Análisis de "La Cigarra" de Mercedes Sosa: Letra y Acordes

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La canción "La Cigarra", inmortalizada por Mercedes Sosa, es un emblema de la música latinoamericana y un símbolo de resistencia cultural. Su letra, aparentemente sencilla, encierra profundas reflexiones sobre la vida, la muerte y la trascendencia del espíritu humano.

Contexto e Influencias

El poema "Defensa de Violeta Parra" en su versión original fue publicado por la Editorial de la Universidad de Buenos Aires, en una recopilación hecha por Margarita Aguirre, bajo el título de La cueca larga (1958), cuyo prólogo compartió con Juan Agustín Palazuela. En cuanto a su mensaje, es claro y directo; como lo señala su título, es una "defensa" de Violeta por los motivos que todos conocemos: el no tener ella un reconocimiento oficial ni extraoficial y menos la comprensión ni ayuda en su afán fundamental de descubrir y difundir las expresiones más auténticas de nuestra cultura.

La segunda versión del poema, objeto de esta investigación, se publica en Obra gruesa, Editorial Universitaria (1969: 172-7); la "defensa" de Violeta se ha transformado en una "elegía" ante la trágica muerte de su hermana, el 5 de febrero de 1967. El poema original, de 16 estrofas, se extiende ahora a 31, todas de estructura sáfica adónica, pero éstas se encuentran en su mayoría fragmentadas o diseminadas.

Análisis de la Letra

La letra de "La Cigarra" utiliza la metáfora de este insecto para representar la capacidad de renacer y persistir a pesar de las adversidades. La cigarra, que canta incluso después de la muerte, simboliza la fuerza del espíritu humano y la continuidad de la vida a través del arte y la memoria.

Acordes y Musicalidad

La melodía de "La Cigarra" es sencilla pero emotiva, característica del folclore latinoamericano. Los acordes, generalmente en tonalidades menores, refuerzan el sentimiento de melancolía y esperanza que transmite la letra.

La Interpretación de Mercedes Sosa

Mercedes Sosa, con su voz inconfundible y su profunda conexión con las raíces latinoamericanas, elevó "La Cigarra" a un himno de resistencia y esperanza. Su interpretación transmite la fuerza y la dignidad del pueblo latinoamericano, así como su capacidad de sobreponerse a la adversidad.

Legado y Relevancia Cultural

La canción "La Cigarra" sigue siendo relevante en la actualidad como un símbolo de la lucha por la justicia social y la defensa de la identidad cultural latinoamericana. Su mensaje universal de esperanza y perseverancia resuena en personas de todas las edades y orígenes.

Estructura Sáfica Adónica

Las formas líricas tradicionales persisten cual misterioso atavismo a través de los siglos, aflorando en las generaciones sucesivas como un desafío estético consistente en superar la impronta de los clásicos. Así ocurre con una de las formas poéticas más antiguas como es la estrofa sáfico o sáfica adónica, cuyo origen se remonta a la antigüedad griega, al siglo VI a.C., en la isla de Lesbos, en donde vivió Safo, la inspirada poeta que le dio su nombre y quien con uno de los metros líricos más armoniosos enriqueció la poesía griega y, a través de ella, la latina, la que a su vez la traspasaría a las poéticas de las lenguas romances.

La obra completa de Safo, desgraciadamente, nunca la conoceremos: el tiempo, las guerras, la carencia de una percepción futurista frente al patrimonio cultural, permitieron que, de sus nueve libros de odas, sólo se rescataran unos cuantos fragmentos, conocidos gracias a otros grandes de las letras griegas, quienes incluyeron en sus obras de historia e investigación literaria las creaciones de esta gran poeta. Así hemos podido conocer fragmentos de su poesía por Aristóteles, Plutarco, Ateneo, Hephestión. Longino es quien cita extensamente "Oda a una mujer amada" en su Tratado de lo sublime y Dionisio de Halicarnaso comenta y rescata su "Oda a Afrodita" que figura en una selección de Poetas líricos griegos (1884: 287).

En la resurrección de la Antigüedad clásica grecolatina del Renacimiento, las formas sáficas tuvieron su lugar, pero no se puede decir que fue una composición común de los poetas renacentistas. En este período los poetas españoles le agregaron el adorno de la "asonancia". El arzobispo de Tarragona Antonio Agustín, en 1540, fue el primero que empleó en castellano la forma métrica sáfica al traducir en Italia, hasta donde llegó para estudiar los metros clásicos, su conocida "Oda a la paloma". Con posterioridad, siempre en el siglo XVI, otros dos grandes latinistas religiosos: Francisco Sánchez de las Brozas, conocido como el Brocense, empleó la estrofa sáfica adónica en su traducción de la oda "Rectius vives" de Horacio y más tarde Jerónimo Bermúdez intercaló tres composiciones en estrofas sáficas en los coros de Nise Lastimosa, Actos II y III y en el III Acto de Nise Laureada, aunque con algunas variantes de acentuación, según lo indica Tomás Navarro en sus estudios de Métrica española (1956: 192-193).

Pero, sin duda, el poeta que logró mayor éxito con la métrica sáfica adónica fue Esteban Manuel de Villegas, nacido en Matute, cerca de Nájera, en 1589 y fallecido en 1669. Se le llamó "El Cisne de Najerilla" y "El Anacreonte español", pues sus traducciones directamente del griego de la poesía anacreóntica no han sido jamás superadas. Sus estrofas sáficas adónicas bastarían para darle el calificativo de altísimo poeta, reconocido por el propio Lope de Vega, quien, refiriéndose al incidente que originó la primera edición del libro de Villegas Eróticas y amatorias, 1617 _cuya portada rezaba: "me surgente quid istae", frase que la censura lo obligó a retirar por estimarla ofensiva para los lectores_, en abierta alusión a la vanidad _rasgo que definía el carácter de Villegas_, escribió aludiendo el hecho en su obra El laurel de Apolo, que se menciona en una nueva edición de Esteban Manuel de Villegas (1913: 349).

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