Mercedes Sosa, ciertamente fue una de las cantoras argentinas más populares del globo terráqueo, quién tras su fallecimiento el 4 de octubre de 2009, a los 74 años sigue siendo considerada la voz de Latinoamérica.
Colaboraciones Inolvidables
Poco conocido es el hecho de que en 2002 la voz de la Latinoamérica se unió a la "voz de los ochenta", Jorge González en una inédita presentación en vivo (cuyo único registro está en Youtube), para interpretar "¿Por qué no se van?".
Cabe destacar que en 1993 Sosa fue parte del Festival de Viña del Mar. Ahí, el público estuvo compenetrado con la trasandina, acompañando con palmas y en el canto en cada instante. De esta manera la relación entre González y Sosa se efectuó en base a un respeto mutuo entre ambos artistas que juntos, forman parte del mosaico de la música latinoamericana.
El Arte de la Versión: Homenaje e Inspiración
Interpretar una canción que no le es propia, una que le gusta y a la que admira, es probablemente una de las tareas más difíciles que se le puede encargar a un músico. Ejemplos hay por montón en la historia del rock y del pop, géneros a los que nombro nada más que como una manera bastante tosca de englobar la música popular occidental.
En la arena de las versiones y reversiones de temas famosos encontramos un abanico de intentos, algunos mejores que otros, de homenajear a quien en algún momento fue inspiración. Así podemos encontrar la versión que Marilyn Manson hace de “Sweet Dreams” de Eurythmics, la que Mercedes Sosa hace de “Solo le Pido a Dios” de León Gieco (y que dicen que este terminó por regalarle a La Negra) y, últimamente, la que Leo Rey hace de la gran “Estrechez de Corazón” de Los Prisioneros. Para gustos, colores, dicen.
Y hay otro tema, además de la dificultad creativa e interpretativa para el músico: la expectativa no muy definida aún de lo que el público considera un buen o mal cover.
¿Debiera sonar parecido? ¿Se puede modificar la letra? ¿Hay canciones “intocables” que no se debieran versionar nunca?. Así el asunto, existen ciertos consensos, como al que ha llegado la crítica anglosajona al catalogar al dúo británico Pet Shop Boys como los mejores versionadores del mundo, principalmente por rescatar canciones de los más variados estilos (incluso tomaron una que un fan compuso para ellos) y transformarla al punto que parezca una producción propia, pero que al mismo tiempo sea fácilmente reconocible por quien la escucha como un tema ya existente.
No es fácil, pero pareciera que Neil Tennant y Chris Lowe, quienes volverán por sexta vez a visitar nuestro país el próximo miércoles 29 de noviembre, han llegado a una fórmula que ha logrado cautivar no solo a sus fans sino que al público en general.
Ejemplos de Covers Notables
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Aprovechando la estadía que por estos días concreta el cuarteto también británico Blur en Chile, nombraremos primero el cover que PSB hizo del megaconocido single “Girls and Boys”, del disco Parklife de 1994. Si bien la versión original también evidencia algunos tintes electrónicos y es ciertamente bailable, la versión que PSB hizo durante su gira Discovery de 1994, específicamente en el show de Río de Janeiro, es un poco más dura en cuanto a la participación de los sintetizadores, además de contar con la inconfundible voz de Tennant que nos hace volver con cada frase a la consciencia de que es el dúo y no el cuarteto el que interpreta en esa ocasión.
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En el disco Yes, Tennant y Lowe incluyeron una versión de “My Girl” de sus coterráneos Madness, la banda conocida internacionalmente por cultivar el Ska 2 Tone, aunque hacia la década del 80 hicieron un giro en su sonido característico, introduciendo elementos más cercanos al pop y al new wave. El track en cuestión, en todo caso, pertenece al LP One Step Beyond, de 1979, el debut de los oriundos de los londinenses.
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En 2003 PSB unió su talento al del incomparable sir Elthon John para grabar la balada “Alone Again”, publicada originalmente en 1972 y perteneciente a Gilbert O´Sullivan. En la versión de los ingleses se conjugan casi a la perfección la melancolía de la letra y del espíritu clásico de la canción original que a todos (o la gran mayoría) de nosotros nos recuerda las parrillas radiales de los domingos noventeros con la intención alegre de una música suave pero eminentemente bailable.
