Mr. Mercedes: Resumen de la Segunda Temporada

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SINOPSIS: Justo antes del amanecer, en una decadente ciudad americana, cientos de cesantes esperan la apertura de la oficina de empleo para reclamar uno de los mil puestos de trabajo que se han anunciado. Han hecho cola durante toda la noche. De pronto, invisible hasta que lo tienen prácticamente encima, un Mercedes surge de la fría niebla de la madrugada. Su conductor atropella y aplasta a todos los que encuentra a su alcance.

Llegó la nueva novela en español del prolífico Stephen King y pudimos leerla para dar una breve opinión sobre esta historia que se enmarca en el género policial. La verdad es que Mr. King mantiene su humor negro -más presente que en muchas otras obras -y los tonos grises en la mentalidad y sentir de sus personajes.

Nada es en blanco y negro. Porque en Mr. Mercedes conocemos al malo desde el comienzo. Y esto supone un obstáculo a vencer para el autor. Pero lo sabe sobrellevar con inteligencia y empuja al lector a meterse en una historia de la que sabemos todo. El enfrentamiento -o la falta directa de éste -está muy bien desarrollado, y la elaboración de personajes, principales y secundarios, es precisa.

Mr. Mercedes es una perspicaz y penetrante obra que se deja leer con gran facilidad.

Antecedentes históricos

Hacia fines del siglo XVIII e inicios del siglo XIX, se produjo en el cono sur de América, específicamente en el área de Patagonia, Tierra del Fuego, islas Falkland e islas subantárticas y posteriormente, en el continente antártico, la consolidación de una actividad económica, ligada a la explotación de mamíferos marinos, basada en el aprovechamiento de las pieles (lobo marino fino o de dos pelos, Arctocephalus australis y lobo marino de un pelo o común, Otaria flavescenses) y la grasa (elefante marino, Mirounga leonina) y que a la postre, pasaría a ser la primera actividad económica desarrollada en territorio magallánico (Martinic, 1987, p. 13).

Esta actividad fue llevada a cabo principalmente por marineros de nacionalidad británica y estadounidense y, en menor medida, por naves de bandera francesa, cuyos principales mercados para la comercialización de sus productos, eran distantes puertos en China (Cantón) y Europa (Londres).

Los antecedentes que explican la expansión de los loberos hacia aguas meridionales, están dados en primer lugar, por el impulso generado por las diversas expediciones científico-navales organizadas por las potencias europeas durante el siglo XVIII, entre las que destacan las de los ingleses George Anson (1740), John Byron (1764), James Cook (1° viaje de 1768 y 2° viaje llevado a cabo en 1772) y la del francés Louis Antoine de Bougainville (1766), de cuyas publicaciones se derivaron valiosas observaciones, sobre todo, en lo relacionado a la abundancia de mamíferos marinos en el Pacífico Sur (Kirker, 1970, pp. 1417); en segundo lugar, debido a las consecuencias generadas por la independencia de Estados Unidos en 1776, situación que llevaría a su marina mercante a la búsqueda de nuevos mercados, ante la imposibilidad de acceder a los productos y mercados monopolizados por los ingleses (Pereira, 1971, p. 23); y, paralelamente, por el influjo que significó para el comercio internacional, al promediar el siglo XVIII, la apertura del puerto de Cantón en China (Dulles, 1930, pp. 3-4; Greenberg, 1951, pp. 41-48).

Con el propósito de contribuir a conocer mayores antecedentes respecto de la presencia de este grupo de navegantes en territorio patagónico, se analizará desde la perspectiva metodológica de la microhistoria, -en particular, lo atingen te a la reducción de la escala de observación, la preocupación del indicio como paradigma científico y la utilización intensiva del material documental (Levi, 2003, p. 122)-, la trayectoria del lobero de origen británico William Low, quien encarna desde un caso límite, según refiere Ginzburg (1999, p. 9), el modo de vida y circunstancias de gran parte de los cazadores de lobos marinos y, en este sentido, los testimonios que de Low se han podido compulsar, tienen características tales, que es posible considerarlos representativos de estos sujetos históricos.

