“Estoy muy orgulloso de El Padrino, que ciertamente definió el primer tercio de mi vida creativa”, fue una de las frases con que Francis Ford Coppola acompañó el comunicado oficial del reestreno en salas de la primera de las cintas sobre los Corleone.
El Padrino: Un Pilar en la Historia del Cine
El inicio de una trilogía basada en los libros de Mario Puzo, que trazó y sigue identificando la visión del mundo del crimen organizado en el cine, y que sus fanáticos, y los que no la han visto, ahora pueden apreciar en pantalla grande en una versión restaurada.
La cual llega a casi exactos 50 años de su debut original, el 14 de marzo de 1972 en Nueva York, y retorna a los cines tras una restauración que incluyó 1.000 horas de corrección de color y la recuperación de las pistas mono originales de su sonido.
Un último detalle que se ejemplifica con la escena inicial de la película, donde Vito Corleone (Marlon Brando) recibe en su despacho a uno de los invitados al matrimonio de su hija y se escucha claramente el ronroneo del gato que tiene en sus brazos.
En el comienzo de uno de los relatos fundamentales de la cinematografía, y de la carrera de Coppola, donde la Nueva York de mediados de los 40 e inicios de los 50 -junto a un pequeño poblado de Sicilia- es escenario marcado por el drama y la violencia.
Donde las Cinco Familias controlan el mundo de la mafia, entre los que se destaca la de Corleone y su manejo del juego y las apuestas, amparado en los vínculos con políticos y jueces que ha forjado a lo largo de los años que resguardan su poder.
Conflicto y Familia: El Núcleo de la Trama
Sin embargo, cuando el correcto Don no acepta la propuesta de Virgil "El Turco" Sollozzo (Al Lettieri) de involucrarse en el naciente negocio de las drogas se desata el conflicto.
El cual no solo lo pondrá al borde de la muerte, sino que afectará a su amada familia. Este hará que el explosivo Sonny (James Caan) quede al mando, mientras Michael (Al Pacino), para quien su padre deseaba un futuro vinculado a la política y el servicio público, se involucra directamente con el lado más violento del crimen organizado.
Y el algo errático Fredo (John Cazale) sigue a la sombra de sus hermanos, mientras trata de aprender el negocio de los casinos en Las Vegas.
La cual se desarrolla en medio del alto contraste de su imagen y el impecable desempeño de su elenco, donde la calmada e imponente presencia de Brando como Vito Corleone se complementa de la mejor forma con las actuaciones de Pacino, Caan o Duvall.
Por lo que su retorno a las salas de cine se transforma en la oportunidad imperdible para disfrutar en pantalla grande de una de las cintas que definen el género criminal y de la mafia, enmarcada por la banda sonora de Nino Rota con sonido envolvente.
El Legado de Marlon Brando: Más Allá de la Actuación
El 3 de abril se cumplen cien años del nacimiento de uno de los más grandes actores de la historia del cine, - en julio se cumplirán 20 años de su muerte-. La vida que llevó, la fama y grandeza que alcanzó, su influencia, sus paradojas, sus contradicciones, la complejidad de su personalidad es tan grande como su talento e imposible abarcarla en un reportaje.
Al cumplirse el centenario de su nacimiento, toma relevancia su gran figura, su vida y su obra a través de frases textuales del propio actor, que deslizó, en su mayoría, en los miles de entrevistas que se le hicieron. También a través de alguna frase de personalidades que dieron en la diana al definirle.
“Cuando interpreto me transformo. Me quema dentro una especie de fuego, una especie de delirio. Y me siento fuerte, feroz como un león”. Marlon Brando.
En los inicios de su carrera, como actor de teatro, fue a verle la respetada crítica Pauline Kael, que se alarmó primero y reconoció después, asombrada, su gran talento interpretativo, dejando escrito: “Su actuación fue tan realista, que creí que el actor sufrió en escena un verdadero ataque”.
Marlon Brando tenía una tendencia natural a imitar los gestos de los demás, algo que hacía ya en su juventud. Sensible y observador, parecía demandar una gran necesidad de ser querido y de seducir a todos.
Este comportamiento podría suplir las carencias afectivas de sus propios padres, que nunca reconocieron su talento.
Su padre intentó enderezar la creciente rebeldía de Brando, con mano dura, en una academia militar, pero no lo consiguió y le acabaron echando, por lo que siguió a su hermana a Nueva York.
Allí tuvo la suerte de formarse como actor con la mítica profesora Stella Adler, que seguía el método Stanislavski, y pronto reconoció su gran talento interpretativo.
Pasados los años, el éxito y la fortuna no apaciguaron el carácter del actor. Francis Ford Coppola tuvo clara la elección de Brando para interpretar el protagonista de la primera parte de `El Padrino´, pero debido a su controvertida personalidad, los productores no lo aceptaban.
El director, obstinado, fue a casa del actor para realizarle una prueba y le encontró en bata, recién levantado. Esto no impidió que se sumergiera en un instante en el papel y lo interpretara de tal manera que cuando Coppola les llevó la prueba que había filmado a los productores, reconocieran que debía ser el protagonista.
Auténticos mitos de la historia del cine, como James Dean, Paul Newman, Robert de Niro o Jack Nicholson, reconocieron la poderosa influencia de Marlon Brando en sus interpretaciones.
“Un actor cuyo magnetismo sexual, su melancólico egocentrismo y sus rasgos infantiles (su casa está llena de trenes de juguete, tortugas, mapaches), lo hacen irresistible a los ojos de cualquiera: mujer, hombre, animal…”. Patricia Boswort, biógrafa de Marlon Brando.
A pesar de ser un gigante interpretativo, el actor de Nebraska, probablemente, no habría llegado a convertirse en leyenda de no ser por el potente físico que exhibía y su atrayente personalidad.
Tennessee Williams le catapultó a la fama con la obra de teatro “Un tranvía llamado deseo”, que alcanzó un tremendo éxito en Broadway y posteriormente fue llevada al cine.
Williams confesó que se encontraba con él paseando por la playa para preparar su personaje, pero no llegaron a hablar, ya que, según sus propias palabras: “Enmudecí, porque ese hombre era el más hermoso del Universo».
“Hemos sustituido el arte por la artesanía y la artesanía por el ingenio. No hay artistas. Somos hombres de negocios”. Marlon Brando.
La estrella de Marlon Brando en el Paseo de la Fama de Hollywood es una de las más visitadas.
Brando que, en su inclasificable personalidad, a veces se manifestó en contra del dinero, se convirtió sin embargo en una máquina de fabricarlo.
Llegó a comprar una isla en la Polinesia Francesa y, a su sueldo por seis semanas de trabajo en su magistral interpretación de `El Padrino´, añadió millón y medio de dólares como porcentaje de beneficios.
Por interpretar al padre de `Superman 1´, -primer actor de renombre que aceptaba participar en una película de superhéroes-, se embolsó 14 millones de dólares, entre sueldo y porcentaje de beneficios por diez minutos de aparición en pantalla. Christopher Reeve, el protagonista de la película, ganó 250.000 dólares.
“La comida siempre ha sido mi amiga. Cuando quise sentirme mejor o tuve una crisis, abrí la nevera”. Marlon Brando
Siempre tuvo una relación excesiva con la comida y con la edad fue engordando cada vez más. Para en el rodaje de `Apocalypse now´, reconocida como una obra maestra del cine, apareció muy desmejorado. A su gran sobrepeso añadió la inesperada decisión personal de raparse la cabeza.
Las impactantes escenas rodadas en penumbra, que consiguieron un poderoso efecto, en principio se pensaron así para disimular cómo estaba el actor físicamente.
