La Epístola a los Filipenses es una carta de un amigo a sus amigos, una carta de consejo espiritual, escrita para reconocer una ayuda dada con amor. Pablo les habla a los creyentes de Filipos de sus prisiones, del progreso del Evangelio en Roma, de los esfuerzos de ciertos adversarios para afligirlo mediante una oposición sectaria, pues predicaban a Cristo movidos por la envidia y el espíritu de división (cap. 1: 12-17).
Les cuenta de la paz interior y del gozo que lo sostuvieron en todas sus aflicciones. Se siente seguro de la simpatía de ellos; les escribe teniendo la confianza plena de la amistad cristiana. Su gozo es el gozo de ellos.
Les habla de la incertidumbre de su futuro, pues no sabe cómo terminará su juicio, si en muerte o en vida. Pero está preparado para ambas: una vida santa es una bendición, y también lo es una muerte santa (vers. 19-24). Les habla de que acepta sus presentes con gratitud.
No había estado dispuesto a recibir ayuda de otras iglesias, pero con ellos compartía una estrecha intimidad, y esa amistad afectuosa y confiada hacía que estuviera listo para aceptar la ayuda de ellos (cap. 4:14-17). La apreciaba no tanto como un alivio para sus propias necesidades, sino más bien como una evidencia adicional del amor de ellos por él y de su crecimiento en ese amor, que es la primera de las virtudes cristianas.
El, les dice, se sentía contento, pues había aprendido a bastarse a sí mismo en el sentido cristiano. Nadie sentía como él sus propias debilidades, pero podía hacer todas las cosas con la fortaleza de Cristo (vers. 10-13). Por lo tanto, el tema de la epístola es el gozo en Cristo. Pablo escribió esta carta mientras estaba preso y sin saber qué le sucedería; sin embargo, utiliza repetidas veces las palabras "gozo" y "regocijaos".
Contexto Histórico de la Epístola a los Filipenses
El título de esta carta se debe a que fue dirigida a los cristianos de Filipos, ciudad de Macedonia. En la carta se menciona al apóstol Pablo como su autor (cap. 1: 1). El apóstol presenta a Timoteo como a uno de sus colaboradores (cap. 1: 1; 2:19), y se refiere a su encarcelamiento (cap. 1:7) y a su anterior predicación en Macedonia (cap. 4:15) de una manera completamente natural y en armonía con lo que se sabe de la vida de Pablo.
La iglesia primitiva unánimemente reconoció que esta carta era de Pablo. El primer testimonio extrabíblico en cuanto a la paternidad literaria paulina de esta epístola, proviene de Policarpo, líder y mártir cristiano de mediados del siglo II (ver t. V, p. 126). La evidencia en cuanto a la paternidad literaria de Pablo es tan manifiesta, que hay pocos motivos para ponerla en duda.
La Epístola a los Filipenses fue escrita en Roma durante el primer encarcelamiento de Pablo en esa ciudad (ver t. VI, pp. 108-109). Habían pasado más de diez años desde que Pablo predicara por primera vez el Evangelio en Filipos. Lucas describe las circunstancias de la primera visita del apóstol a Filipos (Hech. 16). Mientras el apóstol estaba en Troas, en la costa noroeste del Asia Menor, alrededor del año 50 d. C., recibió una visión en la que contempló a "un varón macedonio" que le suplicaba: "pasa a Macedonia, y ayúdanos" (Hech. 16: 8-9).
Pablo y sus compañeros, Silas, Timoteo y Lucas, respondieron inmediatamente viajando a Filipos por la vía de Neápolis. Filipos fue el primer lugar de Europa donde se predicó el Evangelio (ver com. Hech. 16:11-12). Los misioneros se unieron allí con un reducido grupo de creyentes para celebrar un culto fuera de la ciudad, a la orilla de un río (ver com. Hech. 16:13).
Entre los presentes se destacaba la presencia de "Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira". Lidia y los suyos recibieron con alegría el mensaje del apóstol, se convirtieron y fueron bautizados. Posteriormente, mientras Pablo y Silas se ocupaban en su obra de enseñanza, se encontraron con una muchacha esclava poseída por un espíritu de adivinación, la cual repetidas veces los 144 anunciaba como "siervos del Dios Altísimo".
