Las Mercedes del Llano: Historia de una Gran Avenida en Santiago

  • Autor de la entrada:
  • Categoría de la entrada:blog

Las calles y el transporte han sido, a lo largo de la historia, elementos estructurantes de la transformación de las ciudades y de la experiencia urbana. Volver a mirar la historia para pensar el futuro es lo que propone este artículo, parte de la investigación sobre el diseño integrado del transporte y el espacio público, que nos ocupa. A partir del proceso de formación de la Gran Avenida a lo largo de la historia de Santiago, proponemos observar cómo se va conjugando en ella, en el tiempo, la doble condición de espacio del movimiento y espacio social, propio de toda calle, hasta darle su configuración actual. Cómo, siendo originalmente una ruta, va estructurando en torno a sí el crecimiento de la ciudad extramuros, para ir paulatinamente tomando forma como avenida principal del área sur de la ciudad.

No todas las calles fueron siempre calles. De hecho, la Gran Avenida no lo fue en sus inicios. Parte del Camino del Inca que atravesaba el valle en tiempos precolombinos: camino de acceso desde el sur por el umbral de la Canada a la ciudad fundacional, en la Colonia; camino rural que, atravesando viñas, vinculaba a distancia la ciudad con los poblados de la Cisterna y San Bernardo, podríamos decir que la Gran Avenida en su origen se parece más a una calzada.

Una calzada, a la manera de las carrieras o las chaussées de las ciudades antiguas y medievales, que tejían la red de poblados a distancia, que conducían a las puertas de las ciudades y prolongaban hacia estas las rutas comerciales o defensivas principales del territorio circundante. Caminos en torno a los cuales la ciudad iba creciendo extramuros, hasta incorporarlos como ejes principales de sus nuevas tramas, transformándolos paulatinamente en vías públicas de jerarquía mayor. Del mismo modo, a lo largo de los siglos de existencia de Santiago, esta vía pasó de ser Camino del Inca a Gran Avenida.

La transición de "camino" a "avenida" pone en evidencia la polaridad senalada por Rykwert entre road y street y sus términos asociados. Donde street (del latín sternere), se refiere a una superficie construida, de uso público demarcada en su entorno, no necesariamente conducente a otras calles. Mientras la palabra road sugiere el movimiento desde y hacia algún destino, el paso de un lugar a otro (Rykwert, 1982). De modo similar, en español, la palabra calle (del latín callis), "vía entre edificios o solares, exterior urbano de los edificios", según la RAE, se distingue de la ruta o camino.

Entre ambos las variaciones y combinaciones se multiplican, algunas describiendo la dualidad esencial sugerida por los dos conceptos (avenida, boulevard, high street, main street), otras, denotando la monofuncionalidad creciente asociada al aumento de las velocidades (autopista, arteria, corredor). Esta distinción se encuentra en el centro de la discusión actual sobre el diseño de las calles, en la tensión entre el espacio de los flujos y el espacio como "lugar" (Carmona et al., 2003). Lo que se ha llamado "corredor Gran Avenida" hoy es una de las rutas más importantes de Santiago.

Se inicia como un par vial constituido por las calles San Diego y Nataniel Cox en el centro histórico de la ciudad, y a la altura del Zanjón de la Aguada se prolonga por la Gran Avenida José Miguel Carrera. Con este nombre atraviesa barrios que fueron aristocráticos a inicios del siglo XX y da acceso a múltiples equipamientos hospitalarios y educacionales que ocupan sus bordes. Hacia el sur, se bifurca. Por el lado poniente, se desvía para juntarse con San Bernardo, donde cambia de nombre por el de avenida Portales.

Con esta denominación cruza San Bernardo y su periferia agrícola, hasta unirse con la Ruta Panamericana. Mientras, por el oriente sigue su trazado original por avenida Los Morros, para adentrarse en populosos sectores de vivienda social, hasta salir de Santiago y convertirse en un camino local que conduce a los poblados del sur del valle, cruzando el río Maipo. Explorar qué pueden decir esas relaciones que subsisten del pasado sobre nuestra ciudad y sus grandes avenidas, y cómo pueden iluminar, desde otra perspectiva, el diseño de una nueva generación de los ejes principales del transporte público en Santiago, es la invitación que propone este trabajo.

