Eran principios del siglo XX y un genio comienza a imaginar un mundo en el cual las personas pudieran desplazarse mejor y que la distancia no fuera un impedimento.
La historia comienza en una época donde los automóviles comenzaban a dibujar el futuro.
Hace un siglo que Ford lanzó su primera camioneta, llamada Modelo TT, el vehículo que inició el linaje que hoy ocupa la Serie F de camionetas del fabricante, desde hace 35 años el vehículo de más ventas en Estados Unidos.
Ford calificó hoy el TT como el vehículo “que cambió para siempre el sector del automóvil y la misma naturaleza del trabajo en sí mismo”.
El éxito del TT fue casi instantáneo tras su aparición el 27 de julio de 1917.
El modelo fue el resultado de la popularidad del original Modelo T de Ford y la necesidad de Estados Unidos de un vehículo capaz de transportar hasta 900 kilos de carga en plena expansión industrial del país.
Ford utilizó la misma cabina y motor que el histórico Modelo T y le añadió una zona de carga abierta en la parte trasera.
Aunque el vehículo no era barato, 600 dólares de entonces, el equivalente a unos 12.500 dólares de hoy, Ford vendió 209 unidades el primer año.
Once años después, Ford había vendido 1,3 millones de unidades del Model TT hasta que en 1928, el fabricante lo sustituyó por el Modelo AA, capaz de transportar un tercio más de carga que su predecesor.
Gran parte del éxito del TT y del AA se debió a la estrategia de Henry Ford de impulsar sus camionetas en las áreas rurales del país, así como a su versatilidad.
“Los clientes los podían utilizar en la granja y luego conducirlos el domingo hasta la iglesia”, declaró en un comunicado el historiador de Ford Bob Kreipke.
El ritmo de innovación en el segmento de las camionetas empezó a acelerarse ante el creciente número de usos que este tipo de vehículos empezaron a ejercer en la sociedad estadounidense.
Tras el modelo AA, Ford introdujo una camioneta más capaz en 1933, el llamado modelo BB, que se utilizó como transporte de leche, correo o carga, y como ambulancia.
Y en 1935, Ford lanzó el modelo 50, una camioneta equipada con el legendario motor Ford V8 Flathead.
Al inicio de la Segunda Guerra Mundial, Ford había vendido más de cuatro millones de camionetas.
El conflicto alteró la demanda y producción en el país, volcado en el esfuerzo militar.
Pero si la transformación de Ford en un productor de vehículos militares para satisfacer las necesidades militares de Estados Unidos significó la pérdida de ventas de vehículos civiles, la marca del óvalo azul ganó una gran experiencia en la producción de camionetas de gran resistencia y con tracción a las cuatro ruedas.
La Serie F de camionetas es fruto de esa experiencia ganada en los campos de batalla y la creciente urbanización que experimentó Estados Unidos tras el final de la Segunda Guerra Mundial.
Kreipke explicó que, “tras la guerra, muchos estadounidenses de zonas rurales se mudaron a centros urbanos y suburbanos en busca de trabajo y muchos se llevaron sus camionetas Ford”.
“Ford vio esto como una oportunidad y en 1948 empezó a trabajar en la siguiente generación de camionetas, lo que se conoció como la Serie F Bonus Built”, añadió el historiador.
La primera generación de camionetas de la Serie F seguían una secuencia del 1 al 8, siendo la primera la más liviana y la 8 la que más carga podía transportar.
Pero en 1953, con el lanzamiento de la segunda generación de la Serie F, Ford adoptó la nomenclatura que pervive hoy en día: la F-1 se convirtió en F-100 y los F-2 y F-3 en la F-250; mientras, la F-4 se renombró como F-350.
En 1961, Ford introdujo la cuarta generación de la Serie F.
Hoy en día, la familia de camionetas de Ford se encuentra en su decimotercera generación y nada anticipa que el fabricante tenga planes para sustituir el vehículo.
La aparición de la última generación de la Serie F, en 2015, supuso el uso masivo, por primera vez en su historia, de aluminio en la camioneta con el objetivo de reducir el peso en casi 340 kilos.
Desde que apareció la decimotercera generación, las ventas de la Serie F han aumentado.
En 2014, el último año de la generación 12, Ford vendió 753.851 unidades de la Serie F solo en Estados Unidos.
El Ford A de 1931: Un Ícono de Transición
El Ford A de 1931, más que un simple automóvil, es un ícono de una era.
Representa la transición de una sociedad en plena evolución, marcando un punto de inflexión en la historia del diseño automotriz y la cultura popular.
