La práctica del turismo constituye una de las primeras motivaciones para tomar el auto. De un modo similar a como ocurre en la actualidad, en los albores de lo que Guillermo Giucci ha denominado la "modernidad cinética", una nueva era en términos de movilidad y transporte signada por la influencia del automóvil, que en América latina se comenzó a sentir en las primeras décadas del siglo XX, la curiosidad por conocer el territorio y la obtención del placer como beneficio no productivo a través de la realización de actividades al aire libre, constituyeron fuertes argumentos a la hora de adquirir y emplear un vehículo motorizado.
Hasta fines de la década de 1920, en Chile abundaban los caminos mal acondicionados para el tráfico motorizado. Los desplazamientos que realizaban los turistas eran efectuados en condiciones precarias, asumiendo que las dificultades del viaje imponían verdaderas aventuras sobre el territorio que justificaban su pulsión por cruzar en sus bólidos los terrenos sueltos de los caminos chilenos.
El Turismo y la Transformación de Viña del Mar
Desde fines de la década de 1920 fueron sentadas las bases del desarrollo de esta actividad a través del financiamiento de obras que consideraron la movilidad no productiva de las elites, el único grupo de la sociedad que era capaz entonces de adquirir uno de estos caros objetos tecnológicos. Esta acción tuvo lugar en primer lugar a propósito de la transformación de Viña del Mar, ciudad que durante la dictadura de Ibáñez (1927-1931) recibió el aporte del Estado para posicionarse como la capital turística de Chile.
El Primer Camino Turístico: Viña del Mar a Concón
El primer camino prioritariamente turístico construido en Chile fue la ruta que comunicó los balnearios de Viña del Mar y Concón. Abierta en 1917, esta senda de aproximadamente 15 kilómetros de extensión fue inicialmente otro camino precario de los muchos que existían en el país, sumamente angosto y a veces peligroso, al ubicarse entre dunas, roqueríos y acantilados que caían directamente en el mar.
Por sus peligrosas condiciones para la conducción, este camino recibía escasas visitas de los automovilistas de la provincia de Valparaíso quienes, sin embargo, igualmente celebraban la belleza de los panoramas que ofrecía la vista desde esta verdadera plataforma para observar el mar. Pero no fue sino hasta las reformas urbanas viñamarinas llevadas a cabo bajo la dictadura de Ibáñez, cuando se ejecutaron los trabajos que permitieron que esta ruta se convirtiera en una sofisticada infraestructura turística.
El nuevo camino, que sería inaugurado oficialmente en 1930, estaba enmarcado en un escenario natural exuberante que propiciaba notables vistas sobre el océano. La ruta costera fue construida en hormigón armado, lo que la situó como una de las obras camineras más radicalmente modernas entre todas las que se habían construido en el país.
Para los automovilistas, férreos defensores de una cultura que valoraba simultáneamente la tecnología moderna y la naturaleza, la obra vial constituyó el epítome de la imbricación de estos ámbitos aparentemente opuestos. Desde el interior de los automóviles en movimiento comenzó a establecerse una nueva postal de las bellezas del paisaje nacional, un espacio que se convirtió con el tiempo en símbolo del turismo balneario y en un escenario de atractivo socialmente aceptado como canónico.
Nuevos Territorios para el Turismo Balneario
Refugio acomodado de la sociedad pudiente de Valparaíso, Viña del Mar fue organizada en el último tercio del siglo XIX como un negocio inmobiliario destinado a satisfacer la demanda residencial de grupos sociales que no estaban satisfechos con la intensidad de la vida urbana porteña. Bien conectada con Valparaíso a través de redes de infraestructuras fijas, como trenes y tranvías, el que a la postre se convertiría en el principal balneario del país atrajo la mirada de las elites porteñas gracias a su amplia oferta de espacio.
La infraestructura dedicada al ocio, que incluía clubes sociales y deportivos, así como también hoteles y balnearios, soportaron el flujo de visitantes que verano a verano se trasladaban desde Santiago y otros lugares del país. Considerando la estructura urbana del área metropolitana de Valparaíso, durante los primeros años del siglo XX la mayor parte de los usos turísticos viñamarinos se concentraron en los sectores bien servidos por transportes.
