Cuando se piensa en la historia de la Independencia de Chile, los primeros nombres que aparecen en la mente de muchos son los de Bernardo O’Higgins, José Miguel Carrera, José de San Martín y Manuel Rodríguez. Si se piensa en las mujeres, la primera imagen es la de Javiera Carrera.
Si bien la Independencia de Chile durante las batallas fue librada por los hombres, las mujeres también asumieron un rol importante. Muchas sirvientas, chinganeras, lavanderas, cocineras, costureras, entre otras, asumieron la tarea de ser proveedoras de los hogares cuando sus maridos, padres o hermanos fueran apresados o asesinados. También acompañaron a las tropas para atender a los enfermos, heridos y cocinar para los militares. ¿Quién sabe?
Luisa Recabarren gozaba de ilustración y fortuna. Nació en 1777 en La Serena, sus padres fueron Francisco de Paula y Recabarren y Pardo de Figueroa y Josefa Aguirre y Argandoña. En 1796 contrajo matrimonio con Gaspar Marín, notable abogado de Santiago. Fruto de su enlace nacieron seis hijos, entre ellos la afamada poetisa Mercedes Marín del Solar.
Luisa Recabarren y su Compromiso con la Independencia
Recabarren, por su gran preparación intelectual, tuvo la oportunidad de estar presente en las conversaciones independentistas que se daban en los círculos sociales de mayor elite. Según relatos históricos, muchas veces sus consejos fueron escuchados por los patriotas e incluso, por su participación en el movimiento, se vio obligada a huir a Argentina con su marido.
Recabarren era anfitriona de un distinguido salón donde se reunían connotados libertadores que soñaban desprenderse del orden colonial y esbozaban estrategias para lograrlo. Luisa Recabarren, por su gran preparación intelectual, tuvo la oportunidad de estar presente en las conversaciones de los independentistas. Los relatos históricos sostienen que muchas veces sus consejos fueron escuchados en las tertulias de su salón. También se cuenta que ella demostró una gran capacidad para manejar los negocios de su esposo cuando, por su participación en el movimiento patriota, se vio obligado a emigrar a Argentina.
En esa circunstancia, Marín y Recabarren mantuvieron correspondencia, informándose recíprocamente de los acontecimientos políticos que ocurrían a un lado y otro de la cordillera. Luisa Recabarren seguía acogiendo a patriotas en su casa, y las noticias que enviaba su marido eran leídas por ella ante sus invitados. Sin embargo, en una ocasión los realistas interceptaron una misiva que la mencionaba y eso conllevó su detención y encarcelamiento por orden de Casimiro Marcó del Pont.
En 1817 la recluyeron en el Monasterio de las Agustinas, no obstante, por su condición social, recibió mejores tratos que otras patriotas en la misma situación.
Otras Mujeres Patriotas
Antonia Salas de Errázuriz y Rosario Rosales fueron hijas de patriotas castigados por su participación en la guerra de Independencia. Ambos padres fueron desterrados a Juan Fernández en 1814, tras la derrota de Rancagua. Entre otras esposas que se involucraron en el proceso, estuvo Paula Pineda, casada con Joaquín Vidal, patriota enviado a Perú en calidad de comisionado. Pineda fue encarcelada en Concepción por no revelar los nombres de los patriotas que se reunían en su casa. Sufrió terribles maltratos durante su presidió, al igual que su marido al ser apresado en Perú. La dureza de la reacción realista igualmente cayó sobre María Silva de Salinas, a quien los soldados realistas propinaron varios azotes para que delatara a un grupo de patriotas, entre ellos a su esposo. Cuenta la historia que resistió guardando lo que sabía, sin embargo su cónyuge no salvó de la muerte.
Por su parte, Agueda Monasterio, nacida en 1772, era cónyuge de Juan Lattapiat, con quien compartía las ansias emancipadoras desde la época en que recién se gestaba el objetivo. En plena contienda, su casa se convirtió en asilo de los comisionados que enviaba José de San Martín en 1816 para informarse de lo que ocurría en Chile. Por sus ideales fue perseguida durante el gobierno de Casimiro Marcó del Pont. Ella y su hija Juana fueron procesadas y estuvieron a punto de morir, librándose de ello gracias al triunfo libertario en Chacabuco. Dos de sus hijos dieron su vida por la causa independentista.
Cuenta la historia que ya en el último proceso del periodo independentista, Jara Quemada -de 50 años- recibió al ejército patriota en su hacienda en Paine luego de la derrota en Cancha Rayada. Allí los rebeldes se alimentaron, se curaron y descansaron. El sueño de Agueda era ver a su patria libre, ideal que compartió con su cónyuge, Juan Lattapiat. Es por esto que, sin dudarlo, su casa se convirtió en asilo de los comisionados que enviaba José de San Martin. Por sus acciones, fue perseguida por el gobierno de Casimiro Marcó del Pont.
Esta patriota nació y vivió en Chillán, y se destacó como una gran agitadora en la época de la Independencia. Según cuenta la historia, se le escuchó decir que “hombres y mujeres deben tomar las armas contra los tiranos. Por sus constantes incitaciones a sumarse a la causa patriota, recibió repetidas amenazas por parte de realistas respecto a que sería encarcelada. Las consecuencias de esto para María Cornelia fue la humillación pública.
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