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Las tres versiones revisadas son de las menos conocidas del repertorio de Pet Shop Boys, sin embargo, es innegable que el trabajo del dúo también ha calado hondo en el imaginario popular, llevando incluso a muchas personas a pensar que algunos de sus covers les pertenecían como producciones originales, como ocurrió con “Go West”, perteneciente a Village People y que terminó transformándose en la carta de presentación PSB.
Vanessa de María: Un Tributo a los Maestros de la Música Latinoamericana
Vanessa de María nació en Sarandí, un pequeño rincón rural del sur de Brasil donde las noches eran largas y el mundo se escuchaba a través de un aparato de radio de onda corta. Mientras su familia dormía, ella robaba esos minutos de silencio para sintonizar voces y canciones que cruzaban la frontera desde Argentina. Mercedes Sosa, Horacio Guarany, el Turco Cafrune, Quilapayún. Le cantaban desde el otro lado del dial y sin saberlo, la estaban formando.
Años después, en 2007, lanzó su primer disco. Su voz, aún joven, encontró espacio en importantes escenarios como el Festival de Cosquín (2008), la Feria de La Rural de Buenos Aires y el Taller Latinoamericano de Nueva York. En 2009 fue reconocida con el Prêmio Açorianos de Brasil como “Mejor Intérprete de Música Tradicional”.
Sin embargo, la vida tenía otros planes. Vanessa fue madre, y decidió alejarse de los escenarios durante 15 años. Pero el canto, como ella misma dice, “es una forma de respiración”. Y regresó.
Así nació el proyecto “Maestros”, un disco-homenaje a las figuras que acompañaron su crecimiento y formación, esas voces que la guiaron desde la radio en su infancia. Vanessa no solo quiere cantar sus canciones; quiere cantar con ellos.
Desde hace dos años y medio, recorre el continente con ese propósito. Ya ha grabado con Los Macorinos de México, con quienes interpreta Las simples cosas -primer single del álbum, a estrenarse el 22 de agosto bajo el sello Aqua Records-, producido por Popi Spatocco, reconocido por su trabajo junto a Mercedes Sosa en el histórico disco Cantora.
A fines del mes de julio, Vanessa llega a Chile para grabar junto a Quilapayún, uno de los grupos que más la marcó desde su niñez. “Escuchar Lunita de lejos en esas noches de Sarandí fue como entender que había algo más grande allá afuera, algo que también era mío sin saberlo”, dice.
El álbum “Maestros” se dividirá en dos volúmenes: el primero, con seis canciones, será lanzado en octubre de 2025, y el segundo en 2026. El ciclo culminará con un concierto el jueves 30 de octubre de 2025 en Sala Master de Radio Universidad de Chile, donde Vanessa presentará el proyecto en vivo, acompañada por algunos de estos maestros que hoy también son parte de su canto.
Aunque suele ser encasillada como cantante de folclore, Vanessa de María se define como una cantante popular. Su arte no reconoce fronteras estilísticas: respira memoria, se alimenta del afecto y se expresa con libertad.
David Byrne y su Fascinación por los Ritmos Latinos
Arrancaban los noventa en Chile y el estudio de Martes 13, uno de los estelares insignes de la televisión criolla de esos años, se preparaba para recibir a un nuevo músico de talla internacional. Las estrellas hispanohablantes eran la norma en el plató de la ex señal católica. Pero con la llegada de la democracia, la apertura cultural se hizo extensiva a los artistas del mundo anglo. Y en 1990 fue el turno de David Byrne, el icónico e inquieto líder de Talking Heads que entonces arribaba por primera vez a nuestro país.
Eran los días tras el lanzamiento de Rei Momo (1989), el debut solista con el que el compositor escocés incursionó largo y tendido sobre diversos ritmos de origen afro-latinos. Por eso, no era de extrañar que la gira contemplara varias paradas en distintas ciudades de Sudamérica, incluida la capital chilena.
El curioso registro da vueltas por internet. En las graderías se vislumbra a un público más bien recatado y vestido de gala, al menos en las primeras filas; tal y como era habitual para el programa. Y en el escenario, una decena de entusiastas músicos, todos vestidos de blanco y con una presencia escénica deslumbrante, interpretan junto a Byrne el single Make believe mambo.
En la mitad de la canción, el compositor baja por las escaleras al ritmo de los aplausos para animar la velada. Avanza y se menea, sube de espaldas por las graderías y vuelve a bajar corriendo hacia el escenario, en un despliegue de adrenalina que es suficiente para encender la fiesta.
