La saga de Indiana Jones, creada por George Lucas y Steven Spielberg, ha cautivado a audiencias de todo el mundo con sus emocionantes aventuras y personajes memorables. En Indiana Jones y la Última Cruzada (1989), la tercera entrega de la saga, se revela el origen de algunos de los elementos más distintivos del héroe, incluyendo su icónica cicatriz en la barbilla.
La Génesis de una Idea
George Lucas y Steven Spielberg acordaron un trato de palabra: si la primera Indiana Jones funcionaba, se comprometerían a hacer dos más. Crear la tercera fue la tarea más compleja para la dupla de cineastas. Barajaron varias ideas, hasta llegar a la definitiva: Indiana Jones y la última cruzada (1989) se trataría del encuentro entre un padre y un hijo, con la búsqueda del Santo Grial como telón de fondo. Pese a que ese era el supuesto final de la saga -pasarían casi dos décadas para que se estrenara la cuarta parte-, los realizadores optaron por iniciar el filme con una secuencia ambientada en la adolescencia de Indy. Indiana Jones durante los días en que era boy scout.
La Elección de River Phoenix
Harrison Ford asumió la búsqueda de un actor más joven como una tarea personal. Unos años antes, en 1986, había filmado The Mosquito Coast, la cinta dirigida por Peter Weir y escrita por Paul Schrader. El papel no sólo le dio la oportunidad de indagar en territorios más oscuros de los que acostumbraba, sino que le permitió conocer al entonces promisorio River Phoenix. El hermano de Joaquin Phoenix todavía era menor de edad cuando fue fichado en esa producción. Había brillado en Cuenta conmigo (1986) y The Mosquito Coast fue apenas el tercer largometraje de su carrera. Ford quedó impresionado con su desempeño encarnando a su hijo mayor (y narrador) en la historia. Le causó tan grata impresión que pidió que él fuera el encargado de darle vida a la versión más joven del doctor Jones.
“Me dijo: ‘El tipo que más se parece a mí cuando tenía esa edad es este actor llamado River Phoenix...’ Así que conocí a River y me pareció que era genial”, explicó Spielberg.
El Origen de la Cicatriz
El segmento arranca en el año 1912 en Utah. El cabello y uniforme hacen ver a Indy como un niño, pero no lo es tanto: ya cuenta con el ímpetu y el apetito voraz por la aventura que lo convertirían en un héroe inolvidable. Eso es lo que aplica cuando encuentra a un grupo de ladrones robando en las cuevas de la localidad. Entre los objetos hurtados está la cruz de Coronado, una pieza histórica que, a juicio del protagonista, debiera estar resguardada en un museo y no en el mercado negro.
El dúo se da el gusto de incluir la historia de origen de los diferentes objetos que definirían al personaje. El látigo y la cicatriz de su barbilla las obtiene cuando se enfrenta a un león, mientras que el sombrero se lo obsequia el líder de los ladrones en los últimos segundos de la secuencia, antes de que la cinta haga la transición hacia el presente, con Harrison Ford nuevamente tomando el mando.
La Relación entre Padre e Hijo
Pero, además, ese pasaje de la trama sirve para introducir la singular relación entre Jones y su padre, interpretado por Sean Connery. El James Bond más icónico no muestra su rostro, pero su voz y el desdén con el que se dirige a su hijo ya instalan el centro dramático de la película. Aventuras. En esta tercera entrega, el padre del protagonista (Harrison Ford), Henry Jones, también arqueólogo (Sean Connery), es secuestrado cuando buscaba el Santo Grial. Indiana tendrá que ir a rescatarlo y, de paso, intentar hacerse con la preciada reliquia, que también ambicionan los nazis. Es posiblemente junto con El tesoro de Sierra Madre la película de aventuras por excelencia. De las anteriores partes, todos guardamos escenas imborrables, como Indi corriendo delante de la bola en El arca perdida o peleando en las minas en El templo maldito.
Indiana Jones y la Última Cruzada es una mirada a los orígenes del mito en dos aspectos. Por una parte recupera escenarios, personajes, a los nazis como villanos y las reliquias de la cultura judeocristiana de la primera parte. Por otra parte profundizamos en las razones de Indiana Jones para ser como es, a través de una aventura de su adolescencia y, sobre todo, a través de el reencuentro con su padre. La película comienza con un Indiana Jones Boy Scout en 1912. River Phoenix interpreta con gracia al personaje el día en el que adquiere su sombrero, su látigo, su cicatriz en la barbilla y su ofidiofobia. La dinámica escena se ve enormemente beneficiada por la música de John Williams. El responsable de la heroica fanfarria de la saga y de los siniestros coros de los adoradores de Kali brilla con luz propia en la escena inicial de la que quizás sea la película de la saga con más música incidental.
En manos de Spielberg, se convierten en auténticas maravillas, de las que el espectador no se cansa, con una planificación bestial, propia del Rey Midas. Y aquí se le agrega un componente importantísimo: su padre el doctor Jones senior. Encarnado magistralmente por Sean Connery, y aporta a a la trama algunos momentos cómicos sin igual ( "¡ Padre, avión a las 12 en punto !"). Y nos demuestra que todo héroe tiene sus miedos internos y sus malos recuerdos. Dicha infancia se nos presente ( y de qué manera ) al comienzo de la película. La pasión de Indiana por las aventuras no es nueva, ya que desde su juventud, siente auténtica pasión por la arqueología. Y precisamente es en ese segmento cuando nos damos cuenta de como consiguió el héroe esos elementos que le hicieron tan celebre: su látigo, su sombrero, y su cicatriz. Esos elementos que nos hacen identificarle sin necesidad alguna de que nos recuerden quién es.
Esta entrega ahonda también en el pasado del personaje mediante su padre, un Sean Connery en estado de gracia interpretando al también profesor y arqueólogo obsesionado con la búsqueda del Santo Grial Henry Jones (que cuenta con su propia fobia a las ratas). Es sin duda el gran acierto de la saga, traer al que fuera el mejor James Bond (que en cierto modo fue padre de Indiana, al inspirar las películas) para dar mayor profundidad al personaje de Ford. La química entre ambos actores nos regala dosis de auténtico humor entrelazadas con un sentimentalismo nada gratuito ni empalagoso.
El Legado de River Phoenix
Durante sus dos proyectos trabajando juntos, Ford generó un vínculo entrañable con River Phoenix. “Él interpretó a mi hijo una vez, y llegué a amarlo como a un hijo, y estaba orgulloso de verlo convertirse en un hombre con tanto talento, integridad y compasión”, expresó a The New York Times en 1993. Entregó esas declaraciones en situaciones dramáticas: tras conocerse la muerte de Phoenix, a los 23 años y debido a sobredosis de opioides. El mundo del cine se impactó con su deceso y, aunque su aparición en la historia fue puntual, dejó un vacío en el corazón de la saga de aventuras.
"Es raro que pase una semana sin pensar en River Phoenix, deseando poder llamarlo y preguntarle cómo anda, o escuchar su entusiasmo por una canción o una película. Su alma es eterna, así que nunca se irá del todo, pero eso no significa que no lo extrañe terriblemente en esta vida por lo que era: un chico tierno, un amigo leal, un poeta de corazón...
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