Mercedes Sosa: Un Corazón Ofrecido en Tiempos de Dificultad

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El fatídico 7 de octubre dejó una huella imborrable para todo Am Israel. La vida desde ese entonces cambió; para algunos más, para algunos menos, pero inevitablemente ya nada es igual. Desde la revista Shalom le enviamos a toda la comunidad chilena de Israel nuestro apoyo y cariño a distancia.

Esa es la convicción que tiene Karen, quien prefiere no revelar su identidad completa, de 36 años, esposa y madre de dos hijos. En muchos sentidos el 07/10 marca un antes y después. En lo personal me trajo tremenda desesperanza y desilusión; desesperanza en lograr la paz, la convivencia respetuosa entre pueblos, cuando el otro lado muestra tal nivel de bestialidad; cuando día tras día vemos que cuesta mucho encontrar a civiles realmente inocentes.

El Impacto Emocional y Psicológico

El 7 de octubre me desperté con la alerta de que estaban cayendo misiles en Bat Yam (un poco al sur de Tel Aviv), y estaba tan confiada y segura, que lo primero que pensé era que había un “Bug” en la aplicación. Solo un par de segundos después, cuando sonaron las alarmas en Tel Aviv, Givatayim, y muchas otras ciudades a su alrededor, entendí que no era un mal funcionamiento, sino que era real. Fue un shock, totalmente inesperado.

Los niños estaban en la casa todo el día, salíamos muy poco y solo al lado de la casa, a una plaza que tiene refugio público. Quería protegerlos de las noticias, de las sirenas, y de todo lo que estaba sucediendo. No queríamos traspasarles miedo, evitamos hablar de las noticias y de lo que estábamos sintiendo cuando estaban ellos presentes, por lo que solo teníamos un par de horas en la noche para ponernos al día. Al principio nos sentimos totalmente vulnerables, perdimos la fe en el ejército y el gobierno, y nos sentíamos inseguros.

Estaba mucho más atenta y paranoica; recuerdo una noche ver a tres personas en la calle, y sospechar de ellos. Otro día, vi a cuatro hombres salir de un pickup, y estaba con el teléfono en la mano listo para llamar a la policía. Pero hay sentimientos que no se van. Hace un tiempo mi hija se despertó una noche llorando, porque había tenido una pesadilla. Yo fui rápido a su pieza a consolarla, y le dije que yo y su papá estábamos con ella en la casa, que estaba segura y que nada malo le iba a pasar. Solíamos dejar la puerta sin llave.

A veces me despierto en mitad de la noche porque escuché un ruido, y después de chequear que no hay nadie y la puerta sigue cerrada, igualmente me desvelo pensando en la mínima posibilidad que haya alguien en mi casa en la pieza de los niños, y si se los lleva no escucharía si me duermo. En lo personal, no anduve en auto por mucho tiempo, especialmente con los niños, porque no quería que suene la alarma de misiles y yo estar en el auto y no alcanzar a sacarlos y entrar a algún refugio público. Creo que es la única forma de afrontar las situaciones difíciles. Es realmente inspirador.

Ver en las noticias a sobrevivientes del festival Nova o familiares de secuestrados; la fuerza que tienen, optimismo y resiliencia nos da fuerzas a todos. Escuchar las historias de los héroes que fueron a rescatar a las personas en los kibutzim o en el festival, arriesgando su vida para hacerlo, leer la carta que escribió Iris (la mama del rehén que fue accidentalmente disparado por las IDF) al soldado que le disparó a su hijo, mostrándole amor y compasión, te hacen sentir orgullosa de pertenecer a este pueblo y empoderada.

Sin ir más lejos, pensar en todas las mujeres de los reservistas, quienes tienen que dejar sus propios temores y preocupaciones por sus esposos e hijos, para mantener su familia y trabajos, como mi cuñada, con seis hijos, el menor tenía dos meses cuando empezó la guerra; su esposo salió el 8 de octubre a Gaza, y estuvo ahí hasta hace unas semanas, volviendo solo en contadas ocasiones a su casa.