El tren y el tranvía permitieron que la población avecindada en Valparaíso, así como aquellos que se habían trasladado a Viña del Mar, aprovecharan la costa urbana de la ciudad con fines turísticos. Es por ello que las actividades recreativas vinculadas a los baños de mar se agruparon, entre las décadas de 1870 y 1910, en torno a las áreas urbanas consolidadas. La inauguración del camino plano entre Viña del Mar y Valparaíso en 1906, y quince años después el mejoramiento de esta obra como camino pavimentado para automóviles, fueron elementos que fortalecieron la movilidad turística hacia este espacio intermedio.
Así, no es extraño constatar que durante este período las playas más visitadas, además de Las Torpederas, en el extremo sur de Valparaíso, fueran la tradicional Miramar y el balneario Sea Side Park en el barrio de El Recreo, ubicado a medio camino entre ese puerto y Viña del Mar. La oferta de transporte público que entregaban las empresas de trenes, tranvías y góndolas fue responsable de la intensificación de las visitas estivales en la costa urbanizada.
Pero la geografía costera viñamarina también ofrecía otros sitios de atractivo para los turistas. Especialmente interesante era el litoral al norte de la ciudad, entre la zona industrial que terminaba en el morro de Las Salinas y el rústico pueblo balneario de Concón. Allí era posible encontrar panoramas variados entre ensenadas rocosas, playas, dunas y algunas caletas de pescadores. Estos eran lugares potencialmente turísticos, pero hasta mediados de la década de 1910 este espacio de aproximadamente 15 kilómetros de extensión no contaba con infraestructuras capaces de sostener el tráfico vehicular.
Su acceso entonces estaba restringido para casi todos los que no se aventuraran a pie o a caballo por el borde costero. Para llegar hasta Concón la única alternativa viable era emplear un camino sumamente precario dispuesto en la planicie del cordón de cerros de Torquemada, ubicado lejos de la línea de costa.
La apertura de un camino junto a la línea de costa se debe inicialmente a los esfuerzos comprometidos por los constructores del ferrocarril de Valparaíso a Santiago, quienes a mediados del siglo XIX barajaron la posibilidad de llevar la línea férrea junto al mar hasta Concón para luego recorrer el valle de Aconcagua y, desde San Felipe, dirigirse hacia el sur hasta la capital. Sin embargo, y pese a haber gastado una gran cantidad de dinero en los estudios de esta ruta, el proyecto ferroviario por la costa fue abandonado al poco tiempo de iniciadas las faenas.
Al iniciarse el siglo XX estas obras estaban abandonadas; no podría decirse que existiera una calzada apta para el tráfico de ningún tipo de vehículos. A mediados de la década de 1900 y como una etapa adicional en un proyecto mayor de mejoramiento de las infraestructuras costeras de la provincia de Valparaíso, comandadas por el intendente Joaquín Fernández Blanco, y que redundaría en la inauguración del ya mencionado camino plano entre Valparaíso y Viña del Mar, fueron desarrollados trabajos adicionales para continuar la ruta costera al norte de este último emplazamiento.
En ese contexto se realizaron trabajos para abrir una senda privada destinada a servir al proyecto de un grupo de capitalistas, miembros de las elites locales, para construir una villa balnearia "estilo yankee" que finalmente fracasó como negocio turístico. Esta modesta ruta solo permitía el acceso desde Viña del Mar hasta las localidades de Reñaca y Cochoa, a solo 3 kilómetros desde Las Salinas y todavía muy lejos de Concón. Recién hacia 1915 comenzaron a ejecutarse las obras que permitirían una conexión carretera hasta el balneario de Concón. El camino fue abierto por la empresa de agua potable de Viña del Mar con la colaboración técnica del ingeniero de la provincia de Valparaíso Enrique Dublé Alquízar quien representaba en estas labores al Estado chileno.
El objetivo primordial de esta infraestructura era facilitar las comunicaciones entre ambos balnearios a través de un camino plano, inicialmente de tierra natural, por el que podrían circular los pesados camiones que llevaban el carbón para abastecer las bombas de agua potable de Valparaíso, ubicadas en el río Aconcagua. Las complicadas condiciones topográficas en donde se ubicaba el camino obligaron a realizar costosas labores que incluían la construcción de un extenso terraplén que resguardaría la calzada de los embates del mar. Para atravesar las numerosas ensenadas existentes se dispuso también la construcción de varios puentes de madera ubicados junto al borde marino.
