Cuando se habla de éxito, tanto en el deporte competitivo como en el management, se trata de lograr el más alto rendimiento. Para poder lograrlo, no es suficiente el talento genético para correr, saltar o una inteligencia fuera de serie para haber adquirido mejor conocimiento.
Como respuesta a la pregunta acerca de lo que diferencia a un participante seguidor de un campeón, caen rápido los slogans “habilidades blandas” y “competencias sociales”. Tanto los entrenadores destacados en el deporte, como también los gerentes y jefes en las empresas, una y otra vez hacen una experiencia desilusionante: se dan cuenta que apelar a más pasión, a más disciplina y a más creatividad, ya no son suficientes.
En los siguientes puntos, podrán darse cuenta de que existen muchas coincidencias entre el deporte de rendimiento y el mundo empresarial. En ello, no sólo se desarrolla una fuerza mental que también requieren los altos ejecutivos, sino al tirar estos paralelos muchas personas en cargos directivos pueden aprender del deporte en equipo: enfrentarse una y otra vez a situaciones complejas y muchas veces competitivas, en las cuales se decide si se cumplen o no los objetivos.
Talento y Pasión: Pilares del Éxito
Sin talento, es muy difícil que haya alto rendimiento. Todos tenemos talentos, ya que siempre hay algo en lo que somos mejores que la media. El cuello de botella es descubrirlo. Pero una vez descubierto, si soy bueno para saltar aún no estará claro si mi campo de juego ideal es el voleibol, básquetbol, salto largo, alto o con garrocha. Quizás ninguno de los anteriores. La noticia positiva de esa conclusión: cuando se encuentra el campo de juego propio para poner en juego sus fortalezas más sobresalientes, así como el entrenamiento duro bien focalizado y con mucha iniciativa propia, son, en conjunto el gran paso hacia el progreso.
La pasión da alas, es magia, de la cual muy pocos logran sustraerse. La prueba está a la vista, día a día, en tantos deportes: ¡un equipo, una atleta o un nadador algo más débil vence al más fuerte! ¿Por qué? En primera línea porque en ese momento puso en juego sus fortalezas de mejor manera, pero también, cuando hay mayor pasión, mayor intensidad en la competición. ¿No creen acaso, que es difícil mantener en alto una pasión si no hay éxito, si no hay recompensa, si no hay motivación, si no hay convicción? Por ello: sumando pasión y entusiasmo a las fortalezas, puede ser determinante, ya que promueven la confianza en sí mismo y un rendimiento más alto. Y la fuente de energía para las pasiones y entusiasmo están en las emociones.
La Mentalidad del Éxito
“No hagas planes pequeños. El éxito comienza en la mente y en eso, hay mucho que aprender de los deportistas de rendimiento. Nuestros pensamientos modifican la estructura arquitectónica cerebral. Cuando cambia el mapa urbano del cerebro, se cierran caminos cuando predominan convicciones y creencias negativas o inflexibles, mientras las positivas y sistémicas provocan esa neuroplasticidad, así como una orientación positiva a la solución de problemas y el logro de nuevos recursos. Mohammed Ali ya lo decía: “para lograr ser un gran campeón, también debes creer en ello”.
En el trabajo en empresas pasa igual. Para llegar desde la visión a la meta concreta, primero es necesario determinar cual es esa meta realista, analizarla con honestidad y filtrando lo verdaderamente utópico, pero a la vez pagar en alguna medida ese precio, sí, ese que estés dispuesto a pagar por lograr esa meta.
Entrenamiento y Preparación
En el entrenamiento de alto rendimiento, nada puede dejarse al azar. Son varios expertos que se ocupan de distintas facetas de los deportistas: la física, la mental, la técnica y la táctica, la nutricional, la fisioterapéutica y la médica. Una práctica de esta naturaleza aún es deficitaria en la mayoría de las empresas. Se entrena poco, es decir se compite muchas veces sin suficiente preparación y capacitación a la medida, sin especialistas apoyando las diversas fases, sin perfeccionamiento suficiente orientado a los objetivos y resultados, sin entrenamiento mental dirigido y muchas veces circunscrito al aumento de presión sin fundamento, con fases de recuperación también deficitarias.
