"Circo Beat", el octavo álbum de Fito Páez, cuyo título “esconde” una alusión política hacia el menemismo, contiene algunos de los grandes hitos de su discografía. Este optimismo se convierte en la fuente de inspiración de "El amor después del amor", lanzado en junio y convertido rápidamente en el disco más exitoso de su carrera y el más vendido en la historia del rock argentino.
Colaboraciones con Charly Garcia, Luis Alberto Spinetta, Celeste Carballo, Mercedes Sosa, Fabiana Cantilo, Andrés Calamaro, Ketama, entre otros, marcaron este álbum. Además, se realizaron 11 conciertos en el Teatro Gran Rex y dos consecutivos en el Estadio Vélez Sarsfield, repletos con 84 mil asistentes; una gira nacional e internacional por Latinoamérica que lo llevó a La Habana, Cuba; 200 mil discos vendidos en menos de un año y más de 750 mil a la fecha; reedición de sus producciones descatalogadas; y actuación en las películas "Sur", "El Viaje" y "De eso no se habla" (de las que también compone sus bandas sonoras).
El sucesor de "El amor después del amor" fue grabado en diversos estudios entre Inglaterra y Argentina, uno de los cuales tenía la particularidad de ser ambulante, siendo ensamblado principalmente en el viejo Teatro Labarden de Rosario. Para la ocasión, convocó a Phil Manzanera como productor -histórico guitarrista de Roxy Music y productor de Héroes del Silencio y Paralamas do Sucesso- con la misión de hacer un álbum completamente análogo, pero con la corporalidad característica de la música del rosarino.
“Es una manera de hacer música que no está muy de moda y creo que está bien que así sea”, afirmaba en una entrevista para MTV en relación a la ausencia de programaciones electrónicas. El single escogido para presentar el disco fue ‘Mariposa tecknicolor’, hoy uno de los principales hits en la historia de Páez y, probablemente, su canción más exitosa en suelo chileno, alcanzando el primer puesto del ranking radial en abril de 1995, superando a ´Tu cariño se me va´ de Los Tres.
Una canción que sintetizaba el espíritu sonoro del álbum, con armonías en apariencia sencillas y melodías de fácil memorización, rico en texturas y timbres, ecualización de agudos altos, protagonismo de la corpulenta base rítmica bajo/batería, versos enérgicos y un estribillo inolvidable. La canción se presentaba como una típica canción circense, con alta gama cromática en la paleta de sonidos, lo que conversaba de manera tensa con una portada en sepia y melancólica, que mostraba un bombo con tipografía psicodélica, cortinas rococó, un par de primates, un par de payasos y dos Fito Páez: uno a un costado como un triste payaso neogótico y otro recostado en el suelo sobre nubes.
Luego de tanta transformación mediática Fito quiso -o más bien necesitó- volver a la normalidad y sencillez de su barrio. Ese es el espíritu que inspiró "Circo Beat", el refugio que significa el hogar, los recuerdos y la familia como concepto central. En muchos pasajes de las letras es posible apreciar una añoranza nostálgica por lo cercano y por su propia biografía. “Lo que tuve que hacer fue un viaje para adentro”, señaló.
Ya ‘Mariposa tecknicolor’, comienza con una lectura enternecedora de su recorrido: “Todas las mañanas que viví / Todas las calles donde me escondí”. Pero hay más canciones con versos que aluden a esa mirada en retrospectiva. ‘Tema de Piluso’ con “Rosario siempre estuvo cerca”, ‘Normal 1’ que es el nombre de la escuela a la que asistió en su infancia o el elocuente título de ‘Lo que el viento nunca se llevó’.
Sin embargo, más allá de los recuerdos idealizados de su infancia y juventud, hay una suerte de mirada crítica y de desahogo en relación a su nuevo estatus de mega estrella del rock y el contexto histórico del menemismo. En ‘Soy un hippie’ desnuda su intención de preferir “andar borracho en un subte” mientras “lleva todo el día escapando de los fans” -con cierto grado de ironía y reminiscencia a la beatlemanía- o en ‘Dejarlas partir’ que “después del amor nunca nada es igual”, en referencia al título de su disco super ventas de 1992.
En relación a la administración de Carlos Menem, "Circo Beat" se lee a sí mismo como una lectura que pone en valor la tradición y el criollismo del circo versus el afán modernizador y frívolo de la Argentina neoliberal de los 90. Buscar refugio en el hogar significaba para Páez, además de recordar a su familia y a sus héroes musicales, tributar también a otros nombres que inspiraron su vocación artística, desde Frida Kahlo -antes de su conversión en merchandising para las generaciones post 2000- al humorista Alberto Olmedo -el “Capitán Piluso”-, poniendo un énfasis especial en el cine de Pedro Almodovar, Stanley Kubrick, Walt Disney, Woody Allen, Pier Paolo Pasolini, la actriz Gena Rowlans, la película "Lo que el viento se llevó" y varias referencias a sus idas a los cines rosarinos.
En lo enunciativo, The Beatles también están presentes, como en la letra de ‘She’s mine’ y ‘Normal 1’, los Rolling Stones en ‘Lo que el viento nunca se llevó’ y Chico Buarque en ‘Dejarlas partir’. El éxito de "El amor después del amor" y su matrimonio con Cecilia Roth lo llevó a conocer un nuevo mundo de referentes culturales, que ampliaron su universo y apetito filosófico y artístico. Uno de los amigos que conocerá en aquellos años fue el sociólogo Horacio González, responsable de que Fito cambiara las lecturas de Charles Bukowski por las de Thomas Mann.
La intención de "Circo Beat" era “darle un espacio virtual a mi barrio Rosario, a mi casa, a mi familia, a los bares, a la música que yo escuchaba de chico. Toda esa fantasmagoría y todo ese mundo lisérgico que a la vez convivía dentro de una austeridad muy grande”. Para Fito, Rosario era un mundo contradictorio. Si para un lado observaba una modesta escuela primaria, al otro veía la portada de "Sgt. Pepper"; si en la mañana escuchaba tango en la vieja radio del living, en la tarde miraba alguna película de Kubrick; si un día pelaba papas en la cocina de su casa, al otro escuchaba "Clics Modernos".
"Circo Beat" se transformó en un ejercicio sonoro, textual y visual que emula un concepto similar a la portada de "Sgt. Pepper" a través del universo pop que describió, donde mundo referencial y experiencias de vida se diluyen. Un disco tan imaginativo como real y vivencial, que sirve como una parada en medio de un vertiginoso camino. Un disco reflexivo, enérgico y activo en su forma de enfrentar la vida, el medio y su propio contexto.
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