La Nueva Canción Chilena fue un movimiento musical y social significativo en América Latina, y dentro de este contexto, la figura de Víctor Jara resalta como uno de sus pilares fundamentales. Sus canciones no solo eran melodías, sino también reflejos de un pensamiento profundo y una conexión inquebrantable con la realidad social y política de su tiempo.
Orígenes e Influencias de Víctor Jara
Para descubrir ese pensamiento es imprescindible tener en cuenta su trayectoria vital. En primer término, cabe referirse a su origen campesino. En una entrevista concedida por Víctor Jara en 1970 al diario “El siglo”, reproducida en el libro de Amorós, dice: “crecí escuchando las canciones de los campesinos, composiciones transmitidas de generación en generación por la tradición oral, surgidas para celebrar la vida y mitigar la muerte, aliviar el trabajo esforzado en las tierras ajenas, compartir el paso cadencioso de los días, la sucesión monótona de los años…canciones aprendidas e interpretadas por mi madre”.
Mario Amorós, en su biografía de Víctor Jara niño, se refiere a ciertos rasgos de su personalidad que fueron definiendo su sensibilidad: Fue un niño solitario, retraído, que no solía participar en las actividades de los otros muchachos, sino que prefería observar los colores y formas de aquel horizonte infinito o atender a los sonidos del entorno. Víctor Jara solo escuchaba las guitarras campesinas y la “música” permanente de la naturaleza, hija del viento, la lluvia y los animales. Y agrega un recuerdo descrito por el mismo Jara: “mis vivencias de esa época -dice- son claras y luminosas. Tenía mi mundo propio.
Su participación en la Acción Católica, relata Amorós, le permitió una primera aproximación a la actividad cultural, asistiendo a representaciones de fragmentos de obras de teatro que se realizaban en el auditorio de la parroquia. Sin embargo, la muerte de su madre a finales de los cuarenta causó la disolución de su familia y el abandono de sus estudios. La soledad y el desamparo, dice Amorós, así como la vida cotidiana en un entorno hostil, le causaron un vacío profundo que por un tiempo creyó que la fe religiosa podría mitigar.
Por eso, en marzo de 1950, ingresó con 17 años en el seminario redentorista de San Bernardo. En el Seminario, Víctor Jara, nos cuenta Amorós, tuvo por primera vez acceso a una buena Biblioteca y pudo dedicarse de lleno al estudio de la literatura o el arte. Asimismo, participó en el coro. Además, destacó su empatía con el sufrimiento humano y con los sectores sociales más postergados: “Era realmente capaz de ponerse en el lugar del otro, dijo un compañero de estudios. Le impactaban profundamente la pobreza, la enfermedad, el niño desnutrido.
Sin embargo, no tenía real vocación para el sacerdocio y estaba ahí motivado por muchas otras cosas. “Fue una época terrible -confesó Jara-; yo era muy joven y sufría mucho. Era muy místico y me espantaba el pecado y todo ese asunto.” “El verdadero cristianismo” -sostuvo- era “algo maravilloso”, que elevaba “la condición del hombre”. Con los conocimientos adquiridos pudo incorporarse al coro de la Universidad de Chile y luego, en 1956, ingresar a la Escuela de Teatro de la misma casa de estudios. En 1958 ingresó al conjunto folclórico Cuncumén, con el que en 1961 realizó una gira de casi 5 meses por Europa y la Unión Soviética, y conoció el profesionalismo en el mundo de la música.
En abril del año 1960, quince meses después del triunfo de la Revolución cubana, llegó a la Habana, con el grupo de teatro del que participaba donde presentaron una obra, ante un público masivo. Después del estreno se reunieron con el Che Guevara. Aquel encuentro, narra Amorós, se extendió hasta la madrugada, y durante la conversación el “Che”, quien demostró sus amplios conocimientos de poesía y teatro, abogó por un arte popular y revolucionario, con calidad en el contenido y en la forma y capaz de combatir la colonización cultural desplegada por Estados Unidos en el continente. Fue posiblemente entonces cuando Víctor Jara escuchó por primera vez que los escenarios y las canciones también podían ser trincheras para la lucha política.
"Plegaria a un Labrador": Un Llamado a la Acción
La canción "Plegaria a un labrador" es un claro ejemplo de ello. Mis canciones, señaló Víctor Jara, son un reflejo de mi posición frente a una realidad injusta y miserable, debo avanzar del mismo modo que lo hacen las luchas sociales y políticas de los campesinos, los obreros y los estudiantes. No en vano el arte ha sido siempre más duradero e histórico cuando más ha tocado las raíces del hombre.