Entre los archivos de YouTube se esconde otro video vital: una transmisión especial de Más música, otro programa de Canal 13 conducido por Andrea Tessa, que dejó para la posteridad la grabación prácticamente integral del recital que dio el músico el 24 de mayo de ese año en el Estadio Víctor Jara.
La puesta en escena era prácticamente la misma.
“Esta vez la banda vestía toda de blanco, por lo que sus atuendos, habiendo tanta gente, destacaban sobre el fondo”, explica el mismo Byrne en Cómo funciona la música (2012), el libro donde reflexiona sobre el soporte artístico al que ha dedicado su vida entera. “La indumentaria aludía también a las religiones de origen africano del candombe y la santería, cuyos seguidores visten de blanco durante las ceremonias. Había más de un santero en el grupo, así que la referencia no era gratuita”.
Con ese LP, el músico oficializaría una relación permanente de interés y compromiso con la divulgación de la música latinoamericana que lo mantuvo siempre pendiente de lo que sucedía fuera de la industria anglo, y que dejó varias anécdotas curiosas para recordar.
Enamorado de los Ritmos Latinos
1988 fue un año crucial. Hacía un tiempo que Byrne había abandonado las discotecas por noches de baile y disfrute en los clubes de salsa neoyorquinos.
“Creo que la primera vez que disfruté (los ritmos latinos) fue a través del baile. No conocía las canciones ni las melodías, y simplemente fui llegando a ellas porque ya no me apetecía ir a las discotecas, que me aburrían, y comencé a visitar locales de salsa, donde me sentía mejor bailando”, confidenció en una entrevista concedida a El País.
Esa preferencia por los espacios latinos se transformó, muy pronto, en una actividad habitual.
Justamente por esos días, los productores de Fin de semana salvaje -película de 1984 dirigida por Jonathan Demme, el cineasta que estuvo a cargo de la grabación del celebrado concierto de Talking Heads bautizado como Stop making sence- lo contactaron para solicitarle la composición original del filme.
Para Byrne, la invitación fue la excusa perfecta para cumplir uno de sus sueños.
Su respuesta fue positiva, pero bajo la condición de grabarla a dueto con su ídolo, la cantante cubana Celia Cruz. Así nació Loco de amor, la que Byrne definió como “una especie de canción salsa-reggae”.
Pero ese hito no hizo más que alimentar su necesidad de vincularse con aquellos ritmos.
“Mi amor por la música latina no se había saciado. Yo seguía disfrutando con esos discos, con los más viejos en particular. En casa y en la carretera los ponía en el radiocasete portátil y bailaba con ellos en habitaciones de hotel o en apartamentos alquilados. No me sabía los pasos, pero nadie miraba”, recuerda en Cómo funciona la música.
En Naked, el último álbum de estudio de su ex banda, esa necesidad por experimentar con aquellos sonidos también se había hecho manifiesta. “Me traje a Ángel Fernández para que metiera una trompeta latina en Mr. Jones”, cuenta en su libro, aunque ese espíritu igualmente permeó en la pista de (Nothing but) Flowes.
Todo aquello representaba la antesala del próximo proyecto que definiría el curso de la carrera del escocés.
“En 1988 me propuse hacer un disco panlatino, zambullirme en ese mundo con un lote de canciones que había escrito como base. Había adquirido el hábito de visitar clubs latinos y continuaba metido de lleno en los viejos discos. Era todo parte de la historia de mi ciudad, Nueva York, así que ¿por qué no participar de ello?”, escribió.
“Yo quería incluir cadencias sacadas de un amplio espectro musical de Sudamérica: un ritmo de cumbia de Colombia y una samba de Brasil, así como el clásico son montuno y los compases de chachachá que conformaba la base afrocubana de la salsa de Nueva York. Mi ambición no era poca”. Así, comenzaba a tomar forma un debut solitario que sorprendió a los fanáticos y a la crítica, lejos de la línea sonora de las cabezas parlantes.
En Rei Momo -bautizado así por un personaje mitológico que protagoniza varios carnavales en Latinoamérica-, Byrne incluyó la colaboración con Cruz, pero también logró convocar a otros importantes músicos de la talla de Willie Colón y Johnny Pachecho.