En sí misma, la consideración del caso del lobero William Low, resulta ser doblemente relevante, por cuanto, de un lado, se vincula directamente con el contexto global, dada su participación en la actividad de la caza de mamíferos marinos, iniciada por los balleneros desde Europa, a la que posteriormente, se incorporaron marineros yankees, para luego, casi en simultaneidad, dar paso a los cazadores de lobos marinos, expansión que significó la incorporación en los circuitos mercantiles de vastos territorios ultramarinos alejados de los tradicionales centros del comercio mundial.

Y de otro lado, se inserta en un contexto regional o local, dado que la figura de este lobero británico se encuentra asociada con los esfuerzos iniciales llevados a cabo por Chile para incorporar a la soberanía nacional el Estrecho de Magallanes y territorios adyacentes (lo que se concretó en el año 1843), dado que originalmente se había pensado que fuera Low quien comandase el célebre periplo llevado a cabo a bordo de la goleta Ancud y, adicionalmente, porque este personaje terminaría por radicarse en la isla de Chiloé, para seguir dedicándose a la misma actividad.

Sus experiencias y conocimientos habrían de traspasarse a los habitantes de Chiloé y complementarían el patrimonio de conocimientos geográficos de los chiloenses, sustentado en su propia historia y en la interacción con poblaciones canoeras del sur de la isla (Álvarez et al. 2015, p. 94), quienes previamente y hasta la primera mitad del siglo XIX, se dedicaban a la caza de lobos marinos (Torrejón, et al. 2013, p. 42), ballenas, y nutrias.

De igual modo, cabe mencionar la existencia de topónimos que recuerdan la presencia de William Low, evidencia de sus incursiones por los litorales del sur de Chile2.

Actividades de William Low en los mares australes

La presencia de loberos en latitudes australes data desde fines del siglo XVIII. Determinar con exactitud la fecha de llegada de la primera embarcación con fines de caza de lobos marinos al extremo sur americano, resulta una tarea compleja sino imposible, dada la escasez de registros que lo consignen, situación que responde en parte, a la naturaleza misma de la actividad, por cuanto una vez descubierta alguna lobería por parte de alguna tripulación, se hacía necesario mantener en secreto su ubicación (Kirker, 1970, p. 21).

Algunos autores señalan que fueron los británicos los que primeramente llegaron a cazar lobos marinos a esta parte del globo (Busch, 1985, pp. 9-10; Mill, 1905, pp. 87-88; Pereira, 1971, pp. 50-51), en tanto que otros, refieren que fueron los marineros yankees quienes los antecedieron (Berguño, 1993, p. 7; Jones, 1981, p. 254; Kirker, 1970, pp. 3-7).

Como sea, lo cierto es que desde la segunda mitad de la década del setenta del siglo XVIII, comienza la primera gran oleada de cazadores de pinnípedos, la que se vería interrumpida por la guerra anglo-estadounidense de 1812 (que afectaría en particular a las naves estadounidenses) y más tarde, desde 1819 (año del descubrimiento de las islas Shetlands del Sur) y por un lapso de poco más de veinte años se retoma la actividad con nuevos bríos, para declinar en la medida que las poblaciones de pinnípedos fueron disminuyendo drásticamente producto de la caza indiscriminada3.

Años más tarde, a contar de 1860, con el desenvolvimiento de la colonia de Punta Arenas, la caza de lobos marinos volverá a adquirir importancia, para declinar durante la segunda década de la siguiente centuria (Martinic, 1973, pp. 8-11), no sólo en lo tocante al área archipielágica de Patagonia y Tierra del Fuego, ya que en las islas Falkland y subantárticas, la importancia de la actividad decrece a contar de la segunda mitad del siglo XIX (Dickinson, 2007, p. 16).

Todo apunta a que es dentro de la segunda oleada de sealers (loberos), que William Low hace su aparición por los mares australes, siendo el foco inicial de sus actividades, el área correspondiente al archipiélago de las islas Falkland.

Lo anterior a partir de información localizada en distintas fuentes, una de las que señala que el capitán William Low zarpó el 3 de agosto de 1822 desde el Río de la Plata, con destino a las islas Falkland a bordo del bergantín Adeona4 (Lorton, 2012 p. 119). De acuerdo al registro de buques del Lloyds Register5, en su edición del 1 de agosto de 1823, el Adeona arribó a Liverpool el 29 de julio de aquel año, procedente de Buenos Aires, desde donde había zarpado el 6 de mayo de 1823.

