Roser Bru (Barcelona, 15 de febrero de 1923 - Santiago, 26 de mayo de 2021) fue una destacada pintora y grabadora nacida en Cataluña, España, y nacionalizada chilena en 1959. Es considerada una de las artistas visuales más importantes del siglo XX en Latinoamérica.
Exilio y llegada a Chile
En 1923, Roser Bru vivió un primer exilio en París, debido a la Dictadura de Primo de Rivera, a causa de las actividades políticas de su padre Lluís Bru, político y Diputado del Parlamento Catalán. En 1929 regresó junto a su familia a Barcelona, donde su padre participó activamente en la creación de la República Española. Tras la derrota del bando republicano en la Guerra Civil Española perpetrada por Franco, la familia Bru logró escapar primero hacia Francia y luego a Chile en 1939.
Llegó a Chile en el barco Winnipeg, gracias a las gestiones del entonces cónsul para el exilio Pablo Neruda, junto a 2200 exiliados españoles. Desembarcó en septiembre de 1939, cuando comenzaba la Segunda Guerra Mundial. Ese mismo año ingresó a la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile como alumna independiente, donde destacó rápidamente por su gran talento. Paralelamente, trabajaba dada la precaria situación económica de su familia, pintando cajitas, botones e ilustraciones. Su padre murió de tuberculosis en 1945.
Desarrollo artístico y influencias
En 1956 ingresó al Taller 99 de Grabado fundado por Nemesio Antúnez, destacado artista y discípulo del grabador inglés William Hayter. Recién en 1958 pudo regresar temporalmente a Barcelona después de 18 años de ausencia, un fructífero y emotivo reencuentro con sus raíces que la marcó profundamente. Su estadía activó y revolucionó parte de su producción artística al recibir influencias de Tàpies y la pintura matérica, y el confrontamiento con esa nueva España marcada por una dictadura. Gracias a la obtención de la nacionalidad chilena, pudo viajar periódicamente a su país de origen, donde estableció lazos de amistad y complicidades artísticas participando en actividades locales, como el Grupo Estampa Popular Catalana. Desde su exilio, y para siempre, entrelazó dos dimensiones temporales, el pasado y el presente; dos tierras, dos vidas, una ibérica y otra sudamericana.
A partir de 1960, su trayectoria artística se enriquece ya sea en el grabado como en su creación pictórica, con la incorporación de la técnica matérica a sus obras. Comienza a ser reconocida, exhibida y premiada. Entre los años 1970 y 1973, formó parte de las actividades artísticas de esa época y una de sus obras, encargada para el nuevo edificio destinado a la UNCTAD III (Tercera Conferencia Mundial de Comercio y Desarrollo, Naciones Unidas realizado en Chile en 1972) la artista confeccionó un gran patchwork-collage (tela sobre tela) políptico mural de 4 piezas.
El impacto de la dictadura y la memoria
Durante el periodo de la dictadura en Chile (1973-1990) su obra da un vuelco. El dolor de la memoria se refleja en la presencia / ausencia que implican las citas. Se hace presente el rostro humano individual, perdido, desde los retratos de Fayum hasta los desaparecidos en Chile, pasando por los muchos creadores que se vuelven en su obra presencias y miradas fantasmas: Kafka, Woolf, Rimbaud, Hernández, García Lorca, Kahlo, Mistral, entre otros. Lo mediterráneo y lo sudamericano se entrecruzan e intervienen en las zonas fantasmales de la cita y la memoria. También la pintura de Velázquez, y la de Goya, son citas, memorias, observaciones del dolor humano. Pasados, presentes, chilenos o del mediterráneo, españoles, catalanes. Realidades del dolor, de la sociedad y la política en diversos ámbitos y fechas.
La fragilidad de la memoria, su fragmentación y a la vez su fuerza ha sido un hilo conductor de las diversas técnicas y temáticas de su obra. A la pintura se incorporan la borradura, la tachadura, el recubrimiento, los rayos que refuerzan, vinculan y comentan las figuras. Las fotografías intervenidas, los números de identificación, son también testimonios de la fugacidad, del dolor de la perdida. El suyo es un trabajo crítico, comprometido y de resistencia, alerta siempre a la injusticia, a los conflictos sociales y al sufrimiento provocado por los hechos históricos dramáticos y sus reflejos en el presente.
Feminismo y representación de la mujer
Desde sus trabajos iniciales, el cuerpo de las mujeres concentra su atención. Visto desde fuera, enteramente regulado y cubierto, en grabados inspirados en España, o sentido desde adentro, en sus grandes pinturas en torno a la maternidad. Maternidad y materialidad de un cuerpo sin mirada; obras tan “materiales” que se trabajan con incisiones, como los grabados. En los comienzos de su quehacer artístico y hasta 1970, Roser Bru se focaliza en lo corporal y lo cotidiano, en una época en que las temáticas femeninas eran consideradas menores y en que la perspectiva de género no existía. Una materialidad cercana a la obra de Tàpies, pero en figuras monumentales, cuerpos por lo general sin mirada, sumidos en sí mismos; eso, en la pintura. En su obra es transversal el tema de la mujer.
Exposiciones recientes
- 2023 “Roser Bru: de Norte a Sur, exposición gráfica itinerante. Centenario”, Museo de Bellas Artes de Valparaíso, Palacio Astoreca de Iquique, Centro de Extensión U.
tags:



