José Miguel Carrera y Mercedes Fontecilla: Una Historia de Amor en Tiempos de Guerra

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El amor también estuvo presente en la vida de los próceres de la Patria. Un ejemplo de ello es José Miguel Carrera, cuyo natalicio se celebra hoy 15 de octubre. El hombre más notable de entonces, José Miguel Carrera, se enamoró de esta mujer y la hizo su esposa.

Según diversos historiadores, Carrera acostumbraba a escribir cartas de amor a su esposa María Mercedes Fontecilla Valdivieso, con quien - en medio de su lucha por la independencia- contrajo matrimonio el 20 de agosto de 1814 en la Catedral de Santiago y cuando ella tenía sólo 15 años. Mercedes era su fuente de consuelo y desahogo frente a sus enfermedades y maltrechas condiciones en que habitaba.

Entre las mujeres hermosas de 1810, descollaba en primera línea Mercedes Fontecilla. Sus facciones eran delicadas y graciosas, su cutis blanco y purísimo, sus ojos y cabellos negros; sus ojos especialmente eran, la expresión de su alma, ardientes, apasionados, deslumbradores; era imposible mirarlos sin inclinarse ante ellos. A los encantos de su rostro unía la majestad de su figura.

Ella, enamorada también y seducida al mismo tiempo por la brillante posición que se le ofrecía, unió su hermoso destino a ese genio del bien y del mal que debía lanzarla al través de todos los abismos y desgracias de su vida. Jamás las molestias de su vida errante, la pérdida de sus goces materiales, de su fortuna, de su familia, de su encumbrada posición social, turbaron el sueño de esa heroica mujer; nunca sus labios dejaron escapar un reproche ni una queja.

Enferma a veces, criando dos hijos, durmiendo entre dos cunas, su alma sólo sufría ante el incierto porvenir de esos niños y el sombrío destino de su esposo. Amaba a ese hombre desgraciado, a ese espíritu fogoso, a ese genio proscrito, con toda la fuerza del primer amor. Mercedes Fuentecilla fue la fiel esposa de José Miguel Carrera. Fuentecilla llevó una vida de sacrificio y abnegación, compartiendo los devenires y fracasos de su marido. A pesar de su noble cuna y riquezas familiares, sufrió grandes penurias.

Las exigencias de la lucha en que estaba comprometido Carrera separaron un día a los dos esposos; ella se fue a vivir en un rancho solitario mientras él seguía la serie de sus victorias y desgracias. Sólo de cuando en cuando el destino unía por una hora a los dos esposos. Entonces un rayo de sol descendía sobre la pobre habitación de Mercedes. Cuatro o cinco en el espacio de algunos años; aquellos corazones se comunicaban sólo por el pensamiento.

Se cree que aquella mujer pudo hacer variar el destino de José Miguel Carrera disuadiéndolo de sus empresas temerarias; pero en el carácter dominante de este hombre se ve que tal empresa habría fracasado. El amor obra prodigios indudablemente; pero Carrera jamás sacrificó al pie de ese altar el más insignificante de sus proyectos, la más pequeña de sus ambiciones. Ella lo comprendía demasiado y de ahí su silencio heroico; o tal vez no quiso jamás ser un inconveniente a la gloria de su esposo. En sus cartas, en sus cartas amables y encantadoras, se dibuja algunas veces una queja; como se dibuja una sonrisa en el rostro de una mujer que sufre.

Mientras tanto el desenlace de la tragedia se acercaba violentamente. En una de las raras visita que Mercedes hacía a su esposo fue capturada por el ejército argentino. La desgraciada había llegado al campamento chileno el día de la sorpresa de San Nicolás, la catástrofe que decidió del porvenir de Carrera. Carrera desesperado, impotente, llevando en su corazón el peso inmenso de sus desgracias y en su cabeza el fuego inextinguible de su genio, se lanzó al desierto, a las tolderías indias, buscando aliados entre los salvajes de las pampas. Algún tiempo después una mujer regaba con sus lágrimas esa tumba. Era Mercedes. Lo más tremendo para ella era no haber podido recibir el eterno adiós de los mismos labios de su esposo.

