La Oración a la Virgen de las Mercedes y su Sincretismo con Obatalá en el Norte de Chile

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La historia del norte de Chile es un encuentro y mestizaje marcado por la riqueza cultural de diversos pueblos presentes en la frontera, la pampa y el sector andino. Esta influencia cultural incluye la de Tiahuanaco (siglo XI d.C.), los reinos aymaras y el dominio quechua inca.

De acuerdo a los diferentes hechos de carácter económico y político mencionados, se entiende que se produzca una movilidad social e interacción entre diferentes culturas, quienes tuvieron que sobrellevar los altos y bajos de los diversos periodos, formándose así un sentir y pensamiento nacionalista propio del nortino.

La Importancia de la Virgen María en la Piedad Popular

Es crucial identificar la importancia de la Virgen María a través de las festividades en América, Chile y el norte del país, y explicar la influencia de la piedad popular en el desarrollo cultural, social y económico de esta región.

La Piedad Popular es una experiencia de verdadera integración entre “las cosas del cielo y de la tierra”. Dios está presente en la realidad de las personas y su comunidad. Es un movimiento de Dios hacia el hombre, y esto es propio de la identidad cristiana de la fe.

El dinamismo de la religión, en conjunto con el proceso evangelizador en los pueblos americanos, generó la necesidad de crear y aceptar una forma de expresión popular que matiza las costumbres de los pueblos antiguos y la devoción hacia Jesucristo del catolicismo.

La Virgen María es, entre los católicos, el símbolo sagrado con el que los creyentes establecen relaciones más cercanas y satisfactorias. Teológicamente, María ha sido adornada por la Iglesia Católica con las virtudes de la virginidad, la maternidad divina, la mediación entre Dios y los hombres, y la corredención.

En América, se destaca la devoción popular mexicana en honor a la Virgen de Guadalupe, celebrada el 12 de diciembre. En Chile, la devoción es hacia la Virgen del Carmen, conmemoración que se celebra el 16 de julio. Todas estas festividades tienen en común la libertad de expresión, ya sea en sus bailes, música, vestimenta, ritos, etc.

La dureza de la conquista y la épica de la evangelización acentuaron el fervor religioso de los peninsulares, quienes dejaron a su paso numerosas iglesias y ermitas en honor a María. Lo mismo ocurrió con las ciudades que establecieron, muchas de las cuales fueron denominadas con advocaciones marianas, como Concepción de la Madre Santísima de la luz (Concepción) y Nuestra Señora de las Mercedes de Puerto Claro de Valparaíso (Valparaíso).

La Devoción Mariana en el Norte de Chile

Chile cuenta con una variada devoción hacia la Virgen María, y el Norte, grande y chico, se caracteriza por el gran número de Festividades Marianas, santuarios (Las Peñas en Arica, Ayquina en Calama, La Tirana y San Lorenzo en Iquique), procesiones y fiestas que reúnen a la comunidad y a centenares de turistas.

La fiesta de la Candelaria en Copiapó, de la Virgen de Andacollo en el pueblo del mismo nombre, de la virgen de la Piedra en Combarbalá y de la Virgen del Palo Colorado, han dado origen a una serie de estudios que se refieren a la relación entre los pobladores de la zona y la figura de una virgen protectora que los auxilia en los momentos difíciles de la vida.

La Virgen María, Madre del Señor, es también madre del pueblo. La tradición mariana de América se vive con gran fuerza en el Norte Grande. La Virgen María tiene el ancestro cultural religioso de la madre tierra, personifica la bondad, auxilia, perdona y acoge. Es la madre del Hijo de Dios y la madre del peregrino, del que acude con confianza a ella.

Fueron los primeros siglos de evangelización: XVI y XVII. En ellos existió la extirpación de idolatrías (siglo XVII) que rápidamente dio paso a una etapa de convivencia entre las expresiones culturales ancestrales y el contenido de la nueva Fe cristiana. Fue el tiempo del verdadero mestizaje de la fe, comenzaron a nacer muchos de los modos rituales que aún hoy se practican en el Norte. Así, aunque a comienzos del siglo XX, la jerarquía de la Iglesia combate a los bailes, a la vez alaba el amor a la Virgen María en la Zona Norte.

siempre los católicos han manifestado una predilección por el culto de María, Desde los primeros siglos del cristianismo ya se representaba en estatua e imágenes de todas las dimensiones y calidades.

El Sincretismo Religioso: La Virgen de las Mercedes y Obatalá

La religiosidad festiva se convirtió en tradición, fruto de un sincretismo religioso que desplazó al cristianismo doliente y castigador que llegó con el español del siglo XVI. En este entorno, las iglesias se convirtieron en repositorios de memoria, que acumularon recuerdos que con los años se convirtieron en tradición.

La Piedad Popular es una experiencia de verdadera integración entre las “cosas del cielo y de la tierra”. Dios está presente en la realidad de las personas y su comunidad. Es un movimiento de Dios hacia el hombre, y eso es propio de la identidad cristiana de la fe.

Se trata de una actitud que acentúa la trascendencia del radicalmente otro, de Dios, aunque pueda parecer que esto es contradictorio. La persona que tiene esta actitud admite claramente que hay unas cosas visibles y unas cosas invisibles, con distinción entre ellas, pero sin separación. Con esto lo que es divino y lo que es humano están relacionados, pero no confundidos.

El hombre del Norte es ritual. Se somete al rito como un proceso de constatación de la realidad y de vinculación existencial con ella. El rito marca el tiempo; y la vida la va desarrollando en medio de los ritos que a su vez recogen y marcan la vida. El Norte está lleno de costumbres, rituales, modos de actuar.

Tanto la música, danza, vestimentas, colores y fiestas en torno a la religiosidad son una respuesta o manifestación de apoyo y ayuda frente a una economía poco estable e incluso cíclica, migraciones internas, inestabilidad familiar, alcoholismo, drogadicción, pobreza, marginación etc. Estos son factores de una cultura nortina que marcan la historia y memoria de los entrevistados, así como de la mayoría de los pobladores.

Podemos afirmar entonces, que la Piedad Popular es un lugar identitario, en cuanto constituye un arca que guarda hechos significativos para la construcción de la identidad; pero no al modo de una bodega de acumulación clasificada por el tiempo, sino que tiene una condición de “actualización” al estar presente en la realidad de una conciencia que hace consciente de sí.

Por consiguiente, en la medida que los ritos, fiestas, bailes, etc.

No hay un solo minero que regrese del pueblo o de alguna excursión, sin que llevara flores frescas a la virgen. Los mineros del Norte Chico poseían una arraigada de en la virgen, a quien denominaban su chinita, y manifestaban su fe participando de las fiestas.

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