La Calle San Diego en el Santiago Colonial

No hay certeza sobre el pasado precolombino de la actual Gran Avenida. Aparentemente, formaba parte de una compleja red caminera que comunicaba la ciudad Inca del río Mapocho con los cerros y poblados agrícolas y minerales de los valles del centro-sur de Chile y la cordillera de Los Andes (Stehberg y Sotomayor, 2012; Cornejo et al., 2006). Según Stehberg, uno de los puentes construidos por los incas para atravesar el río Maipo coincidiría con el actual cruce del camino Los Morros (Stehberg, 2001). Con la fundación de Santiago en 1541 sobre la ciudad incaica, este trazado fue formalizado como la ruta militar del sur de Chile.

"Calcado sobre el camino central, conocido por las invasiones de los Incas" (Zanartu, 1975), el Camino Real del Sur comunicaba la capital de la Capitanía General de Chile con las provincias "de arriba", denominación que recibían los actuales territorios del centro y sur del país (Thayer Ojeda, 1904). El primer tramo del camino recibió su denominación popular de "San Diego", por la imagen de San Diego de Sevilla, instalada en la Canada en 1554 por la Orden de San Francisco, que posteriormente sería acogida en la iglesia de San Diego, levantada en el siglo XVII en la esquina sur-oriente del cruce del Camino Real del Sur con la Canada (Thayer Ojeda, 1904).

Tal importancia tuvo este punto, que la Canada cambió de nombre a "Canada de San Francisco" desde San Diego hacia el Oriente, y "Canada de San Lázaro" hacia el Poniente (Schkolnik, 1955). Durante la Colonia, la calle San Diego fue una de las principales rutas comerciales de la ciudad. Numerosas mulas cargadas con mercaderías de las provincias de arriba colmaban su calzada a medida que se acercaban a Santiago. Servía de salida para el ganado de las propiedades religiosas que tenían asiento en el sur de la ciudad (Vicuna Mackenna, 1902).

Debido a su fuerte actividad comercial, en él se instaló, a la altura del actual Parque Almagro, un mercado que servía como primer o último descanso antes de entrar o salir de la ciudad (Zanartu, 1975). Sin embargo, no obstante una intensa actividad comercial, sus bordes no estaban completamente edificados. Solo el arranque en la Canada, puerta de acceso a la ciudad, tenía construcciones. El resto era una huella que se adentraba en el estéril y pedregoso Llano del Maipo, para luego enfilarse en dirección al puente que atravesaba el río del mismo nombre, a la altura de lo que hoy corresponde a la avenida Los Morros (Vicuna Mackenna, 1868).

El Camino de San Bernardo en el Santiago Republicano

Después de la Independencia de Chile, hacia 1821, por orden gubernamental, el estéril Llano del Maipo (también llamado de Lepe) fue subdivido en hijuelas de 10 cuadras por lado, que a su vez fueron segmentadas en cuatro lotes de cinco cuadras por lado. A cada lote se le asignaron derechos de aguas del canal San Carlos que, inaugurado en 1828, proveería de agua del caudaloso río Maipo al río Mapocho y a todas las propiedades situadas entre ambos (Echaiz, 1975). Así, el inhóspito Llano del Maipo se transformó en un productivo vergel que dotaría a la ciudad de Santiago de productos agrícolas y espacios recreativos (AA.VV., 1859).

Por orden del Senado, en la subdivisión del Llano se reservaron 36 cuadras -a las que posteriormente se agregarían cien más- para la fundación de una nueva villa llamada "San Bernardo", en honor al director supremo Bernardo O'Higgins. Inicialmente poco habitada, la villa fue acrecentando su población a medida que se regularizaba el caudal del canal San Carlos, llegando a ser asiento de respetados extranjeros y patriotas, incluido Bernardo O'Higgins (Echaiz, 1975). Con la fundación de San Bernardo en 1830, se procedió a la bifurcación del camino de San Diego para conectarlo hacia el poniente con esta nueva villa.

