Georgia Ford: Una Heroína en la Lucha Contra la Epilepsia

  • Autor de la entrada:
  • Categoría de la entrada:blog

Vivir con epilepsia no es fácil, y eso lo sabe el actor Harrison Ford, ya que su hija Georgia, de 25 años, lucha a diario contra esta enfermedad. Allí dedicó unas emotivas palabras a Georgia.

“Mi hija me ha acompañado para darle las gracias a FACES (organización que financia la investigación de la epilepsia). Admiro muchas cosas de mi hija. Admiro su perseverancia, su talento, su fortaleza. Es mi heroína. La quiero”, afirmó.

“Cuando uno de tus seres queridos sufre esta enfermedad puede llegar a ser devastador. Sabes cómo afecta a su vida, a su futuro, a las oportunidades que tendrá, y quieres encontrar alguna manera de mitigar todo eso.

“Unos años después (de la primera crisis) sufrió otra muy fuerte en una playa de Malibú, donde afortunadamente la encontró un director de Hollywood. Fue entonces cuando me dije a mí mismo: ‘Esto es Los Ángeles, aquí están algunos de los mejores médicos del mundo, tienen que ser capaces de descubrir qué le pasa’.

“El doctor Orrin Devinsky, un querido amigo mío, fue quien hizo el diagnóstico: epilepsia. Le recetó la medicación adecuada y terapia.

Cabe destacar que Harrison tiene otros dos hijos -Benjamin y Willard- con su ex mujer, Mary Marquardt, madre de Georgia.

El Sueño Americano y la Política Estadounidense

Para realizar ese tipo de designio la sociedad del coloso septentrional ha confiado a menudo en figuras percibidas como heroicas, y sobre todo en sus líderes, representadas por las Jefaturas de Estado.

Quedará para la historia una campaña marcada por las sorpresas, comenzando por el veredicto de mayo que declaró culpable a Trump de falsificar registros comerciales para encubrir un escándalo sexual que comprometía su campaña presidencial de 2016.

Después vino el debate del 27 de junio entre Trump y Biden, que activó las presiones de la tienda demócrata para “bajar” al Presidente incumbente, quien terminó renunciando a su candidatura el 22 de julio y fue reemplazado inmediatamente por su vicepresidenta.

Antes hubo un televisado intento de magnicidio al candidato republicano, a los que se sumaron más tarde otros desbaratados. Las convenciones de proclamación expusieron la polaridad doméstica que derivó en campañas electorales pletóricas en consignas xenofóbicas y racistas -como el bulo acerca de ingesta de mascota por parte de inmigrantes haitianos o la más reciente “broma” de un humorista que se refirió a la isla de Puerto Rico como basura flotante- y también descalificaciones políticas a un adversario asimilado al fascismo.

Contrasta con aquello, la escasez de contiendas cara a cara -apenas dos pactadas- que decantaron en apenas entre competidores definitivos. Podríamos hablar de los temas de campaña predilectos que a menudo versaron de fortalezas propias y debilidades del oponente: Trump explotó la inseguridad ciudadana vinculando migración y criminalidad, aderezado por el temor a la inflación. Kamala en cambio ondeo la bandera de los derechos reproductivos de la mujer.

Comenzando por el emblema “hacer grande América otra vez”, que para la filósofa política Chiara Bottici (2007) alude al mito de la regeneración nacional resumido en “grandeza-declinación-renacimiento” (Chiara Bottici, 2007), lo que facilita apuntar a los enemigos merecedores del repudio.

También es una consigna de tradición aislacionista inaugurada por la doctrina Monroe “América para los americanos” (1823), a su vez considerada la matriz o marco teórico sobre el cual el impulso expansivo del Destino Manifiesto se ejecutaría (McDougall, 1997).

Mucho más decidora puede ser la frase “América Primero”, recurrente en los umbrales de la Primera y Segunda Guerra Mundial y que postulaba el no intervencionismo en los conflictos europeos.

La idea política sería recuperada en 2000 por el conservador aspirante presidencial del Partido de la Reforma, Pat Buchanan, que elogió al Comité, y 15 años más tarde por Donald Trump, proponiéndola como definición principal de su administración. Designó un nacionalismo anti-intervencionista, no por un espíritu contrario al belicismo, sino por la ausencia de ganancias concretas.

Una vez en la Casa Blanca la imprevisibilidad de la política exterior Trumpista, un óbice en el proceso de adaptación de otros actores internacionales, tuvo en el lema uno de sus pocos cabos.

De la vida personal de Trump hay pocas cosas compartidas entre el magnate inmobiliario y presentador de la telerrealidad y la gente común, sin olvidar su lenguaje políticamente incorrecto decodificado por partidarios y simpatizantes como la coherencia de “quien dice lo que piensa”.

El reciente libro de Bob Woodward “Guerra” (2024) entrega algunas pistas de sus convicciones al rescatar una vieja entrevista de 1989 cuando aun no cumplía los 43 años. Dos años antes, en 1987, Pat Nixon, esposa del ex-Presidente del Watergate, predijo que el estilo televisivo de Trump auguraba que llegaría a ganar la Presidencia del país.

En tanto, Kamala Harris se decantó tempranamente por la canción “Freedom” (libertad) de Beyoncé como eslogan, aunque al final de la convención demócrata se adoptó “cuando luchamos, ganamos”, de resonancia habitual entre movimientos sociales con el que Harris solía culminar algunas de sus alocuciones como Vicepresidenta.

Eran días de esperanzas, cuando la plataforma de la candidata parecía empinarla a varios puntos de diferencia de su competidor en la intención de voto.

La biografía de Kamala Harris recrea el sueño americano que en simple refiere a la oportunidad de toda persona para prosperar y escalar socialmente. Es la primera mujer y la primera afroamericana con ascendencia india que asume la vicepresidencia, la funcionaria electa de más alto rango en Estados Unidos después de la Presidencia. Desde ahí desplegó una carrera como abogada, luego fue fiscal general de California (2011-2017) y más tarde al cargo de senadora por el mismo estado (2017-2021). Dicho registro podría ser superado si llega al Salón Oval.

Pero el sueño americano apunta también a los principios de la democracia, derechos humanos y libertad. Estos también vinculan a diversas tradiciones de política exterior, como el internacionalismo wilsoniano con que la potencia ingresó a la Primera Guerra Mundial bajo el argumento «El mundo debe hacerse seguro para la democracia» (1917) o la doctrina Truman por el que Estados Unidos se auto-designó a la cabeza de los “pueblos libres”, asignándose la tarea de ayudar a las sociedades que sufrieran insurrecciones internas o agresiones externas -una contención al comunismo-.

tags:

Deja una respuesta