El Fiat Siena es un vehículo con una rica historia y diversas generaciones que lo han caracterizado a lo largo del tiempo.
El Servicio como Elemento Esencial
El Servicio es un elemento esencial del carisma de la Orden, con profundas raíces en las Sagradas Escrituras. En su ideal de servicio, los Siervos de María se inspiran en el ejemplo de Cristo, quien vino “para servir y dar la propia vida en rescate de todos” (Mc 10, 45) y está en medio de sus discípulos “como aquel que sirve” (Lc 22, 27; cf. Jn 13, 3-17). También se inspiran en la humilde actitud de la Virgen María, quien se declaró “Sierva del Señor” (Lc 1, 38).
Para los Siervos, el ámbito del servicio es muy amplio: Dios, la Virgen, la Iglesia, el hombre y los frailes de la propia comunidad. El Servicio es la participación en las aspiraciones e inquietudes del hombre, la promoción de genuinas formas de vida cristiana, la hospitalidad, la asistencia a los ancianos, a los enfermos y a las personas necesitadas. También incluye múltiples formas de compromiso apostólico, en particular el misionero.
La Comunión Fraterna
En el texto de las Constituciones de los Siervos es clara la importancia de la comunión fraterna para la vida. Elemento esencial de la vida de los Siervos de María, sin el cual no serían siervos de Santa María. Informa nuestro estilo de vida, nuestro trabajo y nuestra oración; determina la forma de gobierno de la Orden y da una peculiar huella a nuestro servicio apostólico. En ésta reconocemos una fuente de amistad y una salvaguardia de nuestra consagración al Señor en la castidad porel Reino.
Dedicación a la Bienaventurada Virgen
La dedicación total a la bienaventurada Virgen, “especial refugio, madre singular y propia Señora” de los Siervos es otro de los elementos esenciales de la vida de la Orden de los Siervos de Santa María. Esta dedicación tiene sus raíces en el hecho mismo realizado por nuestros primeros Padres fundadores al inicio de su camino espiritual: ellos “temiendo su imperfección, pensaron rectamente ponerse humildemente ellos mismos y sus corazones, con toda devoción, a los pies de la Reina del cielo, la gloriosísima Virgen María, para que ella, como mediadora y abogada, los reconciliara y los recomendara a su Hijo, y supliendo con su caridad plena a su imperfección, intercediera para ellos la fecundidad de méritos. Por eso poniéndose con honor de Dios al servicio de la Virgen Madre suya, quisieron desde entonces ser llamados “Siervos de santa María”.
La Orden en efecto, siempre ha estado convencida de una particular presencia de santa María en su vida: en la hora difícil de los orígenes, a lo largo de los siglos, en el tiempo actual. Ya en la época de los siete santos Padres y de San Felipe Benicio, los Siervos tuvieron clara conciencia que en el origen de la Orden estaba la figura materna y misericordiosa de Santa María, la Novella plantatio, como el papa Inocencio IV, con una imagen de ascendencia bíblica (cf. Is 61, 3; Sal 143, 12), llama a la Orden en la bulla Ut religionis vestrae del 1 de agosto de 1254. Sin duda se convirtió en la mente de los frailes la plantatio Virginia, como la viña plantada por la Virgen y por ella custodiada y defendida.
A lo largo de los siglos la Orden ha sentido siempre cerca la bienaventurada Virgen, que la veneraba con devoto servicio como Mujer del anuncio gozoso, de la misericordia real y de la compasión salvadora. La ha sentido cerca sobre todo en los momentos en el cual, los acontecimientos de varia naturaleza, habían amenazado la extinción y se corría el peligro de desaparecer parte de su patrimonio espiritual. En esos momentos la conciencia de ser la “religio Dominae nostrae” constituyó para la Orden un motivo de esperanza y una fuerza especial para la renovación de su compromiso evangélico.
La Encarnación del Verbo, acontecimiento en el cual los Siervos contemplan llenos de veneración la Santísima Virgen de la Anunciación, la mujer del “fiat” (cf. Lc, 1, 38), humilde y llena de fe: y de ella aprenden “a acoger la Palabra de Dios y a estar atentos a las indicaciones del Espíritu. La asociación de la Madre a la pasión salvadora del Hijo (cf. Lc 2, 34-35; Jn 19, 25-27), que determina la particular piedad de los Siervos hacia la Virgen de los Dolores. La maternal intercesión de la Virgen, Reina y Madre de Misericordia, a la cual los Siervos confiados se abandonan y a la cual misericordia se proponen prolongar en su vida. En la Iconografía de los Siervos, a menudo se encuentra la imagen de la Madre de la Misericordia que acoge a sus siervos y los protege de todo mal físico y espiritual, implorando gracias y misericordia de su Hijo; pero también a menudo se reconoce en esta piedad de los Siervos el camino que Dios llama constantemente la conversión, entendida como el constante dirigirse a Dios y el cotidiano progreso en el camino trazado por el Evangelio, es una componente característica de la espiritualidad de los Siervos.