La real fortaleza mental puede entrenarse. Esto es como crear un propio sistema de navegación interna, el generar imágenes internas o visualizaciones de cómo debiera verse el resultado de una acción, de un proceso, de una competición…, en las cuales el deportista se concentra y focaliza. Si las integra regularmente en los entrenamientos técnicos o tácticos, cuando las requiera en la competición, le será más fácil conectarse con ellas y resolver el problema. Por ello, muchos hemos visto a deportistas o equipos deportivos recuperarse de bajones competitivos que parecían irreversibles. En las empresas sucede lo mismo, muchas veces los reveses y problemas frecuentan más que los éxitos.
Innovación y Liderazgo
En la innovación es donde quizás la brecha entre deporte competitivo y empresa es más pequeña. Entrenadores valientes siguen nuevos caminos. Gerentes valientes también. Innovadores, por lo general piensan “fuera del cajón”, sistémicamente. Los deportistas de alto rendimiento, sin duda poseen una auto-responsabilidad alta en llevar a cabo las indicaciones de su equipo profesional: pueden realizar el calentamiento previo solos, realizan conscientemente elongaciones por su cuenta después de la competencia, se alimentan de acuerdo a su plan personalizado, ello, entre tantos otros factores para los cuales no requieren control. Lo ejecutan bien y por cuenta propia y con ello se logra armonía.
Si los cargos directivos trabajaran más en ellos mismos, para aprender técnicas que apunten a lograr mayor armonía en sus equipos de trabajo, pero también el resolver los temas que les competen directamente y no delegarlos porque son un desagrado, estarían trabajando en su acondicionamiento. En general falta apertura y disposición para adquirir otras competencias de liderazgo, por ejemplo, las adaptativas. Con una mano es muy difícil atarse los cordones del zapato. Si ya tienes dos manos: ¡¡utilízalas!!
El Poder del Trabajo en Equipo
Todos los equipos deportivos poseen estrellas y siempre existirán. En las empresas también. Rara vez una competición se define porque esa estrella brilló sola, ya que brilla más, cuando el equipo funciona como un todo. Messi, Argentina y el Club Barcelona son un ejemplo inevitable en el fútbol, donde Messi rinde más y donde menos. Cuando el equipo no funciona, es porque tampoco funciona el espíritu de equipo. Por ello existen entrenadores que prefieren no tener en su equipo a una estrella egocéntrica: Suecia dio ese ejemplo dejando fuera a Ibrahimović en el último mundial de fútbol en Rusia. Ello no sólo se ve en deportes colectivos con balón, también en velerismo, remo e incluso en deportes individuales como atletismo o natación, donde ese espíritu de equipo incluye al cuerpo técnico y médico.
Por ello que es importante trabajar el espíritu por un éxito conjunto, y el desplazamiento de los egos exacerbados. Los equipos se construyen, se trabajan, crecen juntos y logran apasionarse grupalmente por alcanzar las metas. Tanto en el deporte como en la empresa hay triunfos y derrotas. En las derrotas hay que buscar las respuestas en uno mismo. Personalidades directivas sobresalientes en destacadas empresas no dan instrucciones, sino muestran la dirección, encantan, apasionan, entusiasman e inspiran a sus equipos de trabajo, para ir por visiones y objetivos comunes, por el éxito del equipo. Eso también lo hacen regularmente los buenos entrenadores.
Liderazgo Adaptativo y la Gestión de la Presión
Si alguna vez fueron autoritarios los entrenadores de equipos deportivos exitosos, hoy ya no lo son tanto. Sí, claro, toman las decisiones, pero en este nuevo liderazgo y más allá de los problemas técnicos, se enfocan mucho más en entender los problemas a nivel humano, de manejo grupal, de fortaleza mental de los deportistas. Ello lo hacen reconociendo las emociones y adaptando los avances técnicos, físicos y tácticos que cada deportista realiza dentro del equipo, tratando a cada integrante de manera diferenciada. Las temporadas competitivas son largas y extenuantes, en lo físico, mental y emocional.
