Mercedes Sosa: Vientos del Alma y su Significado

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En el origen, Inti-Illimani fue un grupo que nació en la Universidad Técnica de Chile estimulado por el proceso de reformas políticas y sociales de fines de los años '60 y comienzos de los '70 en Chile. El conjunto quería ser reflejo de las transformaciones y su música rápidamente evidenció un alejamiento respecto de las formas de música popular más comerciales. Antes de su primer LP, Inti-Illimani (1969), editaron un par de singles en el que también dieron cuenta de sus preocupaciones sociales. Esas primeras canciones fueron "Cueca de la CUT", de Héctor Pavez, "Zamba de los humildes", "Juanito Laguna" y "Huajra". Luego, en 1969, hicieron su primer disco completo para el sello Dicap, de las Juventudes Comunistas, y al año siguiente grabaron otro disco del mismo nombre, pero para Odeon. Para cada sello Inti-Illimani aportó repertorios distintos, pues Odeon desde siempre prefirió contenidos menos políticos que Dicap.

En 1971 el grupo grabó el disco Autores chilenos, donde reconocen a Violeta Parra y Víctor Jara, entre otros autores. En 1972, y compenetrados del espíritu de la Unidad Popular de divulgar músicas originalmente elitistas, grabaron la cantata Canto para una semilla con música del compositor docto Luis Advis , quien había iniciado el cruce entre la academia y el mundo de la música popular, y la voz de Isabel Parra. Odeon seguía por el otro lado registrando el repertorio más claramente folclórico del conjunto en dos volúmenes llamados Canto de pueblos andinos.

El golpe de Estado del 11 de septiembre encontró al grupo de gira por Europa. Inti-Illimani comenzó entonces un largo exilio en Italia. Desde allí el conjunto hizo un incesante trabajo por la resistencia a la dictadura militar y se abocó a la edición constante de discos, regrabando buena parte de las canciones incluídas en su discografía chilena. En octubre de 1973 ya habían publicado el primero: Viva Chile!. La estructura del disco, como lo demostró el tiempo, quería explicitar el profundo compromiso de Inti-lllimani con sus tres pilares: la justicia social, la cultura popular latinoamericana y el arte. Objetivo que, como carta de presentación, permitió al grupo ocupar un sitio privilegiado de respeto y reconocimiento público en su nuevo lugar de residencia.

Como protagonista de la Nueva Canción Chilena, Inti-Illimani hizo en su segunda grabación italiana la presentación formal de esta escuela. El disco La Nueva Canción Chilena fue registrado en Milán en marzo de 1974 y consecuentemente con su título, incluyó canciones de los autores fundacionales del movimiento: Violeta Parra, Víctor Jara, Sergio Ortega (otro compositor docto) y Patricio Manns entre otros. En 1975 el conjunto decidió mostrar sus propias composiciones. En 1977 grabaron Chile resistencia, en un momento en que el conjunto comenzó a aceptar la idea de que el exilio sería más largo que lo imaginado. Por lo tanto, son canciones cruzadas por la angustia de una situación que se agudizaba y que en Chile tomaba la forma más violenta a manos de la represión ejercida por la dictadura militar.

Dos años más tarde y con el exilio convertido recién tras seis años de permanencia en Italia en una situación que comenzaba a ser definitiva, Inti-Illimani se embarcó en el sueño del regreso. Esta suerte de dimensión continental que abarcó Manns con sus versos sirvió al conjunto para pensar en un disco que incluyera la musicalización de otros poetas latinos. Este es el punto de partida de Canción para matar una culebra, que incluye textos de Nicolás Guillén, una canción en quechua de Zenobio Dagha, canciones del folclor mexicano y venezolano y, por cierto, Patricio Manns y Víctor Jara.

En 1981 Inti-Illimani produjo Palimpsesto, su primer disco con acento de italiano. Aquí Horacio Salinas se atreve con "El mercado de Testaccio": "Fue mi testimonio del amor compartido por el lugar en que se vive y la nostalgia por la tierra que no se tiene", explica el autor. Tres años después apareció Imaginación, la primera antología de la música instrumental del conjunto hasta entonces. Circunstancialmente, este trabajo marcó el comienzo de una nueva etapa: la digital. Grabado prácticamente en vivo en un estudio alemán, Imaginación es el primer álbum del conjunto en el que hay un especial énfasis en lo técnico. De hecho es el primer disco compacto en la historia del grupo.

El productor Alfredo Troncoso, quien se encargaba de las giras del grupo por Alemania, sugirió hacer un álbum que aprovechara la nueva tecnología para obtener un sonido a la altura de la calidad musical del conjunto y que destacara principalmente la vertiente instrumental del repertorio, para efectos de consolidar a Inti-Illimani como una orquesta latinoamericana. Por la ausencia de letras, este álbum permitió el acceso lento y paulatino del conjunto al mercado chileno por la vía formal. Antes estuvo el disco De canto y baile, donde el grupo retomó sus búsquedas previas entre autores latinoamericanos de diversos orígenes. Guillén, Manns y otros convergen otra vez en un disco de los chilenos. "Cántiga de la memoria rota" y "Cándidos" son algunos de sus títulos. Éste es el punto de partida de la relación que el conjunto y, particularmente Horacio Salinas, desarrollaría con otros dos grandes guitarristas de peso internacional: el español Paco Peña y el australiano-inglés, John Williams.

