Características y materiales del cubre tablero Nissan V16

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Durante algún tiempo, se buscó un ejemplar lo más original posible de este modelo particular de la casa japonesa, conocido en Chile entre 1992 y 1994.

Analizando su propuesta estética, destaca en su frontal su forma de cuña, con un capó extendido en el que encontramos dos suaves nervaduras que parecen señalar el camino hacia el logo cromado en relieve, situado al centro de la máscara. Sin duda que en esta zona destacan los elementos ópticos halógenos, de forma semirectangular que agrupan neblineros planos, luces de posición, bajas, altas e intermitentes laterales.

El borde del capó se integra perfectamente con el parachoques, donde sobresale una gruesa resina plástica que circunda toda la parte alta superior (cumpliendo la función de evitar raspones involuntarios). Bajo ella se ubican los generosos intermitentes principales, sumado a una toma de aire central inferior.

Lateralmente destaca su amplia zona vidriada dada por sus puertas sin marco y amplios pasos de ruedas. Los espejos abatibles manualmente, lucen muy bien integrados con el resto de la carrocería. Las manillas de las puertas eran del mismo tono del color del auto, mientras que el marco de la zona vidriada es de plástico negro. La zona media de las puertas cuenta con paddings laterales, que siguen la línea del visto en el paragolpes delantero. A la altura del paso de ruedas delantero, lleva grabado la sigla «DOHC», poco advertible a simple vista.

Una particularidad, es que las unidades que llegaron a Chile, sólo traían guardafangos delanteros, siendo opcionales los posteriores. No recuerdo cuál habrá sido la marca de neumáticos de fábrica, pero al igual como acontecía con otros modelos de este origen, es altamente probable que contase con Bridgestone Potenza.

Por último en su zaga encontramos un amplio vidrio trasero, cuyos extremos se extendian por los costados (algo usual en los autos japoneses de estos años), lo que daba paso a un generoso portamaletas, cuya parte alta era coronada por un alerón trasero con tercera luz de freno integrada en el centro (en otros mercados era opcional), incluso llegaron a Chile versiones que no lo traían incorporado. Este elemento, sin duda que le daba un toque de deportividad al conjunto. Las gráficas eran autoadhesivas, destacando nuevamente el logo cromado, justo al centro de la tapa del portamaletas. El parachoques trasero luce más prominente que el delantero, siempre con el protector plástico negro en su parte superior.

Basta con abrir cualquiera de sus cuatro puertas para caer en cuenta de la atención que presta a los detalles. Al sentarnos en el puesto del conductor, vemos que los controles y comandos están ubicados con precisión ergonómica. El cuadro de instrumentos no puede ser más funcional, con la presencia de dos relojes principales: tacómetro y velocímetro, éste último con medida en km/h y mph, además de los consabidos termómetro del refrigerante del motor e indicador del nivel de combustible. Entre los dos principales encontramos el indicador del selector de marchas de la transmisión.

Sus amplias superficies acristaladas dan una visibilidad panorámica que aumenta el estado de alerta del conductor, junto con transmitir una sensación de amplitud y espacio para el resto de los ocupantes. Al sentarnos en cualquiera de los asientos envolventes, tapizados en felpa de color azul marino, se adaptan perfectamente a nuestra contextura. Al costado izquierdo del volante encontramos cuatro comandos: el que regula los espejos laterales, el que acciona el techo eléctrico, el de encendido/apagado del control de velocidad crucero (su ajuste se realiza desde otro comando ubicado en el volante) y el reostáto del tablero. Atrás encontramos espacio para dos ocupantes con reposacabezas integrados y cinturones de seguridad.

Los revestimientos internos de las puertas en su parte media alta son del mismo material de los asientos. Las delanteras cuentan con luces de cortesía.

Bajo el capó yace un motor bencinero (B18A) de 1.834c.c. con cuatro cilindros en línea, 16 válvulas con doble árbol de levas en cabeza de montaje transversal, que en su tiempo era considerado por muchos aficionados como el más avanzado en su segmento. Gracias a su sistema de inyección programada de combustible PGM-FI, cuyas virtudes se han visto en las carreras. Este sistema de inyección, inyecta en cada cilindro, en el momento exacto, la cantidad exacta de combustible.

La fuerza del motor era enviada al eje delantero, según versión, por medio de una caja manual de cinco relaciones o una automática de cuatro relaciones.

En resumen, era un modelo dotado con un equipamiento superior para su tiempo, que combinaba perfectamente con una mecánica eficiente y dócil, pensado para un conductor altamente exigente.

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