El Último Adiós: La Carta Final de Carrera

El último escrito romántico que Carrera dedicó a su amada, es conservado por el Archivo Nacional del Dibam (Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos de Chile). Esa misma mañana había escrito a su esposa, una carta de despedida a la que se puede acceder en versión digitalizada, gracias a la labor del Archivo Nacional.

“Mi adorada pero muy desgraciada Mercedes: un accidente inesperado y un conjunto de desgraciadas circunstancias me han traído a esta situación triste: ten resignación para escuchar que moriré hoy a las once. Sí, mi querida, moriré con el solo pesar de dejarte abandonada con nuestros cinco tiernos hijos en un país extraño, sin amigos, sin relaciones, sin recursos ¡Más puede la providencia que los hombres!” Así comienza la última carta que escribió José Miguel Carrera a su esposa, Mercedes Fontecilla, el 4 de septiembre de 1821, a las 9:00 de la mañana.

Antes de su muerte, Carrera vivía en el exilio en Argentina y había sido derrotado por las fuerzas del coronel mendocino José Albino Gutiérrez en la localidad de Punta del Médano el 30 de agosto de 1821. Tras ser juzgado, fue condenado a muerte. Es así como a comienzos de septiembre a eso de las 12:00 del día fue fusilado en la plaza de Mendoza por orden de Tomás Godoy Cruz.

La misiva finaliza con algunas frases que parecen ajenas al contexto amoroso, pero a juicio de la coordinadora del Archivo Nacional Histórico, Emma de Ramón, hay que considerar la circunstancia en la que se encontraba el libertador. "Estaba a minutos de ser fusilado y, posiblemente, esto le hacía ser un poco errático en su mensaje, pasando del tema de la despedida a frases relativas a su amor a la Patria, a la libertad y a las leyes.

Esa misma mañana había escrito a su esposa, una carta de despedida a la que se puede acceder en versión digitalizada, gracias a la labor del Archivo Nacional. Más puede la providencia que los hombres! No sé porqué causa se me aparece como un ángel tutelar el oficial D... ¿Amáis la libertad, disfrutáis de ella?

El Contexto Histórico: La Batalla de Rancagua

No se puede hablar de esta batalla sin mencionar antes la cadena de hechos dolorosos que contribuyeron a su desenlace. Sin embargo, se toca este tema y las pasiones dormidas saltan como impelidas por un resorte. Nos cuesta aceptar que nuestra Guerra de la Emancipación no fue contra una potencia extranjera. ¡Fue una guerra civil!

La idea de una Independencia total, solo estaba en la mente de una minoría ilustrada, imbuida en las ideas diseminadas por la revolución francesa y por la recientemente lograda independencia de los Estados Unidos de Norte América. Las fuerzas “patriotas”, eran comandadas por oficiales criollos formados en las guerras de Arauco o en las milicias regionales; aunque unos pocos, como el brigadier Juan Mackenna, el general José Miguel Carrera y el brigadier Francisco de la Lastra, tenían formación militar en el extranjero.

Es efectivo que esta posición podía ser rodeada por dos pasos: el de Chada y el de Alhuè. En cuanto al paso de Chada, este era más practicable que el anterior, incluso para la artillería de montaña. Para conciliar ambos puntos de vistas, se transó finalmente en un plan ambiguo de tres fases: La fase inicial consistía en la defensa de la rivera norte del río Cachapoal, utilizando la primera y la segunda división del ejército.

Legado y Reconocimiento

Protagonista decisivo en la Patria Vieja, este prócer del que ayer se conmemoró el bicentenario de su fallecimiento recibió siete años más tarde un funeral en Santiago que fue “apoteósico”, según las crónicas de la época.Las palabras de despedida que desde la cárcel de la ciudad de Mendoza, Argentina, escribió el chileno José Miguel Carrera a su esposa Mercedes Fontecilla el 4 de septiembre del año 1821, cobran un significado especial en el marco del Día de los Enamorados.

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