Pero cuando Pablo libero a la muchacha de ese mal espíritu, los que habían sido sus amos instigaron a una turba contra los apóstoles, y Pablo y Silas fueron golpeados y encarcelados. Entonces se produjo un terremoto a la media noche, e inmediatamente el carcelero se convirtió y también su familia. En esta forma comenzó la iglesia de Filipos. Su feligresía estaba formada por Lidia, la vendedora de púrpura de Tiatira y su casa, el carcelero, que quizá era romano (ver com. Hech. 16:23), y su familia, y otros.
Varios años mas tarde, cuando regresaba a Jerusalén después de terminar su tercer viaje misionero, Pablo se detuvo otra vez en Filipos. Era el tiempo de la pascua, y el apóstol la observó con los creyentes. Debe haber disfrutado de unos días de pacífica y feliz comunión que le fue concedida junto con aquellos que se encontraban entre los más amados y leales de todos sus conversos (Hech. 20:6; cf. HAp 312-314). Pablo regresó a Jerusalén, y poco después fue arrestado y encarcelado en Cesarea por lo menos durante dos años (Hech. 24: 27).
Entonces tuvo lugar su viaje a Roma, donde vivió "dos años enteros en una casa alquilada" (Hech. 28: 30). Durante ese encarcelamiento Pablo escribió, sin duda, su epístola a la iglesia de los filipenses y también las cartas a los colosenses, a los efesios y a Filemón. Roma no se menciona en la Epístola a los Filipenses; pero la referencia de Pablo a "la casa de César" (cap. 4: 22) y su expectativa de una rápida liberación (cap. 2:24), sugieren que Roma fue el lugar en donde la escribió.
En la carta se puede apreciar bastante bien la situación de Filipos, la condición de Pablo y la relación del apóstol con los creyentes filipenses. La iglesia de Filipos era presidida por obispos y diáconos (cap. 1:1); sus miembros estaban sufriendo persecución (vers. 29), e indudablemente se había producido alguna tendencia a la discordia, especialmente entre dos de las hermanas de la iglesia (cap. 4:2); pero no hay ninguna indicación de que hubiera corrupción moral o falsas doctrinas.
Había poco que perturbara el gozo y la gratitud con que el apóstol contemplaba el crecimiento de los filipenses en la gracia. Su amor por Pablo era inmutable. Le habían enviado a Epafrodito, uno de sus dirigentes, para que le llevara sus dádivas y lo ayudara en su aflicción (cap. 2:25). Pablo pensaba que sería liberado pronto, y expresaba su confianza de que antes de mucho los vería otra vez (cap. 1:26; 2:24). Más tarde fue liberado y durante un tiempo trabajó entre las iglesias que había ayudado a establecer, lo que tal vez incluyó a la iglesia de Filipos (ver HAp 389).
La ocasión inmediata para que el apóstol escribiera esta carta, fue que Epafrodito -que había enfermado gravemente durante su visita a Pablo en Roma- ya había mejorado lo suficiente como para regresar a Filipos (cap. 2:25-30).
Análisis Detallado de Filipenses 1:1
Ver com. Hech. 16: l. El joven evangelista había estado con Pablo en Filipos (Hech. 16:11-12), de modo que era conocido personalmente por los primeros conversos. Una visita ulterior (Hech. 20:1-5) hizo posible que lo conocieran miembros que posteriormente se habían unido a la iglesia. Fuera de este saludo no hay ninguna indicación de que Timoteo fuera coautor de la epístola. El hecho de que Pablo hable en primera persona desde el cap.
Gr. dóulos (ver com. Rom.1: 1). Algunos sugieren que al aplicarse a sí mismo este término, Pablo puede haber tenido en cuenta la frecuente práctica griega de liberar a un esclavo haciendo parecer como si lo hubiera comprado uno de los dioses. Se hacía una transacción comercial ficticia, y el esclavo tenía que pagar en la tesorería del templo el precio de su compra con el dinero que él había ahorrado. Entonces el dueño y el esclavo iban al templo; el dueño recibía el precio de la compra, y se suponía que el esclavo había sido vendido al dios.