De una serie de encuentros en homenajes a Víctor Jara hechos en Londres surgió la idea definitiva de grabar algo juntos. Para fin de 1985 decidieron hacer un concierto en el que coincidieran los tres, lo que dio por resultado el disco Fragmentos de un sueño, uno de los trabajos mejor criticados de Inti-Illimani. Leyenda es el disco de la transición. Es la primera publicación del grupo después del fin del exilio en 1988 y se trata del registro en vivo de los conciertos que la tríada Inti-Illimani, junto a John Williams y Paco Peña hizo los días 30 y 31 de enero de 1990 en el Teatro Philarmonie en Colonia, Alemania.

Tras su aterrizaje en Chile en septiembre de 1988, en un arribo acompañado de miles de chilenos en el camino del aeropuerto a Santiago y un concierto multitudinario junto a los también retornados Illapu, en la población La Bandera, Inti-Illimani comenzó su reincorporación a la vida nacional. Como venía anunciándose en los últimos álbumes de la era italiana del conjunto, la protesta de los primeros años del exilio fue dando espacio a melodías que se alejaron de lo político y acentuaron la melancolía del destierro.

En 1996, Inti-Illimani vivió el momento más exitoso de su regreso a Chile con su disco Arriesgaré la piel. Este trabajo lleva de regreso al grupo a canciones tradicionales latinoamericanas, como rancheras, boleros y son cubano. Salinas, director artístico del conjunto, ha dicho para entonces que los prejuicios fueron cayendo y que estilos tal vez un poco menospreciados como ésos fueron revalorados por ellos. El disco vendió más de quince mil unidades -curiosamente todo un récord en el mercado local para el conjunto-, y tuvo exitosas presentaciones en vivo. Para esta grabación se incorporó el cubano Efrén Viera, contratado originalmente para adiestrar en las percusiones afrocubanas a Pedro Villagra.

El intenso ajetreo y las giras internacionales (viajando desde Chile) comenzaron a agrietar al grupo lenta y paulatinamente desde el año siguiente, 1997, con la partida de uno de los fundadores: el ecuatoriano Max Berrú. Al año siguiente lo imitó José Seves, por lo que el conjunto perdió a dos de sus voces más reconocibles (sin contar el aporte instrumental de Seves). Para hacer el siguiente álbum, Amar de nuevo, también de canciones tradicionales, con boleros y otros ritmos latinoamericanos, se incorporaron Daniel Cantillana y el venezolano Jorge Ball, que había sido parte del conjunto a fines de los '70. Pero Ball no duraría mucho y ya para el siguiente, La rosa de los vientos (1999), dejó la formación de manera definitiva.

En el verano del año 2001, Inti-Illimani decidió hacer un recuento de su carrera en vivo con la participación de varios de sus ex integrantes. Un concierto hecho en la Quinta Vergara en Viña del Mar dio pie a la mirada antológica del conjunto que, además, para la ocasión revivió sus ponchos y las camisas color amaranto. Tras ese álbum Inti-Illimani tendría que asumir un nuevo proceso creativo, para retomar al oficio de componer canciones. Pero en el proceso se dio una discusión interna que terminó con la salida del director artístico, Horacio Salinas, compositor de la mayoría de sus canciones. Como respuesta a esta deserción, el grupo se rearmó con el guitarrista Manuel Meriño (proveneniente del grupo Entrama), que no sólo reemplazó a Salinas en la interpretación y dirección musical, sino que además se puso a componer.

Al tiempo apareció el disco Lugares comunes (2002), que dio continuidad al proyecto también en vivo, pues Inti-Illimani mantuvo su ritmo de giras locales e internacionales. En el verano de 2004 y tras actuar en el Festival de Viña del Mar, esa tríada volvió a mermar, con el retiro de Durán. Esta partida detonó la crisis más importante en la historia del conjunto. En junio de 2004 Horacio Salinas anunció la reagrupación de tres de los ex Inti-Illimani históricos: él, además de Durán y Seves. Luego los conciertos se repitieron en Buenos Aires y en tres noches en el Estadio Víctor Jara los días 20, 21 y 22 de agosto. El revuelo causado por la noticia ha producido el desencuentro más profundo entre las dos facciones del grupo, prometiendo acciones legales y judiciales en torno al uso del nombre Inti-Illimani.

Sobre el final de ese mismo año, la facción de Horacio Salinas -el Inti-Illimani Histórico- editó el álbum Esencial como un respaldo a la historia íntima del grupo en cuanto a las composiciones y su tratamiento. Hoy ambas agrupaciones escriben su historia por separado, manteniendo cada una su propia forma de llevar el patrimonio y la actividad artística del grupo.

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