Le Salió el Tiro Por la Culata: Significado y Contexto en Chile

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La expresión "le salió el tiro por la culata" resume el gesto de una madre que obligó a su hijo, Costa, a leer para sacarlo de la rebeldía adolescente. Lo que ella no esperaba era que ese empujón terminaría activando una relación vital con la palabra. En un país como Chile, donde todo tiende a medirse en términos de utilidad o rentabilidad, la apuesta por publicar un libro gratuito no es solo una decisión editorial: es un gesto político, ético y afectivo.

El Fracaso de una Estrategia

En la Convención Constitucional, la ultraizquierda notificó a la izquierda moderada que o excluían por completo a todos los representantes del centro, la centroderecha y la derecha de los acuerdos constitucionales, o no habría dos tercios para tomar decisiones. A mucha gente de izquierda todavía le cuesta admitir que, en vez de buscar acuerdos para construir “la casa de todos” que habían prometido, fueron por todo y perdieron. El tiro, todos sabemos, les salió por la culata.

Pero ese fenómeno no es simplemente un suceso electoral, que acabada la elección amaine y concluya. No hay intento de revolución sin reacción y lucha por la restauración. Al subordinarse a la ultraizquierda, la izquierda moderada confirmó todas las tesis políticas de la ultraderecha: “Esto es una guerra, señores”. Es decir, confirmaron la visión reaccionaria más radical, que el famoso “Discurso sobre la dictadura” de Juan Donoso Cortés condensa y expone de forma magistral: aquí no hay posición moderada que valga, porque estamos ya pasados el punto en que un acuerdo razonable es posible.

La Reacción y el Populismo de Derecha

Para la derecha dura amenazada existencialmente por la Convención, luego del fracaso del golpe de puñal, sólo queda como opción dar el sablazo. Por eso el boicot a la continuidad del proceso constitucional, así como la pretensión de negar la sal y el agua al gobierno de Gabriel Boric. Es fácil, en suma, agitar un populismo de derecha a la Trump o Bolsonaro y esperar cuentas electorales alegres sin desarrollar proyecto político alguno.

La Tercera Revolución de la Chaucha

La Tercera Revolución de la Chaucha ha convencido al país y al mundo que la cosa va en serio. Sin embargo, tanto el mandatario como el sistema político todavía no atinan ni de lejos a comprender la naturaleza, magnitud y significado histórico del estallido, ni el camino para encauzarlo. Ya se ha modificado radicalmente la correlación de fuerzas entre la élite y el pueblo, que a cada tanto restablece un sano equilibrio mediante estallidos como éste. Los de arriba deben reconocerlo y asumirlo, respetar a su pueblo y atender las demandas de sus organizaciones. Éstas se han consolidado con rapidez asombrosa, con Unidad Social en la cúpula y Cabildos en la base. Son el único interlocutor válido.

La Tercera Revolución de la Chaucha completa dos semanas con el país prácticamente paralizado, lo que es inédito en estos estallidos. Para detenerla intentaron primero el camino de la represión. Declararon la guerra al pueblo, sacaron al ejército a la calle, a desgano, con el general jefe de plaza declarando era un hombre feliz que no peleaba ninguna guerra, con estado de emergencia y toque de queda. Fue del todo ineficaz, aunque balearon decenas de personas las protestas recrudecieron. Luego el Presidente pareció entrar en razón. Tras la histórica marcha con que culminó su primera semana, pidió perdón, levantó el toque de queda y estado de emergencia y realizó cambio de gabinete. Hasta ahí no más llegó.

Voces Razonables y Cambios Tentativos

Hay voces más razonables. El Poder Judicial por intermedio de su vocero dio su beneplácito al cambio de constitución y la asamblea constituyente. Los presidentes de la Cámara y el Senado decidieron iniciar por su cuenta un proceso constituyente. Quizás lo más significativo son las reiteradas declaraciones del mayor empresario del país, que subió a $500 mil el sueldo mínimo a sus empleados y llamó a resolver los problemas de transporte, pensiones, educación, y otros que agobian al pueblo. Propuso asimismo un impuesto a la riqueza dirigido al uno por ciento más rico.

