El piloto Pedro Devaud, cuyo nombre ha resonado en el automovilismo chileno e internacional, comparte su experiencia y los desafíos que ha enfrentado para perseguir su pasión por las carreras. Su historia está marcada por el ingenio, el sacrificio y la determinación, especialmente en lo que respecta a la adaptación de vehículos para la competencia.
El Comienzo y la Influencia Familiar
Si bien las lucas no las tenemos, mi papá es mecánico. Él corría en autos, pero corría en Fiat 600 en un automovilismo mucho más de dueños de talleres. Él era su mecánico, su auspiciador, su todo.
Hoy en día veo más partes técnicas de los autos por lo que aprendí en el camino que hicimos juntos de preparar los autos, de ir a las carreras. Eso me ayudó a desarrollar otras habilidades de cómo sentir un auto.
Sí y, bueno, mi papá también me enseñó a correr. Yo nunca fui a una escuela de pilotos. Nunca tuve otro piloto de más experiencia que me asesorara o me hablara con datos como se hace hoy en día, que se trabaja con parámetros, con softwares, a leer los datos del auto. Mi papá me enseñó a la antigua. Desde chiquitito mi papá me decía: “ya súbete al lado”, y a fondo en el auto. Yo no podía mirar para adelante.
La Adaptación como Necesidad y Solución
La adaptación. Bueno, por todas estas cosas que me tocó lidiar para poder correr. Me acuerdo de una carrera [en un Fiat 600] en la que se me pegó el acelerador a fondo en un entrenamiento y me salí de la pista. Ya, reparamos y después se me pegaba de nuevo. Teníamos un problema en el carburador porque era medio viejo, entonces se trababa y mi papá me dijo: “Pedro, ¿sabes qué? No lo puedo arreglar. Tienes que acostumbrarte a que se te quede pegado a fondo. No sé si no quieres correr…”. Pero ¿cómo no voy a correr? Entonces me acostumbré a que tenía que venir siempre a fondo y cuando quería frenar tenía que parar el auto con el cortacorriente, bajaba uno o dos cambios, daba la corriente, si quería daba, cortaba, daba, cortaba.
Creo que siempre hice cualquier cosa con tal de estar corriendo, salvo ahora que le puse un poco stop al tema porque ya son varios años de estar así y este año dije: “¿sabes qué? También quiero tener una casa, también quiero tener un auto para irme al trabajo”, porque últimamente tenía un auto de rally con caja secuencial de sesenta mil euros y no tenía un auto para andar en la calle.
En esencia, la adaptación de un motor y caja de Fiat Uno en un Fiat 600 representa un ejemplo de cómo la pasión y el ingenio pueden superar las limitaciones económicas y técnicas en el mundo del automovilismo. La experiencia de Pedro Devaud, marcada por el aprendizaje desde la infancia junto a su padre y la necesidad de encontrar soluciones creativas para competir, ilustra el espíritu de superación que impulsa a muchos pilotos y mecánicos a desafiar los límites de lo posible.
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