El Significado Detrás de "Y Dale Alegría a Mi Corazón" y el Éxito de Fito Páez

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Uno de los estribillos definitivos del rock latino, cantado por miles de personas, es sin duda "Y dale alegría a mi corazón". Este tema se convirtió en un himno, especialmente durante los conciertos donde los fans coreaban con fervor mientras Fito Páez dejaba su alma en el escenario.

La historia de Fito Páez es bien conocida, especialmente por sus seguidores. Su biografía ha sido contada a través de sus canciones, revelando sus orígenes en Rosario, provincia de Santa Fe, donde nació en 1963.

Los Inicios y la Influencia de los Maestros

Fito tuvo la fortuna de ser acogido por figuras icónicas como Charly García y Luis Alberto Spinetta, aprendiendo directamente de la fuente del rock nacional argentino. Compartió grabaciones y escenarios con estos titanes de la música. Estos mentores le entregaron la posta, viendo en Fito un músico que corporizaba en su arte la fiereza y exquisitez melódica de Charly y la poética sensible del Flaco.

Un claro ejemplo de su talento emergente es el disco “Giros” (1985), considerado su primer gran destape. También es conocida la tragedia de noviembre de 1986, cuando su abuela paterna y su tía abuela fueron asesinadas, lo que provocó una depresión y un ostracismo del que emergió el álbum “Ciudad de Pobres Corazones” (1987).

"Tercer Mundo" y el Anuncio de una Obra Maestra

Al despuntar la década del noventa, nuevas brisas invaden Argentina. Fito, entonces, tuvo algo que decir. “Tercer Mundo” (1990) mostró a un Páez robusto e incisivo, pero lo suficientemente nostálgico para regalar una canción que anunciaría su obra maestra: ‘Y dale alegría a mi corazón’.

Con Charly y Spinetta sobre los 40 años, la Argentina reclamaba nuevos héroes del rock y Cerati iba a ser uno de ellos. Fito, con todo a su favor, aún estaba al debe de presentar una obra que se convierta en fundamental.

"El Amor Después del Amor": La Consolidación del Éxito

Tras iniciar una relación con la actriz Cecilia Roth, Fito Páez convirtió sus sentimientos en la principal inspiración para "El Amor Después del Amor". Este álbum se convirtió rápidamente en el más exitoso de su carrera y el más vendido en la historia del rock argentino, superando a “Rockas Vivas” (1985) de Miguel Mateos & Zas.

Ideado, compuesto, arreglado e interpretado por Fito Páez, solo entregó la producción a Nigel Walker (Paul Mccartney, Dire Straits, Elton John) y al chileno Carlos Narea, además de compartir créditos en momentos específicos, como en ‘La rueda mágica’ con Charly García, ‘Pétalo de sal’ con Luis Alberto Spinetta, y ‘Detrás del muro de los lamentos’ con Lucho González. En términos musicales, la banda de soporte era un lujo: los estables Guillermo Vadala en bajo y Daniel Colombres en batería, sumando a un ya experimentado Tweety González en programación y órganos y Ulises Burton en guitarra.

El disco, que abre con el tema homónimo, sumó canciones que se transformaron en himnos como ‘Sasha, Sissí y el círculo de baba’, ‘Un vestido y un amor’, ‘Tumbas de la gloria’, ‘La rueda mágica’, ‘Brillante sobre el mic’ y ‘A rodar la vida’.

Significados Especiales en las Canciones

Fiel a su repertorio, algunas canciones tendrían significados especiales, ya sea en lo personal o por referenciar las influencias del mundo pop que tanto gustan al cantante. ‘Dos días en la vida’ recrea la historia de Thelma y Louise, de la adelantada película de 1991 de Ridley Scott; ‘Detrás del muro’ reluce los cantos chacareros de Mercedes Sosa; y ‘La rueda mágica’ pone sobre la mesa la fascinación por el rocanrol conocida en los músicos argentinos. ‘El amor después del amor’ era una declaración emocional a Cecilia, su musa, «una figura insólita, hermosa», en sus palabras; y ‘Un vestido y un amor’, una historia que hasta hoy conmueve al corazón más duro, interpretada posteriormente por un gigante como Caetano Veloso.

‘Tumbas de la gloria’ también era una canción especial, probablemente la que encarna la madurez compositiva de Páez en toda su expresión, con modulaciones complejas, apresuramiento en el fraseo, una letra extensa y preciosa -dedicada a los muertos del rock-, con reminiscencias de “Piano Bar” y la escogida por prácticamente todo su personal de confianza para ser la primera en grabarse y saliera como primer single. ¿La razón? Era tremenda. Era Fito con letras mayúsculas. Era pura emoción.

La Producción y Grabación del Álbum

Los trabajos comenzaron meses antes en Punta del Este, cuando Fito convoca a Tweety González para hacer la pre-producción. Una de las curiosidades es que, en esa etapa, el disco se compuso casi íntegramente, ya que el cantautor no llegó con demos o canciones armadas.

En plena inspiración y con una vorágine creativa, el dúo se traslada a un sitio conocido como La Escuelita para ensayar el álbum por dos semanas junto a la banda y el productor Carlos Narea y el ingeniero Nigel Walker, para luego dirigirse a los famosos estudios ION en Buenos Aires para grabarlo. Al respecto, Narea recuerda que «a Fito en esa época no tenías cómo pararlo y, así como estaba, hubiese grabado el disco toda la vida, sacando idea tras idea, todas buenas, pero que nunca paraban. Entonces, tenía que decirle que ya era suficiente y que la canción estaba ya buena como la dejamos».

Durante la grabación, se dio permiso de probar efectos y llevar la batería al hall central del edificio donde se ubican los estudios ION para generar nuevas profundidades sonoras (como en la canción ‘Creo’).

Con el disco terminado las cosas cambiaron. El éxito fue impresionante, los contratos se actualizaron y el disco sonó sin parar en las calles de la ciudad, canción tras canción.

El Impacto del Éxito y la Fama

El éxito masivo del álbum trajo consigo una exposición mediática intensa para Fito Páez. Este éxito tan masivo y algunas actitudes de divo harían que Páez fuese cuestionado dentro del propio rock. Era una de las pocas veces que el rock condenaba por el suceso comercial de un artista y no por una concesión o por un mal disco.

El éxito fue una cosa conmovedora, de mucho pánico en parte del equipo, pero estaba tranquilo porque veía el delirio que provocaban las canciones y cómo las personas cantaban en los shows, en los estadios. En lo personal, fue muy fuerte porque cambiaron un poco las reglas en el grupo después de todo.

Con el tiempo, Fito recordó lo sucedido con cierto pudor: «siempre lo pienso como un premio que me dio la gente, “mirá a este flaco ahí, dándole con el pianito, haciendo canciones ¿no?, está bien. Mirá todo lo que le pasó y está ahí dándole. Vamos a darle un premio, se lo merece”».

Páez pasa de ser un joven de 30 años, reconocido como una promesa de la tradición del rock argentino, a ser un consagrado ídolo de masas. Tras tanta exposición, Fito se consagró como parte del tridente que relevó a Charly y el Flaco, acompañado de Cerati y Calamaro.

Legado y Celebración

“El Amor Después del Amor” es un disco fundamental del cancionero rockero argentino y, más allá, pieza obligada en la discografía de cualquier melómano latinoamericano. Fue un grito argentino que se escuchó desde el Cono Sur del continente hasta California, en el norte. Un álbum que configuró para siempre una manera de ser cantautor en Argentina y que, como si se tratara de un designio divino, congregó a gran parte de las voces que definieron la argentinidad en la segunda mitad del siglo XX.

Hoy, 30 años después, Páez se aproxima a lanzar una serie biográfica en Netflix (con el mismo nombre del disco), regrabar el álbum y comenzar una gira de aniversario, en plena madurez y con proyectos tan importantes en paralelo como los lanzamientos de la celebrada trilogía “Los Años Salvajes”, “Futurología Arlt” y “The Golden Light”.

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