El transporte es el sector que más energía consume, tanto en la Unión Europea como en España. Además, es el segundo más contaminante del continente y el primero a nivel nacional.
Impacto Ambiental del Transporte Carretero
El transporte terrestre es uno de los mayores contribuyentes a la contaminación ambiental y al cambio climático. Este sector está íntimamente vinculado al consumo de energía, siendo los combustibles fósiles su fuente de energía primordial.
Las formas convencionales de transporte carretero funcionan en gran medida con combustibles derivados del petróleo, como la gasolina y el diésel, cuya combustión emite a la atmósfera diversas sustancias contaminantes, entre ellas CO2, óxidos de nitrógeno y partículas en suspensión.
El Dióxido de Carbono (CO2), que es uno de los principales gases que contribuyen al cambio climático, representa casi el 95% de todas las emisiones de GEI producidas por el sector del transporte. Los Óxidos de Nitrógeno (NOx) y las partículas finas (PM) también son emitidos por los vehículos y pueden tener un impacto significativo en la calidad del aire local.
El uso de combustibles fósiles en el transporte carretero tiene un fuerte impacto ambiental. Primero, la extracción y refinación de estos combustibles produce contaminación y degrada hábitats naturales. Pero, aún más importante, su quema libera grandes cantidades de dióxido de carbono (CO2), un gas de efecto invernadero que contribuye al calentamiento global.
Consecuencias Ambientales de los Combustibles Fósiles
Los combustibles fósiles utilizados en los medios de transporte tienen varias consecuencias ambientales negativas:
- Emisiones de gases de efecto invernadero: Los combustibles fósiles como el petróleo, el gas natural y el carbón liberan dióxido de carbono (CO2) cuando se queman. Este es el principal gas de efecto invernadero, responsable del calentamiento global.
- Contaminación atmosférica: Además del CO2, los vehículos motorizados también emiten otros contaminantes atmosféricos nocivos, como los óxidos de nitrógeno, los óxidos de azufre, las partículas y el monóxido de carbono.
- Depósito de hollín y partículas finas: El hollín y las partículas finas liberadas por los vehículos pueden depositarse en el suelo y el agua.
- Consumo de recursos naturales: La producción de combustibles fósiles requiere la explotación de recursos naturales finitos.
Impacto Ambiental de la Aviación
Entonces, ¿cuál es el impacto ambiental de tomar un avión? Al quemar combustible, los vuelos producen gases de efecto invernadero, principalmente dióxido de carbono (CO2). La aviación contribuye con alrededor del 2% de las emisiones mundiales de carbono del mundo, según la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA).
Por ejemplo, un vuelo de clase económica desde Londres hasta Nueva York emite aproximadamente 0,67 toneladas de CO2 por pasajero, según la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI). En el despegue se usa más combustible que cuando la nave viaja a una velocidad constante. Para vuelos más cortos, esto representa una mayor proporción del viaje.
«El efecto climático de las emisiones no CO2 de la aviación es mucho mayor que el equivalente de otros medios de transporte. Por ejemplo, un viaje en tren de Londres a Madrid emitiría 43kg de CO2 por pasajero. Sin embargo, el margen entre las emisiones del tren y el avión varía, dependiendo de varios factores, incluido el tipo de tren. Las emisiones de carbono de los trenes diesel pueden ser el doble que las de los eléctricos.
Alternativas y Soluciones Sostenibles
Ante este panorama, la energía sostenible surge como una solución para reducir el impacto ambiental del transporte terrestre. Mediante la adopción de tecnologías más limpias y eficientes, como los vehículos eléctricos o los biocombustibles, es posible reducir las emisiones de GEI y minimizar otros efectos negativos en el medio ambiente.
El uso de energía sostenible en el transporte carretero es fundamental para reducir la emisión de gases de efecto invernadero y favorecer la transitabilidad hacia una economía baja en carbono. La energía sostenible se refiere a fuentes de energía que, una vez usadas, pueden reponerse de manera natural en un lapso corto, lo que las hace infinitas a escala humana.
El desafío para la energía sostenible en el sector del transporte carretero es conseguir una transición completa desde el uso intensivo de combustibles fósiles hacia una matriz energética basada en energías renovables y limpias.
En este contexto se posicionan en la agenda los e-fuels o electrocombustibles. Urgen soluciones, pero para dejar de contaminar no hay una única respuesta, recuerdan los expertos.
