El Ford Falcon es un vehículo que evoca memorias y recrea ambientes, contando historias a través de los años. Es un rara avis. Que llama la atención por su rareza, es indudable.
Luego de 60 años desde el comienzo de su producción, y pasados poco más de treinta del fin de su ciclo productivo, el Ford Falcon, como sucede con una hoz y un martillo cruzados, aún posee la habilidad de despertar memorias, de recrear ambientes y de contar historias. Es decir, a pesar de ser objetos producidos en serie, se encuentran cargados de valores y rodeados de afectos positivos y negativos: se trata de un vehículo que surge como una fuente de sentidos y de remisiones irradiadas de forma intrincada, que oscilan no como simple sucesión.
El Falcon, como ningún otro vehículo, no solo fue un éxito por sus bondades materiales y por la confianza que generaba Ford desde la introducción del modelo T en el mercado argentino: fue el mayor éxito del marketing automovilístico del siglo XX.
Orígenes y Evolución del Ford Falcon
El Ford Falcon asomó por primera vez en Estados Unidos en 1957, donde la marca del óvalo empezaba a buscar un vehículo más compacto que los utilizados en esos años y también para hacer frente a los modelos que estaban llegando desde Europa.
Así nace la idea iniciada por el CEO de Ford Robert McNamara y a cargo del ingeniero Harley Copp, un auto con motor de seis cilindros para seis ocupantes. La primera unidad de producción sale de fábrica en 1959 y debido a su versatilidad no tarda en aumentar opciones de carrocería, creándose sedanes de dos y cuatro puertas, coupés. convertibles y hasta camionetas.
Sus grandes virtudes siempre fueron la comodidad que le entregaba a los ocupantes, junto a un motor potente y rápido. A eso se sumaba el hecho de que las piezas y partes eran las mismas de otros autos de Ford, lo que ayudaba a bajar el costo de producción.
No extrañó entonces que pronto comenzará a ensamblarse en otros países, como Argentina e incluso Chile. Y más importante aún, serviría también como base para un nuevo proyecto, nada más y nada menos que el Ford Mustang.
El Ford Falcon en Chile
Con una década de funcionamiento, las armadurías chilenas de automóviles contaban para 1965 con normas bien definidas respecto a la integración nacional, esto es, la incorporación de partes y piezas nacionales a los vehículos de procedencia extranjera que llegaban desarmados parcial o totalmente en cajones al puerto nortino de Arica o a Santiago, donde funcionaba la Ford Motor Chile desde 1924.
En nuestro país, en la década del 60, Arica vivía una era dorada para la industria automotriz nacional, con decenas de plantas instaladas en la puerta norte. Buscando un producto novedoso para el mercado nacional que se adecuara a las normas, sus ingenieros planearon y concretaron la importación de unidades del modelo pick up Ford Ranchero (también llamado Ford Falcon Ranchero) que se fabricaba en las plantas Ford de New Yersey, Missouri y California. Una vez en tierra chilena, procedieron a alargar la cabina y a cubrir el pick up con una elongada tapa para el improvisado maletero”, se indica en el sitio.
Ford Falcon Sprint: Una Adaptación Chilena
Con esta adaptación “chilensis” a la carrocería del ranchero, la mecánica original, más la incorporación de partes y piezas de fabricación chilena (neumáticos y batería General Insa, vidrios de Lirquén, tapicería, burletería y pisos de goma nacionales, entre otros) nació el Ford Falcon Sprint, siendo esta última denominación tomada bajo licencia del modelo Falcon coupe estadounidense.
En 1965 Socovem ensambló modelos sedán y Sprint con un total de 123 unidades (valor de 44.520 escudos). En 1966, último año en que se armó este modelo, estuvo basado en la tercera generación del Falcon Ranchero que a su vez estaba basada en el ford Fairline, por lo cual hubo notorios cambios estéticos producto del cambio de generación del modelo Falcon en su país de origen, con un total de 406 vehículos fabricados en Chile.
Participación en el Automovilismo Chileno
En el autódromo capitalino de Las Vizcachas se llevó a cabo en el otoño del año 1970 la competencia automovilística internacional de más largo aliento que se haya efectuado nunca en pistas de nuestro país: Las Seis Horas Chilenas. Se corrió por el circuito largo, y la excelente organización estuvo a cargo de la Rama de Automovilismo del Club Deportivo Universidad Católica, siendo director de la prueba el conocido piloto Germán Mayo Correa.
La carrera de resistencia era para coches de turismo, de manera que esa vez quedaron fuera los “monstruos”, “liebres” y prototipos de la serie Turismo Carretera. Participaron nada menos que 56 automóviles de la más variada estirpe; desde las modestas citronetas hasta los poderosos Ford Mustang, pasando por marcas tales como Fiat, BMW, Volvo, Renault, Torino, NSU, y Austin Cooper.
Entre los numerosos binomios de pilotos figuraban muchos apellidos con campanillas en el automovilismo de entonces: Garafulic, Kovacs, Bengolea, Gimeno, Rebolar, Comandari, Ibarra, entre otros. Con un autódromo abarrotado de público, y tras el auto de seguridad (que como curiosidad cabe anotar era un Ford Falcon nacional -fabricado ese mismo año 1970- en la planta de Casablanca) se puso en movimiento la gran manada de bólidos.
