La sensibilidad musical de Victoria Ocampo (Buenos Aires, 1890-1979) se expandió desde el ámbito del goce privado hacia el escenario social, donde desplegó una intensa acción en la gestión institucional y el mecenazgo, en la interpretación como recitante, en la escritura, en la edición -en Sur, revista y editorial.
Sus mayores esfuerzos estuvieron dirigidos a la promoción, desde mediados de la década de 1920, de la modernidad en sus distintas manifestaciones, incluida la música, en Buenos Aires, para lo cual contó con el concurso de sus amigos personales Ernest Ansermet e Igor Stravinsky, así como de compositores locales como Juan José Castro.
Modelos de Mecenas y Libreras
No disponemos de un término único para caracterizar las múltiples formas que adopta la acción destinada a facilitar y promover actividades musicales en sus distintas vertientes.
En el contexto porteño de mediados de la década del 20, en esta tarea encontramos a un grupo de mujeres que actúa en la Sociedad Cultural Diapasón, de la que participa Victoria Ocampo. Cumplió esta Sociedad un papel relevante en el establecimiento y consolidación de la vida musical local de la época, y en particular, en el apoyo de las tendencias modernistas, en simultaneidad con otras, como Amigos del Arte, fundada por Elena Sansinena de Elizalde.
Se verifica así una conducta recurrente en el mecenazgo femenino del siglo XX expuesta por Locke y Barr: el apoyo a las fuerzas artísticas renovadoras, probablemente porque "la vanguardia proveía un foro en el cual las mujeres podían ejercer una influencia productiva, opuesta a la mayoría de la corriente principal de las instituciones, tendientes a ser dominadas por mecenas y directores masculinos". Michel Faure constata preferencias similares en la aristocracia francesa de la primera posguerra.
Para Victoria, es éste el comienzo de una actividad en la que se compromete de distintos modos. Sin desconocer la existencia de otras mujeres porteñas, contemporáneas y probablemente anteriores, empeñadas en estas empresas, que pudieron funcionar como modelos o estímulos para su actividad, no podemos soslayar la fascinación que seguramente ejercieron sobre ella las mecenas europeas más relevantes de su tiempo, como la Princesa de Polignac y la Condesa de Noailles, y tal vez, en menor medida, la estadounidense Elizabeth Sprague Coolidge.
No hay, hasta donde sabemos, menciones a Winaretta Singer, Princesa de Polignac, en los escritos publicados de Victoria. Ignoramos si alguna vez se encontraron. Pero ella conoció en detalle su centralidad en la promoción de la modernidad musical francesa desde la posguerra.
Sus afinidades electivas fueron paralelas. Habían compartido, sin saberlo, el estreno de La consagración de la primavera en 1913, y antes, cada una en su ciudad, el entusiasmo por los Ballets Russes de Diaghilev. Agasajaron a sus respectivos invitados con repertorios similares: un cuarteto de Borodin acompaña tanto la visita de un embajador inglés en París como la de Tagore en la quinta de San Isidro, tocado por el cuarteto de los hermanos Castro.
La familiaridad de Winaretta con el presidente Poincaré, a cuya mujer convence para que apoye la actividad musical, se corresponde con el que Victoria tiene con Marcelo T. de Alvear y su esposa, la cantante Regina Paccini, a quienes recurre para el sostén de sus proyectos.
Frecuentan la misma constelación artística e intelectual del París de la época. Una de ellas se articula en torno de la librería Les amis du livre, lugar obligado en las estancias parisinas de Ocampo, donde los reúne su propietaria, Adrienne Monnier.
No sólo de la literatura más reciente pueden proveerse sus clientes: también de libros musicológicos, libretos y partituras, entre ellas, las de Stravinsky y de Satie. Allí se estrena precisamente Socrate, encargo de Polignac a Satie, puestos en contacto por Jane Bathori, cantante que residirá en Buenos Aires y constituirá una intérprete clave de la música contemporánea promovida por Victoria y su grupo.
A ese concierto asisten nombres recurrentes luego en Sur y su grupo: Gide, Valéry, Claudel, Cocteau, Stravinsky. Bathori establece una temprana relación con Cocteau y los compositores del Grupo de los Seis, familiares a Winaretta desde 1920.
Monnier administra en 1924 la revista Commerce, creada por la Princesa Bassiano, editada por Valéry, Valéry Larbaud y Léon Paul Fargue -escritores en fluido contacto con Ricardo Güiraldes. Desde 1920, Paul Valéry, se convierte en una figura habitual en las reuniones de los Polignac, como asimismo Eugenia Errázuriz, Ravel o Vita Sackville West, todos conocidos y/o frecuentados por Victoria.