Este es el testimonio de Gabriela Trebitsch, de 41 años, quien hizo Aliá en 2019 junto a su marido israelí, Dan, y sus dos hijas, Sol y Amanda, de 7 y 9 años. En primer lugar estuve en un shock tremendo por lo ocurrido, incluso los primeros días mantuve cerradas las persianas de la casa. Claramente hay un antes y un después del 7 de octubre, se siente un dolor tremendo por los fallecidos y por los rehenes que aún siguen allá. Yo tengo mucha familia en Israel y ellos han sido afectados directamente: por un lado tengo familia que vive en un kibutz en la frontera norte con el Líbano y actualmente están viviendo en un hotel en el Kineret, desplazados de sus casas quién sabe hasta cuándo.

Por otro lado, tengo al marido de mi prima, que tiene a un primo rehén actualmente y a la hija de su primo la mataron frente a los papás y hermanos. Creo que la más afectada soy yo, ya que mi marido como israelí lo vive de una forma distinta, habiendo pasado ya otras guerras. Para mis hijas, al ser chicas todavía, no dimensionan el problema. Les explicamos sobre las alarmas y sobre la cúpula de hierro que nos protege, y de esa forma se sienten seguras. De todas formas, al inicio de la guerra, donde hubo más alarmas, mi hija menor a veces se ponía nerviosa de que no le pillara la alarma justo cuando estuviera en el baño o en la ducha, o le preocupaba dormir y no escuchar la alarma.

Mi principal impacto en la rutina fue que el 12 de octubre nos fuimos en el vuelo de emergencia de la FACH yo y mis hijas, y mi marido se quedó en Israel. Estuvimos dos meses en Chile donde toda nuestra rutina cambió. No tuve mucho tiempo para decidir, se dio la oportunidad de subirme al vuelo y tuve que preparar todo de un día para el otro. Mientras estuvimos en Chile las niñas estuvieron más aisladas de las noticias y de todo lo que se comentaba en el colegio y con los amigos, y eso fue excelente. Claramente ahora estoy mucho más atenta y desconfiada. Siento que tal vez confiaba mucho en que estábamos protegidos y ahora siento que sí, estamos protegidos, pero no podemos relajarnos o confiarnos de más.

Desde que empezó la guerra vamos muy poco a jugar a la plaza con las niñas. Prefiero estar más cerca de un refugio. En general estoy más atenta a si los lugares tienen o no refugio y dónde es. Sin duda, tanto la música como el trabajo en la consultora me han ayudado a seguir. Por el lado de la consultora, pude seguir trabajando remotamente desde Chile y, si bien fue cansador por la diferencia de horarios, sí me ayudó a sentirme ocupada y pensar en otra cosa. Y por otro lado, la música es 100% terapia emocional.

La Música como Terapia y Expresión

En el período que estuve en Chile tuve la oportunidad de liderar un proyecto musical junto al equipo del Instituto Hebreo (hicimos nuestra versión de “Koolulam”) y me hizo sentir que aporté a la comunidad a través de la música. Al mismo tiempo me di cuenta de lo emocionados que estaban todos los participantes, porque el reunirse en comunidad y cantar genera una emoción especial que se vivió ese día. Y desde que volví a Israel, poco a poco he vuelto a hacer música también y ha sido maravilloso porque la gente necesita expresarse de alguna forma y la música es una excelente manera de hacerlo.

He hecho ya varios shows tributo a Mercedes Sosa en los últimos meses, donde muchas canciones tienen mensajes muy relevantes a la situación de Israel hoy. Canciones como “Sólo le pido a Dios”, “Yo vengo a ofrecer mi corazón”, “La Cigarra” y “Gracias a la vida” toman un significado diferente después del 7 de octubre. Por otro lado, sí me pasó en un inicio que me decepcioné, porque siempre me había sentido segura y protegida, y desde el 7 de octubre me robaron esa sensación y me sentí totalmente vulnerable, pero aún así quiero creer que estamos en el camino para volver a esa situación de seguridad. No por ahora. Estuve allá dos meses y me sentí decepcionada del nivel de antisemitismo que sigue aumentando.