Para comprender su relevancia, es crucial explorar su historia, el proceso de restauración que lo mantiene vigente y su valor en el mercado actual.
Historia del Ford A (1927-1931): Un Sucesor con Grandes Expectativas
El Ford A nació como el sucesor del legendario Ford T, un vehículo que había democratizado el acceso al automóvil.
La producción del Ford T se extendió por casi dos décadas, pero a finales de los años 20, la competencia y las nuevas demandas del público exigían un modelo más moderno y sofisticado.
El Ford A, lanzado en 1927, representó una apuesta audaz de Henry Ford por recuperar el terreno perdido.
Fue un proyecto ambicioso que involucró una inversión considerable y un completo rediseño de las líneas de producción.
Diseño y Características Técnicas
A diferencia de la simplicidad funcional del Ford T, el Ford A presentaba un diseño más elegante y estilizado, influenciado por las tendencias de la época.
Ofrecía una variedad de carrocerías, incluyendo sedanes, coupés, roadsters y camionetas, lo que ampliaba su atractivo para diferentes tipos de compradores.
El motor era un robusto cuatro cilindros en línea de 3.3 litros que desarrollaba 40 caballos de fuerza, una mejora significativa con respecto al Ford T.
La transmisión era de tres velocidades y el sistema de frenos, aunque todavía mecánico, era más eficiente.
Innovaciones y Mejoras Continuas
A lo largo de sus cuatro años de producción (1927-1931), el Ford A experimentó diversas actualizaciones y mejoras.
Se introdujeron nuevos colores, detalles de diseño y opciones de equipamiento.
En 1930, por ejemplo, se modificó la parrilla del radiador y se incorporaron nuevos guardabarros.
Estas modificaciones, aunque sutiles, son importantes para los coleccionistas a la hora de identificar el año exacto de fabricación de un Ford A.
Más allá de la estética, se realizaron ajustes en el motor y la suspensión para mejorar el rendimiento y la comodidad de conducción.
La Restauración del Ford A: Un Reto Apasionante
La restauración de un Ford A de 1931 es un proyecto que requiere paciencia, dedicación y un profundo conocimiento del vehículo.
No se trata simplemente de reparar un coche viejo, sino de devolverlo a su estado original, respetando su autenticidad y valor histórico.
Es un proceso que puede llevar meses o incluso años, y que implica la búsqueda de piezas originales, la reconstrucción de componentes dañados y la aplicación de técnicas de restauración especializadas.
Identificación y Evaluación Inicial
El primer paso en la restauración de un Ford A es la identificación precisa del modelo y el año de fabricación.
Esto es crucial para determinar las especificaciones originales y garantizar que la restauración sea lo más fiel posible.
A continuación, se realiza una evaluación exhaustiva del estado general del vehículo, identificando las áreas que requieren reparación o reemplazo.
Esta evaluación debe incluir la carrocería, el chasis, el motor, la transmisión, el sistema de frenos, la suspensión, el sistema eléctrico y el interior.
La Búsqueda de Piezas Originales
Uno de los mayores desafíos en la restauración de un Ford A es la búsqueda de piezas originales.
Aunque existen réplicas y piezas de repuesto modernas, los coleccionistas suelen preferir las piezas originales, ya que contribuyen a preservar la autenticidad del vehículo.
La búsqueda de piezas originales puede llevarse a cabo en mercados de pulgas, ferias de autos antiguos, subastas y a través de contactos con otros coleccionistas y restauradores.
Es importante verificar la autenticidad de las piezas antes de comprarlas, ya que existen muchas falsificaciones en el mercado.
La Restauración de la Carrocería
La restauración de la carrocería es un proceso laborioso que implica la reparación de óxido, abolladuras y otros daños.
En algunos casos, puede ser necesario reemplazar secciones enteras de la carrocería.
La pintura es otro aspecto crucial de la restauración de la carrocería.
Es importante utilizar pinturas y técnicas de aplicación que sean compatibles con las especificaciones originales del Ford A.
El color también debe ser el correcto, ya que el Ford A se ofrecía en una variedad de colores diferentes a lo largo de sus años de producción.
La Reconstrucción del Motor y la Transmisión
La reconstrucción del motor y la transmisión es un proceso complejo que requiere habilidades técnicas especializadas.
El motor debe ser desmontado por completo, limpiado, inspeccionado y reparado o reemplazado según sea necesario.
La transmisión también debe ser revisada y reparada.
Es importante utilizar piezas de repuesto de alta calidad para garantizar la fiabilidad y el rendimiento del motor y la transmisión.
El Interior: Un Detalle Crucial
La restauración del interior es un aspecto fundamental para completar la restauración del Ford A.