El Arte de Graduar las Consignas

El arte de graduar las consignas es asunto muy serio. Nunca debe tomarse a la ligera, sino analizar cada cambio en las mismas en toda su profundidad, considerando todas sus implicancias. Deben adecuarse no sólo a la tendencia de largo plazo del ciclo de movilización popular, sino a sus constantes oscilaciones, alzas y bajas cotidianas, a través de las cuales se asienta su trayectoria. Estas consideraciones no sólo son válidas para las fuerzas progresistas y revolucionarias, sino para el sistema político democrático en su conjunto.

La Organización Popular y sus Demandas

La bien notable capacidad de organización del pueblo de Chile se ha manifestado una vez más en forma extraordinaria En sólo dos semanas ha conformado un estado mayor que ha asumido su conducción: todas las mayores organizaciones de trabajadores, estudiantes y sociales en general, se han cohesionado en Unidad Social, que ha resumido en su Petitorio las principales reformas que atienden sus demandas y que objetivamente el país requiere realizar, para completar su transformación en una nación moderna de verdad.

Retrocesos históricos como el experimentado por Chile desde la contrarrevolución de 1973 no son una rareza histórica. La propia Revolución Francesa de 1789 no se consolidó ni fue reconocida como la madre que parió la Francia moderna sino hasta después que la revolución de 1830 puso fin a la restauración borbónica. Está por verse si el alzamiento en curso alcanzará dicha dimensión y significado en la historia de Chile.

La Poesía y el Compromiso

Llama la atención la presteza y hasta la vehemencia con que la mayor parte de los nuevos poetas comprometidos tratan de desvincularse de las formas de entender el compromiso durante la posguerra. La esclerosis retórica y el formalismo temático a que condujo la reiteración epigonal del modelo pueden en parte explicar el unánime afán de desmarcarse de esta que fue tendencia hegemónica durante los años cincuenta y sesenta del pasado siglo y con la que, en efecto, nadie parece querer alinearse con independencia de la herencia recibida.

Luis García Montero y la Otra Sentimentalidad

Antes de venir a postular un realismo singular, Luis García Montero (1993b) se había revelado como uno de los principales componentes de la otra sentimentalidad, esa propuesta programática que en la Granada de los primeros ochenta imprimía una vuelta de tuerca a los debates sobre el compromiso lírico. Aceptar la entidad ideológica de la literatura implicaba romper con la antigua paradoja burguesa de lo privado y lo público e invalidaba, en consecuencia, la tradicional dicotomía “pureza versus compromiso”: cualquier palabra está comprometida en su raíz con un inconsciente ideológico, luego las relaciones de la literatura con la Historia se hallan por encima de las decisiones del autor.

Relecturas del Canon del Compromiso

En el canon de la poesía cívica estos fueron, en efecto, los indiscutibles modelos inmediatos de la otra sentimentalidad, completando entre los españoles la genealogía particular del proyecto. En la nueva manera política de la escritura de Gil de Biedma, Ángel González, José Agustín Goytisolo, ciertas zonas de Barral y Valente, o José Manuel Caballero Bonald, asimismo interesados en analizar la formación ideológica de la intimidad, los granadinos aprendían otra vez a conocer la dimensión pública de la experiencia privada de los afectos, a comprender que es posible llegar a la Historia a través de la individualidad.

Junto a la herencia fuerte del cincuenta, los poetas granadinos defendían la dignidad estética de algunos nombres canónicos de la poesía social -Celaya-Leceta, Otero, Hierro- contra el ostracismo a que los habían condenado los poetas novísimos; pero aceptaban su compañía literaria en un gesto no exento de reservas.

La Poesía y la Gratuidad

La poesía, para mí, se acopla más a la idea de gratuidad que a la lógica de la transa. Es un lugar donde el lenguaje llega a su límite, donde ya no hay transacción ni comunicación funcional. Por lo tanto, está -metafóricamente hablando- fuera del capitalismo.

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