Y existe otro vínculo, fundamental: Stravinsky, figura clave en el canon modernista de Victoria. A él le encarga Polignac Renard (1916); el ruso le dedica también la Sonata para piano (1924), estrenada en su salón.
A otra participante del círculo, Eugenia Errázuriz, amiga de Ocampo, dedícalas Cinq pieces fáciles, el Etude pour pianola (ambas de 1917), el Rag-time (1918) y la Suite N° 2 (1921). Al mismo círculo pertenece Anna de Noailles, por la que Victoria profesa una profunda admiración. La visita en 1929 y cenan en el departamento parisino de Ocampo junto a Waldo Frank en 1932.
La Vicecondesa de Noailles encargó obras a integrantes del Grupo de los Seis, así como a Markévitch, Nabokov y Kurt Weill. Participó de la vida musical avanzada en París, y escribió sobre los Ballets Russes y sobre Chopin.
Junto a su esposo, confiaron la construcción de su villa a arquitectos y artistas renovadores -Van Doesburg, Mallet-Stevens- ideario estético que comparte Victoria para la construcción de su casa de la calle Rufino de Elizalde. Valéry forma parte también de su entorno: con él, integra Noailles la llamada Pléiade Méridionale en 1920, compuesta por artistas y escritores de renombre.
Personajes significativos en la vida de Victoria actúan en los salones de las aristócratas parisinas -como Keyserling en el de Mine Fitz James-, quienes asisten a las conferencias de Bergson en el College de France como las porteñas a las de Ortega o Keyserling en Amigos del Arte poco después.
Es posible que Ocampo haya estado al tanto de la actividad que realizaban numerosas damas estadounidenses en la promoción de la música contemporánea, como Elizabeth Sprague Coolidge, Gertrude Vanderbilt Whitney, Alma Morgenthau Wertheim, Blanche Wertherill Walton o Claire Raphael Reis. Esta última estaba en relación con Waldo Frank, a través del cual quizás hayan tenido conocimiento mutuo de su acción.
Entre los compositores auspiciados por Sprague Coolidge y Reis, Stravinsky es, al igual que para Ocampo, figura recurrente. La primera le encargó Apollan Musagéte. El Octeto, La historia del soldado y Bodas aparecen en el repertorio de conciertos auspiciados por ellas.
Otra característica emparenta las activistas musicales de París: Polignac es estadounidense; Noailles, de padres rumano-griegos (aunque nacida en París); Errázuriz, chilena. Se trata de mujeres de origen "periférico", fortuna considerable, experiencia cosmopolita, interés particular por la música y fuerte inserción en el campo cultural en el que actúan, rasgos compartidos por Victoria.
Estas promotoras de la vida musical enfrentan dificultades similares, debido, entre otros factores, a prejuicios de género vigentes en sus respectivas sociedades, a su pretendida invasión del espacio artístico público y a su apoyo a los movimientos vanguardísticos.
Las nobles francesas centran su colaboración en el encargo de obras a compositores de prestigio en los círculos modernizadores y hacen que las mismas se ejecuten en sus residencias privadas, para una audiencia exclusiva y excluyente.
Victoria, en cambio, favorece la venida de intérpretes y facilita su estadía, apuntala instituciones, consigue subsidios, publica artículos musicales en su revista, con el objetivo concreto de instalar la producción y el debate musicales contemporáneos en el espacio público de una modernidad en construcción. Posibilita la relación de los músicos locales con las figuras internacionales de trascendencia, lo que redunda en la formación y actualización de éstos.
Para su solaz personal, Victoria reserva la intimidad con los creadores admirados, en San Isidro o en París. Su protagonismo musical visible y consagratorio consistirá en unir su nombre a los de Honegger y Stravinsky, cuando actúe como recitante en los estrenos argentinos de Le Roi David, y de Persephone.
Como ha sido señalado a propósito de otros mecenazgos femeninos, sorprende que Victoria no se haya interesado especialmente en la promoción de compositoras. En este caso, sus contemporáneas locales -al menos en las primeras décadas del siglo- no militaban en las filas renovadoras a las que ella dirigía su patrocinio.
La Gestión de Victoria Ocampo
Ansermet y la Orquesta de la Asociación del Profesorado Orquestal
Para la vocación musical modernista de Victoria y su proyecto de instalación de la misma en la vida cultural de Buenos Aires, Ernest Ansermet fue la figura providencial. Lo conoció en su actuación con los Ballets Russes de Diaghilev en 1917; luego, de su sorpresa por los logros de su primera actuación como director de la Orquesta de la Asociación del Profesorado Orquestal (A.P.O.) en 1924.
Ante las dificultades que atraviesa la orquesta, decide apoyar la empresa. Ansermet explica todo esto a Stravinsky, en una carta escrita a bordo (21/9/1924), de regreso a Europa.