Los asientos deben ser retapizados con materiales que sean fieles a los originales.
Los paneles de las puertas, el techo y el piso también deben ser restaurados o reemplazados.
Los instrumentos del tablero deben ser revisados y reparados.
Cada detalle, desde el volante hasta las alfombras, contribuye a crear una experiencia auténtica y a evocar la atmósfera de la época.
El Valor Actual del Ford A de 1931: Un Clásico en Ascenso
El valor de un Ford A de 1931 depende de varios factores, incluyendo su estado de conservación, su originalidad, su rareza y su historia.
Los modelos en excelente estado de conservación o restaurados a la perfección pueden alcanzar precios elevados en el mercado de coleccionistas.
Los modelos raros, como los roadsters o los convertibles, suelen ser más valiosos que los sedanes o las camionetas.
La historia del vehículo, si ha pertenecido a alguna personalidad famosa o ha participado en algún evento histórico, también puede aumentar su valor.
Factores que Influyen en el Precio
Además de los factores mencionados anteriormente, el precio de un Ford A de 1931 también puede verse influenciado por las tendencias del mercado de coleccionistas, la demanda de vehículos antiguos y la situación económica general.
En los últimos años, el valor de los Ford A ha ido en aumento, ya que cada vez más personas se interesan por la historia y la cultura automotriz.
Sin embargo, es importante tener en cuenta que el mercado de coleccionistas es volátil y los precios pueden fluctuar.
Consejos para Comprar un Ford A de 1931
Antes de comprar un Ford A de 1931, es importante investigar a fondo el vehículo y el vendedor.
Es recomendable inspeccionar el vehículo en persona, o contratar a un experto para que lo haga, y verificar su estado general, su originalidad y su autenticidad.
También es importante obtener un informe de historial del vehículo para verificar si ha tenido accidentes o ha sido objeto de alguna modificación importante.
Por último, es fundamental negociar el precio de manera justa y obtener un contrato de compraventa detallado.
Inversión y Pasión
Adquirir un Ford A de 1931 es mucho más que una simple compra; es una inversión en historia, una conexión con el pasado y una oportunidad de disfrutar de un vehículo clásico y emblemático.
Para muchos propietarios, el Ford A no es solo un coche, sino una pasión, un símbolo de una época dorada del automovilismo y una fuente de orgullo y satisfacción.
Participar en concentraciones, exhibiciones y eventos relacionados con los coches antiguos es una forma de compartir esta pasión con otros entusiastas y de mantener viva la historia del Ford A.
Conclusión Provisional: Un Legado que Perdura
El Ford A de 1931 sigue siendo un vehículo admirado y valorado por coleccionistas y entusiastas de todo el mundo.
Su diseño elegante, su robustez mecánica y su importancia histórica lo convierten en un clásico atemporal.
La restauración de un Ford A es un proyecto desafiante pero gratificante, que permite preservar un pedazo de la historia automotriz y disfrutar de un vehículo único y especial.
Este modelo fue pequeño lujo puesto a disposición de la clase media en su país de origen.
Se estimaba que era un híbrido nada menos que entre un Lincoln y el Ford.
Un reportero incluso llegó a publicar que había visto la fabricación de emblemas “Linford”.
Otros señalaban que se llamaría Edison en honor al mejor amigo de Henry Ford.
Sin embargo en forma más pragmática, pero a la vez llena de significado, se eligió la denominación “A”, como “origen de todo”, el inicio de una nueva época en Ford.
Diseñado por el equipo de Edsel Ford, que significó un salto gigantesco desde el venerado modelo T.
Se construyeron 4.858.644.
Tenían un simple e indestructible motor de cuatro cilindros, carburador Zenith, 201 pulgadas y 40 HP.
Con ellos podían alcanzar sin problemas su velocidad máxima de unos 105 kilómetros por hora, los que el chofer podía controlar en su velocímetro, que era un sencillo dispositivo cíclope donde los números giraban, como en una antigua máquina registradora.
Muchos de sus motores hasta hoy siguen dando servicio en tareas auxiliares especialmente en países de vida más simple.
Hoy día, son objeto de cariño por quien vea uno.
Siempre es un gusto mirar, escuchar, sentir el paso de los Ford A, sus motores y sus bocinas.
Frente el rotundo éxito que por años significó para Ford Motor Company el modelo T, el modelo A no podía quedarse atrás ya que significaba una forzada modernización para la compañía, ya que el Tin Lizzie se había quedado anticuado.
La arriesgada maniobra de la marca del óvalo significó el cierre de las plantas por varios meses tras la salida del último T para dedicarse por completo al novel A.
