Para poder salir del confinamiento, primero lo debemos observar, medir, dimensionar, re-entender. En un mundo urbano y en acelerada transformación, los espacios proyectuales trascienden la concepción del encargo tradicional y nos sitúan ante la necesidad de pararnos frente a escenarios cambiantes, en que la rigidez acusa fragilidad. La flexibilidad no se debe confundir con volubilidad. Un hacer que se adapta rápidamente a nuevos contextos requiere fundamentos firmes sobre los que anclar las decisiones.
El proceso incremental de decisiones en el hacer proyectual es un fenómeno escalar. La escala de una obra se define tanto en función a su volumen edificado, como a su emplazamiento y las interacciones urbanas que propicia. El proceso autoral lleva implÃcito los conceptos de originalidad y creatividad; el autor es fuente y promotor de una idea que se concreta en proyecto.
Esta fuente proyectual tiene orÃgenes diversos e individuales. En el taller se deben reconocer las modulaciones y matices en los procesos formativos individuales que son capaces de hacer arquitectura desde fuentes diversas y expresarla de modos distintivos. Se apela, entonces, de modo progresivo a la expresión propia sobre basamentos de convenciones profesionales.
El taller es un proceso de búsqueda en la expresión, una investigación primaria iterativa del autor respecto del habitar humano, la forma de la materia, el espacio inasible y sus infinitas manifestaciones fÃsicas tangibles y habitables. El material no es un añadido, es origen; la estructura no es una solución, es parte del planteamiento.
Se concibe el taller como un espacio de ejercitación proyectual, entendiendo el proceso de diseño como una práctica, y no como un instante de iluminación. El taller es, por tanto, un proceso acumulativo de producción proyectual; las entregas se superponen no se reemplazan. Lo aportado en una semana se multiplica con lo desarrollado en la siguiente, quedando a la vista como estratos del proceso y sus derivaciones (Ingels, 2010).
Las herramientas son tan diversas como las manos que las ocupan. Trabajo y corrección sobre papel y presentación impresa como expresión material de la arquitectura del proyecto. Si bien el proceso proyectual es propio e individual, se enmarca en un contexto de taller donde hay hitos comunes que congregan a sus participantes.
Estos eventos son la oportunidad de hacer una pausa, mirar el panorama general del taller, aprender del otro y evaluar. Es primario, como estrategia de conformación del taller, la construcción de un espacio de trabajo común y apropiado.
La ventana es un pequeño enigma de la arquitectura, sÃmbolo de continuidad y discontinuidad, es un tema clave ya que representa la manera de vivir la relación entre interior y exterior, condicionando la percepción del mundo que nos rodea y el cual alcanzamos a ver por ella. La ventana es más que un elemento arquitectónico.
Las diez afirmaciones de los Smithson, acompañada de sus respectivos dibujos, tienen un elemento en común que interesa a este ensayo, la ventana. El placer puede ser definido como una sensación o sentimiento positivo, agradable o eufórico, que en su forma natural se manifiesta cuando una persona satisface plenamente alguna necesidad, puede ser otorgado por todos nuestros sentidos.
Cuando Le Corbusier comenzaba a ser consciente de las limitaciones de su propuesta de fenêtre en longueur, le dio lugar a la aparición de otro mecanismo que incorporará a su arquitectura para la definición del lÃmite del espacio, el pan de verre. Este mecanismo va a estar presente tanto en obras de vivienda colectiva de Le Corbusier, como en bloques de edificios públicos.
El paño de vidrio amueblado parece contradecir en sà mismo el principio del que parte. Pudiera parecer que atribuir a ese mecanismo el nombre de cuarto muro acaba por revertir, su asociación a la disolución del lÃmite del espacio. Este módulo crece en profundidad hacia el interior para poder conformar una estanterÃa o prolongarse en una mesa de trabajo asociada al elemento de fachada.
Con esta afirmación Gio Ponti deja manifestada su distancia con respecto a la tendencia de mediados del siglo XX, donde aparecÃan con fuerza las “cajas de cristalâ€, adquiriendo su arquitectura un carácter personal donde lo decorativo no se desestima en absoluto. Con la sustitución de una de ellas por este paño de vidrio, la habitación queda convertida en su sección, algo asà como el dibujo de Saul Steimberg, The Art of Living (1949).
Esta respuesta para construir la relación entre el interior y exterior de la vivienda me parece interesante porque trabaja la ventana como un elemento protagónico y mediador que matiza adecuadamente la tendencia a confundir los lÃmites. La ventana, al mezclar repisas donde apoyar los objetos, que de cierto modo nos identifican, generan una mirada de figura y fondo, siendo la mirada nocturna especialmente atractiva por el recorte de la silueta desde el exterior, mientras que, durante el dÃa, desde el interior, aparece recortando el fondo de la ciudad.
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