La Conversión
Esa tiene su raíz en la gran amonestación de Jesús, dirigido a quienquiera ser su discípulo: “Conviértanse y crean en el Evangelio” (Mc 1, 15) e implica una “orientación radical y constante de la comunidad y de los individuos hacia la novedad de Cristo”. Para los Siervos de cada tiempo el dejar todo y las opciones realizadas por los Siete Santos Fundadores cuando se reunieron para seguir a Cristo y su Evangelio, constituyen un ejemplo convincente de la “Conversio Morum”. La Conversio morum exige en efecto, un estilo de vida austero, sobrio, penitente “de modo que para cada uno de nosotros se haga realidad la palabra del apóstol: ‘Los que son de Cristo Jesús han crucificado su carne con sus pasiones y sus deseos.
María en el Misterio de la Redención: la Virgen Dolorosa
Para los Siervos de Santa María la devoción a la Virgen de los dolores se vincula al simbolismo del hábito negro, en el cual los hagiógrafos del siglo XIV reconocían un signo de la humildad de la Virgen y las penas sufridas en la pasión de su Hijo. La respuesta de san Felipe a dos frailes dominicos que le preguntaban sobre la Orden al cual pertenecía, y la visión mariana que según el autor de la Legenda de origine Ordinis, tuvo san Pedro Mártir ponen el hábito de los Siervos en relación con el misterio del dolor de nuestra Señora: “hábito de la viudez” de la Virgen, lo llama san Felipe; hábito que significa “el dolor que ella sufrió en la dolorosísima pasión del Hijo suyo”, precisa el autor de la Legenda de origine Ordinis.
Se trata de testimonios de la primera mitad del siglo XIV, que son objeto de creciente interés por parte de los historiadores de la Orden. En esos testimonios se puede reconocer el germen de aquella morosa atención hacia el misterio de la Virgen Dolorosa, que se desarrollará en los siglos sucesivos y constituirá uno de los elementos característicos de la espiritualidad de la Orden. En efecto, el culto particular hacia la Virgen de los Dolores se expresa con devociones como la Corona de la Dolorosa, el Via Matris, y con una Misa votiva de los Siete Dolores que fue concedida para los frailes de la Orden el 9 de junio de 1668.
En los siglos XVII-XIX encontramos un hecho importante en el desarrollo de la devoción dentro de la Orden: el 9 de agosto de 1692 la Virgen de los Dolores fue declarada titular y patrona de la Orden; punto de un largo proceso en el cual varias expresiones de piedad por parte de la Orden Seglar se dirigía hacia la Virgen Dolorosa -sea litúrgicas como populares- habían surgido y se había solidificado; pero también fue estímulo y punto de partida para la creación de otros ejercicios piadosos en honor de la Reina de los Mártires. En las Constituciones (normas) de la Orden se encuentra un grande Epílogo che sintetiza la figura de la Madre de Dios en el misterio del la Redención y sus Siervos: “En este compromiso de servicio, la figura de María a los pies de la Cruz sea nuestra imagen conductora.
Eustasio Pucci
Eustasio Pucci, nació el 16 de abril de 1819 en Toscana en Poggiola di Vernio, en el seno de una familia numerosa. Desde niño se distinguió por su bondad, su laboriosidad y su deseo de servir, especialmente en la iglesia parroquial de la que su padre era sacristán. Así pues, Eustasio no pudo ingresar en la congregación de los Siervos de María, sino hasta los dieciocho años, en 1837. Fue ordenado sacerdote en 1843, nombrado vicario, después cura en Viareggio donde permanecerá toda su vida. La oración y la obediencia eran su primera preocupación, y en seguida los estudios.
Fue ordenado sacerdote en 1843 y, menos de un año después, fue nombrado vicario de la iglesia de San Andrés, en Viareggio. En 1847, cuando sólo tenía veintiocho años, fue elevado a párroco de la misma iglesia. Los fieles llamaban a su párroco «II curatino», algo así como «nuestro señor curita», para demostrar, a la vez, su cariño y su respeto por él. San Antonio parece haberse adelantado a su tiempo en lo que se refiere a la organización parroquial; pero jamás perdió de vista que las cosas son sólo medios para un fin, y el fin de la vida es la caridad. Tampoco olvidó que el pastor debe ser el ejemplo de su rebaño.
Antonio era el padre y el siervo de todos; los enfermos, los ancianos, los pobres; todos los que sufrían en alguna forma acudían a él, buscando la ayuda que les daba sin reservas. Fue el precursor de la Acción Católica, crea un orfanato para los niños pobres y de salud frágil. Funda también en 1853 el Instituto de los Siervos de Maria para las jóvenes y diversas asociaciones cristianas: La Compañía de San Luis, La congregación de la Doctrina Cristiana.