En ese contexto, cabe destacar la importancia de la creación en 1969 de la Discoteca del Cantar Popular (DICAP), sello discográfico de las JJCC, que lanzó el disco de Víctor Jara “Pongo en tus manos abiertas”, con el acompañamiento de Quilapayún. El título del disco, hacía una alusión a la figura de Luis Emilio Recabarren, fundador del Partido Obrero Socialista, que es el origen del Partido Comunista de Chile. Los primeros versos de la canción insinuaban con una metáfora la síntesis: “Pongo en tus manos abiertas mi guitarra de cantor, martillo de los mineros, arado del labrador”. En resumen, Víctor Jara entendió muy pronto las potencialidades de esta apuesta cultural que desafiaba los límites de la industria: “Muchos van a ser los disparos contra todos nosotros, dijo, porque desde el punto de vista político vienen tiempos difíciles, - declaró-.
Víctor Jara, por otra parte, realizó una dura crítica a los medios de comunicación (las compañías discográficas, las emisoras de radio, los canales de televisión), a los que acusó de enajenar a las personas evitando que tomen conciencia de la realidad subdesarrollada y explotada. Al mismo tiempo, reivindico el carácter popular, en el mejor sentido de la palabra, de aquellas composiciones de profundo contenido social que denuncian y desenmascaran el sistema capitalista.
Compromiso Político y Visión Antiimperialista
Otro rasgo importante del pensamiento de Víctor Jara fue la perspectiva antiimperialista. A medida que se afianzaba su compromiso político -con el apoyo dado a las campañas presidenciales de Salvador Allende en 1964 y 1970, su apoyo a la Unidad Popular y el triunfo de Allende, y su compromiso con el programa de la Unidad popular y con la construcción del socialismo Jara suscribió un Manifiesto junto a otros artistas, el cual refleja la maduración intelectual de su pensamiento: La realidad en que viven los países subdesarrollados exige una definición, un compromiso y una responsabilidad que cumplir en todos los medios y niveles…Por estas razones es que quienes nos dedicamos al canto nos hemos dado cuenta de que este es una barricada para atacar y defendernos de aquellos que pretenden mantenernos colonizados culturalmente…No hay revoluciones sin canciones y qué hermoso es cantar a la revolución. Cantar con la convicción absoluta de que el camino es ese y no otro. En esa lucha estamos y en ella continuaremos.
Al respecto, señaló que la canción auténtica, la revolucionaria, tiene que cambiar al hombre para que este cambie el sistema. Este intento de búsqueda de los compositores sigue estando comprometido con la realidad de Chile. Para Víctor Jara, un artista, si es un auténtico creador, es un hombre tan peligroso como un guerrillero. Porque su poder de comunicación es mucho.
Víctor Jara señaló en 1972 que es en la Nueva Canción donde se encuentra lo auténticamente revolucionario, lo que debe estar detrás de la guitarra, agregando que para que la guitarra sea un instrumento de lucha que también pueda disparar como un fusil. Continuó explicando que, como músico popular, lo que hacía era una crítica a la penetración cultural norteamericana en Chile y en América Latina a través de la “industria de la música popular” y denunciar el peligro de que instrumentalizara “el lenguaje más puro de los pueblos” para convertirlo en un producto barato y comercial, de evasión y conformismo, de alienación social.
3) Es una canción revolucionaria porque lucha contra la penetración cultural imperialista y busca rescatar y revitalizar los valores culturales que nos son propios y nos dan una identidad como país. Lo peor que puede pasarle a un cantante revolucionario, afirmó Víctor Jara, es dejar de arriesgar la vida con su canto. También hay que cantar a las capas medias y a las otras más altas.
Asimismo, el cantautor compartía la visión de Chile como un Vietnam silencioso (tal como lo señaló el presidente Salvador Allende en su discurso ante las Naciones Unidas en Nueva York, el 4 de diciembre de 1972) Víctor Jara insistió en la agresión encubierta de la potencia hegemónica “Hemos estado bloqueados por los yanquis desde que Allende asumió el poder, bloqueados de forma cruel. Vietnam ha sido muy cruel, claro, pero aquí (en Chile) no utilizan lo mismo que allá, utilizan otras armas, no se notan, pero nosotros que vivimos aquí las notamos a diario.
Para Víctor Jara las canciones podían ser una herramienta para contribuir a la liberación del pueblo si su intérprete era “auténticamente un revolucionario”. “Entiendo que un artista comprometido, tiene una responsabilidad mucho más grande que el otro artista, el no comprometido. El artista comprometido no vive las delicias de un hombre que está con la maquinaria del dinero, sino que es un hombre que está creando un arte nuevo. Su compromiso consiste en vivir realmente lo que las grandes mayorías viven. Saber convivir no significa que para ser revolucionario uno tenga que andar a pie pelao y vivir en una población callampa, ni vivir apenas de un pan, o un mendrugo.
A través del canto, afirma Amorós, Víctor Jara planteó una forma de comunicarse con los demás, buscando una integración. Al respecto, Jara dijo: “Quien quiera interpretar el alma del pueblo debe recorrer muchos caminos. Y estos caminos no deben ser la búsqueda de soluciones conflictivas personales, sino la búsqueda y el hallazgo de sentirse un ser humano útil para los demás. Sentir que, así como nos une una canción, también nos une el anhelo de construir una vida mejor.
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