La nueva caja de cambios de tres velocidades fue una de las características más sobresalientes, junto con los amortiguadores hidráulicos y un nuevo sistema de frenado en comparación al modelo T.
En Chile gozó de gran popularidad, por cuanto de la planta que la firma estadounidense tenía en la calle Exposición, a un costado de la Estación Central, salieron entre las décadas del ´20 y del ´70 del Siglo XX miles de unidades de diversos modelos Ford ensamblados en base a componentes enviados en cajas desde Estados Unidos al Puerto de Valparaíso.
De allá vía ferrocarril al mismo patio de la planta.
Los herederos de Santiago Velasco han continuado con la tradición familiar “fierrera”.
Mientras otros en su lugar hubieran optado por vender los autos, ellos en cambio han preferido mantenerlos en buena condición, hecho que ocurre con este Ford A.
Este modelo en sus diversas versiones fue muy popular en las calles de Chile desde que fue comercializado hasta bien entrada la década del ´70 del Siglo XX.
A diferencia de su antecesor, el modelo T, el Ford A -lanzado en 1928- contaba con un pedal de embrague y una transmisión mecánica de 3 velocidades.
El cambio se hizo necesario por cuanto el T había perdido popularidad y ya no era práctico para la época.
Agregó además amortiguadores Houdaille de doble acción, mejorando su andar.
Con su motor más poderoso alcanzaba -e incluso superaba- los 100 km/h.
Por la misma razón, todos tendrían llantas de rayos, eliminándose las de madera.
El Ford A se ofreció inicialmente en sólo tres colores, gris, verde y negro.
La principal diferencia entre los modelos 1928 y 1929, fue la inclusión de una manilla exterior en las puertas para los modelos abiertos, como éste.
El modelo de la foto es un Roadster Standard, con capacidad para cuatro pasajeros al abrir su asiento exterior, que -como opción- reemplazaba al portamaletas.
Ford F-100: Un Clásico Pick-Up Que Marcó Una Época
El término de la Segunda Guerra Mundial significó un nuevo impulso para muchas de las empresas automovilísticas que durante el conflicto bélico vieron truncadas sus aspiraciones en esta industria.
Ford fue una de esas compañías que a pocos años de finalizada la guerra supo ponerse de pie de forma rápida, dando un golpe a la cátedra con la producción en serie de su modelo F100: un enorme pick-up que se ganó la popularidad de los conductores.
Fue en 1948 cuando se inició la producción en algunas fábricas de Ford en Estados Unidos, para posteriormente dar el salto al extranjero convirtiéndose en el primer modelo en ser construido íntegramente en la planta de Brasil.
Chile también fue parte de esos pergaminos ya que, según cuenta la historia, en Arica también se ensamblaron algunas unidades de la imponente F100 en la década de los 60.
Un Golpe de Suerte
Una de esas camionetas armadas en territorio nacional llegó a las manos de un coleccionista que casi por golpe de suerte compró el pick-up en el año 1990.
“En el 90 encontré un aviso en El Mercurio que estaba una de estas camionetas a la venta (...) decía ‘único dueño vende’, y me llamó la atención por el poco kilometraje”, contó el afortunado dueño que prefirió mantenerse en el anonimato.
Efectivamente, el vehículo de 1966 contaba solo con 140 mil kilómetros recorridos y se encontraba en su estado original, sin restauraciones.
“Solo se había conservado de manera excelente”, dijo su nuevo dueño.
Era tal el buen estado del coche que hasta la fecha no se le ha realizado ninguna restauración, solo conservación manteniendo todas sus piezas originales de la década del 60.
“Nunca he querido hacerle nada, más que sus mantenciones respectivas”, aseguró el coleccionista.
Es así que este imponente F100 ha pasado por solo dos dueños a lo largo de toda su vida, es decir, durante largos 54 años.
Un Vehículo de Trabajo con Motor V8
El F100 fue diseñado como un vehículo multipropósito y en Chile fue utilizado durante muchos años como un aliado perfecto en el trabajo pesado.
A su motor V8 de casi 5 litros se sumaba una suspensión independiente que era una de las grandes novedades de esa época y que hicieron del pick-up uno de los favoritos de los conductores.
Cuenta además con una caja de cambios de 3 velocidades más la reversa y con frenos de tambor en las cuatro ruedas.
Pese a sus enormes dimensiones e imponente motor, el actual propietario contó que en carretera a 100 km/h rinde alrededor de 6 kilómetros por litro.
El histórico auto es patrimonio del Club de Automóviles Antiguos de Chile y participa en distintas actividades de la organización.
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