Lo anterior se complementa con la valiosa recopilación hecha por A.G.E. Jones, respecto del listado de embarcaciones británicas que participaron en las pesquerías de los mares del sur entre 1775-1859, a partir de los registros de la Society of Merchants6 y Lloyds Register, donde se apunta que Low llega a las Falkland el 5 de febrero de 1823, alcanzando el puerto de Liverpool a fines de julio del mismo año, con 3.807 pieles de lobos marinos (Jones, 1992, p. 41).

A partir de aquel año, es posible encontrar en repetidas oportunidades el nombre de William Low, no sólo como capitán del mencionado bergantín Adeona, de 142 toneladas y construido en Quebec (Jones, 1992, p. 40), sino que también de otras embarcaciones, a saber, el sloop (balandra) Dart y el cutter (cúter) Uxbridge.

Las informaciones contenidas en el diario de navegación publicado tras el término de la expedición científica organizada por el Almirantazgo Británico y que se llevó a cabo entre 1826 y 1834 bajo el mando de los capitanes Philip Parker King y Robert Fitz Roy, ratifican lo anterior y entregan, además, información que permiten reconstruir en parte el quehacer de este marino británico, por ejemplo, que a las embarcaciones señaladas, se suman otras dos, el Mercury (las fuentes no dan cuenta del tipo de embarcación a la que corespondería) y el schooner (goleta) Unicorn.

En cuanto al Uxbridge, registra actividad desde 1826 hasta 1831, con William Low como capitán, todos con destino a los mares del sur, zarpando -de acuerdo al Lloyds Register- desde el puerto escocés de Greenock (Jones, 1991). Parker King proporciona varias referencias que sitúan a Low a bordo del cúter, en compañía del bergantín Adeona y del Mercury, para las temporadas de caza de 1827 y 1828, que como se verá más adelante, dan cuenta de incursiones a lugares tan apartados e inaccesibles como la isla Noir7, y de habituales recorridos por el estrecho de Magallanes y las islas Falkland.

A pesar de las escuetas referencias que dejaban los capitanes respecto de los lugares a los que se dirigían, donde por lo general solamente informaban como destino ‘mares del sur'8, lo que sumado a la falta de bitácoras, como en este caso, dificulta saber con mayor precisión detalles de las actividades de estos intrépidos marineros.

Igualmente ha sido posible encontrar referencias en fuentes chilenas que complementan las informaciones de los documentos aludidos en los párrafos precedentes. Tal es el caso de los registros de entrada y salida de embarcaciones de la capitanía de puerto de Valparaíso, donde el día 10 de septiembre de 1826, se informa la llegada del cúter de 91 toneladas y de nacionalidad inglesa, Uxbridge, capitán Low, con una tripulación de 16 personas y un pasajero, procedente de la isla de Chiloé desde donde arribó con seis días de navegación, informando como cargamento ‘cueros de lobos'.

Cinco días más tarde, se registra la salida de la embarcación, esta vez con sólo 10 tripulantes e informando como destino ‘a su pesca'9. Este registro, resulta ser el primero que deja de manifiesto la temprana relación de William Low con la isla de Chiloé, lugar donde años más tarde se radicará. Igualmente ratifica que la mención "mares del sur" informada por los capitanes, efectivamente abarcaba una amplitud geográfica como lo sugiere tan genérica denominación, inclusive en el año 1827 se registra a W. Low y el Uxbridge en las islas Ascensión y Santa Helena, en el océano Atlántico (Jones, 1986, p. 83), en tanto que Fitz Roy sitúa a W. Low en las islas Galápagos, según se desprende de la siguiente mención, datada septiembre de 1835 en el contexto de un recorrido exploratorio en la isla San Cristóbal (llamada anteriormente Chatham por los marinos ingleses) del archipiélago:

[...] At noon, seeing a small cove, I went in a boat to examine it, and look for water. We found no signs of any in that place; but a little farther west, a fine stream was seen falling from a lava cliff, about thirty feet high. Mr Low had described this waterfall correctly; and his account of the watering place near it was soon verified, by our discovering a cove half a mile to the westward of the cascade [...]10 (Fitz Roy, 1839a, p.

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