Este artículo analiza la proyección urbana a través del estudio de la canción "Las Casitas del Barrio Alto" de Víctor Jara, y cómo esta obra anticipa el futuro urbano del Chile post-dictatorial. De manera similar, la intuición opera en algunos visionarios, cuya propiedad de percibir lo que está por venir, los acerca a la realidad de un modo distinto.
Víctor Jara, como creador y artista, fue al mismo tiempo un visionario, cuya imaginación lo proyectó en el tiempo, adelantándose a su época. La misma cualidad lo facultó a la hora de examinar el espacio, reconociendo tenues destellos de las tendencias urbanas que posteriormente ocuparían un lugar central en la construcción de la ciudad del siglo XXI.
La hipótesis establece que el artista, a partir de la intuición matematizadora con la que aborda su quehacer, es capaz de distinguir las tendencias urbanas más relevantes que conformarán el proyecto de ciudad venidero. En aquel entonces, las características enunciadas en la canción "las Casitas del Barrio Alto" corresponden a tímidos gestos, esbozos imperceptibles para el habitante contemporáneo. No obstante para Jara, acostumbrado a examinar minuciosamente su realidad en la búsqueda constante de la inspiración, estos rasgos eran ya evidencia de un acontecer desplazado de la ciudad modernista y su proyecto centrado en la intervención del estado.
Metodología de Análisis
El trabajo se lleva a cabo sobre la base de un análisis crítico del discurso introductorio a la canción "Las Casitas del Barrio Alto" de Víctor Jara, junto con el análisis de la canción propiamente tal. La necesidad de incorporar la introducción que Jara hace a la canción, se relaciona con aspectos abordados por él, en los cuales clarifica el sentido de las "Casitas del Barrio Alto". Conceptos que si bien se intuyen en la canción, son definidos con mayor precisión en la introducción. Todas estas forman parte de una nomenclatura que permite un mayor entendimiento de la proyección de su pensamiento urbano, el cual yo denomino intuición matematizadora.
En la primera parte se elabora una descripción del espacio urbano, abordando los principales ejes sobre los cuales se estructuró la ciudad de Santiago que Víctor Jara habitó. Estos ejes son el transporte, la expansión urbana, la morfología del barrio alto, etc. La revisión de la literatura que aborda las transformaciones espaciales sufridas por la ciudad chilena, tiene no solo una dimensión espacial, sino también temporal. Esto último permite entender la dinámica de la ciudad que vivió Víctor Jara, pero también aborda la dinámica de la urbe en los últimos 30 años, en donde se evidencia la propagación de los fenómenos enunciados por Jara en su canción.
Por lo anterior es que es fundamental revisar las transformaciones surgidas, especialmente a partir de los años 1980, como un punto de inflexión en la variación urbana. Al mismo tiempo es preciso analizar las tendencias emergentes a partir de los gobiernos democráticos, los cuales, no han introducido sustantivas reformas al modelo económico-político de las ciudades, lo cual en última instancia significa que la trayectoria de la ciudad chilena ha seguido sin grandes variaciones el camino trazado por la dictadura militar.
En la primera, Víctor Jara aborda el espacio urbano característico del barrio alto de Santiago y otras metrópolis de Latinoamérica. En la segunda parte del análisis de la canción, este se orienta hacia la ideología y la tensión subyacente de la época, donde se distingue la claridad del artista a la hora de transitar de la modernidad a la postmodernidad. En última instancia, se analiza la letra de la canción, estableciendo las vinculaciones de esta con la introducción.
La Metrópoli en Tiempos de la Guerra Fría
En la década de los setenta, la ciudad de Santiago que vivió Víctor Jara era notablemente más compacta que en la actualidad. En 1958 había sido lanzado el Plan intercomunal de Santiago, cuya aprobación sería en definitiva el 10 de noviembre de 1960 por el Decreto Supremo N° 2.387.
En este plan se podía encontrar básicamente tres puntos importantes; una regulación del uso urbano, delimitando claramente los espacios naturales y rurales en torno a la capital, cuya dimensión quedó en una superficie de 21.600 hectáreas para la zona urbana y de 17.000 hectáreas para la suburbana, lo que permitiría una población de hasta 3.260.000 habitantes. El segundo consistía en una reestructuración de las obras viales orientado al mejoramiento del transporte interno de la capital. Finalmente, en el tercer punto se proponía trasladar las industrias a zonas especiales conocidas como «cordones industriales», localizados principalmente en los ejes del camino a Melipilla por el poniente, Avenida Vicuña Mackenna en el oriente y la Panamericana Norte.
El barrio alto del tiempo de Víctor Jara, estaba circunscrito a los sectores de Las Condes, Providencia, La Reina y parte de Ñuñoa, concentrados en el sector oriente de la capital. Estos sectores se habían desarrollado especialmente durante el transcurso de la primera mitad del siglo XX, cuando la clase alta emigró desde el centro de Santiago. De acuerdo a Sabatini y Arenas (2000), "las elites han tendido a concentrarse en una sola zona de la ciudad, la que se extiende desde el Centro hacia la periferia en una dirección geográfica definida -hacia el nororiente en Santiago".
