Para un bebé, el llanto es una forma de comunicarse y expresarse. Con él te dice cuándo tiene hambre, cuándo está cansado, cuándo se aburre, etc. Pero, al principio, este primer lenguaje resulta difícil de descifrar. El bebé llega al mundo llorando. Esta reacción es vital: su sistema respiratorio se pone en marcha al entrar en contacto con el aire.
Al contrario de lo que nos ocurre a nosotros, en un bebé el llanto no es forzosamente un síntoma de tristeza. Es lo que le permite comunicarse con el mundo exterior y hacer saber a quien quiera oírle lo que necesita: un poco de cariño, una presencia, etc. También puede querer decir que tiene hambre, que le duelen las encías o el vientre. A veces incluso, muestra su enojo...¡cuando siente que no le entendemos!
Cuando el bebé llora, lo más importante es ir a verlo (¡no es necesario que acudas presurosa al primer gemido!) porque lo que expresa, sobre todo, es la necesidad de atención: tienes que hacerle sentir que te estás ocupando de él. Pero tranquila:¡eso no significa que lo vayas a convertir en un consentido! Al contrario, el saber que cuenta contigo le ayudará a forjarse una imagen tranquilizadora del mundo.
La gran dificultad radica en diferenciar el llanto no habitual, síntoma de dolor, del de un bebé sano... Desafortunadamente, el manual de instrucciones no viene incluido en la entrega, por lo que tendrán que redactarlo juntos día a día.
Cuando el bebé se pone a llorar, el primer reflejo consiste en intentar encontrar la razón para así poder calmarlo. Pero claro, eso no siempre es fácil. Dale un repaso a los posibles problemas e intenta las diferentes soluciones: un poco de mimo, una siesta, su peluche preferido, etc. No te asustes y no te quedes sola en casa con tu bebé: ¡sal! ¡Y no te olvides del papá! Aunque al volver del trabajo esté un poco cansado, confíale el bebé un ratito para ir a tomar el aire o para hacer una visita a tu mejor amiga.
Posibles Causas del Llanto en el Coche
El llanto de un bebé en el coche puede deberse a diversas razones, es importante considerar diferentes factores para identificar la causa y poder ofrecerle el consuelo adecuado.
- Hambre: Asegúrate de que el bebé esté bien alimentado antes de iniciar el viaje.
- Cansancio: Un bebé cansado puede irritarse fácilmente durante el trayecto.
- Aburrimiento: Los bebés necesitan estimulación. Un viaje largo puede resultarles monótono.
- Cólicos: Los cólicos pueden causar llanto intenso e inconsolable, especialmente en los primeros meses.
- Reflujo: El reflujo gastroesofágico puede causar malestar y llanto, especialmente después de la alimentación.
Reflujo y Regurgitación
Es normal que un bebé regrese una pequeña cantidad de leche cada vez que se alimenta. De hecho, se considera que durante los primeros tres meses de vida, esta es una condición que podría presentarse hasta en el 50% de los bebés. El reflujo se presenta porque la válvula que regula la entrada de alimentos al estómago (esfínter esofágico) aún está en proceso de maduración y puede no ser tan eficiente en este control. Generalmente, la mayoría de los bebés superan esta condición antes de finalizar el primer año. Sin embargo, hay bebés que presentan condiciones de reflujo más severas, lo que puede repercutir en su peso y capacidades de crecimiento. Por ello, es fundamental prestar atención a su estado.
Para distinguir entre regurgitación y reflujo, considera que la regurgitación es el rechazo indoloro de la leche después de una toma, sin consecuencias para el crecimiento del bebé. En cambio, si el bebé vomita a chorro, se trata de un reflujo gastroesofágico que puede estar relacionado con la inflamación de la mucosa o alergias.
Recomendaciones para Contrarrestar el Reflujo
Para ayudar a tu pequeño a manejar el reflujo, considera las siguientes recomendaciones:
- No alimentar al bebé acostado; más bien, hazlo en una posición vertical y procura que se mantenga en esta posición por un tiempo posterior a la alimentación. Esto puede lograrse utilizando cargadores o portabebés.
- Al acostarlo, asegúrate de que la cama o colchón tenga una ligera inclinación.
- Aumenta la frecuencia de la alimentación, pero reduce la cantidad que se le da en cada ocasión.
- Revisa frecuentemente que el bebé no tenga cólicos.
- Consulta con el pediatra sobre el beneficio que ofrece el probiótico *L. Amamantar con frecuencia pero en menores cantidades puede ayudar a manejar el reflujo, promoviendo la motilidad y el vaciamiento adecuado del estómago.
Si el volumen del reflujo es excesivo, es recomendable visitar a un médico pediatra gastroenterólogo para determinar las causas del reflujo y recibir un tratamiento adecuado.
Medidas Prácticas para el Manejo del Reflujo
Si tu bebé regurgita con frecuencia, puedes tomar diversas medidas:
- Consulta con el pediatra sobre la alimentación. Si tu bebé es un pequeño glotón, disminuye la cantidad de leche en cada toma y añade una toma adicional durante el día.
- Continúa amamantando, ya que la leche materna no es la causa de su malestar. Tu médico puede recetarte un tratamiento adaptado.
- Asegúrate de que el bebé esté en una posición casi vertical al darle el biberón y mantén descansos para hacerle eructar.
- Evita la presión en su pancita, evitando sujetarlo en el asiento del coche o en la sillita mecedora justo después de alimentarlo.
- Habla con tu médico sobre los probióticos, como el *L.
Cólicos del Lactante
Se trata de un motivo de consulta frecuente. Casi un tercio de los recién nacidos lo presentan. Son crisis de llanto intenso e inconsolable, habitualmente por la tarde-noche. Se trata de episodios repetidos de llanto intenso e inconsolable en un lactante bien alimentado y saludable. Se habla de la “regla del tres” (3 horas al día, 3 días a la semana y durante 3 semanas). No está del todo aclarada su causa. Incluso, se considera una variante de la normalidad (niños irritables). Su pronóstico es benigno.
Se trata de un proceso autolimitado que desaparecerá entre el tercer y cuarto mes de vida. No hay medicación absolutamente eficaz. El pediatra intentará reducir la ansiedad de los padres con información y pautas de manejo. Establecer hábitos o rutinas en el día a día del niño. Evitar la sobreestimulación.
¿Cuándo Debo Preocuparme?
Son signos de alarma: mal estado general, escasa ganancia de peso, fiebre, pausas respiratorias, mal color o síntomas neurológicos (somnolencia, hipotonía, convulsiones).
El llanto de un bebé es una de sus formas de comunicación y no siempre es por dolor o hambre. Es fundamental que los padres descansen cuando el bebé esté dormido, que se turnen en su cuidado y soliciten apoyo a familiares. Origina inseguridad sobre la alimentación adecuada. Se debe evitar la introducción precoz de alimentos complementarios. Si está con lactancia materna, no existe ninguna duda de que es la mejor. Pero el principal peligro es el síndrome del bebé sacudido. Se debe evitar coger al bebé durante discusiones. Si hay momentos en que el llanto se siente intolerable, lo mejor es poner al bebé en un lugar seguro (por ejemplo, su cuna), tomarse un tiempo (minutos) y pedir ayuda. Confíe en su pediatra. Comprobarán la adecuada ganancia de peso y técnica alimentaria. Le realizarán preguntas y una exploración física para descartar otras patologías menos comunes. No suelen ser necesarias otras pruebas.
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