En un principio sentí la obligación como chilena-israelí de intentar explicarle a algunas personas sobre la situación, que vieran el otro lado de la moneda, pero rápidamente me di cuenta que hay unas pocas personas abiertas a escuchar, y muchísimas personas a las que no les interesa saber lo que realmente pasa. Sinceramente me cansé de gastar energía en explicar cosas a los que no quieren escuchar.

Daniel Weinstein, de 50 años, llegó en 2003 a Israel en donde conoció a su actual esposa y madre de sus dos hijos, de 14 y 12 años. “Cuando sonó la sirena el 7 de octubre, no sabíamos qué estaba pasando pero como no era primera vez que nos tocaba ingresar a un refugio, ya conocíamos el modo de actuar. Sabíamos que no era un simulacro porque fueron muchos los misiles que nos lanzaron en la primera tanda. Ingresamos a Internet para ver qué estaba pasando, y comenzaron a salir las primeras noticias de cómo los palestinos estaban entrando a los kibutzim, veíamos a los prisioneros y se hablaba de la masacre. Después de eso ya sabíamos que todo iba a cambiar.

Lo podría definir como la “pérdida de la ingenuidad” - duele, pero luego parece tan obvio. Existe un mundo real donde hay gente que quiere destruirte, por cualquiera sea el motivo… y antes uno no lo creía… pensaba que todo se puede arreglar conversando. Antes del 7 de octubre da la impresión que uno vivía en un mundo imaginario…. Obviamente que tengan la oportunidad de hacer un octubre 8… para luego hacer el 9 y así.

Afrontando los Nuevos Miedos

¿Cómo manejas o afrontas estos nuevos miedos en tu día a día? Antes tenía dudas de lo que decían los árabes en inglés, era lo verdadero v/s lo que dicen en árabe. Sí, como tener un mayor stock de comida y agua, tener artículos de camping. Al principio fue muy duro, por los cohetes y la falta de colegio, pero de a poco hemos llegado a una normalidad cercana a la pre -guerra. Para nosotros como chilenos es más difícil que un israeli promedio. Estoy muy cansado de todo… Los israelíes tienen como la piel más gruesa y al parecer lo llevan mejor. No es que tenga depresión ni nada, solo estoy cansado.

Fito Páez y "Circo Beat": Un Refugio en la Música

Luego de tanta transformación mediática Fito quiso -o más bien necesitó- volver a la normalidad y sencillez de su barrio. Ese es el espíritu que inspiró "Circo Beat", el refugio que significa el hogar, los recuerdos y la familia como concepto central. En muchos pasajes de las letras es posible apreciar una añoranza nostálgica por lo cercano y por su propia biografía. “Lo que tuve que hacer fue un viaje para adentro”, señaló.

Ya ‘Mariposa tecknicolor’, comienza con una lectura enternecedora de su recorrido: “Todas las mañanas que viví / Todas las calles donde me escondí”. Pero hay más canciones con versos que aluden a esa mirada en retrospectiva. ‘Tema de Piluso’ con “Rosario siempre estuvo cerca”, ‘Normal 1’ que es el nombre de la escuela a la que asistió en su infancia o el elocuente título de ‘Lo que el viento nunca se llevó’.

Sin embargo, más allá de los recuerdos idealizados de su infancia y juventud, hay una suerte de mirada crítica y de desahogo en relación a su nuevo estatus de mega estrella del rock y el contexto histórico del menemismo. En ‘Soy un hippie’ desnuda su intención de preferir “andar borracho en un subte” mientras “lleva todo el día escapando de los fans” -con cierto grado de ironía y reminiscencia a la beatlemanía- o en ‘Dejarlas partir’ que “después del amor nunca nada es igual”, en referencia al título de su disco super ventas de 1992.