Le dice que los conciertos tuvieron un éxito creciente, y que conoció un pequeño grupo, "de los nuestros, algunas mujeres que me hicieron pensar mucho en Eugenia Errázuriz [...] junto a las cuales me encontré como en casa -el mismo idioma, los mismos placeres-. Una de ellas devino incluso una amiga íntima [...] cuya influencia ha sido considerable en todos los acontecimientos que se desarrollaron desde entonces [...].
Tanto sus amigos como las personalidades oficiales (el Presidente Alvear entre otros, que me invitaron varias veces) me preguntaron cómo podrían mejorarse, estabilizarse y desarrollarse esos conciertos. Hice un plan. [...] era difícil enseñarles el 'mecenazgo'".
El acceso a los círculos oficiales de decisión que Victoria, en especial, le facilita, le acarreará cumplir por otra parte con compromisos sociales ineludibles: "mis últimos días pasaron en banquetes oficiales y otros [...]. Toqué el Finale de L'oiseau defeu con la orquesta completa en la iglesia de San Francisco, en una ceremonia nupcial 'chic' a la cual presté graciosamente mi concurso!". La aristocracia porteña había descubierto en la modernidad musical una nueva marca de distinción.
El apoyo a la A.P.O. se hizo efectivo; Ansermet volvió para la temporada de 1925. Victoria acompaña a la institución, que la nombrará Socia Protectora. Martín Fierro se regocija con los logros de la orquesta, dedica la mayor parte de sus notas musicales a Ansermet, así como a los compositores que éste ejecuta, y felicita a Ocampo "porque ha sido el eje principal de este esfuerzo".
La temporada de 1926 no marcó los progresos que Ansermet esperaba. Viene esta vez con su esposa y con su hija Anne, quien colabora con su padre en la fila de segundos violines y entabla una amistad estrecha con las jóvenes de la familia Ocampo, cuya casa frecuenta, y cuyas costumbres relata en sus memorias.
Señala asimismo la indisciplina de los músicos de la orquesta, que discutían entre ellos durante los ensayos, en los cuales, dice, "me inicié en los secretos de las subastas, que le parecía [a los músicos], junto a las apuestas a las carreras, la mejor manera de ganar dinero".
El público de los conciertos recibía "con una sed auténtica de música, toda novedad, como así también todos los clásicos [...]. El hemiciclo, que comprendía los palcos y balcones brillaba, literalmente. Pieles y joyas se superaban".
Las condiciones mejoran en 1927, gracias a nuevas subvenciones, "a la(s) que se añadía el dinero que yo recolectaba mendigando a unos y a otros". Sin embargo, las autoridades de la A.P.O deciden prescindir de la participación de Ansermet y contratan a Henry Hadley, director de la orquesta de Nueva York.
"La mayoría de los miembros de la institución no querían que las polleras' pretendieran influir en la organización de los programas ni en la elección del director [...]. Indignada, dolida, le participé a la A.P.O que renunciaba al título de Socia Protectora con que me condecoraron... Por lo visto, ya no necesitaban de Ansermet ni de mí".
Para no perder la participación de Ansermet en la vida musical de Buenos Aires, se redoblan los esfuerzos privados: "Con este fin nos reunimos algunos amigos y dimos el dinero necesario". Así, gracias al concurso de la orquesta y coros de la Sociedad Cultural de Conciertos, Ansermet dirigirá sus recitales en el Grand Splendid.
A través de la polémica establecida entre las revistas culturales de la época, es posible inferir que los conflictos gremiales y los posicionamientos ideológicos jugaron un papel importante en la decisión de no contratar a Ansermet.
En un artículo de Martín Fierro, firmado con las iniciales E.M., se critica incisivamente a Hadley y se ataca a los gremialistas de la A.P.O, a la vez que se celebra el regreso del suizo para dirigir obras de cámara.
En una carta abierta a Evar Méndez, director de dicha publicación, Salas Subirats ironiza desde la revista socialista Claridad sobre la posibilidad de que las iniciales sean las de un colaborador: "Estoy seguro que entre su colaborador y Ud. no hay de común más que las iniciales, que así como E.M. bien podían haber sido otras. Pongamos por caso V.O.'".
Claridad apoya la acción gremial de los músicos de la A.P.O, y celebra la actuación de Hadley en su debut: "preferimos siempre un músico serio, enérgico, como Hadley, a otros que en sus gustos e interpretaciones acusan cierta feminidad de carácter o influencias femeninas". Por cierto, la relación con Ansermet proseguirá más allá de las vicisitudes de estas temporadas de concierto y de estas instituciones.
Importa subrayar que en estos años de los que nos ocupamos, la acción del director suizo fue decisiva para la formación de un...
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