“Soy egoísta y egocéntrico. Los otros constituyen, con demasiada frecuencia, un notable y desagradable fastidio”. Marlon Brando
Él mismo utilizó exactamente las mismas palabras que utilizaría para describirle con posterioridad una de sus exmujeres. Decía que si en una habitación había doscientas personas y a una de ellas no le caía bien, al final tenía que salir de allí.
Una de sus bromas preferidas era: “Un actor es una persona que, si no estás hablando de él, no te está escuchando”.
“Todo el mundo piensa de sí que podrían haber sido aspirantes al título, que podrían haber sido alguien (…) eso es lo que emociona a la gente. No las escenas en sí, sino la identificación”. Marlon Brando
A pesar de su carácter difícil, de haber sido definido como un manipulador y de haber sido acusado de mentir en numerosas ocasiones, de haberse presentado a rodajes sin saber el guión, la personalidad de Brando sigue ejerciendo un poderoso imán después de muerto.
Incluso conociendo las tragedias personales por las que pasó al final de sus días y las malas condiciones en que acabó su vida excesiva y contradictoria, su figura sigue brillando.
Marlon Brando representa esa parte salvaje, libre y aventurera del ser humano. Aunque brutal y tóxica en numerosas ocasiones, al menos es sincera y auténtica, valores nada desdeñables en nuestros días.
Marlon Brando en una escena de `Un tranvía llamado deseo´.
La Familia Corleone: Poder y Traición
No es casual en este sentido que se haya decidido comenzar con el matrimonio de Connie, la hija.
La diferencia, claro, es que acá, a diferencia de la obra de Eisenstein, todas esas personas tienen algún tipo de relación: ya sea sanguíneo, ya sea de negocios, lo que se puede dividir a su vez en aliados o en aquellos sentenciados a una inevitable pronta muerte.
Y es en este punto en el que quisiera detenerme: la forma en que la familia es retratada como una forma de poder.
Existen mil y una frases que dan vueltas por todos lados desde antes de nacer que hablan de la importancia de la unión: ya en La Biblia se habla que el hombre no debe estar solo y un poco más cerca en el tiempo, emblemas como “la unión hace en la fuerza” o el coro de la gregaria canción de Los Jaivas “Todos Juntos” (“… todos juntos vamos a triunfar”) y otros miles de ejemplos más, hacen que el hombre se vea en la apremiante necesidad de buscar refugio en la comunión con los demás como forma instintiva de supervivencia.
Pero entonces, surge el pavor: ¿qué pasa con el hombre solo?
Cada uno de los hijos de la familia Corleone extiende el poder, ramificándolo en sus respectivos hogares. Pero uno de ellos no sigue esta regla implícita: Fredo (John Cazale). Las relaciones que tiene con mujeres son insignificantes (como la rubia que le grita delante de todos en el bautizo de su sobrino, que no eres un hombre de verdad, cuando intentan calmarla producto de un escándalo desaforado) por lo que no logra el objetivo de formar una propia familia.
Desafía las reglas y moral de la Famiglia. En un momento complejo, no manifiesta de forma clara cuales son sus preferencias y lealtades, mostrándose ambiguo. Ahora, claro, uno debería poder cambiar de opinión: el apoyo ciego y total no necesariamente es síntoma de algo encomiable. Pero así son las cosas. Simplemente no le parece correcto que Michael llegue al casino de Moe Greene, en donde Fredo desempeña algún cargo de asesor, para ofrecer comprar su parte del negocio.
A Moe le gusta el casino, ¿porqué estaría dispuesto a venderlo?, opina Fredo. Para Michael eso huele a traición: “Fredo, eres mi hermano y te quiero. Pero nunca más tomes partido contra la familia.” ¿Tomó partido contra la familia? Según la lógica del “están conmigo o están contra mi”, claro, es una traición. Desde otra óptica, su posición no deja de ser atendible: es amigo de Moe y sabe lo que le costó formar el casino desde cero.
