El 14% de las averías más complejas en los automóviles se deben a fallos en el sistema de inyección del motor, aunque solo un 6% está directamente relacionado con los inyectores.
Problemas comunes en los inyectores
Los inyectores son piezas clave del sistema de inyección, encargados de enviar la cantidad necesaria de combustible según las necesidades del motor. El desgaste natural de los inyectores debido al uso cotidiano del vehículo es una de las causas más frecuentes de averías en el sistema de inyección, lo que a menudo requiere su sustitución.
Otro motivo principal de avería es el uso continuado de combustibles de baja calidad, exponiendo el circuito a virutas metálicas y partículas de suciedad. Llenar el depósito con el combustible equivocado también puede causar serios daños, especialmente en tecnologías Common Rail, donde la gasolina puede dañar los inyectores debido a su menor índice de lubricación en comparación con el gasóleo.
Las situaciones menos habituales incluyen un mal mantenimiento del coche, como apurar los filtros en exceso, apurar la reserva de combustible en el depósito o el exceso de agua. Dependiendo del vehículo o del tipo de problema, la gravedad puede variar, afectando el coste de reparación.
Soluciones y mantenimiento preventivo
La prevención es la opción más económica para mantener el vehículo en buen estado. Sustituye el filtro de combustible según las recomendaciones del fabricante, o al menos cada 30.000 km. Utiliza aditivos limpia-inyectores, especialmente en coches diésel, para reducir la contaminación, prevenir la acumulación de impurezas y evitar obstrucciones.
Si eres un poco "manitas", puedes realizar una diagnosis sencilla colocando cuatro vasos de plástico (uno por inyector) y situando los conductos o tubos salientes de los inyectores dentro de ellos.
No es recomendable forzar el coche si detectas algún problema; lo ideal es trasladar el vehículo al taller o servicio oficial más cercano mediante una grúa para evitar que el problema se agrave.
Innovación en depósitos de agua
A través de los nuevos métodos de trabajo de FRP (Plásticos Reforzados con Fibra de Vidrio), ha sido posible desarrollar productos con formas y estructuras radicalmente diferentes y poder hacerlos MONOLÍTICOS (una sola pieza). Esta novedad ha eliminado el gran inconveniente de la insuficiente resistencia mecánica a los empujes transversales y centrípetos que se producen en el resto de cisternas no desarrolladas con este método.
De hecho, el método de trabajo «antiguo» prevé la construcción de 2 medias carcasas unidas por encolado periférico. Este sistema tiene la desventaja de ser menos resistente a la torsión creada por un chasis en terrenos difíciles.
La nueva tecnología permite la construcción de depósitos de una sola pieza con nervaduras homogéneas y continuas en toda la altura de los laterales y, al mismo tiempo, haciéndolos ligeramente cónicos.
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