De inmediato picó en punta el rojo Ford Mustang fastback conducido por Renato Brambilla, seguido de cerca por el Falcon de Alfredo Rebolar. Promediando la prueba, el andar del poderoso Mustang blanco Nº 108 de la dupla Boris Garafulic-Claudio Ibarra era simplemente demoledor: disparado en punta y a tres vueltas de ventaja sobre sus más cercanos perseguidores.
El grupo escolta estaba formado por el Falcon de Alfredo Rebolar-Mario Queirolo, y los Mustangs de Andrés Larraín-Manuel Jordán y Renato Brambilla-Roberto Baumer. Entreverado como siempre entre los grandes, el Austin Cooper S de los hermanos Eduardo y Lionel Kovacs, quienes lideraban con facilidad su categoría, seguidos por el Volvo de Manuel Comandari y Luis Gimeno.
Con el paso de las horas, el alto promedio y las duras exigencias de la maratónica prueba empezaron a producir varios abandonos de importancia entre los actores principales: sucumbieron a los problemas mecánicos los Torinos de los argentinos Perrota y Pucciarelli, y el Mustang de Brambilla-Baumer, entre otros.
A medida que caía la tarde y se acercaba el término de la agotadora jornada, todo parecía indicar que sería una fácil y merecida victoria para el binomio Garafulic-Ibarra, pues llevaban nada menos que cuatro vueltas de ventaja al segundo.
En el intertanto, el auto que marchaba segundo, el Ford Falcon piloteado en esos momentos por Mario Queirolo, pasaba velozmente por la recta de boxes en más de una ocasión, recuperando las vueltas perdidas y aproximándose peligrosamente a conseguir el liderato.
Después de anonadados esfuerzos, los mecánicos de Ford lograron hacer volver a la pista al bólido blanquiazul piloteado ahora por Ibarra, quien salió en la misma vuelta y a muy escasa distancia, por delante del Falcon de Queirolo. El público de las tribunas se puso de pie, gritando y saltando enfervorizado ante semejante espectáculo.
Al giro siguiente vino el banderazo final consagrando a los vencedores. El esforzado Queirolo arribó luego segundo, a casi un minuto de distancia.
Los parlantes anunciaron al poco rato los resultados de la clasificación general: 1º el Ford Mustang de Garafulic / Ibarra; 2º el Ford Falcon de Rebolar / Queirolo; 3º el Austin Cooper S de los hermanos Kovacs, y 4º el Volvo B18 de Luis Gimeno y Manuel Comandari.
El Legado del Ford Falcon en Chile
Este año Ford Chile conmemora un siglo desde que se instaló por primera vez en el país. Una centenaria historia, que comenzó el 7 de septiembre de 1924, cuando la primera planta ensambladora de la marca norteamericana abrió sus puertas en la calle Exposición #1258.
Allí, en pleno centro de Santiago, comenzó a ensamblarse el icónico Model T, cuyas partes vieron interrumpidas sus envíos durante la Segunda Guerra Mundial. Entonces, la demanda por servicio y repuestos permitió que la compañía y sus concesionarios se mantuvieran activos.
En 1948, Ford consolidó la operación de ensamblaje de los vehículos V8 coupé, que fueron un éxito local al dominar las carreras de autos en Chile.
En 1963, debido a dificultades para obtener permisos para continuar con el ensamblaje local, Ford decidió transferir esta responsabilidad a una licencia local. Henry Ford II visitó Chile para firmar la licencia, y en 1964, la planta en Arica comenzó a ensamblar el Falcon Futura. A finales de 1967, Ford inició los estudios para construir una nueva planta de ensamblaje en Casablanca, estratégicamente ubicada cerca del puerto de Valparaíso. En febrero de 1968, Henry Ford II regresó para participar en la inauguración de esta moderna planta.
Tras el cierre de la planta de Casablanca en 1975, Ford Argentina asumió la responsabilidad del mercado chileno. Con la eliminación de barreras de importación en 1978, Ford Export Division estableció una oficina en Chile para reiniciar operaciones.
El Ford Falcon Futura Rojo Convertible
Este sábado se estrenará el nuevo programa de Canal 13, “Te paso a buscar”, conducido por Pancho Saavedra. Otro elemento del programa vintage será el auto Ford Falcon Futura, de color rojo y convertible, existiendo en Chile solo tres piezas. A pesar de lo antiguo, tiene transmisión automática. Cada una de las invitadas, disfrutó pasear en este automóvil.
En 2023, Carlos Caszely le compró un Ford Falcon Futura a un amigo de su etapa en la universidad. Hoy, Caszely puso en venta su ‘joya’. Sobre la comercialización del automóvil, Caszely reveló que “son unos chicos que se dedican a vender autos antiguos. El precio creo que son cerca de 10.500.000 pesos”.
También en Las Últimas Noticias, Leo Pacheco, experto automotriz explicó que “los autos de colección tienen un precio preestablecido por los años, por la calidad de restauración, etcétera. Pero también hay que agregarle el factor emocional o el factor del pedigrí. Obviamente que si pertenece a Carlos Caszely, no se trata de un Falcon Futura cualquiera”.
Después de 13 meses de la partida de su esposa, María de los Ángeles Guerra, el exfutbolista chileno, Carlos Caszely, cumplió un sueño al adquirir el auto que siempre quiso tener, un Ford Falcon Futura del año 1970. Según Caszely, este proyecto lo tiene muy contento. “Me sirve para distraerme, a pesar de que tenga días en que estoy muy nublado”, señaló.
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