En el contexto de la transición democrática en Argentina, la figura del "psicobolche" emergió como una sátira que reflejaba las tensiones entre la juventud, la política y la cultura de izquierdas. Este ensayo reconstruye la historia política y cultural de esta figura en la Argentina de la década de 1980, analizando las transformaciones en las relaciones entre juventud, política y cultura de izquierdas en el contexto de la “transición democrática”, cuando un imaginario en torno a la revolución convivió en tensión con un lenguaje centrado en la democracia y sus virtudes.
Orígenes y Características del "Psicobolche"
Aunque posiblemente circulara oralmente antes, el término apareció por primera vez en el registro escrito en 1985 en revistas clave de la renovación periodística de los años ochenta, como El porteño, Cerdos & Peces, y El Periodista de Buenos Aires, o más consagradas, como Humor. Lo introdujo una cohorte de periodistas jóvenes, suponiendo que se trataba de un término que no requería explicaciones, hasta que comenzaron a deconstruirlo, de modo más mordaz, recién desde 1987.
En primer lugar, una gama de prácticas y consumos culturales entre los cuales destacaban, en principio, la utilización de cierta jerga psicoanalítica (como lo indicaría el “psico”) y también el privilegio de ciertos gustos musicales: “¿escuchaste el último de Silvio?”, preguntaría el psicobolche, mientras “sentiría culpa si se encuentra tarareando un tema de Prince”. En segundo lugar, hacía falta una modalidad de vinculación con la política donde predominaban ciertos slogans antiimperialistas pero, según el académico sueco, poca indagación más profunda ya que “el psicobolche no se preocupa por preguntarse qué quiere decir ser de izquierda a un paso de los noventa: alcanza con parecerlo”.
Quienes incorporaron por escrito el término psicobolche, como muchos que lo utilizaron de modo oral, ponían en el centro de la discusión los límites de los sectores medios juveniles al involucrarse en proyectos politicos y culturales de izquierda. Reconocidamente la forma más agresiva de lo cómico, la sátira funciona en tanto “ironía militante”-tal como la definió Northop Frye.
Consumo Cultural y Militancia "Psi"
Mientras que el consumo de terapias y la utilización de una jerga “psi” era común entre los sectores medios intelecualizados desde los años sesenta, dos décadas después esa tendencia se reforzó. La vinculación de jóvenes con intereses por la política-en especial, de izquierda-con el discurso y la práctica “psi” se combinó con el modelamiento de consumos culturales entre los que destacaban ciertos gustos musicales que entremezclaban vertientes del rock con la “proyección folklórica”. El “psico” antepuesto al “bolche” en la construcción de esa figura enfatizaba los usos de terapias y jerga “psi” en un segmento juvenil con intereses políticos.
La imbricación entre militancia juvenil, especialmente de izquierda, y cultura “psi” no era una novedad en los ochenta. Posiblemente sí era novedosa la extensión del cuerpo de estudiantes de Psicología y también la utilización de psicoterapias entre los estudiantes universitarios en general.
De acuerdo al censo de alumnos de la Universidad de Buenos Aires, en 1988 la carrera de Psicología ocupaba el cuarto lugar (detrás de Ciencias Económicas, Derecho y Medicina) en función a la cantidad de estudiantes matriculados: eran 10.300 varones y mujeres que representaban un 9 porciento del total de la UBA. Esas cifras contrastaban con las del censo de alumnos de 1968, cuando la carrera tenía 2800 estudiantes, que representaban el 4 porciento del total de la UBA.17 El crecimiento de la matrícula en Psicología se dio en un contexto en el que la población estudiantil de la UBA en su conjunto participaba del mundo “psi”.
Para mediados de los años ochenta, así, había un segmento importante de estudiantes involucrado con las psicoterapias y su jerga. En 1986, una encuesta que buscaba trazar perfiles socioculturales preguntó a los estudiantes de todas las carreras si hacían algún tipo de psicoterapia: 24 porciento contestó afirmativamente (entre los estudiantes de Psicología, ascendía al 68 porciento).
El Espacio Sónico y Político
La pregnancia del rock como movimiento musical y cultural juvenil fue una dinámica crucial, y en una de sus declinaciones se nutría de un diálogo poroso con otras vertientes de la música popular. Fue en ese espacio sónico, cultural y político donde gravitó la figura del psicobolche. Ese espacio se delineó hacia 1981, en un contexto de relativa apertura en el cual el campo cultural iniciaba un proceso de intensa politización, marcado por la crítica anti-dictatorial-incluyendo el cuestionamiento de la censura y el reclamo de verdad por las desapariciones de personas.
En lo referente a aquel espacio sónico, una de sus primeras instancias formativas fue el Encuentro de Música Popular Argentina, organizado por Humor y el pub La Trastienda, realizado en el Estadio Obras en agosto de 1981-en explicita contraposición con la visita de Frank Sinatra al país.
Además de la presencia de tangueros, el Encuentro convocó a artistas de proyección folklórica-como Antonio Tarragó Ros, Víctor Heredia, Zupay, “Cuchi” Legizamón, Markama-y a músicos y bandas roqueras, en muchos casos consagrados (Spinetta, Litto Nebbia, Miguel Cantilo y Jorge Durietz, Manal) y en otras recién llegados (Juan Carlos Baglietto y Fito Páez, por ejemplo).
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