Empresas no participan en olimpíadas y sus colaboradores no obtienen medallas de oro, plata o bronce. Pero también compiten en su rubro o sector. La presión es distinta a quien está en la primera fila y quien está en la última, no es lo mismo para el escolar que se sacó puras notas máximas y quien pasó raspando en varias asignaturas. El año siguiente, la presión de ambos escolares nuevamente es distinta: uno, para mantener la primera fila, el otro, por mejorar posiciones y aumentar el esfuerzo para escalar en las notas. Éxito y diversión como válvula para manejar la presión.
Concentración, Estrategia y Táctica
La concentración es la capacidad de ignorar distracciones y centrar la atención. Muchos Gerentes creen que deben estar en muchas partes a la vez, en varios proyectos. Claro, ponen algo de lo suyo, pero sin profundidad y por ende sin eficacia y trascendencia. Aprender del deporte de alto rendimiento significa, decidirse y centrarse en metas primordiales y delegar o postergar las demás.
Ya sean deportistas individuales o colectivos, se preparan para sus decisiones. Un corredor de Fórmula Uno estudia el circuito, a los rivales, las posibilidades de éxito al comparar los autos, luego toma decisiones y por ejemplo, selecciona neumáticos junto a su “team”. Un equipo de balonmano analiza a su rival que posee jugadores muy rápidos y que hacen circular rápidamente el balón de un extremo lateral al otro. La estrategia posee una mirada de más largo alcance, determina el objetivo superior que por ejemplo es ser campeón al final de temporada, mientras la táctica son las medidas que llevan a ello. Es frecuente que tanto en el deporte como la empresa se confundan estrategia y táctica.
La Importancia de Luchar y Celebrar
Volviendo al ejemplo del balonmano: la estrategia define el sistema de ataque, de defensa y de transición, así como los movimientos que ello implica. En función de esa visión de juego se trabaja paso a paso y día a día, con diversos objetivos intermedios. Uno debiera luchar por aquello que le parece importante en la vida. Lamentarse posteriormente de no haber luchado, es peor, que haber perdido el juego. Muchos equipos y deportistas de rendimiento ganan o mejoran gracias a su fuerza competitiva, de luchar hasta el final. Por ello no debe menospreciarse este factor y menos aún, dejarse al azar.
El aprender a luchar por los objetivos, las convicciones, los principios es capaz de potenciar, restablecer o encender la confianza en uno mismo, movilizando las últimas reservas físicas y mentales, lo que frecuentemente hace la diferencia. En el deporte acostumbramos ver casos así. En la empresa no tomamos tanta consciencia de ello, y quizás, un ejemplo rimbombante, es Steve Jobs, quien tuvo la resistencia y la capacidad de lucha, para sobreponerse a las crisis. Como dijo alguna vez un gran amigo mío del deporte y del trabajo: “Quien lucha, también puede perder. Quien no lucha, ya perdió”.
Como en la vida, en el deporte competitivo y la empresa, es importante el largo aliento. Las personas luchadoras, frecuentemente se transforman en líderes, en ejemplos a seguir. La siguiente competición o partido vendrán pronto, eso es seguro. Ello es válido para perdedores y ganadores. Escuchen bien: en las empresas después de cada ascenso, los espera el siguiente y quienes finalmente llegan a la cima de la escalera del éxito, deben justificar o comprobar una y otra vez la posición alcanzada. Pero en ese proceso casi no celebran. En la mayoría de las empresas se celebran poco los éxitos personales y los colectivos. En las empresas debiera reflexionarse al respecto.
En el deporte están instaurados algunos rituales de celebración, como la champaña en el podio de los “deportes tuerca”, himnos nacionales en olimpíadas y otras competiciones importantes, pero también tras bambalinas y para triunfos menores en los terceros tiempos y otras instancias frecuentes. Para muchos, su trabajo es una parte demasiado importante de sus vidas, para que los éxitos sean simplemente asumidos con normalidad y sin ningún aspaviento. El festejar es una decisión con la cabeza y el corazón. El no festejar, es una determinación sólo tomada con la cabeza. Los festejos cultivan las pasiones y el entusiasmo, pero de paso, liberan tensiones tras el triunfo y son espacios de reconocimiento más relajado e informal, más natural.
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