Buscar refugio en el hogar significaba para Páez, además de recordar a su familia y a sus héroes musicales, tributar también a otros nombres que inspiraron su vocación artística, desde Frida Kahlo -antes de su conversión en merchandising para las generaciones post 2000- al humorista Alberto Olmedo -el “Capitán Piluso”-, poniendo un énfasis especial en el cine de Pedro Almodovar, Stanley Kubrick, Walt Disney, Woody Allen, Pier Paolo Pasolini, la actriz Gena Rowlans, la película "Lo que el viento se llevó" y varias referencias a sus idas a los cines rosarinos.

En relación a la administración de Carlos Menem, "Circo Beat" se lee a sí mismo como una lectura que pone en valor la tradición y el criollismo del circo versus el afán modernizador y frívolo de la Argentina neoliberal de los 90. Páez también tuvo respuesta para aquello. La intención de "Circo Beat" era “darle un espacio virtual a mi barrio Rosario, a mi casa, a mi familia, a los bares, a la música que yo escuchaba de chico. Toda esa fantasmagoría y todo ese mundo lisérgico que a la vez convivía dentro de una austeridad muy grande”.

"Circo Beat" se transformó en un ejercicio sonoro, textual y visual que emula un concepto similar a la portada de "Sgt. Pepper" a través del universo pop que describió, donde mundo referencial y experiencias de vida se diluyen. Un disco tan imaginativo como real y vivencial, que sirve como una parada en medio de un vertiginoso camino. Un disco reflexivo, enérgico y activo en su forma de enfrentar la vida, el medio y su propio contexto.

El Regreso de Fito Páez: Reconexión y Relevancia

Llegó el año 2023, Viña del Mar. Revisando Instagram, vi que Ricardo Martínez, lingüista, experto en música y autor de Clásicos AM, respondía en una story a la pregunta de lo que más esperaba en Viña. “Fito Páez,” dijo, y yo quedé con el corazón vibrando. Ése al que todos habíamos amado tal vez podía ser amable de nuevo. No es que sólo confíe en Martínez (aunque lo hago).

Más bien comenzaba a cristalizar una intuición que no sabía nombrar. La generación avergonzada ya estaba demasiado adulta para seguir negando el amor. La generación que consignaba a Fito Páez como caricatura, tal vez por culpa de la generación avergonzada, no sentía nada. La generación que seguía a la de la caricatura, se volcaba al placer de la música bien hecha, tal vez la música de sus padres -pero no sólo a El Amor después del amor-, sino también a otras canciones, otros discos.

CanciónÁlbumAñoInterpretación reciente
Track TrackCiudad de pobres corazones1987Ca7riel y Fito Páez
Yo vengo a ofrecer mi corazónGiros1985Nathy Peluso

Además de lanzar una frase fuera de la ética del rockero antiguo, que negaba lo nuevo. Fito Páez, en cambio, dijo que los artistas urbanos y los de antes eran parte de la misma familia que luchaba por un espacio en el mundo.

Y llegó la serie de Netflix. Me cuesta decir si es buena o mala -demasiado compromiso afectivo- pero me abrió una lectura de su discografía que antes no supe ver con consistencia. Salvo las excepciones de Ciudad de pobres corazones, luego del asesinato de las tías, donde (casi) todo se juega en la destrucción del aquí y ahora, Fito Páez insiste en despedidas que son homenajes o en pasados que se abren hacia el presente y la permanencia; y no solo al anquilosamiento de una canción de graduación. Es un asunto de necesidad, de sobrevivencia. Su madre y su padre muerto se encuentran en Parte del Aire. Fabiana Cantilo, su ex, permanece en Fue amor; él mismo busca vivir en Creo (Creo que aún tal vez piensas en mí), su ciudad permanece en Normal 1, en Tema de Piluso y en Mariposa Tecknicolor. Y tal vez quién permanezca en Las cosas tienen movimiento, donde dice:

Y es que siempre estarás
Siempre estarás
En mí

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