El golpe de Estado de 1973 en Chile provocó un incremento en la emigración de chilenos, impulsados por el miedo, la represión y la persecución política. Todos estos migrantes son considerados como exiliados, entendiendo la "obligatoriedad" de sus partidas, al ser "compelidos de manera inminente a abandonar su país de origen por tiempo indefinido".
En Montreal, la mayoría de los aproximadamente seis mil quinientos chilenos llegados a Quebec durante la dictadura se instalaron. En este contexto, ciertos sectores izquierdistas de la sociedad de acogida mostraron simpatía hacia las luchas de resistencia en Chile y países vecinos, en un compromiso por la "liberación de los pueblos".
Así, un grupo de organizaciones quebequenses fundó el Comité Québec-Chili, integrado por uniones sindicales y grupos de base. Si bien los inmigrantes chilenos no formaron guetos en Montreal, sí se agruparon en organismos propios, especialmente al alero de algunos abocados a la solidaridad. Entre las organizaciones político-militantes destaca la Asociación de Chilenos de Montreal, que reunía a los partisanos de la derrocada Unidad Popular.
El Rol de las Peñas en el Exilio
El trabajo solidario se desplegó a través de la denuncia y el financiamiento, entendidos como aspectos fundamentales de la lucha contra la dictadura. A ellos se sumaba el fin de desarrollar la cultura nacional y continental, mediante acciones ideadas desde la comunidad chilena con las que se pretendía “reforzar actividades culturales como la Nueva Canción Chilena y latinoamericana, el Nuevo Teatro y el Nuevo Cine”.
Las peñas tomaron cuerpo a lo ancho del territorio canadiense. Montreal no sería la excepción y la peña adquirió rápidamente el rol de conglomerar a la comunidad. Su desarrollo no fue orgánico, tratándose más que nada de iniciativas que duraban uno o dos años, al cabo de los cuales se daba lugar al nacimiento de otras nuevas.
Los asistentes, por su parte, eran tanto miembros de la comunidad chilena como quebequenses, contándose asimismo con la concurrencia de otros inmigrantes latinoamericanos, especialmente salvadoreños, nicaragüenses y uruguayos. A pesar de que no fueran todos militantes, normalmente se trataba de un público enterado de los acontecimientos políticos en Chile y que manifestaba su solidaridad con la resistencia a la dictadura.
Nacidas en un contexto de efervescencia comunitaria, las peñas en Montreal se caracterizaron por ser altamente participativas, ya que además de la necesidad de implicarse en la lucha sostenida en Chile, familias completas encontraron en ellas una instancia de preservación de la lengua castellana y de algunas tradiciones de “cultura nacional”.
Los espacios se reducían a locales de centros comunitarios y sótanos de iglesias. El dinero recolectado se reservaba para cubrir los costos del evento y para enviarse a Chile, siendo los principales destinatarios algunos organismos de apoyo a presos políticos, organizaciones de base y, especialmente, la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos.
La Música como Herramienta de Resistencia
Diversos ensambles musicales se crearon y numerosos cantores empezaron a presentarse como solistas, pues no fueron pocos los que “se volvieron músicos con el exilio”. El repertorio ejecutado correspondía a las llamadas músicas folclóricas, así como a algunos géneros de música popular. En un principio, se trataba sobre todo de música andina y Nueva Canción Chilena, y más tarde, ya entrando a la siguiente década, se introdujo un modelo cercano a la proyección folclórica de Cuncumén, replicándose también el estilo de la Nueva Trova Cubana.
Entre los chilenos llegados a Montreal, un exiguo número se dedicaba profesionalmente a la música antes de su exilio. De ello dan testimonio los concurridos conciertos de artistas exiliados que pasaban de gira por Montreal, tales como Ángel Parra, Isabel Parra, Patricio Manns, Illapu y, en numerosas ocasiones, Inti-Illimani y Quilapayún.
Entre las excepciones se cuentan Eduardo Guzmán, uno de los miembros del célebre dúo Quelentaro; Carlos Valladares, ex-integrante del dúo Los Emigrantes que tocaba junto a Rolando Alarcón; y el actor Alberto Kurapel, cuya actividad como cantautor se consolidaría en el Quebec.
Alberto Kurapel: La Voz del Exilio
Antes de llegar a Montreal en 1974 como consecuencia del golpe de Estado en Chile, este actor de profesión había desarrollado en su país natal una fecunda actividad creativa, cuya parte musical ha sido hasta ahora menos discutida que la teatral. Lo cierto es que su interés por la música se remonta a la temprana infancia cuando exploró el acordeón, escuchó a cantoras campesinas y acuñó el toque de la guitarra.
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