Esta conexión dio lugar a la aparición de la localidad agrícola de La Cisterna y a la plantación del Bosque de Lo Espejo. Este proceso fijó el trazado actual de la Gran Avenida y algunos de sus rasgos característicos, como las centralidades de La Cisterna y San Bernardo, y la arborización de la avenida en este tramo, que corresponde a los restos del Bosque de Lo Espejo. Al mismo tiempo, estas operaciones cambiaron la denominación del camino, limitando el nombre de calle San Diego al tramo más cercano a la Alameda, mientras que el tramo sur pasó a llamarse Camino de San Bernardo o de La Polvareda.

La Calle San Diego: Eje Central de la Periferia

La fertilidad de las tierras de El Llano y la conectividad hacia el sur que proveía el Camino a San Bernardo, desencadenó un rápido crecimiento de la periferia sur de Santiago. Así, San Diego, la puerta de entrada a la ciudad tradicional, comenzó a sufrir problemas de higiene debido al alto tráfico y el comercio de animales. En 1843 la Municipalidad de Santiago adquirió el potrero de San José, también conocido como El Conventillo, que limitaba al poniente con la calle San Diego, al sur con el Zanjón de la Aguada, al oriente con Santa Rosa y al norte con la avenida de Los Monos, actual avenida Matta.

En el extremo sur de esta propiedad se construyó, en 1847, el Matadero Municipal con el objetivo de controlar la insalubre actividad ganadera (Aguirre y Castillo, 2002). El deterioro ambiental fue acompañado por la aparición de urbanizaciones precarias en el entorno del matadero y en las riberas del Zanjón de la Aguada, que recibía sus descargas. Así, en 1862 se formaron dos grandes poblaciones: El Conventillo y La Pampilla. La primera ocupó el norte de la chacra del mismo nombre, y la segunda, los terrenos adyacentes al Campo de Marte, actual parque O'Higgins.

Ambas estaban constituidas por predios muy pequeños, con viviendas precarias, insalubres y carentes de agua potable y alcantarillado. Estos rancheríos modificaron el patrón de uso del suelo de la periferia. Los cultivos dejaban de ser rentables en comparación con el arriendo o la venta del suelo destinado a habitación. De hecho, con el avance del siglo XIX, grandes propiedades agrícolas dejaron de cultivarse a la espera de nuevos poblados (De Ramón, 1985). Entre El Conventillo y La Pampilla se extendía la calle San Diego, puerta sur de Santiago y ahora límite entre los pobres.

En este periodo, la calle se transformó en un espacio de mendicidad a la siga de la caridad de los más acomodados. Fue parte integrante de lo que años más tarde sería despectivamente llamado el "Potrero de la Muerte". En la década de 1870, bajo la Intendencia de Benjamín Vicuña Mackenna, se inició en Santiago un proceso de grandes cambios. A su juicio, Santiago era una ciudad culta con un injerto bárbaro. Su "Plan de Transformación de Santiago" buscaba situar las "diversas clases de la población en las condiciones de las sociedades cultas y cristianas [.] no solo para embellecer Santiago sino para salvarlo" (Vicuna Mackenna, 1872).

El trazado del "Camino de Cintura" que proponía el plan, consistía en una amplia avenida de circunvalación en cuyo interior se encontraría la ciudad "propia, sujeta a los cargos y beneficios del municipio" (Vicuna Mackenna, 1872). La demonización y deshumanización de la pobreza implícita en este proyecto fragmentó la ciudad. La calle San Diego quedó dividida por el Camino de Cintura, actual avenida Matta, en dos: el norte culto y civilizado, y el sur salvaje. La diferenciación física de esta calle marcó una distancia social. Incluso, después de Vicuña Mackenna los pobres dejarían de compartir espacios públicos y fiestas con la sociedad acomodada (Romero, 1984).

Posteriormente la administración de Vicuña Mackenna hizo diversos esfuerzos gubernamentales por mejorar las condiciones de vida de la periferia. Hacia finales del siglo XIX los rancheríos de El Conventillo y La Pampilla casi habían desaparecido, y ya eran áreas urbanizadas (De Ramón, 1985). Sin embargo, en los bordes del Zanjón de la Aguada la pobreza había aumentado. Su cara más cruda era visible cuando el cauce se desbordaba y dejaba decenas de damnificados y víctimas fatales.

tags:

Deja una respuesta