“Sacar el disco e irme de gira, acompañado de una gran banda de música latina, y tocar salsa, samba, merengue, cumbias y otros ritmos era un placer al que no me pude resistir”, registró en su primer libro. Aun así, el músico estaba al tanto de que fue una decisión que le pesó a su carrera.
“En esa gira fui contra marea. Tocamos sobre todo material nuevo, sin intercalar muchas canciones conocidas nuestras, y creo que lo pagué caro. Los conciertos fueron de lo más excitante, y hasta el público norteamericano bailó con nuestra música, pero muchos de mis seguidores pronto me abandonaron, creyendo que me había «hecho nativo». Fue otra lección aprendida de tocar en directo. En otra ocasión nos contrataron para un festival al aire libre en Europa, y mi banda de música latina tocó entre Pearl Jam y Soundgarden. Estupendas bandas, pero me sentí completamente fuera de lugar”, detalló en su libro.
De todas formas, el trabajo del escocés no estaba para nada desconectado de lo que pasaba a su alrededor.
“Iba en línea con la world music en boga entonces. Era lo que sucedía entre las grandes estrellas pop más inteligentes, como Peter Gabriel, Paul Simon y Sting, hombres blancos anglosajones que descubrían otras músicas, generalmente del Tercer Mundo”, explica el crítico musical de Culto, Marcelo Contreras. “Ese fue un giro muy propio se la segunda mitad de los 80: artistas de mucho éxito y con aspiraciones intelectuales se volcaron hacia África y América Latina; además de demostrar sensibilidad”.
Pedaleando por Buenos Aires (y Chile)
Finalizaba su concierto en el estadio Obras y, en el público, Charly García aguardaba listo y dispuesto para guiarlo en un breve tour por la bohemia de Buenos Aires. Era una noche tibia de 1994 y la dupla se dirigiría hacia un club donde se presentaba Man Ray, la banda de Hilda Lizarazu, una de las fieles colaboradoras del ídolo argentino.
Para entonces, Byrne ya tenía una imagen bastante bien formada de la figura de su colega trasandino. Así lo describió en Diarios de bicicleta, la compilación de escritos donde registró sus peripecias como ciclista en diversas ciudades del mundo, entre ellas, la bonaerense: “Charly, uno de los instigadores del movimiento nacional del rock que emergió en los años ‘60, se hizo muy conocido a principios de los ‘70. Era contemporáneo de los artistas folk y de la nueva trova, pero para la gente como Charly, aunque respetuosa con aquella música, el folk era un estilo contra el que había que rebelarse. El y muchos otros representaban sexo, drogas y rock and roll: la decadencia en oposición a la causa política”.
Entre las cosas que más llamaron la atención del músico estaban las similitudes -y diferencias- entre la metrópolis argentina y Nueva York, dos de los grandes circuitos culturales de occidente.
“Los restaurantes, en su gran mayoría, no cierran hasta las cuatro, mucho más tarde que en Nueva York. A las tres y media de la madrugada, ¡las calles están abarrotadas! Los cines ofrecen regularmente pases que empiezan a la una y media, y no se trata de The Rocky Horror Picture Show u otras películas típicas de la medianoche: ¡hasta El Rey León acaba a las tres de la madrugada! Entonces, al salir del cine, el público va inevitablemente a comer algo o a tomarse una copa. ¡Se puede ver a familias enteras paseando a altas horas de la noche! ¿Cuándo duermen? Igual que en las grandes ciudades de España, la gente cena tarde -nunca antes de las nueve y media-, y luego puede salir a ver un espectáculo que empieza bien entrada la noche”.
Por eso la define como “una ciudad de vampiros”. “¿Acaso esa gente no trabaja de día? ¿Hacen estos horarios toda la semana? Quizás existan dos sociedades separadas: la diurna y la nocturna; dos turnos, dos poblaciones urbanas que nunca se encuentran y cuyos caminos nunca se cruzan. ¿Tal vez consumen cocaína o enormes cantidades de hierba mate para mantenerse despiertos? ¿O es que después del trabajo se echan una pequeña siesta mientras el resto de nosotros cenamos según el horario de Nueva York?”.
Hay otra anécdota que el músico recuerda de su paso por Argentina, y que tiene que ver con una tarde en que acompañó a Leon Gieco a la casa de Mercedes Sosa para tomar el té. La cantautora no era desconocida para Byrne. En el documental Mercedes Sosa, la voz de Latinoamérica (2013), recordó la vez en que asistió a uno de sus conciertos en Nueva York durante los 80, y cómo Gracias a la vida había sido la primera grabación que escuchó de la tucumana.