El esclavo se convertía entonces en la propiedad de determinado dios; pero para los propósitos prácticos ya era libre. Pablo consideraba que había sido comprado por Jesucristo, comprado "por precio" (1 Cor. 6:20; 7:23), libertado (Rom. 6:18); pero a pesar de esa libertad estaba seguro de que no se pertenecía a sí mismo (1 Cor. 6:20), sino que era una posesión comprada por Cristo, quien lo amaba y se había entregado por él (Gál. 2:20). Esa compra no era una engañosa ficción sino una realidad viviente; el cuerpo y la mente del apóstol habían sido redimidos de la esclavitud del pecado y de Satanás, de la servidumbre del orgullo y los prejuicios, del cautiverio ante las obras de la ley y de la carne, y él había sido puesto bajo el pleno dominio del Amo de los hombres (ver com. Rom.
Gr. hágios (ver com. Rom. 1:7). Nótese que la carta está dirigida a todos los miembros de la iglesia de Filipos. Ver com. Rom. 8: l; 1 Cor. 1:2; Efe. Gr. epískopos (ver com. Hech. Gr. diákonos (ver com. Mar. 9:35), palabra que significa "sirviente", no ,,esclavo", que recalca posición social. Diákonos se usa a veces específicamente para un ministro del Evangelio (1 Cor. 3:5; 2 Cor. 3:6; Efe. 3:7). El hecho de que Pablo reconociera especialmente a estos obreros de una iglesia local, sin duda aumentaba el prestigio de ellos frente a la congregación.
Aquí no hay ninguna indicación de que un obispo 148 ejerciera autoridad sobre varias congregaciones, como sucedió en la historia posterior de la iglesia; al contrario, había varios dentro del grupo local de Filipos (ver t. VI, pp. En cuanto a este saludo, ver com. Rom. 1:7. Ver com. Mat. Ver com. Rom. Cada vez que Pablo recordaba a los creyentes filipenses se renovaba en él el aprecio de sus excelentes cualidades, lo que hacía que agradeciera a Dios porque hubiera cristianos tan ejemplares.
Gr. déèsis, "petición", "ruego", "súplica", del verbo déomai, "pedir", "suplicar". ¡Qué homenaje al carácter cristiano de los filipenses, de que el conocimiento de su experiencia produjera gozo al apóstol, y no agonía de alma! No sucedió siempre así con otras iglesias (1 Cor. 3:1-3; Gál. "Colaboración" (BJ). Gr. koinonía (ver com. Hech. 2:42; Rom. 15:26). Koinonía se usa en el sentido más amplio de una cooperación llena de simpatía, pero también implica el significado de "dar una contribución", y este puede ser aquí el caso debido a las generosas contribuciones de los filipenses para el bienestar de Pablo (Fil. 4: 10, 15-16). Era un compañerismo bien probado del amor mutuo que existía desde el primer día que Pablo predicó el Evangelio entre ellos hasta el momento de escribir la epístola.
El Evangelio de Cristo permitía la comunión personal; pero, más que eso, el compañerismo de ellos radicaba en el progreso del Evangelio. No hay nada que una los corazones tan firmemente como la creencia común en el Evangelio y la participación de los gozos y sufrimientos de la vida cristiana. Esta comunión debe resultar en esfuerzos unidos para incluir a otros dentro de su círculo. Ver com. Heb. Es decir, Dios. El apóstol anhela que sus conversos recuerden que Dios es el autor de su salvación (cf. Fil. 2:13; Heb.
El Señor es un obrero perfecto. Termina cada obra en la cual pone su mano, si el material humano le permite hacerlo; además, el producto de una obra tal será perfecto. Y Dios no se cansa de hacer el bien. Había aceptado a los filipenses dentro de la comunión del Evangelio, pero esta no es una obra que se concluye con un solo acto, sino que se completa gradualmente, pero con toda seguridad. La confianza en el constante interés y la conducción de Dios, es una nota clave de los escritos de Pablo.
