La épica bien guionizada, bien actuada y bien dirigida siempre es una apuesta segura. La odisea que lleva a un grupo de personas a un logro magnífico son capaces de llenar la pantalla y también el alma. Y por supuesto, el gusto de un cinéfilo.
Ford v Ferrari es, como mencioné, una épica llena de emoción, que ruge al ritmo de un motor GT40 que asemeja la pulsación de un corazón acelerado.
En los años 60, Ferrari dominaba con holgura una de las carreras más famosas del planeta, las 24 horas de Le Mans. Mal que mal, Ferrari es la marca más admirada del mundo sobre cuatro ruedas, y Ford es uno de los colosos más grandes del mundo.
La película empieza a todo ritmo, puntualmente con Carrol Shelby (interpretado por Matt Damon) al volante de su Aston Martin rumbo a la victoria en las 24 Horas de Le Mans de 1959.
Como es usual en este tipo de batallas, no son los millonarios quienes se revuelcan en el barro para lograr la victoria. En este caso se trata de Carroll Shelby (Matt Damon) y Ken Miles (Christian Bale), dos amantes de las tuercas y alma de corredores.
Si no conoces la historia de por qué Ford quería comprar a Ferrari y por qué los de Módena estaban hasta el cuello, acá lo resumen de manera ágil y pintoresca, incluyendo como Don Enzo aprovechó in situ la oferta del óvalo para subirle su precio de venta a FIAT.
La primer parte de los 152 minutos que dura esta película está destinada a contar cómo Henry Ford II (inspirado por Lee Iacocca, encarnado por Jon Bernthal) decide comprar la marca Ferrari que estaba al borde de la bancarrota.
La película se salta el problemático inicio del desarrollo del GT40 y va directo a los ejecutivos de Ford yendo a golpear las puertas de Shelby para desarrollar su bólido.
Obviamente que el punto de mayor conflicto es Ken Miles, o mejor dicho, el odio que le profesa Leo Beebe (Josh Lucas), alto ejecutivo de la marca que se convirtió en el Director de Competición de Ford por esa época.
Mangold, que ya nos había regalado la sorprenderte Logan y el estupendo remake del clásico western 3:10 a Yuma (con Bale como protagonista) nuevamente demuestra su talento como narrador. El montaje en esta oportunidad cumple un rol clave. En mi opinión Michael McCusker debe ser un serio candidato al Oscar en esta categoría. Es complicado dotar del ritmo adecuado estas películas que mezclan la espectacularidad de una carrera a alta velocidad con el viaje emocional de quienes conducen el auto o dirigen el equipo desde los pits.
Sinceramente, casi no me di cuenta que estuve 152 minutos (2 horas y media) sentado.
Y para cerrar una fórmula genial, se cuenta con un elenco de lujo. Damon nos entrega una de las mejores interpretaciones de su carrera, pero es Bale quien se lleva todos los aplausos. A esto sume que la dupla, además de ser el principal motor del relato, se compenetra de manera impecable en pantalla. Solo el tandem DiCaprio - Pitt ha funcionado tan bien en una película estrenada en el 2019.
Al estilo Hollywood, los personajes están algo estereotipados, Shelby no deja de ser un encantador de serpientes, algo magníficamente mostrado en la escena donde convence a un furibundo Henry Ford II de dejarle el control absoluto de la operación después del fiasco de 1965.
Tenemos el típico problema de Holywood con las carreras, donde dos autos se emparejan en plena recta y el que tiene más cojones sube un cambio, pisa a fondo y acelera más que el otro, cómo si los pilotos no fueran con el pedal contra el fondo en plena recta o si subiendo un cambio el auto acelerara más.
La música de Marco Beltrami acompaña de gran manera cada momento de la película. Suave y conmovedora en los instantes más íntimos, potente y épica en medio de las competencias.
En esta avalancha de estrenos que en Chile hemos experimentado estos últimos días, debido al estallido social que afecta al país y afectó la programación de los cines, Ford v Ferrari es una joyita que no puede pasar desapercibida. Una de las mejores películas del año, un ejercicio cinematográfico de gran calibre, un espectáculo digno de ver en la pantalla grande.
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