Estos mismos autores establecen que las bajas tasas de motorización y las escasas inversiones en obras de infraestructura urbana, especialmente de transporte, fueron posiblemente las causas que explicaban que la ciudad de Santiago presentara una forma compacta. El automóvil era un bien restringido solo a un cierto segmento de la sociedad.
Tras el golpe de Estado de 1973 y el establecimiento del Régimen Militar, la planificación urbana de la ciudad, consecuente con la idea del gobierno de adoptar el modelo económico neoliberal, fue reformada a partir de políticas de liberalización del suelo. Bajo este sistema, el Estado comenzó rápidamente a abandonar su rol organizador en beneficio del mercado. (De Mattos, 1991)
En esta situación se promulga una modificación en 1979 al plan regulador, que liberalizó el mercado inmobiliario al ampliar el radio urbano a más de 62.000 hectáreas, con el fin de hacer descender los valores de la tierra. De acuerdo a Sabatini y Arenas (2000) La rebaja o eliminación de impuestos a las transacciones de propiedades o a la tenencia de sitios eriazos, la liquidación de las reservas estatales de suelo formadas en el periodo intervencionista, y la eliminación de la norma sobre límites urbanos y definición de un área abierta a la urbanización que, en el caso de Santiago, casi doblaba el área ocupada por la ciudad.
Esta política tuvo dos objetivos principales: controlar los precios del suelo, que fracasó ya que éstos han subido persistentemente desde entonces, con la excepción de los periodos de crisis económica; y la formación de un vigoroso sector inmobiliario privado, objetivo en que la política tuvo pleno éxito. Sin embargo, la crisis económica del año 1982 haría que los valores se mantuvieran o se encarecieran en las zonas urbanas; esto originaría un mayor crecimiento hacia la periferia, principalmente el sector de La Florida, que en el censo de 1992 se convertiría, con más de 300.000 habitantes, en la comuna más habitada de todo el país, y que dejaría a la ciudad con 40.619 hectáreas de extensión hacia comienzos de los años 1990.
Un urbanismo distinto surgiría a partir de la liberalización de la economía, de la apertura de los mercados, y la masificación de los automóviles fue solo un eslabón en la transformación que esta sociedad padecería. Junto con esto la congestión, el crecimiento de la periferia y la apertura de los centros comerciales en estas periferias, vendrían a convivir con una clase alta re-localizada y una emergente clase media.
La década de los ochenta trae consigo un evidente deterioro del centro histórico, una creciente terciarización de la economía, la cual ofrece un mercado laboral a partir de la reforma del sistema previsional y de salud, AFP e Isapres respectivamente, (Valdivia, 2001). A este respecto De Mattos (1991) observa que las transformaciones en el sector de servicios, tiene como consecuencia el crecimiento del número de empleos generados por las actividades de transporte y comunicaciones, comercio y servicios financieros.
En los 90, con el advenimiento de la democracia, la administración del modelo neoliberal fue desempeñada por una coalición contraria a la dictadura, Consolidándose el modelo territorial, expandiéndose la ciudad con sus carreteras. No obstante, el paradigma estatal se había modificado levemente; con un insipiente ordenamiento del territorio, con la inclusión de las áreas verdes dentro de las políticas públicas, el saneamiento de los ecosistemas naturales, daba cuenta de un nuevo orden urbano. Sin embargo, se acrecentó la voracidad de los conglomerados inmobiliarios.
Tras el fin del Régimen Militar y el inicio de los gobiernos de la Concertación, la ciudad de Santiago ya sobrepasaba los cuatro millones de habitantes, que habitaban preferentemente en la zona sur: La Florida era seguida en número de habitantes por Puente Alto y Maipú. Durante gran parte de la década de los años 1990 y como producto del crecimiento económico que vivía el país durante esa época, el desarrollo inmobiliario en estas comunas, se debió en gran medida a la construcción de conjuntos habitacionales para familias de clase media.
Estas comunas con su emergente clase media comenzaron a acceder a los servicios que en otros tiempos eran solo reservados para la clase alta. Al ritmo de la globalización, surgen los «shopping malls», concebidos como verdaderos sub-centros urbanos, donde determinados barrios o comunas refrendan su identidad constituyéndose en, "la mejor expresión de las nuevas modalidades de espacio público socialmente estratificado de propiedad privada". De Mattos (1991). El sector nororiente de Santiago vivió otro desarrollo importante. A medida que pasaba el tiempo, la gente de mayores recursos comenzó a avanzar progresivamente hacia la precordillera, aumentando de manera importante la población en Las Condes y dando origen a nuevas comunas como Vitacura y Lo Barnechea.
En su estudio acerca del crecimiento del territorio de Santiago, Ducci (1998) encontró que "Entre 1990 y 1995 la mancha urbana aumentó de 55.000 has a 65.000 has. Aunque en décadas anteriores, el eje de Avenida Providencia se había consolidado como un sector comercial de gran importancia, es a partir de fines de los años 80 en que el sector oriente de la ciudad se convierte en un polo de atracción para la...
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