Más allá de esta falta a la ética, propia de la Cosa Nostra, ¿Hubiera sido diferente su destino si su situación hubiera sido otra? ¿Si, digamos, hubiera sido alguien despierto, con una fortaleza a su espalda? Una fortaleza, una familia, que en resumidas cuentas le hubiera permitido contar con más voz y presencia en su hogar y que su padre lo mirara con otros ojos. Estás haciendo las cosas bien hijo. Sigue así. La familia no debe morir y eso es lo que estás haciendo.
La competencia de los peques. ¿A quién quieres más papi, a mi o a mis hermanos? Competencia que en cierto modo Michael ganó desde antes de nacer.
Intriga y Paranoia en el Poder
Perdido en delirios de poder y laberintos de paranoia, Michael (Al Pacino) asegura que una multitud de enemigos estuvo involucrada en el ataque sorpresa cuando estaba en el dormitorio con su mujer.
Ataque maletero y mala leche, eso no se cuestiona. Se acerca a Uno, le asegura que fue Tal, se acerca a Tal, le asegura que Uno. Intrigas, el viejo sacar verdad por mentira, crear enredos. En el momento de mandar ejecutar la muerte de su hermano, está complemente seguro que fue él. Pero a uno no le queda tan claro.
Sabemos que ha mantenido conversaciones con miembros de la banda rival, pero nada hace pensar que haya colaborado en un acto de tal frialdad. Por lo demás, no todos tienen la misma sangre fría de mandar a matar y conversar después con el sobrino como si nada, sin que se le mueva un músculo, así como cuando Michael bautiza a su hijo al tiempo que se están liquidando a los líderes de las bandas rivales por mandato suyo.
No es fácil encontrar el lugar que ocupa el afecto en un mundo de códigos, en donde siempre hay que pensar siete jugadas por adelantado. Porque todo se reduce a algo práctico: mantener el poder, hacer alianzas que permitan que lo que se tiene se multiplique.
El perdón, el gesto desinteresado, resultan actitudes fuera de tono. Por lo mismo, las pocas veces que los personajes se muestran como son, hablando desde lo más profundo de sí mismos, resulta conmovedor.
Como cuando Fredo habla con su hermano en El padrino II y le cuenta como fue el trato que hizo con Johnny Ola, cabecilla de una banda rival, explicando que la idea era que él intercediera en un negocio entre ellos y la familia para ayudar a cerrarlo pronto, que habría luego una cantidad para él. Asegura que nunca supo que planeaban un atentado.
Uno podría pensar que fue por el dinero, un vulgar acto de codicia, pero no: tiene que ver con el continuo ninguneo, con ser tratado como el eterno tontito de la familia. Ve en la oferta la forma para limpiar su nombre, como le dice a su hermano: “¡No soy estúpido como todos dicen! ¡Soy inteligente y merezco respeto!”.
Una actuación impresionante que sirve para recordar el tremendo actor que fue Jhon Cazale, muerto demasiado joven de cáncer al pulmón, a los 42 años.
Tampoco es que no exista el cariño: las escenas en que vemos compartir a Vito con su hijo Michael se aprecia algo que perfectamente se podría entender de ese modo.
Pero siempre supeditado a algo mayor: enseñarle al hijo como moverse, aprender a no dejarse engañar por las apariencias, en pocas palabras: entender que son ellos o los enemigos. Y es que a pesar de llevar ternos y demostrar modos pulcros, su comportamiento se puede concebir según el himno del bajo hampa: “pa los amigos abrazo, pa los gile’ balazo’ ”.
En este sentido la vida de una persona, más aun cuando se trata de alguien de vida errática, es muchísimo menos relevante que mantener el imperio de delito que se ha logrado construir. Por lo mismo, si las circunstancias así lo exigen, un líder no se dejará ablandar por inútiles sentimentalismos y hará lo correcto.
Porque un líder siempre será el que está arriba y no el que es mandado a morir. Quien maneja los hilos y supo como moverse.
Pero claro: para vivir de ese modo hay que obligarse a cumplir las funciones que el rol exige, reprimiendo cualquier atisbo de sentimiento que interfiera con lo que está predispuesto.
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