro tablet o celular, eso no significa que nuestro equipo será capaz de reproducirlas. Incluso, podemos empeorar la calidad de reproducción”, advierte Tomás Castro.

Los detalles importan: espacio, materialidad, ubicación

La música profesional viene ecualizada para que por defecto la mezcla de estudio tenga una traducción fiel en todos los dispositivos en los que se reproduzca. Sin embargo, el espacio físico en el que está instalado el equipo de sonido puede transformar todo radicalmente.

“La acústica del lugar es quizá el motivo más importante de por qué los equipos disponen de un ecualizador”. Una sala puede generar distintos tonos y reverberaciones dependiendo del tamaño y del material con el que está fabricada. “Los muebles e incluso las personas que estén en ella van a afectar la acústica del lugar”.

Un living amplio, de techo alto y construido con materiales poco porosos, es muy probable que derive en una reverberación muy pronunciada en ciertos rangos de frecuencia: el clásico rebote. Lo mismo podría ocurrir si no hay muebles que cubran las paredes o si hay muchos ventanales.

Por el contrario, las alfombras, las cortinas, los estantes con libros y cuadros en las paredes absorben los rebotes de las ondas. Eso lleva a que lo que uno escuche sea “más fiel al sonido puro del parlante”.

Otro detalle relevante es la distancia de los parlantes respecto a las paredes y muebles. Si estos se encuentran muy cerca pueden excitar ciertas frecuencias que nos pueden resultar molestas. Se recomienda que los altavoces nunca estén pegados a la pared y “ojalá alejados al menos unos 30 cm de las esquinas, para evitar generar bajos excesivos”.

Un buen ejercicio es dejar el parlante en un punto fijo y luego moverse a través de la sala. ¿Puedes identificar qué frecuencias resaltan en las esquinas? ¿Cuáles destacan cuando te ubicas al centro?

Algunas de las imperfecciones que puedas notar en el sonido, a causa de la relación acústica que se produzca entre el entorno en el que se reproduce el audio y la calidad de los parlantes, se pueden trabajar desde la ecualización. Queda claro que mientras más acustizada sea la sala y mayor sea la calidad del equipo de sonido, mejor se comportará el audio y menos trabajo de “EQ” se necesitará.

Conoce tu equipo

Así como es recomendable probar distintas ubicaciones para los altavoces, de manera de entender cómo se comporta en un lugar, también lo es reconocer las cualidades y defectos de tu equipo de sonido. “Un parlante muy pequeño difícilmente podrá reproducir todas las frecuencias del espectro con claridad y no tendrá mucho sentido amplificarlas”.

Ya sean audífonos, parlantes, un sistema HiFi antiguo o una barra de sonido, siempre hay que escucharlo plano en primera instancia. O sea, con el ecualizador desactivado o con todas sus bandas al medio o en cero. “Y sin activar ninguna función del tipo ‘mega bass’, ‘surround’ o algo por el estilo”. De esta manera, podremos saber a ciencia cierta cómo suena el equipo. Recién ahí “sabremos qué funciones pueden aportar”.

Siempre será fundamental considerar las posibilidades físicas de los aparatos y del oído de cada uno. Si el ecualizador permite llegar a “+10″ en algún punto, “es preferible no sobrepasar el 7, puesto que estaremos forzando los componentes de los parlantes y también podemos dañar de manera irremediable nuestra audición”.

En foros de audio suele aparecer una ecualización que se le conoce como “en V”, en la que los bajos y los agudos están relativamente equiparadas pero no tan por encima de los medios. Esta, “entrega una sensación como HiFi a golpe de primera escucha, pero a veces puede perjudicar la riqueza tonal de las frecuencias medias”.

Es mejor no dejarse llevar por los secretos o trucos que supuestamente funcionan en todos lados. “Siempre hay que considerar el lugar real de la escucha. Lo más importante es: ‘escuchar cómo se escucha’”.

No hay que olvidar el detalle de que una buena ecualización es algo subjetivo. Hay un sentido estético y creativo en la ecualización que va a depender del gusto de cada uno al momento de escuchar. Por ejemplo, en una canción de música electrónica o urbana, amplificar los bajos y los agudos, además de reducir los medios de forma leve, podría ser útil.

Ecualizar comienza por sustraer frecuencias y luego realzar. Para mejorar el sonido, baja frecuencias; para transformar el sonido, levanta.

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