Resumen de los Capítulos de María Mercedes

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En este artículo nos focalizaremos en Mercedes Santa Cruz y Montalvo, nacida en La Habana en 1789 y conocida como la Condesa de Merlin por su matrimonio con el conde Merlin y su larga residencia en Francia a partir de 1812. Históricamente excluida del canon nacional cubano por ser mujer y por haber vivido la mayor parte de su vida fuera de Cuba, la vida y obra de la Condesa de Merlin han recibido mayor atención de la crítica literaria en los últimos años.

Aquí nos interesa concentrarnos en dos obras de la Condesa de Merlin, en las cuales aborda principalmente el tema de la esclavitud: su primera publicación autobiográfica Mes douze premières années (1831) [Mis doce primeros años (1838)] y el folletín-ensayo Les esclaves dans les colonies espagnoles (1841) [Los esclavos en las colonias españolas (1841)]. En ambos casos, se trata de textos escritos en francés por la autora y luego traducidos al castellano para ser difundidos en el mercado literario español y cubano.

Junto con otras escritoras decimonónicas provenientes del Caribe que escribieron sobre la esclavitud y su abolición, tales como Mary Prince y Gertrudis Gómez de Avellaneda, la Condesa de Merlin se apoderó de la palabra escrita para posicionarse en una esfera pública predominantemente masculina y participar en forma explícita en los debates públicos de su época.

Esto es particularmente evidente en La Havane, texto en el cual la Condesa de Merlin analiza, estudia y ofrece propuestas sobre la política, la economía, la sociedad y la esclavitud cubanas. Según José Luis Prieto Benavent, La Havane es “posiblemente el primer libro de sociología política cubano, en el que aparece claramente el proyecto de construcción de una nación, un libro que contiene una crítica feroz a la administración judicial y económica colonial y que se plantea la necesidad de reformarla para salvaguardar la prosperidad de la isla” (92-93).

En este sentido, Merlin se destaca por su capacidad de posicionarse como académica e investigadora social y política en un período marcado por la exclusión sistemática de las mujeres en las universidades y centros de transmisión del saber occidental.

Más aún, la consolidación de Merlin como una de las salonnières más respetadas de París da cuenta de la inserción de una mujer de origen caribeño en el centro de la esfera pública letrada europea visualizada por Jürgen Habermas.

Pero si la Condesa de Merlin logró poner en jaque el monopolio masculino de la esfera pública decimonónica al apoderarse de la palabra escrita y opinar sobre asuntos de índole política, también es importante notar que su escritura reproduce y re-afirma muchas de las jerarquías raciales y culturales empleadas por el colonialismo europeo para subyugar y alienar al otro, es decir, a la población no blanca colonizada. Esto es particularmente evidente en la contradicción discursiva que se genera entre Mis doce primeros años y Los esclavos en las colonias españolas, en cuanto los tropos de la libertad femenina y la rebelión contra la opresión desplegados en el primer texto entran en tensión con la posición proesclavista y antiemancipación que ella toma en el segundo.

En el caso del primer texto, Mis doce primeros años, Merlin escribe desde una perspectiva autobiográfica, asumiendo la voz personal conceptualizada por Susan Lanser, para recrear su infancia y niñez en Cuba y su posterior desplazamiento a España. De esta forma, circunscribe su autoría al “discurso del yo”, limitando el alcance de su obra a asuntos de índole personal (Martin).

Al mismo tiempo, su autobiografía se lee como un manifiesto político contra la opresión de la mujer, dramatizado no solo en la actitud rebelde de la protagonista que hace valer su voluntad, sino también en su fuga del convento. Más aún, Merlin utiliza su crianza en el seno de una familia cubana esclavista para expresar su repudio público a cualquier forma de opresión, incluyendo la esclavitud humana.

En la segunda obra, Los esclavos en las colonias españolas, publicada diez años más tarde cuando Merlin ya poseía cierto reconocimiento literario en Europa y Cuba, la autora optó por una posición autoral diametralmente diferente. Apropiándose del género ensayístico tradicionalmente masculino, asume una voz autoral para convertirse en una investigadora cuya perspectiva “objetiva” le otorga mayor peso al momento de plantear sus argumentos sobre la situación de la esclavitud en Cuba.

Según Martin, se trata de una posición distante, impersonal y poco (o nada) sentimental hacia los esclavos, respaldada en las teorías proesclavistas que le permiten abogar a favor de los intereses económicos de los hacendados. En este sentido, entonces, Merlin renuncia a su papel anterior como mediadora entre esclavos y amos, para posicionarse en el seno de la esfera pública dominante y contrarrestar los argumentos abolicionistas que ponían en jaque los intereses económicos de la clase plantadora. Este giro en la obra de la Condesa -un giro autoral, que además coincide con un cambio en la toma de posición en la autora- será el tema principal que buscamos explorar aquí.

Como ya hemos anotado, Mis doce primeros años es la primera autobiografía de Merlin, publicada como Mes douze premières années en 1831 y traducida al español en 1838 por el cubano Agustín de Palma. El contexto de producción de su primera obra corresponde a un período en el cual la Condesa ya había consolidado su papel como salonnière en la alta sociedad parisiense, siguiendo el ejemplo de su madre, quien era reconocida por sus tertulias dentro de la élite madrileña.

La decisión de la Condesa de focalizarse en su pasado caribeño -a diferencia de sus coetáneos franceses que preferían escribir sobre la sociedad alta del presente- indica el conocimiento de la Condesa del habitus francés, pues tenía claro que lo “exótico” de su infancia cubana sería de gran interés para el público lector parisiense.

Por ser la primera propuesta literaria de la Condesa, su recepción por parte de los críticos es cálida y alentadora; destacan no solo su capacidad de capturar “lo cubano”, sino también los aspectos más “femeninos” de su “obrita”: su ternura, melancolía y los sentimientos del alma.

Tal como el título indica, Mis doce primeros años reconstruye los primeros años de vida de su autora, trazando su nacimiento en La Habana, la partida de sus padres a Europa, su crianza con la bisabuela, el retorno de su padre a Cuba, su encierro en un convento y posterior fuga y, finalmente, su re- encuentro con su madre en España. Desde las primeras páginas, es interesante notar cómo la autora va construyendo una genealogía de mujeres que de algún modo le permite compensar la experiencia del abandono materno.

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