“Mercedes es una cantante increíble y toda una personalidad”, escribió Byrne en sus diarios. “A Mercedes se la podría asociar con la nueva trova, el movimiento de la nueva canción que emergió aquí y por toda Latinoamérica en los ‘60 y que no tuvo equivalente en el norte, aunque había cierto paralelismo con los cantantes folk de los ‘60, que también incluían en su repertorio canciones sobre política y derechos humanos. Sin embargo, cantar aquí sobre derechos humanos y libertad era, por lo menos en aquellos tiempos, un asunto de vida o muerte. Hacía falta un coraje y una pasión con la que los músicos de Norteamérica nunca hemos tenido que lidiar”.
Y agregaba: “Los tropicalistas de Brasil fueron encarcelados o enviados al exilio. En la Argentina y Chile fue mucho peor. Mercedes fue arrestada sobre el escenario y exiliada. En Chile, a Víctor Jara le cortaron las manos y lo asesinaron”.
Sobre Gieco, el músico recordó un momento de culto que protagonizaron juntos en Estados Unidos. “En mi primera gira argentina hice una versión de una canción de León, Solo le pido a Dios (y de otra popularizada también por Mercedes, Todo cambia), y más tarde, en Nueva York, León me invitó a tocar con él en un concierto que hizo con Pete Seeger”. Y en otro pasaje, lo describe con simpatía: “León se parece un poco a Sting, si Sting condujera un camión en la Patagonia”.
La cita se extendió más allá de las dos de la madrugada y terminó con los tres músicos comiendo en un restorán japonés ubicado en un hotel de la ciudad.
“Después de cenar, al salir del lugar, un grupo de chicas, que aguardaban sentadas en el bordillo la aparición de un ídolo adolescente local, envuelven a Mercedes con besos y abrazos. Las separa más de una generación, pero incluso las fans adolescentes saben quién es Mercedes”.
Aunque el registro no quedó dentro del texto final, Byrne igualmente pedaleó por nuestro país. Y de hecho, nadie lo reconoció. A simple vista, parecía un gringo más turisteando por las calles de Vitacura, a pesar de que su paseo fue al día siguiente de su concierto en la Estación Mapocho, en octubre del 2004.
“Estaba enojado y avergonzado después del concierto. El lugar era hermoso, ¡pero el sonido era horrible! En parte estaba avergonzado de haber venido de tan lejos -no voy a Chile muy a menudo- y tocar en un lugar donde la audiencia tuvo que soportar un sonido terrible. Me sentí mal. Pero la reacción del público estuvo muy bien”, dijo en una entrevista a la revista Qué Pasa.
Una Canción para Selena Quintanilla
Entre las colaboraciones del líder de Talking Heads con el mundo latino hay una tan célebre como la que protagonizó con Celia Cruz, y que igualmente tuvo como punto de partida la invitación a participar en el soundtrack de una película. Esta vez, el filme era Don Juan DeMarco (1995), un largometraje producido por Francis Ford Coppola y protagonizado por Marlon Brando y Johnny Depp que contaría con la aparición especial de una artista latina fundamental: Selena Quintanilla.
El equipo se contactó con Byrne para pedirle una canción que musicalizara la aparición de la cantante. “Me dijeron que había una escena en un salón de baile, o un club, y Selena estaría cantando ahí. Me preguntaron: ‘¿No tienes una canción, o podrías crear una, en la que ambos puedan participar?’ En ese momento estaba trabajando en God’s Child y me pareció que era algo cercano para ella”, recordó el músico en una entrevista con la Rolling Stone.
Así se gestó el encuentro en el estudio del escocés y la estrella mexicana, que el músico recordó a la revista estadounidense 25 años después: “Ella grabó sus partes en español y pensé que era increíble”. Sin embargo, la canción terminó por no salir en la película y Selena tampoco alcanzó a ver el filme, pues el estreno fue varias semanas después de su asesinato.
Finalmente, el tema formó parte de Dreaming of you, el último disco de la artista publicado cuatro meses después de su muerte. “La gente del cine nunca lo usó. Me siento un poco triste por eso. Pensé: ‘¿Qué va a pasar con esta canción ahora?’ Pero finalmente encontró un lugar.
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