Poco tiempo después de concluidas las primeras obras y como corolario de la cooperación efectuada por el ingeniero de la provincia, en 1920 la administración de esta calzada fue entregada a la Junta de Caminos de Valparaíso. Durante esos primeros cinco años el camino costero se constituyó como uno de los escenarios más atractivos, pero a la vez menos conocidos del turismo chileno.
Como lo señalaba la popular revista porteña Sucesos en 1915, las obras del camino costero entre Viña del Mar y Concón permitieron a los veraneantes tener acceso a sitios de gran interés paisajístico que hasta entonces estaban vedados para la mirada curiosa de los viajeros. La publicación mencionada consideraba la nueva infraestructura como "uno de los sitios más pintorescos de la costa". El camino era poco conocido por el público masivo lo que permitía apreciar allí "mucha belleza, mucha soledad, mucha luz".
Esa sensación de retiro que experimentaban los visitantes era uno de los aspectos que más destacaban las publicaciones locales: "estos caminos solitarios y blancos que serpentean con coquetería junto a la playa de Concón, poseen un encanto indefinible que muy pocos balnearios chilenos tienen", dictaminaba el redactor de Sucesos. Es importante reparar en que la escasa presencia de veraneantes en esta zona contrastaba con la concurrencia masiva de visitantes a las playas del núcleo urbano de Valparaíso y Viña del Mar.
La sencillez de las infraestructuras turísticas instaladas únicamente en la localidad de Montemar lo posicionaba como un sitio de atractivo para personas que no buscaban la exposición social en el balneario. En efecto, como quedó consignado en la prensa local, las impactantes escenas del camino entre Viña y Concón fueron aprovechadas por personas alejadas de los círculos tradicionales, como por ejemplo excursionistas escolares e incluso huérfanos provenientes de hogares santiaguinos o porteños, que hicieron de esta zona un centro de modestas actividades recreativas junto a la naturaleza.
La presencia cercana del mar y la complejísima realidad material de la costa constituyeron enormes retos para los ingenieros de vialidad que enfrentaron la tarea de mejorar esta ruta carretera. En este período se efectuaron grandes operaciones de transformación para establecer una calzada de rodado permanente. Se trataba de un desafío al imperio de la naturaleza que requirió del empleo de todos los medios disponibles para enfrentarlo con éxito.
Marcas Automotrices en Chile
En el contexto del desarrollo automotriz en Viña del Mar, es importante destacar la presencia de marcas icónicas como Peugeot y Toyota.
Peugeot
Peugeot es una de las marcas automovilísticas más antiguas y prestigiosas del mundo. Fundada en 1810, la compañía francesa comenzó como una fábrica de molinos de café y bicicletas. En 1891, Peugeot fabricó su primer automóvil, convirtiéndose rápidamente en un pionero de la industria automotriz. Hoy en día, Peugeot sigue siendo una marca líder en el mercado automotriz, con una amplia gama de vehículos que incluyen desde compactos económicos hasta SUV y autos de lujo. Modelos como el Peugeot 208 y el Peugeot 3008 destacan por su combinación de tecnología avanzada, eficiencia de combustible y un diseño elegante.
Toyota
Toyota Motor Corporation es una de las compañías automotrices más grandes y reconocidas del mundo. Su historia es un ejemplo de innovación, perseverancia y éxito en la industria automotriz.
- 1933: Toyota comenzó como una división de la empresa de fabricación de telares automáticos, Toyoda Automatic Loom Works, fundada por Sakichi Toyoda.
- 1936: Se produjo el primer automóvil de pasajeros, el Toyota AA, marcando el inicio de la compañía automotriz.
- Década de 1950: Toyota inició su expansión internacional.
- 1970-1980: La crisis del petróleo de 1973 benefició a Toyota, ya que sus vehículos pequeños y eficientes en consumo de combustible se hicieron muy populares.
- Década de 1990: Toyota continuó innovando con la introducción del Toyota Prius en 1997, el primer vehículo híbrido producido en masa del mundo.
- 2000 en adelante: Toyota se convirtió en líder mundial en ventas y producción de automóviles.
Hoy en día, Toyota sigue siendo un líder en la industria automotriz, conocido por su enfoque en la calidad, innovación y sostenibilidad.
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