Mi Auto Era Una Rana: El Significado Detrás de los Recuerdos de la Infancia

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¿En qué momento la vida se hizo un trámite? La película Intensamente es tan buena y maravillosa como todos dicen, logrando un viaje a la propia niñez, un paseo nostálgico por esas cosas que veíamos como niños y que ahora ni siquiera nos percatamos cuando grandes.

Porque cuando vi La Novicia Rebelde por primera vez, no podía concebir que hubiese una mujer más linda y perfecta en el mundo que Liesl (la hija mayor) y me tapaba los ojos de pura emoción cuando le daba un beso al cartero. Volví a ver la película a los 30 y aunque seguía pensando que la hija del Capitán Von Trapp era preciosa, la encontré medio entradita en carne y con un poco de tobillosis y lloré de la risa al ver ese beso tan ñoño y los gritos de nervio que provocaba cuando lo veía con mis primas.

La Magia de los Pequeños Placeres

Al salir del cine viajé a la etapa en la que con 100 pesos pensaba que me había ganado el Kino y tenía la difícil misión de elegir entre un Ricolate o un Sapito. Cuando los compraba, sentía que todo el colegio merecía envidiarme y al sacarlo de la mochila los mostraba con orgullo frente a los sándwiches de membrillo, manzanas harinosas y todas esas fomedades de colaciones que había llevado el resto. Hoy sólo podría comerme uno de esos chocolates cuando en mi casa ya no queda manjar, ni miel, ni azúcar y son la única alternativa para palear mi ansiedad del horario prime.

Navidades Mágicas y Viajes Inolvidables

Me acordé de la Navidad, el día más feliz y largo del año, hasta que alguien te cuenta la dura realidad. De hacer como que dormía siesta para que mis papás se quedaran tranquilos, de cuando preguntaba a lo menos 15 veces por hora “¿Cuánto falta para que llegue el Viejo Pascuero?” y de en verdad verlo en su trineo cuando salíamos a buscarlo a las 12 de la noche (porque en esa época los niños esperábamos hasta esa hora). Tan distinto a esas frenéticas navidades de hoy, donde a veces corro por el pasillo del supermercado buscando el regalo que se me olvidó, parecemos camión de mudanza transportando juguetes e incluso nos peleamos con nuestro compañero de isapre por la cantidad de cosas con las que hay que cumplir en ese día, que hoy pasa en 3 minutos.

Con Intensamente me sumergí en esa inexplicable sensación de meterse en la cama de los papás y amortiguar el frío sólo con ese abrazo que me parecía tan grande e indestructible. Un gesto tan cotidiano, pero tan marcador, tan recordable. Mi cama de hoy no es King, ni Queen… es la cama más plebeya que se puede encontrar en el mercado. No cabemos los seis, pero nos metemos igual como un gran tetris humano. Y reconozco que he envidiado esas casas perfectamente calefaccionadas, con unas camas en las que pueden dormir a pata suelta Michael Jordan y la Nana del Conde Pátula juntos y en dónde además los niños NUNCA se pasan a las camas de los adultos. Pero cuando vuelvo a mis 5 años y abrazo ese recuerdo con mis papás, dejo de envidiarlos tanto.

Viajes en un Escarabajo Verde

¿Y las vacaciones? Eran arriba de un escarabajo verde al que se le abrían las puertas en las curvas y que tenía un motor tan ruidoso que cuando mi mamá llegaba a buscarme todos me avisaban. Arriba de ese auto, sin radio, matábamos el tiempo con mi hermano contando la cantidad de autos rojos que pasaban o mirando por la ventana en un silencio tan simple como normal. Hoy el auto tiene que tener las tres corridas, las sillas, el alzador, unos cuantos CD de Mazapán y un par de películas para moverme a 3 horas de la puerta de mi casa. Y no lo planteo como algo malo o dramático. Sólo distinto a ese baúl de las nostalgias al que me llevó la película de Pixar.

El Impacto en los Recuerdos de Nuestros Hijos

Intensamente me regaló un gran viaje a mi pasado y una reflexión tan power, como atractiva y desafiante. El darme cuenta de que cada cosa que hago o dejo de hacer tiene un impacto en los recuerdos que tendrán mis hijos en dos décadas más. Que es importante escuchar el sueño que tuvieron la noche anterior con tanto interés y expectación como el que tuvimos para ver la final de la Copa América. Que es fundamental celebrarles el diente que se les cayó, aunque el ratón tenga que salir en pijama a pedirle luca a la vecina. Que no da lo mismo la mentira que le dijo a un compañero, porque en nuestra familia hay cosas que son intransables, como el valor de la verdad y el respeto por el otro. Y que aunque a veces gritamos, estamos superados como papás y nos agobian esas mamás perfectas a las que nunca se les despinta la sonrisa de la cara, creo que nunca es tarde para volver a empezar, pedirles perdón si es necesario y hacerles saber que aquí estamos…para cargarles una gran maleta de recuerdos felices y amor.

Muchos lindos recuerdos de mi infancia tienen que ver con mi abuelo: lo acompañaba a cobrar su pensión, y después nos pasábamos a tomar un heladito juntos; me enseñó a hacer el nudo de la corbata, a saltar la cuerda, a desmalezar, a lustrar zapatos, etc. Me daba los abrazos más apretados (con aroma a Millionaire) y me limpiaba las heridas con harto bialcol. Uno de mis mejores recuerdos, es cuando viajábamos al sur en el verano, a Lican Ray, a la casa de veraneo de mis abuelos maternos. Salíamos de Viña en la madrugada y viajábamos de 10 a hasta 14 horas en auto.

Como en todo viaje con niños, nunca faltaban los reclamos y los ¿Cuánto falta?, pero el viaje se hacía entretenido porque íbamos cantando y haciendo juegos todo el viaje. Mazapán y sus canciones son parte potente del recuerdo, pero también cantábamos otras que mi mamá nos enseñaba que eran muy choras. También aparecían las típicas como la del "Barco en el fondo de la mar" o la Chivita, o la de la rana y si no estábamos cantando hacíamos juegos como contar los Bobis (así le decíamos a los escarabajos) o jugábamos al "Cafifoteo" un juego que no sé de dónde salió pero consiste en adivinar qué es el Cafifoteo haciendo preguntas. Y eso se repetía todos los veranos, a la ida y a la vuelta.

Otra cosa bacán era que llegábamos después de ese eterno viaje a quedarnos a un lugar en donde no había casi tecnología. Me acuerdo un año que pusieron una baranda de madera en un camino y "los nietos" ayudamos a pintarla entera, todos cubiertos con bolsas de basura negra a modo de delantal. Uf, y eso es un poco de mi recuerdo favorito de mis veranos en Lican Ray, que sólo duraron hasta los 12 años... Me encanta que ese recuerdo sea tan "económico" en el sentido de que lo que más me marcó son esas cosas que son gratuitas y que no tienen que ver con un tipo de situación en particular. Ese tipo de cosas yo quiero que mis hijos tengan, porque son realmente las que les dan más valor a la vida...

Cuando veíamos tele todos (los 5) acostados en la cama de mis papás, cuando jugaba con mi hermano todo el día y en la noche no podíamos dormir sin contarnos todo lo que habíamos hecho... Para comparar la forma en que veíamos las cosas... Cuando me compraba un ricolate en el negocio de la esquina, me regalaban zapatillas y cuando despertaba la mañana siguiente las tomaba y las miraba y miraba feliz... Son tantas cosas, pero sobretodo el cariño de mis papás.

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