Un sinónimo de la expresión "día del Señor" (ver com. Hech. 2:20; cf. Fil. l: 10; 2:16). La obra del perfeccionamiento continuará hasta que Cristo venga a recoger a los suyos. Es decir, moralmente justo, teniendo en cuenta el proceder de Dios (vers. Mejor "en cuanto a todos vosotros". Pablo menciona su amor, el hecho de que mantenía a los creyentes en su corazón, para justificar la gran esperanza que tenía en cuanto a ellos.
Mantenía a esos amados conversos en su corazón porque no podía estar personalmente con ellos. El que atesora a sus benefactores y a sus colaboradores en su corazón, se protege contra el egoísmo. Una referencia al encarcelamiento de Pablo en Roma (ver p. Gr. apología, "defensa verbal" "discurso en defensa de alguien". Gr. Esa gracia los había hecho participantes de la prisión del apóstol por la ayuda cordial que le prestaban y porque soportaban una persecución similar a la que él sufría. Pablo recurre a Dios para confirmar su profundo amor por los filipenses y su deseo de verlos. Una alusión a la compasión, la ternura y el amor del Redentor. Pablo consideraba a los creyentes de Filipos con un afecto parecido al que el Señor Jesús tenía por e...
Bosquejo de la Epístola a los Filipenses
- Saludos a los filipenses, 1: 1-2.
- Acción de gracias por los conversos de Pablo, 1:3-8.
- Su encarcelamiento y su efecto en el progreso del Evangelio, 1: 12-17.
- Le añadió publicidad, 1: 12-13.
- Aumentó el testimonio de los miembros de iglesia, 1: 14.
- Produjo una predicación maliciosa, 1: 15-17.
- Actitud de Pablo hacia su encarcelamiento, 1: 18-26.
- Regocijo porque Cristo es más ampliamente predicado, 1: 18.
- Convicción acerca de su beneficio espiritual, 1: 19.
- Su encarcelamiento y su efecto en el progreso del Evangelio, 1: 12-17.
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- Necesidad de una firme intrepidez, 1:27-28.
- Paciencia ante el sufrimiento, 1:29-30.
- Exhortación a la unidad y a la humildad cristianas, 2:1-4.
- Cristo, el modelo supremo de humildad, 2:5-11.
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- Su plan de enviarles a Timoteo, 2:17-23.
- Su esperanza de ser pronto liberado, 2:24.
- Su plan inmediato de enviarles a Epafrodito, 2:25-30.
- Enfermedad y restablecimiento de Epafrodito, 2:25-27.
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- Regocijo en el Señor, 3: 1.
- Amonestación contra dos errores, 3:2-21.
- Judaísmo: las obras en oposición a la gracia, 3:2-16.
- La verdadera circuncisión, 3:2-3.
- Pablo resta importancia a sus antecedentes hebreos, 3:4-7.
- Nada tiene valor frente al conocimiento de Cristo, 3:8-11.
- Necesidad de un progreso continuo y unificado, 3:12-16.
- Materialismo: la mente sensual contra la mente espiritual, 3:17-2 1.
- Exhortación a imitar a Pablo, 3:17.
- Amonestación contra los sensuales, 3:18-19.
- La bendita esperanza, 3:20-21.
- Judaísmo: las obras en oposición a la gracia, 3:2-16.
- Renovada exhortación a la firmeza y la unidad, 4:1-3.
Otros Aspectos Relevantes
Pablo expresa su agradecimiento a Dios y su amor por los hermanos y los frutos de su fe y compañerismo en los sufrimientos de él. Su continua oración por el crecimiento de ellos en la gracia. Muestra cuánto beneficio ha recibido Ia fe de Cristo debido a sus prisiones en Roma, y cuán listo está para glorificar a Dios ya sea por su muerte o por su vida. 18 ¿Qué, pues? Nótese la forma sencilla de identificarse. Cuando Pablo escribió a otras iglesias, el apóstol consideró necesario presentar su autoridad (cf. 1 Cor. l: l; 2 Con l: l; Gál. 1:1; Efe.1: 1); pero ahora no había necesidad de hacerlo porque la iglesia de los filipenses aceptaba sus credenciales.
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