Electrocombustibles: Una Alternativa Prometedora
Los electrocombustibles (e-fuels, e-combustibles, combustibles sintéticos o hidrocarburos sintéticos) se diferencian de los combustibles fósiles porque su proceso de obtención no implica la extracción de petróleo, sino la producción de hidrógeno (por hidrólisis, dividiendo la molécula de agua) y la captura de dióxido de carbono (CO2), en procesos impulsados por electricidad.
Los e-fuels no provienen tampoco de fuentes biológicas. De hecho, se los denomina Renewables Fuels of Non-Biological Origin (RFNBO, por sus siglas en inglés). Estos carburantes sintéticos -algunos de los cuales ya se encuentran en el mercado mezclados en distinta proporción con la gasolina o el diésel- se consideran renovables cuando han sido obtenidos en procesos alimentados por fuentes de energía limpias.
Entre las ventajas de los e-fuels no debe olvidarse que “se utiliza CO2 almacenado, capturado (retirado de la atmósfera) de un proceso industrial, por ejemplo, en una fábrica cemento o de acero”. Este carburante sintético “simplemente le está dando una vida más larga al CO2 que, al menos, tiene un uso adicional”.
Sin embargo, los ingenieros químicos y ecólogos consultados tienen algunas reservas acerca de la magnitud de producción de electrocombustibles que se necesitaría para alcanzar a todos los tipos de transporte. Cubrir la demanda del transporte a través de electrocombustibles renovables va a ser “muy difícil”, al menos en España, donde entre el 30 y 40 % de la electricidad generada viene de energías renovables.
A juicio de Ugarte, el criterio para decidir el tipo de combustible que debe usarse prioritariamente en cada subsector debería pasar por el valor económico que aporta y las alternativas de sustitución que tiene en cada caso específico. De esta manera, se optimiza el uso de materias primas, incluso aunque se trate de desechos.
Transporte Público y Electrificación
El consultor establece una escala de valores, en el transporte, que arrancaría con una primera medida consistente en “reforzar el transporte público, tanto el urbano como el interurbano y el regional, tanto de pasajeros como de carga”. En este punto hay que diferenciar las opciones con las que cuentan los automóviles y camiones de las que son posibles de implementar para la aviación y la industria naviera.
Los coches sí tienen una clara alternativa que ya está en el mercado y es la electrificación. También el ferrocarril está más electrificado y aún se puede avanzar bastante por ese camino. “El avión necesita quemar combustible”, admite Ugarte. Los combustibles sintéticos, al menos hasta la fecha, tienen un coste de producción muy elevado y no pueden competir contra la gasolina normal, los biocombustibles ni el coche eléctrico, por lo que, servirán para mover aviones y grandes barcos.
Impacto de la Pandemia en la Contaminación
El aire que respiramos está más limpio que hace dos semanas, antes de que se empezaran a implementar las primeras tras las cuarentenas voluntarias por la crisis sanitaria producto del Covid-19. Esto se debe principalmente a un menor movimiento de automóviles.
La contaminación atmosférica proviene principalmente de la industria (30%) y del transporte (31%). El análisis comparativo de febrero y marzo de los últimos tres años muestra una reducción significativa de la contaminación en las últimas dos semanas.
Los efectos del coronavirus en la calidad del aire y en niveles de emisiones de gases de efecto invernadero ya se reflejan en todo el mundo. Imágenes satelitales muestran una clara caída en China, Japón y Corea.
En cuanto a las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), principales causantes del calentamiento global, ya existe evidencia de que la cuarentena obligatoria en China llevó a una reducción de un 25% de uso de energía y emisiones.
Sin embargo, pese al parón mundial, el cambio no debería ser tan grande. “Esto no tendrá ningún impacto significativo en el cambio climático”, dice tajante Raúl Cordero. “La crisis climática no es consecuencia de las emisiones de un año, es consecuencia de las emisiones acumuladas en 100 años.
El Futuro Sostenible
El desafío ahora será impulsar la economía con el cambio incluido. “Para reemplazar la economía sucia hay que crecer. Si queremos tecnologías limpias, necesitamos crecimiento”, dice, pero cree que debe ser sobre una base de sustentabilidad, “con aspectos sociales, económicos, y ambientales en equilibrio”.
Tras la crisis sanitaria se deben estimular las “economías verdes, la economía circular. Y hay muchas formas de hacerlo, que permiten avanzar a un modelo sustentable, pero eso requiere planificación y estar dispuesto a cambiar el modelo. Es una decisión compleja, pero hay que tener esa conversación”.
tags:



