Mercedes Sosa: Un Documental Biográfico de la Voz de Latinoamérica

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Es muy posible que alguna vez, hace más de cincuenta años, Violeta Parra haya merodeado al menos por fuera del Teatro Colón, el más importante de los escenarios musicales de Buenos Aires. Es posible que Violeta Parra haya caminado esas calles del centro de Buenos Aires y quién sabe si habrá pensado que un día, para celebrar un siglo desde su nacimiento, ese imponente teatro acogería algunas de sus canciones. El concierto servirá, además, para revivir un viejo vínculo entre Violeta Parra y Buenos Aires.

La Conexión entre Violeta Parra y Argentina

Violeta Parra pasó por Argentina a mediados de los ‘50, cuando se embarcó por primera vez a Europa, pero no fue hasta 1962 que estableció un vínculo. El inicio fue una operación de rescate. Su hermano Eduardo, que vivía ahí junto a sus hijos Clara y Francisco, intentó suicidarse con un cóctel de pastillas y aunque se salvó, tuvo que enfrentar a la justicia, porque el niño también se intoxicó. Ante su pedido de auxilio, quienes respondieron fueron Violeta Parra y su madre Clara Sandoval, que en tan solo tres días llegaron al hospital donde se recuperaba, en la pequeña ciudad de General Pico, en la provincia de La Pampa.

En las mismas líneas, Clara Parra describe cómo su tía se hizo cargo del embrollo: “Faltaban cuerdas que afinar y muy importantes. Había que recuperar a mi Panchito del hogar de menores; pero no hay que olvidar quién llevaba la batuta, Violeta Parra. En menos que canta un gallo habló con el juez, con la policía, el capitán de bomberos, el cura. Y en un par de días el pequeñín volvía a su nido.

Violeta Parra en la peña El Alero, enero de 1962. ¿Cómo lo hizo? Contactó a Rafael Eiras, el fundador de la peña folclórica El Alero, quien la envió a la casa del diputado Joaquín Blaya. Él la ayudó a reencontrarse con el “Tío Lalo”. “Yo imagino que lo liberaron con la condición que se vuelvan a Chile. El pasaje se lo pagó mi padre”, recuerda Cristián Blaya, hijo del político argentino, según consta en una biografía sobre Violeta Parra que el periodista Víctor Herrero publicará este año con el sello Lumen.

“Violeta se volvió con ellos a Chile y mi padre le dijo que viniera a pasar una temporada a Argentina. En General Pico, Violeta Parra vivió tres meses que le permitieron recuperar “fuerza y confianza”, según Cristián Blaya. Instalada con la familia argentina, repartió sus días entre la peña El Alero y el comedor de la casa, que convirtió en un taller de artesanía, cerámica y pintura. Además, hizo cursos abiertos en la localidad.

“Imagínate General Pico, una ciudad muy ávida de cultura, pero donde no pasa nada. Por eso, nunca olvidó esos días en General Pico y la ayuda que le brindó Joaquín Blaya. En los meses y años siguientes, le escribió con frecuencia para contarle de sus aventuras, siempre con singular cariño: “Yo no sé, don Joaquín, qué hubiera sido de mí sin usted. En otra, fechada en agosto de 1963 y en París, recalcó “la inmensa gratitud que amarra mi corazón a un lejano pueblito de la Pampa Argentina”. Además de enviar saludos a toda la familia Blaya, en la misma carta escribió: “Usted, don Joaquín, es ese pueblito mismo. Yo no puedo separar, en este caso, el sentido del pueblo y lo que es usted como ser humano.

Y en 1964, dos años después de haber abandonado Buenos Aires, Violeta Parra seguía escribiéndole a Joaquín Blaya: “En homenaje a usted, en cada recital, incluyo en mi programa canciones argentinas: bagualas, bailecitos y chacareras. De esta manera, correspondo a los inmensos favores recibidos de parte suya”. Más tarde, le prometió “hacerle unos murales” a su nueva casa y le habló orgullosa de su exposición en el Louvre: “El director del museo tiene un alma parecida a la suya.

La Estancia en Buenos Aires y el Concierto en el Teatro IFT

Donde Violeta Parra dejó huellas tangibles, sin embargo, fue en Buenos Aires. Una vez que abandonó General Pico, se instaló en la habitación 111 del céntrico Hotel Phoenix y comenzó a mover sus hilos. Al principio no fue fácil: “Hoy es un día muy duro para mí. En esos días, Buenos Aires y toda Argentina estaba convulsionada.

En marzo de 1962, las Fuerzas Armadas derrocaron al presidente Arturo Frondizi, dando paso al breve gobierno de facto de José María Guido. En medio de la revuelta estaba Violeta Parra, que al año siguiente recordaría esos días en una carta enviada a Joaquín Blaya desde Azerbaiyán: “¿Cómo es que usted resiste la vida política en Argentina? En los seis meses que viví en Buenos Aires pude darme cuenta de muchas cosas. Es una chacota el asunto gobierno, elecciones y cívico. ¿No cree usted que los milicos y los curas ya están añejos y ridículos? Qué barbaridad cuando salen los tanques a pasearse, y qué barbaridad los 34 golpes de Estado (…) Yo no entiendo nada.

Aun así, Violeta Parra se las arregló en la capital federal y su suerte mejoró: primero, se reencontró con el cantor Horacio Guarany, a quien había conocido en su anterior pasada por Buenos Aires; luego, consiguió los contactos necesarios para exponer sus trabajos plásticos y mostrar su música. Uno de los mayores hitos de su estadía en Buenos Aires ocurrió el 27 de abril de 1962, cuando el Teatro IFT abrió sus puertas para un concierto que esperó con especial ilusión, de acuerdo a las cartas recopiladas en El libro mayor.

En una de ellas, impetuosa, le escribe una serie de instrucciones a Gilbert Favre para que viaje a Buenos Aires con todos sus tejidos, cuadernos y vestidos. Le pide también que lleve Mimbre, el documental de Sergio Bravo que musicalizó, y “Defensa de Violeta Parra”, el poema que le dedicó su hermano Nicanor. “¿No querría Nicanor venir en su auto, con la Chabela, el Ángel, la (Carmen) Luisa y tú? Sería una maravilla. Dile que yo estaría tan contenta con ustedes ese día glorioso (…) Me gustaría tanto dar mi recital con mis hijos. ¡Sería la locura! Si Nicanor no puede venir, se vienen todos en tren. Son tres recitales primero, después serán muchos. Los periodistas están completamente locos conmigo. La gente me habla en la calle, porque la tele es definitiva. Ya soy una cosa sabida y conocida”, asegura en la carta, aludiendo a las apariciones que entonces ya había logrado en el Canal 13 argentino.

Pero Gilbert Favre no se apuró ni voló. Llegó a Buenos Aires el mismo día del concierto y sin ninguno de sus hijos. En sus memorias, Castedo recuerda que Lautaro Murúa se largó a hablar de su brillante trayectoria y, cuando recordó que debía presentar a la artista chilena, prefirió entregarle el protagonismo a su ocasional compañero: “Percibí de refilón el enfurecido gesto de la supuesta presentada, de pie ante la silla en que apoyaba la guitarra. Contrito ante la inverosímil situación, pensé que lo oportuno era deslumbrar al público y a la cantante, guitarrista, pintora y tejedora, además de poeta, con una gravísima frase en la que negaba su calidad de folklorista, porque, dije: ‘… los folkloristas suelen disecar el alma del pueblo y Violeta es la encarnación misma del pueblo’. Parece que mi frasecita colmó su furia. La anécdota, que está recogida en la biografía La vida intranquila de Fernando Sáez, termina con aplausos y gritos de admiración a Violeta Parra, pero antes hay una frase de aquellas, pronunciada por ella misma: “Buena mierda de presentación.

El Álbum "El Folklore de Chile Según Violeta Parra"

En ese artículo, recogido en el libro Violeta Parra en sus palabras, habla de sus entonces inéditas décimas autobiográficas, de su comadre Margot Loyola, del canto a lo poeta que había investigado en Chile e incluso opina del folclor argentino. La entrevista, escrita siempre en un tono elogioso, aún da cuenta del impacto que la artista chilena producía en sus interlocutores: “Hay algo más que es imposible transcribirlo en una nota de esta naturaleza: su canto. Toda la autenticidad y emoción de su canto es intransferible.

De acuerdo al portal Cancioneros, ese LP fue grabado para EMI Odeon entre el 23 de abril y el 4 de mayo, siendo editado entre junio y julio de ese mismo año 1962. En el estudio solo estuvo Violeta Parra, así que ella misma se encargó de cantar primeras y segundas voces y de tocar guitarra, bombo y tamborileo. Nadie de la compañía asistió a esas sesiones, a excepción de los encargados del registro.

“Vi entrar la figura modesta de esta desconocida folklorista chilena y cuando comenzó a tocar realmente me impactó. ¿Quién habrá inventado ese rasguido?”, se preguntaba el ingeniero José Soler en un artículo publicado por la Revista Musical Chilena. “Ese rasguido de guitarra fue algo completamente novedoso para mí. El hombre, que grabó el disco junto a José Cortés, recuerda que Violeta Parra “estaba ensimismada y tocaba la guitarra sin gritar, quiero decir, sin alarde de tocar fuerte ni poseer gran volumen. Se veía en un estado de melancolía bastante especial. Nosotros grabamos y luego mezclamos cuatro canciones agregándole una segunda voz y unos tañidos de guitarra. No hubo demasiadas interrupciones, y si se produjeron fue porque nosotros nos equivocamos. Violeta fue muy prolija. Su música venía cocinadita, madura, bien ensayada y bien cantada.

“A cantarle a los porteños / yo hey venido desde Chile / y aunque se mueran de sueño / yo no dejo la Argentina. / Vine a cantar la cueca / en un aeroplano. / La Capital Federal / me dio su mano”, cantó Violeta Parra en ese disco, que fue editado con un óleo suyo en la carátula y un texto de Gastón Soublette en la contraportada. El sello, en realidad, hizo poco y nada por distribuir el disco.

Solo en 1971, cuando Mercedes Sosa había popularizado “Gracias a la vida” y su autora ya no estaba viva, fue reeditado bajo el título “Recordando a Violeta Parra”, pero en su momento no tuvo mayor difusión. Violeta Parra tampoco estuvo ahí para empujarlo, porque a mediados de 1962 partió por segunda vez a Europa. Fotografía principal: Violeta Parra en la peña El Alero, enero de 1962.

Mercedes Sosa y su Tributo a Violeta Parra

No se conocieron en persona, pero a Mercedes Sosa solo le bastó escuchar la voz de Violeta Parra en los surcos de un vinilo, para estremecerse ante su obra. Y en particular, ante una canción que terminaría por hacer propia, la inmortal Gracias a la vida, publicada originalmente en el disco Las últimas composiciones de Violeta Parra (1966).

En 1971, cuando era una artista que se consolidaba en la escena musical, la “Negra” grabó para la discográfica Phillips uno de sus discos más clásicos, Homenaje a Violeta Parra. En este interpreta canciones como Que he sacado con quererte, La carta, Los pueblos americanos, Rin del angelito, entre otras.

De allí que se tienda a pensar, de manera errónea, que Gracias a la vida es una canción de la autoría de Mercedes Sosa. Es su versión la que se ha hecho más conocida a nivel mundial, más porque suele interpretarla en todos sus conciertos. “Si yo no supiera que Mercedes nunca escribió una canción, seguramente diría que Volver a los 17 o Gracias a la vida son de Mercedes”, asegura el cantautor Abel Pintos en el documental Bios: vidas que marcaron la tuya, dedicado a la artista.

A pesar de lo que se pueda pensar en el otro lado de la cordillera, Mercedes Sosa nunca ha escondido su admiración profunda por Violeta Parra. De hecho, Gracias a la Vida, cantada con su voz profunda, es un clásico de su repertorio. Incluso, en 1988 la cantó junto a Joan Baez.

“Violeta Parra significó para mí, desgraciadamente no la conocí, el encuentro con canciones que me acompañaron y me acompañan en todos los escenarios del mundo. Un periodista en Concepción me preguntó si yo cantaba Gracias a la vida solamente acá y le digo no, es la canción que no se saca jamás de mi repertorio”, le explicó a Pedro Carcuro durante su paso por el programa de Pé a Pa, de TVN, en plenos años noventa.

Para Isabel Parra, la hija de Violeta, el tributo de Mercedes a su madre resulta totalmente orgánico. "“A mi me parecía natural que Mercedes cantara a Violeta. Violeta hubiera hecho lo mismo con Mercedes. Se hubieran querido y se hubieran entendido y se hubieran digamos regocijado una a otra de lo que significa meterse en el arte popular y en el canto comprometido, en el canto revolucionario. Yo creo que hubieran sido muy amigas, muy cercanas“, le dijo a Cooperativa hace algunos años.

La Negra Mercedes Sosa canta su biografía

La negra Mercedes Sosa canta su biografía. A los 67, en el 2003, decidió contar su vida. Como no quiso simularse escritora, la suya es una biografía en voz alta. «Mercedes Sosa. La Negra» es la edición definitiva de la única biografía que se realizó con su palabra viva. Es así como, para un personaje complejo y atípico, Rodolfo Braceli eligió un camino inusual. Todo su bagaje de escritor, periodista, dramaturgo y poeta lo despliega en este original libro desde y sobre Mercedes Sosa. Por un lado, el relato de la suprema cantante-cantora es la columna vertebral.

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