Es el 12 de enero de 1892 que muere de una neumonía purulenta después de haber sanado a un enfermo que le contagió.
Los Siete Primeros Padres de la Orden
Los siete primeros Padres de la Orden de los Frailes Siervos de María nacieron en Florencia, Italia. Unidos por una singular amistad e impulsados por un gran amor a la Virgen María, se dedicaban juntos a la oración y a las obras de misericordia. Su común anhelo de entregarse al servicio de Dios se afianzaba día con día, y por ello, hacia el año 1245, decidieron, movidos por inspiración divina, retirarse a Monte Senario, donde abrazaron por algún tiempo la vida eremítica.
Más tarde, habiéndose agregado un buen número de hermanos, pusieron los primeros fundamentos de la Orden de los Siervos, cuyos miembros se dedican por entero al servicio de Dios y del hombre, se comprometen a seguir a Cristo, a ser testigos del Evangelio, inspirándose constantemente en la Virgen María, su Señora, y a practicar la vida comunitaria según la Regla de San Agustín.
En un período de dos años, siete jóvenes florentinos -miembros de las familias más importantes de la ciudad- se asociaron a la Confraternidad de la Santísima Virgen -popularmente conocidos como los "Ludesi" o los alabadores-, en una época en que Florencia estaba acosada por alborotos políticos y perturbada por la herejía. Pese a algunas dificultades, los jóvenes, por revelación divina, decidieron alejarse del mundo y tras conseguir la aprobación del Obispo, se mudaron a una casa llamada "La Carmazia", en las afueras de la ciudad, donde decidieron llevar una vida de penitencia y oración, pero los continuos visitantes florentinos comenzaron a distraerlos y así decidieron retirarse a las laderas desiertas del Monte Senario, donde construyeron un sencilla Iglesia y una ermita, en la que llevaban una vida de austeridades casi increíble.
Sin embargo, tras una nueva visión de la Virgen en oración profunda, los jóvenes -por indicación de Nuestra Señora- decidieron formar la orden de Siervos de María, vistiendo un hábito negro y siguiendo la regla de San Agustín (Un solo corazón una sola alma). León XIII, en 1884, establece que los siete Fundadores pueden ser canonizados como uno solo, por lo tanto se consideran suficientes cuatro milagros. La canonización tuvo lugar en Roma el 15 de enero de 1888. Estuvo presente en el rito fray Antonio M. Pucci, que morirá cuatro años más tarde y que en 1962 será canonizado.
Peregrino Laziosi
Peregrino Laziosi (1265-1345) nació en Forli, Italia, hijo único de una familia pudiente. El Papa Martín IV colocó a Forli en un interdicto espiritual, que provocó el cierre de las iglesias en la ciudad, con la esperanza de hacer entrar en razón a sus ciudadanos. Sin embargo, el delegado papal no fue bien recibido. Mientras se dirigía a una multitud disconforme, fue arrastrado, golpeado con garrotes y apedreado. Peregrino lo derribó con un fuerte golpe en la cara.
Posteriormente, se convirtió en defensor incondicional de Felipe Benicio. Seguía las sugerencias de Felipe y, con frecuencia, oraba en la capilla de Nuestra Señora, en la Catedral. Mientras se encontraba arrodillado, tuvo una aparición de la Santa Madre sosteniendo en sus manos un hábito negro, como el que llevaban los Siervos de María. "Ve a Siena", dijo María al asombrado Peregrino. "Allí encontrarás hombres devotos que se hacen llamar mis Siervos.
Los Siervos de María le ofrecieron una cálida bienvenida. Uno de los lemas de Peregrino como Siervo de María podría haber sido: "¡Hoy mejor que ayer, mañana mejor que hoy!". Intentó cada día convertirse en un religioso más ferviente. Luego de ordenarse sacerdote, fundó en Forli un monasterio de los Siervos de María. Años más tarde, le apareció un tumor cancerígeno en su pierna derecha. La noche previa a la cirugía, Peregrino rezó durante horas. Luego se adormeció y soñó que Cristo lo tocaba y curaba su pierna. La emoción lo despertó.
Los forlineses lo admiraron aún más al enterarse de su cura milagrosa. Cuando estaban enfermos, apelaban a sus oraciones. Algunos se curaban cuando él les susurraba "Jesús" al oído. Peregrino murió el 1 de mayo de 1345 y fue canonizado en 1726.
Nació en Florencia en el año 1270. A los 15 años, luego de la muerte de su padre, decidió optar por la soltería y dedicar su vida a la oración, a la meditación, a la caridad y al apostolado. Por medio de su decisión nace la rama femenina de los Siervos de María. Bien preparada por su tío, San Alejo (fundador de los Siervos de María) recibió del gran apóstol San Felipe Benicio el distintivo de Terciaria de los Siervos de María.
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